A la vera del Esla

Mi mágico León: Río Esla en verano en León

El silencio, verano y agua.

Amanece un nuevo día en tierras leonesas y el frescor de la mañana se disipa con el discurrir de las horas, hasta sumergirse en el olvido cuando el astro rey corona la limpieza celeste de un cielo que dice que es verano.

Pasan las horas, avanza la tarde y nuevas caras conocidas se unen a las antiguas, y se respira la tranquilidad de la vida cuando la seriedad y las prisas de otros momentos ni siquiera se pasean por el pensamiento.

Avanza la tarde y los minutos van dejando atrás la claridad absoluta de las horas previas, y el cielo comienza a teñirse con la suave frescura de los colores púrpura, y al fondo de un paisaje salpicado de autenticidad, permanece Peña Corada convertida en testimonio mudo de un paseo a la vera del Esla.

Discurre la tarde, y en la pureza cristalina del agua, se refleja la hermosura de un paisaje tan sencillo… y sonrío al ver patos deslizarse elegantemente sobre el espejo acuático, y Peña Corada continúa al fondo…

Sonrío y… silencio…

Mosquitos, y sigo caminando río abajo, mientras una conversación agradable llena el paseo.

Silencio… las hojas de los chopos apenas se mueven, no hablan, sólo escuchan, presencian la película de algunas vidas que disfrutan de cada momento.

Cistierna, Vidanes, Modino,…

Un puente, un río, silencio,…

Un anochecer que se acerca y un mar de campos en los que surfear.

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4 comentarios so far »

  1. 1

    Patrichueck said,

    Porque pasear a la orilla de un río en escasa y buena compañía es toda una maravilla, aquí va un relato dedicado a todos los que disfrutamos de los ríos y su entorno.

  2. 2

    […] en otros tiempos, no osaban acercarse a sus almenas. Un castillo con su foso lleno de agua, del Esla, ¿de dónde si no? Un auténtico castillo de novela, de leyendas y fantasías,… pero es […]

  3. 3

    […] sonreír, ¿por qué entristecer si vas a seguir ahí? en la tierra leonesa, en la ribera del río Esla, en las tierras de Rueda, con tus aguas, y tus campanas, con nuestros atardeceres y nuestra […]

  4. 4

    […] alegre y salvaje, recorre senderos no siempre descritos a través de los montes, encontrando el Hoyón, alcanzando la Dehesa de Corrales, dejándose salpicar por la traviesa frescura del barro que ha […]


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