Llegó

Mi mágico León: nieva en Cistierna. León. Turismo rural.

Cálida frialdad

Por fin llegó, de verdad, con ganas, arrasando con la sequía de blancura que asolaba las tierras mágicas de los recuerdos y las aventuras por vivir.

Llegó, y con ella, se pintaron de blanco los paisajes más variopintos, y dejaron de ser tan diferentes, para aunar fuerzas y llenar, una vez más, de magia congelada sus siluetas más sugerentes.

De pronto, cayó un copo, y los demás, debieron sentir envidia, porque se abalanzaron sobre la tierra uno detrás de otro, y fue tan bonito… y tan frío, pero tan bonito…

Luego llegan las madreñas en los pies, y las botas en los más modernos, el cuidado en los conductores, y conductoras, por supuesto, ¿verdad, cofrecillo?, las palas atacando la nieve agolpada en las aceras, frente a las puertas… habrá que salir de casa, ¿no?

Y mientras en la capital entras en casa diciendo: -“¡Ospa! ¡qué frío!”-, en el pueblo sigue saliendo el paisanín de toda la vida, en camisa sin abrochar el último botón, chaquetina, pantalones de pana, madreñas y… -“¡arreando! ¡qué tanto frío no hace!”-, eso cuando no aparece la mujer en falda y sin medias, a buscar el pan a la plaza, al son del panadero.

Llegó, la nieve llegó, y aunque nunca nieva a gusto de todos, mientras no haya que escarbar en la escarcha, a mano pelada, en busca de remolacha, no será para tanto la cosa.

Llegó la nieve, y con ella, las montañas vestidas de novia, ¿estarán buscando galán? ¿o igual ya lo encontraron y disimulan entre amistades de sonrisas pícaras? No sé, no sé… habrá que ponerlas a prueba bajo un manto de noches estrelladas en las que pedir deseos, aunque las estrellas no sean fugaces…

Llegó, y después de tanto hacerse esperar, volvió a aparecer.

¿Será como aquel amor de verano que unió unos labios una noche de febrero? Habrá que preguntarle…

Cada año regresa esa sensación de aparente frialdad helada, la que deshiela el calor de una mirada, la calidez de una sonrisa entreverada, la tensión disimulada que permanece en el ambiente, las conversaciones pendientes, y el olvido que no es tal.

Cada año regresa la sensación maravillosa de sentirse vivo, y a la vez, conectado con aquellos amores que dejaron sus huellas en el alma, y en el cuerpo. Vivo, viva, y conectada a esa sonrisa que se escapa cada vez que pienso en ti, y en ti, y en ti también, ¿crees que me voy a dejar a alguien en el tintero?

Sabes que no…

Cada año regresa mi nieve, a mi montaña, a mis pueblos queridos del alma, a mis rincones y mis anhelos.

Cada año, vuelve don invierno, a vestir de nieve, los dominios de la gran Cistierna.

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4 comentarios so far »

  1. 1

    Patrichueck said,

    Alberto, esa foto casual ha sido lo más. Muchas gracias, chavalote. Eres un encanto. 🙂

  2. 3

    ruiztosar said,

    Cuesta del parque, la fontona, a los pies de san Guillermo!! Gracias por este blog tan maravilloso, para los que estamos lejos de casa es como sentir la tierra prácticamente al lado


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