El músico de las alturas

El escenario de una sinfonía

El escenario de la sinfonía

Cuando pienso en León, ineludiblemente pienso en el pueblo, en Cifuentes de Rueda, mi Cifuentes, en su iglesia y su Puerto, aunque no tiene mar, en la cuesta y en mi Paseo de los Abedules particular, y… pienso en mi gente, aquella gente a la que quiero y que la distancia del cuerpo no ha de separar del alma…

Cifuentes tiene muchas cosas bonitas, qué os voy a decir yo, ¿verdad? pero es que es verdad: tiene en sus calles el recuerdo de mis idas y venidas en bici hasta el caño, mis paseos hasta Allá Abajo, esas puestas de sol que se ven desde el depósito en verano, tiene… tiene la huerta con esas pequeñas hormigas rojas que tan mala leche tienen cuando te pican; tiene, todavía tiene las vacas que hace años sembraban boñicas por todo el pueblo de camino a la cuadra cuando volvían de pacer en el Puerto… y tiene… ¿sabes qué es lo que tiene que no se ve? Música…

Cifuentes tiene música… cada domingo, a eso de las once y media se oye un eco que recorre cada rincón del pueblo… ton… ton… ton… tolón tolón… ton… ton… alegres, solemnes, las campanas tocan a misa, pero disimulan, porque las oyes tocar y parece que sólo se sepan una canción, y no es así, también saben tocar a quema, por ejemplo… ¿no te lo había contado? sí, si alguna vez ocurre algún incendio en el pueblo, las campanas claman a los cuatro vientos pidiendo auxilio, y los vecinos acuden apresurados al rescate contra el fuego…

Podría hablarte de muchas cosas de mi Cifuentes, pero esta vez, te voy a hablar de algo muy concreto y personal: una vez, hace ya mucho tiempo, alguien me dejó que le acompañara, y… ¿dónde fuimos? subimos la estrecha escalera de la espadaña y fuimos… ¡al campanario! sí, al campanario de la iglesia, y yo, desde mi pequeña estatura veía el tamaño inmenso de las campanas… y estaban allí, gordas, pesadas, contentas y ágiles, muy ágiles, parecían jóvenes y ya son viejas, pero si vieras cómo bailaban… y cantaban, también cantaban… con una voz fuerte y brillante, con su tono ancestral y elegante… bamboleadas al son que marca la tradición… dirigidas por la batuta de las manos de su director de orquesta… y todavía cantan… pero a veces, cuando las escuchas con detenimiento, puedes oír, como un leve lamento, la tristeza que yace en el fondo del canto de aquellas damas de metal que añoran las manos de su maestro, de su músico… añoran las caricias y la suavidad firme de unas manos, que ahora, en forma etérea, siguen tocando, como si el tiempo no hubiera pasado, la sinfonía que inunda las calles y las tierras de Cifuentes.

Quiero dedicar este relato a alguien que se fue y sigue estando aquí, a mi tío Alberto, el músico de las alturas.

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16 comentarios so far »

  1. 1

    patrichueck said,

    Mi agradecimiento a Sara García García, que una vez más, me ha facilitado la fotografía que ilustra el relato.

    Gracias, Sara.

  2. 2

    Luz del alba said,

    Muy bonito el relato … Yo tambien tuve una gran experiencia cuando fui a Cifuentes …pero me quedo con una personal k llege sin abuela y volvi con una … 😉

  3. 3

    amparo said,

    Hermoso texto donde describes tus experiencias con buena pluma, tiene la sencillez de las cosas que llegan al leerlas sin rimbombancias, enhorabuena me gusta

  4. 5

    Carlos said,

    Sí, Alberto Pérez Salas: el músico de las alturas.

  5. 6

    Julián Martínez said,

    Patricia,
    “El músico de las alturas” tiene mucha música: lírica, sentimiento, nostalgia, amor escondido, ansia de vida nueva recordando el pasado. ¿Cuando vas a publicar tu primer libro?. También en tí hay mucha música, que tienes que tratar de despertar y sacar de tí. Fantástico relato.
    Un saludo desde el país de las flores, aunque ahora es el hielo el que nos invade de norte a sur,
    Julián
    Middelburg (Holanda)

  6. 8

    PEDRO GONZALEZ DIEZ said,

    Tu tío Alberto,no era sólo el MÚSICO DE LAS ALTURAS, era el músico del tambor, de los Bolos, de las cartas, de la guadaña, y sobre todo de la camaradería.

    Yo soy testigo, por que lo disfruté. Me gusta que haya más gente que lo reconozca. Gracias Patricia.

    • 9

      patrichueck said,

      “Recordar es volver a vivir, y vivir en el recuerdo es no morir jamás”.

      Las buenas personas dejan siempre una huella más profunda de lo que parece, pasan los años y las décadas y nunca las olvidamos, y cuando las recuerdas, siempre aparece una sonrisa en los labios, y, a veces, asoma una lágrima a los ojos…

      Siempre estará.

  7. 10

    Rocío Gutiérrez said,

    Enhorabuena Patricia por este Blog tan fantástico que estás elaborando. Acabo de descubrirlo, estoy leyendo varios relatos y no puedo menos que felicitarte por tu gran labor. Este relato en concreto, es especial…qué bonito lo has hecho.
    Ponte en contacto conmingo para lo que necesites. Un beso muy grande.

  8. 11

    […] Un joven leonés, un mártir, que nunca morirá, porque en los altares de la Iglesia, a lo largo de todo el mundo, siempre habrá un lugar para los mártires de Turón, siempre habrá un lugar para un hijo de Cifuentes. […]

  9. 12

    […] Cifuentes ha sido siempre mi cuartel general, el lugar desde el que partían todas las excursiones en vacaciones. […]

  10. 13

    Patrichueck said,

    Y como sonido de fondo…

  11. 14

    BERNARDO said,

    Otro bello sensible y emocionante relato sobre un pueblo y unas gentes que tienen la gran suerte de tener una descendiente que se acuerda de ellos, y los lleva en su pensamiento y en su corazón, y les escribe cosas tan bellas, espero te lo reconozcan como mereces.

  12. 15

    […] siempre se queda, porque siempre permanece, como tú en mí, y yo en ti, y en mi bici, en aquel repicar, en aquellos paseos,… que me siguen […]

  13. 16

    […] la primavera, y escuchar a las damas de metal llamando a misa los domingos, como antaño, querido músico de las alturas, como siempre, con ese amor tan grande que no cabe en las […]


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