De barro y vida

Mi_mágico_León_Barrillos_de_Curueno_Leon

El silencio de una imagen

Una vez escuché hablar de un Río del Olvido, que se lleva recuerdos, emociones, sensaciones, pensamientos, sonrisas…

Una vez escuché hablar de un río cargado de tristeza y melancolía, que fluía hacia aguas mayores, donde la esencia de sus gotas se diluyera inmersa en anonimato…

Un río cargado de olvido… y el nombre me pareció misterioso, llamativo, inquietante, tremendamente absoluto.

Entre las sendas del recuerdo y la imaginación fui recorriendo los senderos que anduvo el viajero, y curiosa curiosidad, descubriendo que no hay olvido con memoria y que la memoria es mucho más que un recuerdo, es algo que forma parte de uno mismo aunque no haya vivido una experiencia, porque, a veces, es tal la empatía que sientes, que lo que el otro vive se convierte en tu alegría, en tu tristeza, en tu llanto, en tu ilusión… Eso también es amor.

Se me antoja pensar que los sitios no son meras estampas fotografiadas en un momento, se me antoja pensar en el adobe, y en la lluvia, en la niebla y en la fría humedad de la escarcha que adorna los pies de los chopos, que desfilan, al compás del viento, la maravilla de su orquesta vespertina cada vez que el viento sopla.

Se me antoja pensar en Barrillos y en la fresca vitalidad de un río que habla entre misterios rodeados de sensaciones, aquellas que se deslizan por la cara, se cuelan por debajo de la camisa y llegan allá donde mora el alma, donde se guardan los recuerdos que el olvido no conoce, aquellos que no puede borrar, porque están escritos en sentimiento.

Se me antoja un paseo, un capricho de la naturaleza que se deja querer, lo mismo que se quiere a la tierra que te ve crecer, lo mismo que se quiere a aquel animal de cuatro patas que tiene tanto de humano y tan poco de animal.

Un lugar divino, ¿cómo no? construido a base de barro y alma, como Adán y Eva, como la esencia de un pueblo enraizado en la mítica Vadinia, como el carisma de un sitio con tono medieval, con tono rural, con una mezcla de tiempos inmemoriales que se confunden en la fisonomía como lo hacen las experiencias a lo largo de la vida.

Un lugar que disfrutar, una chopera por la que pasear, un río que escuchar, un caño eternamente joven del que saciar la sed de más vida, la que da la alegría de saberse en casa.

Descubre lo que es silencio, lo que es quietud, lo que es sentir el agua del río Curueño mezclarse con la tierra y construir con su barro el hogar de tantos: Barrillos de Curueño.

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4 comentarios so far »

  1. 1

    Patrichueck said,

    Mi agradecimiento y especial mención a José Carlos Fernández González por la fotografía que ilustra el presente relato, y mi dedicatoria y cariño a Fernando Manzano Ruiz, que tanto quiere a su Barrillos de Curueño.

  2. 2

    Ana said,

    Patricia….todo lo que te pueda decir te lo han dicho tantas personas y tantas veces…..y a mí me gusta ser original, por ello no voy a hacer ningún comentario. Eres especial…..sin duda.

  3. 4

    […] Se me ocurre que cada lugar tiene su magia, y una mañana de invierno, cuando las nieves han concedido una tregua y el sol resplandece sobre los campos que anuncian primavera, apetece dejarse llevar por los senderos del alma y recorrer la antigua cañada real, Camino del Campón, y ni siquiera pensar en problemas e historias, solo sentir el suave frescor sonrojar las mejillas y sonreír, mientras las nubes salpican el cielo, y las buenas sensaciones, el corazón de Barrillos. […]


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