Sueños de piedra y agua

Mi mágico León: en las profundidades de la tierra, en la vega bañada por el río Torío, en el ayuntamiento de Vegacervera, en Valporquero, León: Las Cuevas de Valporquero.

Cuevas de Valporquero

En las profundidades de las montañas, al norte de la ciudad de León, en el interior del  valle encantado que acompaña al río Torío en su descenso desde las escarpadas, se encuentra el municipio de Vegacervera, y junto a él, Las Cuevas de Valporquero.

A más de mil metros sobre el nivel del mar, resultado del perseverante trabajo conjunto de aguas y roca caliza, sumergido en una oscuridad brillante, hay un mundo de fantasías hechas piedra, de sueños en forma de estalactitas y estalagmitas recorriendo un universo de paredes húmedas, curvilíneas y auténticas.

Recuerdo el frío y la humedad, siempre por debajo de diez grados, las suavidad de sus muros resbaladizos y la inmensidad de una gruta que no deja de adentrarse en un mundo de sueños; y así con el discurrir de los milenios, han dado forma a una ciudad sumergida en las profundidades de la tierra dando lugar a grutas y pasadizos casi tan antiguos como la vida misma, con más de un millón de años a sus espaldas… y el agua y la piedra siguen trabajando con la misma perseverancia, sin prisa pero sin pausa, y al entrar, te ves inmersa en un paseo por el alma de la tierra en forma de colores rojizos y blancos adornando sus paredes en la sala de Las Pequeñas Maravillas, seguida por  La Gran Rotonda, donde unas puntas de flecha naturales penden del techo amenazantes, por si a alguien se le ocurriese dañar su belleza innata; algo más adelante, la sala de Las Hadas… la naturaleza sigue esculpiendo su belleza inanimada dando rienda suelta a la imaginación, donde tal vez las almas más inocentes puedan descubrir las ninfas que la pueblan, y El Cementerio sorprende con mogotes petrificados… y un Fantasma aparece por sorpresa dibujando una mueca en su rostro blanquecino… y como si de una metrópolis se tratase, aparece la Gran Vía, estrecha, llena de colores impregnando sus muros… ¡qué maravilla! como si de un pilar se tratase, la Gran Columna se cruza en tu camino, uniendo cielo y tierra, techo y suelo, demostrando, una vez más, que allí dentro no hay ostilidades, que la unión hace la fuerza.

La visita parece haber llegado a su fin, pero como colofón final, un lugar lleno de luz y color, de apariciones multiformes cubriendo su espacio… y discreto y silencioso, bello en su sencillez, el Lago de las Maravillas… ¿Cómo olvidarlo?

Aquel rincón tan escondido, tan conocido para tantos y tan desconocido  para otros muchos más, tiene algo especial, algo mágico, algo ancestral que se clava en la memoria y se hace inolvidable.

Te regalo un recuerdo, te regalo un sueño, te regalo las fantasías que un día imaginaste, hechas realidad.

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13 comentarios so far »

  1. 1

    Carlos said,

    Aprovechando que estamos en tiempo invernal, los amantes del esquí pueden disfrutar también de la cercana Estación de San Isidro.

  2. 3

    Alberto Bosque said,

    Simplemente Patricia: ¡Enhorabuena!

  3. 4

    Ricardo Alonso said,

    Mi querido Alberto,

    Que buen consejo conocer a Patricia, aunque solo sea a traves de sus palabras…

    Patricia, bella descripicion de sentimientos “cueviles”. Espero que un monton de gente se anime y disfrute de una de las grandes cavidades que tenemos en nuestro pais y en nuestra tierrina.

    Tambien espero que pronto podais leer mas cosillas sobre el tema y que nuestro granito de arena aporte algo positivo.

    Animo a los lectores y saludos a todos

    Ricardo

  4. 5

    Patricia:
    A veces sobran las palabras. Y hablando de las Cuevas de Valporquero, más!!!
    Te dedico (para ti y para todos tus seguidores), unas imágenes musicadas:

    Un abrazo,

  5. 7

    Alfredo Escalada said,

    (desde San Miguel de Escalada)
    Gracias, Patricia

  6. 8

    Las montañas están vivas
    Pregúntome porqué la mayoría de la población elije para el reposo las playas en vez de las montañas. Quizás porque las montañas, en visión quijotesca, son gigantes que causan respeto al pequeño David de la leyenda. Quizás porque las montañas parecen muertas. Ahí están, quietas.
    El ser humano tiene ansiedad por aventura y pasión. Son muchos los que han llegado a descubrir los secretos de las montañas y viven estas como aventura y pasión. Los ves caminar con botas montañeras, con sus caras doradas por el sol y el viento, manifestando alegría, disfrutando de las propiedades culinarias de la zona, ansiosos de subir, bajar, cruzar el río, ver saltar las truchas desde el agua presurosa para cazar el mosquito, merendar en el campo, etc.
    A tiro de piedra desde Riaño, en dirección a Potes, llegas al puerto de San Glorio. Cuando todo se seca en el centro y sur de la Península, en pleno verano, en San Glorio crecen las flores de montañas y la hierba verde donde pacen las vacas, vigiladas por perros mastines. Allá, en lo alto, se extienden grandes planicies verdes, que cual mantos de hierba acogen vacas, cabras, ovejas y otros animales. Solo se oyen sus cencerros y en el pinar de al lado el susurro del viento. Me siento en la hierba, me tumbo como dos vacas que rumian, miro al cielo azulado, mi alma está en silencio, me invade y me satisface ese silencio inmenso. De pronto veo cruzar, muy altas y con sus alas extendidas, dos águilas que ejecutan movimientos ondulares y observan con sus ojos agudos la vida en la montaña. Vuelvo a sentarme y lanzo mi vista hacia el horizonte, veo a diferencia que ayer, muchos picos de montañas lejanas y debajo de mis pies una profundidad kilométrica y en el centro de esta los tejados rojos de un pueblecito de montaña. De las montañas de al lado se desprenden como ríos de piedras, por entre las que pastan cabras salvajes, que no hubiese podido descubrir si me hubiese olvidado de los prismáticos. Ayer veía solamente las puntas de las montañas, el resto parecía un mar blanco de seda. Me sentía encima de las nubes. Subo dos kilómetros más arriba, lo que hago andando, aunque hay carretera y se puede subir con coche. Mi vista se pierde en todas las direcciones. Si una panorámica es bonita, la otra todavía más. No me canso de mirar y contemplar un suelo policromado de toda clase de flores. Más arriba, subiendo hacia el pico de la montaña, en su ladera, veo la estatua de un oso gigante, que nos avisa ser espiados por esa especie animal desde montañas lejanas.
    Pero quizás lo más curioso es que allí las rocas están formadas por una masa saturada de piedras redondas, procedentes de la cuna de un rio. También esto nos hace mirar atrás y pensar que en su día pudo haber un impacto cósmico en la tierra y se transformó la superficie de la misma, haciendo de las montas ríos y de los ríos montañas. Sería perjudicial para la montaña si tuviese tantos visitantes como las payas, pero para quien guste sentirse uno con la naturaleza, la montaña es el camino: fuentes, ríos, paisajes, animales por tierra y cielo, en general una gran variedad de fauna y flora. Un estacionamiento en Riaño o cercanías podría facilitar estas rutas turísticas y podría contribuir a mejorar la salud de sus visitantes con el ejercicio, el agrado y la tranquilidad interior y los sabores culinarios de la zona.

    Mi conclusión es que la montaña tiene y da vida, tanto física como psíquica. Aquí no eres un número sino parte del concierto natural, te sientes quien eres y como eres: de esta forma la montaña te abraza con sus encantos.
    Julián Martínez
    (Holanda)

    • 9

      patrichueck said,

      Como la vez en que nos deleitaste con el escrito sobre Riaño, éste sobre San Glorio es una llamada a la atención del lector, al que le apetece sentirse tal cual describes.

      Buena descripción, Julián, mejor texto.

      Gracias por tu aportación.

  7. 10

    Patrichueck said,

    Gracias por la foto, Álex. Muchas gracias.

  8. 11

    […] norte de la provincia de León, escondidas en las profundidades, están las Cuevas de Valporquero, y sobre la superficie, impresionantes y maravillosas: Las Hoces de […]

  9. 12

    teresa garcia said,

    Hola Patricia, todo muy bonito, lástima que estamos tan lejos. Un beso.

  10. 13

    […] se divierte creando fantasías que va tornando realidad, y así, continúan construyéndose las Cuevas de Valporquero, donde la piel se mantiene tersa, los ojos abiertos y los recuerdos vivos, más allá de sus […]


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