Me preguntaba cómo abrir las puertas del paraíso terrenal a tantos que lo buscan en playas lejanas, cargadas de arena blanca y aguas transparentes, y no sabía cómo…
Me preguntaba cómo transmitir esa magia tan espiritual que acaricia suavemente el alma, sin sobresaltos, con mucho mimo; esa magia tan tangible como la frialdad del Curueño cuando desciende de un más allá impregnado de pureza y frescura; y seguía sin encontrar la palabra exacta, el modo concreto, la manera correcta…
Y pasaron los días, y los pensamientos, y se colaron por la vista colores transformados en sensaciones, inundaron los recuerdos paisajes convertidos en sentimientos, y se obró la magia más mágica…
Más allá de los libros, hay un mundo de sonrisas, de carcajadas y buenas sensaciones…
Más allá de la televisión hay senderos que recorrer con las zapatillas puestas y la tranquilidad a flor de piel…
Allí, a la vuelta de la esquina, está el lugar de tus sueños, donde ríos y cascadas, montañas y valles, paisajes, detalles, flores, colores, animales, fantasía y realidad, se combinan para crear entrañables emociones que no se esfuman jamás.
Allí, aquí, hay una palabra cargada de felicidad para ti.
Porque una imagen vale más que mil palabras: ¡LEÓN!

Patrichueck escribió,
abril 6, 2011 @ 8:43 pm
José Carlos Fernández González es un gran fotógrafo. He aquí una prueba de ello.
Alejandro escribió,
mayo 19, 2011 @ 12:57 pm
La conozco, al igual que conozco el Curueño, que, a pesar de no ser mi tierra natal, la amo tanto o más que la mía. Gracias Patri y gracias Jose Carlos.