Sentimientos contrapuestos invaden el alma cuando miras una fotografía, te enfrentas a una imagen, observas un paisaje cubierto de agua y te parece un espejo en el que se contemplan las montañas, el cielo, las nubes…
Es una sensación extraña comprender que la belleza que reflejan aquellas aguas es tan perfecta como falsa, tanto como si, de repente, apareciera un camello en medio de la montaña o un delfín saltando desde el fondo de aquella inmensidad acuática.
El mundo está lleno de lugares tan perfectos, tan auténticos, tan inmensamente hermosos que no hace falta adornarlos con nada, sólo hay que disfrutarlos como son, porque no pueden ser mejorados, y ¿sabes qué? Creo que la naturaleza es así.
Este fantástico planeta que habitamos está lleno de animales y plantas que dan forma a los paisajes y salpican el mundo de ecosistemas, aromas y colores únicos e irrepetibles.
Estoy observando una imagen sin estar allí. No importa, porque he estado allí y sé lo que se siente, lo que se ve, lo que se muestra, y no es real…
Real es una montaña sana llena de hayedos y robledables, de ríos, abedules y tejos, acebos y serbales…
Real es una montaña recorrida por osos, lobos y corzos,… una montaña cargadina de pueblos silenciosos y llenos de vida, pueblos que duermen tranquilamente, que no molestan a nadie, que respetan la tierra que les vio nacer y les mantiene.
Reales son las cataratas del Iguazú, sin explosiones que hayan creado el desnivel espectacular por el que caen las aguas de su río; real es el precioso Cabo Sunion con el Mar Mediterráneo rendido a sus pies; real el bosque nuboso de Urcupuyujunda y la serenidad de los campos de cereales cuando se pone el astro rey; pero aquello que la tradición no esculpió, aquello que el planeta no inventó, de alguna manera, un día u otro, fluirá en la misma dirección en que siempre lo hizo, llenando la tierra de fecundidad, de alegría…
Y mientras sueño con un valle cubierto de verdes praderas, preparo un cubo vacío de rencores, mirando el horizonte, recordando, con serenidad y perseverancia, que, tarde o temprano, las aguas siempre vuelven a su cauce, que la luna sigue estando ahí, y que lo que ha de ser, será.
Sigo ahí, esperando un nuevo amanecer, con mi cubo en la mano, preparada para hacer volar los sueños con el fin de aquel dique, para vaciar aquel pantano, aunque sea… ¡a calderos!

Patrichueck escribió,
octubre 22, 2011 @ 9:05 am
Marta González ha tenido el detalle de compartir con Mi mágico León Blog esta preciosa imagen. Gracias, Marta.
Carmela escribió,
octubre 22, 2011 @ 10:37 am
Maravilloso como siempre.
Ya, ya, ya… me puedes echar todas las broncas que quieras, hace siglos que no aparezco, lo siento, lo siento, pero en cuanto tenga un ratito, me pongo al día con tus relatos. Aunque éstos no me gusta leerlos deprisa, hay que saborearlos, hay que degustar cada palabra, cada frase, porque son preciosas.
Muchos besotes!!
Patrichueck escribió,
octubre 25, 2011 @ 8:49 pm
No te echo bronca, Carmela. ¡BIENVENIDA DE NUEVO, PRECIOSA!
Concha escribió,
noviembre 10, 2011 @ 10:20 pm
Ojalá todos supieramos expresar los sentimientos tan bien como tú, tus frases llegan al alma, si es que lo tenemos.