Rugido

Mi mágico León: paisaje nevado en Villacidayo. León.

Paseando junto a ti

Blanco, el mundo está blanco, y el cielo, azul, tan azul, tan limpio, tan claro y lleno de luz, que tan solo apetece llenar de aire los pulmones y limpiar de malos humos el interior cargado. Silencio, el campo está callado, y los pies se pasean sobre la alfombra nevada de nuestras conversaciones, y allí al abrigo de los buenos ratos, se encuentra la voz amiga de los secretos y las bromas a carcajadas, donde el cariño se ha hecho río que fluye naturalmente, desde las charlas de aquella primera adolescencia a la vera del Esla. Momentos, momento a momento hemos recorrido el mundo, de un confín al otro, desde la maravillosa atalaya de los sueños, hasta el agua del caño al medio día. Y el sol brilla en el firmamento, y la tierra le devuelve el guiño con su mejor sonrisa, así como haces tú, pequeño saltamontes, siempre dispuesto a dar el salto hasta el infinito y más allá, encontrando buenos excursionistas con los que disfrutar del paisaje a su paso por Albares de la Ribera, allá en el mágico Bierzo, confiando abrazos entre Cifuentes y Villacidayo, salpicando la amistad con la fuerza de un león, del nuestro, con melenas de verde y nieve, con pelaje de río y campos, y con el acento de un rugido de cuatro letras: ¡LEÓN!

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4 comentarios so far »

  1. 1

    Patrichueck said,

    Aquí queda tu foto, muñequita. IDEM, linda. Espero que os guste (también a ti, berciana mía).

  2. 2

    “El invierno, nunca le comió el Lobo”. Afortunanda mente así ha ocurrido. Con sus estampas y Muñecos vestidos de payasos, nos ha alegrado. Al lado del rio Esla, con la nieve queriendo materse en el agua, he tenido la sorpresa de ver una Nutria. Al verme, introdujo sus orejas y bigotes de forma tan rapida que apenas si me dejó reconocerla. Habia estado contemplando Corzos en un maizal, la Garza Real, en un charco y los Alabancos junto a las Pollas de Agua. Todo ello acompañado de cuatro grados bajo cero. Mereció la pena la madrugada.

  3. 3

    […] No lloro porque no cabes entre ellos, porque tu belleza es tan grande, tus paisajes tan eternos, tus aromas tan intensos y nuestra complicidad tan infinita, que prefiero recorrerte llena de alegría, y recordar una y mil veces que para decírtelo, no hace falta palabras: mírame a los ojos y leerás te quiero, León. […]

  4. 4

    […] aparecieron Vidanes y Modino, Santibánez y Cubillas, de Rueda, por supuesto; Carbajal, Villacidayo y Villanófar, Sahechores, Gradefes, y más allá, Quintanas y Cifuentes, donde los ángeles van al […]


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