Desde las profundidades de la tierra

Las Rodonas de Sabero: estructuras metálicas utilizadas en la minería en León.

Las Rodonas de Sabero

Llega el mes de julio y las llanuras de Castilla se llenan con ese olor a trigo y cebada, con ese olor de la trilla, y bajo un sol de justicia trabaja el labrador recogiendo una cosecha que luego habrá de convertir en pan o cerveza, alpacas… pero el verano se va, y con él, marcha también el calor, y llega el otoño que pronto deja paso a otra estación, el frío se acentúa y la nieve se hace dueña de un paisaje cubierto por ese azúcar glasé con sabor a invierno…

Lo normal cuando hace frío es encender la calefacción, o la estufa, o, en el pueblo, prender la lumbre bajo la chimenea, o en el campo una fogata… pero hubo un tiempo en que no había calefacción y las estufas no eran como lo son ahora.

No hace mucho, en las casas la noche cernía su oscuridad sobre la luz tenue de un candil, y una sola bombilla pendía del techo alumbrando con su débil resplandor toda la casa; hasta no hace mucho, en las casas de los pueblos no había teléfono y las calles no estaban asfaltadas, hasta no hace mucho, el calor que el cruel invierno negaba, lo regalaba la tierra en forma de pedacitos negros, en forma de carbón.

Algo más de siglo y medio nos separa de un momento en que los hombres empezaron a descender a las profundidades de la tierra con un pico entre las manos en busca del pan que llevarse a la boca. Era un pan duro de comer, con sabor a polvo y a sudor, a tos y a frialdad… pero era el pan de muchos, ese pan con el que sobrevivir, ese pan con el que alimentar a niños, ancianos y mayores; un pan que se iba lejos, muy lejos, más allá de las montañas que lo vieron nacer y llegaba hasta el mar, hasta Bilbao, y ya no se llamaba pan, se llamaba hulla, hierro y cobre, pero seguía siendo el pan, el pan que daba de comer a los mineros y a sus familias.

Era una época de revolución industrial: el carbón y el hierro de la Sociedad Palentino-Leonesa de Minas alumbra el nacimiento de los primeros altos hornos de España.

A finales del siglo XIX se proyecta la línea León Palencia que une Sabero con El Burgo Ranero, y y con la llegada del ferrocarril, su expansión económica se hace más y más importante.

Han cambiado los tiempos, la vida de antaño ya no es la de ahora, ya no hay que luchar ese combate cuerpo a cuerpo con los elementos para poder salir adelante; han cambiado los tiempos y, aunque seguimos luchando nuestro pedazo en el mundo, la vida se ha hecho más cómoda y más fácil: medicina, alimentación, ropa, educación, todo parece al alcance de muchos, al alcance de todos, pero aunque las cosas ya no sean lo difíciles que fueron, no debemos menos que, de vez en cuando, echar la vista atrás y recordar quienes hemos sido, y así, tal vez, entendamos algo mejor quienes somos.

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10 comentarios so far »

  1. 1

    Ricardo Alonso said,

    Alucinante!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! y en primicia….
    que haria nuestra tierra sn ti!!!!
    gracias

  2. 3

    patrichueck said,

    Quiero dedicar estas letras a todos los mineros que día tras día, jornada tras jornada, bajaban a las minas sin saber si volverían a ver la luz del sol.

    Quiero dedicar este relato a todas las familias que hicieron de la incertidumbre de la mina su manera de vivir.

    Y como las palabras suenan huecas cuando no se les pone cara ni nombre, quiero dedicar este relato a Ricardo Alonso Martínez y a los suyos, al pueblo de Sabero y a todos los pueblos de su valle.

  3. 4

    Amanda said,

    Emociona leer este relato. Gracias por compartirlo Patri!

  4. 5

    […] hondo, hondo como las minas que se esconden en las profundidades de sus tierras… amigos de Sabero, amigos de Laciana, […]

  5. 6

    Fausto said,

    Gracias Patricia, me encanta.

  6. 7

    BERNARDO said,

    Como de costumbre, maravilloso relato, eres incansable, de donde sacas tanta energía, tantas ideas y tanta ilusión, para escribir historias siempre nuevas y bellas. TE ADMIRO.

  7. 8

    Maria Jesus Alvarez Rodriguez said,

    Nada que añadir. Me ha emocionado por muchos momentos vividos. Mi padre era minero. Gracias.


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