El salvaje oeste

Un rebeco en las montañas de León

Un llanero solitario del salvaje oeste

¿Quién no ha oído hablar de aquellas historias que cuentan nuestros abuelos? ¿quién no sabe de lobos que han atacado rebaños enteros?, ¿o de la caza del corzo y el jabalí?, ¿quién?

Quien más quien menos, todos hemos oído historias que cuentan cómo se oye a los lobos aullar cerca de las casas, cuando el ganado se pone nervioso y hasta las gallinas se alborotan.

Quien más quien menos, ha visto cabras montesas perdidas en las alturas, escalando las escarpadas como si pasearan por las llanuras de un prado.

Quien más quien menos ha visto halcones y águilas sobrevolando los paisajes vivos de la tierra; pero cuando pensamos en osos, corzos, urogallos, venados y nutrias, nos parece que son animales que pertenecen a tiempos pasados, cuando la vida salvaje seguía siendo eso: salvaje.

Todo parece haber cambiado, pero… hay un lugar… un sitio… bueno, hay un gran sitio lleno de rincones escondidos, plagado de vida salvaje y fuerte, tan fuerte como la magnitud de sus montañas y la viveza de sus ríos; tan ágil como los roedores que merodean sus campos y las cabras que ascienden a sus cumbres…

En el salvaje oeste, aquel que está coronado por los magníficos Picos de Europa, todavía se encuentran los supervivientes al holocausto de la modernidad.

Todavía, huidizos y simpáticos, uraños y saltarines, en los rincones de ese sitio, hay rebecos.

Rebecos como aquel que te mira desde lejos y acto seguido sigue sus andanzas por estos mundos tan auténticos.

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9 comentarios so far »

  1. 1

    patrichueck said,

    Mi más sincero agradecimiento a Álex Díez González, que una vez más, ha tenido a bien prestarme una de sus fotografías para ilustrar uno de los relatos de este blog.

    Gracias, Álex.

  2. 2

    Olga said,

    Muy chulo, mi niña… Sigue deleitándonos con tus relatos… Nos encantan…

  3. 3

    teresa garcia said,

    Hola Patricia, ya estás de vuelta, qué alegría, otra vez vamos a leer tus cosas lindas que tan bien las escribes… y nos gustan… y de paso aprendemos… un beso y bienvenida.

  4. 5

    Alejandro said,

    Qué fantasticas palabras Patri, has descrito a la perfección ese cruce de miradas entre el rebeco y el caminante, en este caso, un servidor.
    Tienes mucha razón de que pocos saben lo que esconden esos salvajes valles del noroeste peninsular. Gracias a Dios, y también en parte a la despoblación de los pueblos, quedan muchos lugares intactos donde poder observar esa fauna.
    El rebeco de la foto, en cuestión, no sintió ningún temor con nuestra presencia, a pesar de que caminabamos a su encuentro. Es la vida 100%.

    Enhorabuena por el relato, me ha gustado mucho leerlo, como siempre.

    Un saludo guapa!

  5. 6

    Pablo González Rodríguez said,

    Muy bonito.
    Y ahora un secretito a voces: los rebecos y sobre todo los corzos, han ido repoblando sus antiguas zonas del norte de León y ahora ya llegan hasta el río Esla en nuestro querido Cifuentes, y es bastante fácil verlos cruzar la carretera o por los antiguos “fresnones”, cerca del Esla a su paso por Casasola.
    Y ahí están, bien cerquita, nos vuelven a ver.
    GRACIAS POR VOLVER A LA ACTIVIDAD!!!!

  6. 8

    […] las piedras, y… ¿sabes qué? hasta truchas vi, ranas y sapos encontré, y hasta un pequeño rebeco, muy pequeño, me regaló una brizna de alegría con su presencia inocente y feliz, y junto a él, […]

  7. 9

    […] vez te has preguntado qué pensarán los animales? Me encantaría […]


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