Y paseé…

Mi mágico León: al norte de la provincia de León, muy cerca de Asturias, está Cubillas de Arbas y en las proximidades, el Pantano de Casares

El mar de las serenatas nocturnas

  

Era una noche de primavera, estaba en la montaña, y para mi sorpresa, no hacía frío.   
 
No hacía frío, tampoco calor, quizá una pizca de fresquillo, sí, el suficiente fresco para recordar que los héroes son fuertes y soportan los inviernos cargados de nieve y que las princesas prefieren la llegada de la primavera y los calientes rayos del sol… pero era de noche.    
 
Era una noche de primavera y envuelto en el sonido amable de los grillos al cantar su serenata nocturna, estaba un pueblo y yo en él.    
 
Era una noche de primavera, y las ranas croaban en un pequeño mar, no muy lejos de allí… 
 
Era una noche de primavera ¡tan bonita! bonita como las cascadas que vi aquella tarde en Torrestío, o como aquel rebeco que daba sus primeros pasos; una noche preciosa y tranquila… no se oía nada… bueno, sí, sí se oía. Se oía el ruido sordo de la naturaleza envolviendo con su historia las leyendas de los antiguos astures que moraron aquellas tierras, se oía la sensación de estar a gusto, se notaba la sonrisa y la impresión de que aquel simple paseo en soledad compartida, era algo importante.   
 
Era una noche tranquila, y en la tranquilidad curiosa de aquella situación, observaba los detalles que se desparramaban en las ventanas y las puertas, algunas eran tan pequeñas… y era todo de piedra, de una piedra esculpida por el hombre y el tiempo, por el frío y el calor.    
 
Era una noche sencilla, como tantas otras, quizá… pero aquella noche era diferente.    
 
Diferente porque estaba en la montaña, en un pueblín escondido en un valle, alejado de la polución y el mundanal ruido, alejado de las preocupaciones y los dolores del alma… y salí a pasear, lo recorrí, y como dice la canción “paseé por mi mente y encontré aquel rincón que te dejé, donde guardo los momentos que no olvidé jamás”.    
 
Creía estar sola y acompañada, es una sensación interesante, ¿te la describo? no… mejor no, es mejor que la descubras tú misma, o tú mismo, aunque seguro que ya la conoces y… ¿sabes qué? ¡No estaba sola!    
 
Había estado paseando y descubriendo que, más allá del restaurante, había gente, personas ocultas en las casas que, sin saberlo, habían tenido la gentileza de prestarme un ratito su pueblo y dejar que yo misma descubriera sus rinconcillos y… ¡me encantó!    
 
Me encantó Cubillas de Arbas, me encantó recorrerlo y descubrirlo, me encantó sentirme tan cerca del infinito sin moverme de la Tierra, me encantó lo que vi con los ojos del alma y los del cuerpo, me encantó lo que sentí; así que si la vida me concede la ocasión, ¡volveré!

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2 comentarios so far »

  1. 1

    Patrichueck said,

    Quiero dar las gracias a una persona que ve las pequeñas grandes cosas de la vida y que tuvo la gentileza de hacerme llegar la bonita foto que ilustra el relato.

  2. 2

    Pablo González Rodríguez said,

    Menuda “peazo” de invitación, para quien no haya descubierto León, su montaña, y en concreto BABIA. Hoy seré un poco nacinalista: VIVA LEÓN!! y gracias de nuevo, Patricia, muy bonito, de verdad.


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