A cientos de kilómetros de ti, mirando el cielo, pienso…
Pienso que el mismo cielo que está sobre mí, también está sobre ti, y en él, en el cielo, están las nubes, tan lejos, tan cerca, como tú…
A cientos de días sin ti, te siento en mí… Recuerdo el calor de tu aliento veraniego acariciando mi piel con suavidad, y aquellas noches estrelladas en las que el mundo se detenía y sólo se oía el color del amor, de la quietud, del silencio, del respeto, y el crepitar de alguna hoguera, que a finales de agosto, también prende alguna lumbre de algún hogar…
Te siento en mí, y no puedo menos que sonreír, ¿por qué entristecer si vas a seguir ahí? en la tierra leonesa, en la ribera del río Esla, en las tierras de Rueda, con tus aguas, y tus campanas, con nuestros atardeceres y nuestra máquina del tiempo, donde el presente y el pasado forman parte de la misma realidad, y la vida no se pasa, porque siempre se queda, porque siempre permanece, como tú en mí, y yo en ti, y en mi bici, en aquel repicar, en aquellos paseos,… que me siguen esperando.
Siempre, prometo volver siempre, como el sol, como la lluvia, como el viento y las estrellas, como las nubes,…
Cifuentes de Rueda, Cifuentes…

Patrichueck escribió,
mayo 9, 2011 @ 8:35 am
La fantástica imagen que ilustra este relato es obra de José Carlos Fernández González.
victor M escribió,
mayo 10, 2011 @ 1:53 am
…como las olas del mar. (muerto soy)