Magia de pueblo

Mi mágico León atardecer de otoño en Villacidayo, León.

Paz leonesa

Caminar por tierras del Esla y sentirse segura a la vez que triste, y a la vez, notar cómo el miedo está latente en un corazón, acongojado ante el sin sentido y el odio de quien no conoce la profundidad de la palabra empatía.

Recorrer senderos cargados del frío de una noche limpia y bella que se acerca a los pueblos, y en breve, le toca a Villacidayo, tan sencillo, tan pacífico, tan lleno de buenas vibraciones, de recuerdos con aromas a bizcochos y mantecadas, de abrazos que curan almas, y arraigos que se aferran más allá de las distancias y las ausencias.

Caminar y hablar, hablar mucho, sin teléfono de por medio, notando cómo la frescura del ambiente se regocija en el calor de tus mejillas ilusionadas, donde la pena también se dibuja en el sentir del alma sobre la piel.

Lo siento, siento en los más profundo de mi ser, que haya corazones helados incapaces de respirar serenidad y buenas sensaciones, y solo se me ocurre seguir caminando, porque es lo que hay que hacer, porque el mundo está lleno de rincones maravillosos, y huele tan bien…

Caminar, por los caminos junto al río, divisar a las vacas volver lentamente a su cuadra, con sus andares pacíficos y tranquilos, como si el tiempo no fuera con ellas, habrá que aprender de su calma y perspectiva…

Porque la vida de los pueblos tiene una magia escondida en lo que se percibe, en lo que, aparentemente, no se ve, y se disfruta tanto…

Villacidayo, la villa de los caminos que llevan al cariño que no se agota, ¿será eterno? Como la magia que inunda, el cielo pintado de atardeceres, cuando la noche se acerca.

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Vive

Mi mágico León: puerta en la Vid de Gordón. Montaña central leonesa. León.

Otra dimensión

Vive la vida como si todo fuera un regalo, como si las cosas buenas duraran para siempre, como si lo malo se extinguiera muy pronto, como si pudieras respirar aire puro y sonreír sin demasiado esfuerzo…

Caminar por el mundo descubriendo bosques donde se esconde la magia de los colores, inspirar profundamente llenando de magia los pulmones y sentirte más tranquilo, más tranquila, ¿lo ves? si al final, hasta la hora más larga, tiene sesenta minutos.

A veces, el mundo pesa, pesan los techos que amenazan con abalanzarse sobre tu cabeza, las preocupaciones y los malos humos, ¿será que se regala intolerancia por ahí?

A veces, una espesa niebla se coloca entre nosotros y cuesta ver más allá, sentir el calor de ese humano que tan cerca está de ti, ¿será que tiene el corazón frío? Tal vez… ¿y el tuyo? ¿cómo late el tuyo?

En las entrañas de la Tierra que a todos nos vio nacer, late el ardor de un corazón tan inmenso como arrollador, pintado de naranjas anaranjados, de rojos explosivos, de ríos de lava que en algún lugar desembocan, y forman montes y montañas subacuáticos, y en algún momento, todo lo mueven, y aparecen cordilleras, laderas y valles en los que, un día, creció un pueblo, y otro, y otro más…

En el interior de las montañas leonesas, en la zona de Gordón, cuenta la leyenda, que hubo una vez una bruja… y me pregunto si el hechizo quedó en Ciñera en forma de carbón, o se ha extendido más allá…

Es tan bonito… como un sueño en primavera, como un paseo en otoño, por los valles repletos de fantasías, por los montes repletos de bosques, cargados de hojas, pintadas de colores, de los tonos que duermen en el corazón del planeta que habitamos, y…

A veces, vives caminando, y tras una puerta inesperada, se abre una amalgama de posibilidades que van a arrancarte otras tantas sonrisas.

Marcho, no voy a tardar nada, marcho a rellenar el alma de buenas sensaciones, a escuchar el viento cantar entre las hojas que están por caer, a cosechar sonrisas y miradas iluminadas.

Iluminadas, miradas iluminadas ante la visión de un nuevo destino en los rincones de la Vid de Gordón. Próxima parada: Alegría.

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Cuentos

Panorámica desde Prioro, Montaña Oriental leonesa. León. España

Maravillosa realidad

Te voy a contar un cuento, de esos que te hacen volar, soñar, como si todo fuera posible… porque lo es, ¿no lo sabías?

Hasta lo que no parece posible, lo es, hasta el infinito de las eternas noches estrelladas, desaparece para dejar paso al astro rey, pintando el cielo de emociones bañadas en esa música que no se toca, que acaricia las cuerdas del alma, pero no se ve,… aunque se siente… ¿será posible? Lo es… y lo sabes.

Lo sabes más allá de los números, y las letras que completan informes, y alegatos cargados de razones, de objetividades y resultados… prefiero los cuentos.

Había una vez una oruga que decidió convertirse en mariposa, había una vez un amanecer, que consiguió convertirse en atardecer… y era tan bello, tanto, que las montañas quedaron prendadas de la luz que ilumina la sinfonía de la mañana, la melodía del ocaso acariciando la silueta de su cuerpo, elegantemente esculpido, entre sueños y fantasías.

Te voy a contar un cuento, el de una niña que conoció a otra niña, ¿o fue un niño que conoció a otro niño? Mmmm… Te voy a contar la historia de las bobadas que dan forma a las risas, y las risas a las confidencias, y las confidencias a las amistades… y pasan los días, y comes pipas y kikos, maicitos, dirían algunos, y te vuelves a reír, ¿será que el alma buena no cambia?

(Te voy a contar un secreto: yo creo que eso no es un cuento, y que los dragones siempre serán dragones, las mazmorras, siempre serán lúgubres, a menos que las conviertas en escondrijo de piratas escondidos, y las brujas siempre serán brujas. Eso sí, de eso no me cabe la menor duda).

Te voy a contar el cuento de la mirada perdida en el horizonte, donde los sueños alzan el vuelo, y los anhelos se difuminan en el dorado etéreo de fantasía hecha paisaje…

Y entre cuento y cuento, vamos a recorrer senderos cubiertos de hojas, para que los ogros no los encuentren; bosques verdes y alegres, llenos de setas, pájaros, caracoles,… ¿dónde estarán los gnomos? No hay quién les pille.

Magia… cuentos, leyendas, estrellas y pasiones encendidas… como el mismo sol.

Magia… como dos miradas que se encuentran, como la libertad de recorrer el mundo sabiéndote dueño de tu destino…

Marcho en busca de la magia, ¿me acompañas?

Magia, como tú y yo, descubriendo un lugar donde la vejez juega al escondite, y la juventud se hace eterna, como el olor a tierra mojada, como el aroma que baña, salvaje, las mañanas salpicadas de rocío, en la tierra leonesa.

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En el paraíso

Mi mágico León: campo de flores en León. Provincia de León. Turismo.

Nuestro paraíso

Un campo lleno de flores, de colores, de tamaños y especies diferentes, aromas, tintes y tactos, diversos, distintos… pero flores.

Y son tan bellas y huelen tan bien… como las nubes cuando piensas en tus amores.

Hoy te dedico flores, querido amigo, querida amiga, flores de colores, como la amistad que nos une, flores que se abren y se cierran, que pintan el campo de arco iris sonrientes, y llenan el alma de recuerdos entrañables.

Esta tarde, y en muchos momentos, cierto, pero esta tarde pienso en ti, y en ti, y en ti también, y en aquellos que siento en lo más profundo de mi ser, donde nadie puede sentirlos salvo yo misma, y me siento especial y única cuando el resto del mundo desconoce cuánto amor guardo en mis entrañas, en los más bellos recuerdos, en aquellos que deposito en las páginas de la novela de mi vida, que algún día, quién sabe, igual tome forma en las hojas de algún libro…

Pienso en don Camafeo y en el viento que mece mis sueños, en esa luna brillante que ilumina la oscuridad de mis noches, y en aquellas estrellas que brillan cada anochecer.

Pienso en la Cruz del Sur y en las constelaciones que surcan el otro hemisferio, más allá del Atlántico, y en los alfajores y el dulce de leche; en el aroma a azahar y jazmín del Mediterráneo que acuna mis anhelos y en el atardecer de mis tardes de verano, querido cofre de mis secretos.

Pienso… y siento, que se puede ser padre y amigo, madre y amiga, hermano y hermana, amigo, amiga… se puede ser prima y amiga, primo y amigo, abuelo, abuela… y siempre se puede ser amigo, cuando las conversaciones fluyen como el sol discurre por el cielo a lo largo del día, sin hacer ruido…

Pienso que hay amigos que vienen y van, y sigo pensando, y… ¿sabes qué? ¡ellos se lo pierden! ¡Y lo sabes!

Mi querido y mágico León, en ti germina aquella amistad que da fruto y se renueva con una eternidad eterna…

Mi querido y mágico León, te llevo en cada grano de cada espiga, y en las miradas que no se han ido, te llevo en el futuro que está por venir, y en el presente que vivo sin ti… pero contigo, por supuesto, contigo.

Y en este universo, en el que solo estamos tú y yo, y el resto del mundo, pero tú y yo, las distancias desaparecen y pronto nos volveremos a ver.

¿Cuándo? No lo sé… pero pronto… ¿qué es una vida en una eternidad?

Volveré a cruzar el océano que nos separa, o la tierra que nos aleja, o tal vez las dos cosas, volveré a unir el norte con el sur y el este con el oeste, y allí, donde siempre estás, te encontraré.

¿Dónde?

En el paraíso Amistad.

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Piquitos de verano

Mi mágico León: golondrinas en Besande. León

Besines de verano

El amor y el fluir de las estaciones al pasar el tiempo…

Cuando el tiempo no pasa, cuando, de alguna manera, se queda, balanceando los minutos que lo componen en las sonrisas que han quedado… porque nunca se irán.

Volar…

Como esos pájaros que recorren ese cielo tan azul, tan limpio de malas sensaciones, tan plagado de… ¿risas? No sé, tan plagado de sonrisas en mi cara, en este momento, cuando pasan las tormentas que revuelven la tierra y llenan de polvo los estantes llenos de libros y recuerdos, y luego, pasado el vendaval, sacas el plumero y descubres fotos que abren el cajón de las memorias escondidas, y empiezas a reír… ¿de verdad han pasado ya tantos días?

Yo creo que no, que fue ayer cuando comíamos quicos, maicitos, y nos reíamos llenando el aire de aromas salados y tostados, ¡como nosotras!

El cielo, ese cielo azul, y esos rizos de locuela que siguen adornando tu melena, aunque disimules, se te riza de majadería, de la alegre y divertida majadería que siempre te ha caracterizado, querida mía.

Y… me queda tanto por contarte… de mi tierra y de mis gentes, de aquella primavera y este verano tan lleno de luces y estrellas, de las golondrinas anidando en los tejados de las casas y las cigüeñas reinando en la cima de la escuela, y de la iglesia, por supuesto.

El amor y el fluir de las estaciones… y las amistades que no terminan…

¿Te cuento un secreto? A veces las emociones se toman un tiempo para descansar, para reposar, porque son tan intensas… que acaparan todo: alma, mente y corazón… y son tan adictivas… que magnetizan los extremos para que siempre se atraigan…

Más allá del cielo y la tierra, de la costa y la montaña,… más allá de pitufos y desamores, de confesiones contadas a la sombra de un atardecer… siempre has estado, como están aquellos amores que siempre me acompañan y me acompañarán…

Como la luna y las estrellas, como las carcajadas y las bobadas, como esa amistad de las buenas… pues hasta los pájaros que habitan Mi Mágico León, que merodean por Besande, acercan posturas entre la picardía, la generosidad y el cariño.

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Colores mágicos

Mi mágico León: festival de colores en primavera. León.

Festival de colores

Ilusiones de colores alborotando la maravilla de una primavera sorprendente.

Sorprendente, como las carcajadas, que cortan las palabras, porque no esperan su turno para saltar desde lo profundo de la alegría, y llenar el mundo de música…

Sorprendente… como el sabor de las buenas sensaciones que entonan esas amistades que empiezan a forjarse, con los descubrimientos entre conversaciones dispares, en bailoteos al son del lejano oriente, en el efímero disfrutar fantástico de ese niño, de esa niña, que todos llevamos dentro… dime que no.

Arco iris de colores escapando de los dedos, cuando se pellizca un trocito de esperanza y se reparte el verde por el mundo; y aparece el rosa, alborotando el paisaje con su chisposa algarabía; se esparce la luminosidad alegre del astro rey pintando los rincones de amarillo; y donde menos lo esperas, aparece el color de los océanos, y el naranja de los cítricos más sabrosos, y el universo es una paleta de colores y la primavera la sublime artista que con ellos juega.

Alegría… en el renacer de las libertades, en el reencuentro con lo añorado, en el corazón cuando sigue latiendo, olvidando las heridas, porque si no las piensas, a ratos, ni las sientes, desaparecen, se difuminan en el manto de colores que cubre el cuerpo… y el alma… ¿verdad, florido manzano?

Y así, querido mío, querida mía, juega la vida a sorprendernos, y la primavera a alterar la sangre, y a jugar con magia…

Magia… como dos carcajadas que explotan a la vez, como esas miradas que se cruzan y se entienden, como esa juventud que nunca pasa; Magia que anida en el alma de quienes siguen creyendo que, si las cosas que valen la pena fueran fáciles, todo el mundo las haría… como tú, como yo, como Mi mágico León

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Primavera primaveral

Mi mágico León: llega la primavera a la provincia leonesa.

Prefiero recorrerte

Nieves, montañas y ríos, despertando a un calor que ya empieza a asomar en el amanecer de los días, cuando los sueños se desperezan y la alegría revolotea en los corazones.

Besos, caricias y miradas, y los recuerdos se agolpan en la mente, se agrupan en el corazón y salen despedidos por las comisuras de estos ojos que tanto conoces, ¿verdad?

Hoy me ha vuelto a sorprender la firmeza de los latidos de tu corazón, marcando el ritmo de un amor, a punto de rodearme entre sus brazos, para fusionar las almas, nuestras almas.

Paisajes, atardeceres y campos, y la silueta de un cariño que no desaparece con el paso de los años sobre la piel… y la mirada sigue siendo la misma que ha clavado el brillo de su inocencia en la tuya, como hacen las estrellas en la oscuridad de la noche, brillando más allá del nuevo día, porque siempre, siempre, está el chispazo de aquel amor.

Estrellas, paseos y olores, y el dibujo de un camino que todavía está por trazar, por definir siguiendo la estela que han dejado las enseñanzas y los refranes, las mariposas y el viento que mueve las hojas de los árboles,… ¿y cómo olvidarme de ti si formas parte de mí?

Mi querido y mágico León, en tus lares moran mis anhelos, mis “te quiero” más profundos, mis libertades y fantasías, mi más añorado abrazo…

Mi querido y mágico León, me persigue un juramento de amor encendido, me acompaña el corazón en la boca del estómago subiendo por la garganta; y entonces, cuando menos lo espero, se intuye el aroma de una primavera que llega llena de sorpresas.

Sorpresas… recorriendo los sentidos, la lluvia sobre la hierba y los caracoles justo después; y parece que el trinar de los pájaros nunca va a callar, y la sonrisa dibuja carcajadas, y ya no lloro, aunque desee con todo el alma estrecharte entre mis brazos.

No lloro porque no cabes entre ellos, porque tu belleza es tan grande, tus paisajes tan eternos, tus aromas tan intensos y nuestra complicidad tan infinita, que prefiero recorrerte llena de alegría, y recordar una y mil veces que para decírtelo, no hace falta palabras: mírame a los ojos y leerás te quiero, León.

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Evitarlo

Mi mágico León: Paseo de Papalaguinda. León.

Hermosa perspectiva

No puedo evitarlo, lo reconozco, no puedo.

Bueno… no puedo… ¿o no quiero? Igual es que no quiero, puede que me guste más mirar la vida desde esta perspectiva maravillosa que, conservo en esa inocencia infantil que, de vez en cuando merodea en mis rincones.

Eso, eso es: no quiero. Prefiero creer en los imposibles que un día, para sorpresa de uno mismo se vuelven posibles, porque imposible no hay nada, querido mío, querida mía, todo es cuestión de creerlo, de creerlo con tanta fuerza que salga disparado desde el pecho hasta el infinito…

¡Y es tan lindo! Sí, sí, lo es: mirar atrás y darte cuenta de que ya pasó, lo malo ya pasó, y… ¡prueba superada! ¡Arriba!¡Muy arriba! ¡Hasta el cielo! Para abrazar a quienes uno ama, ¿verdad? Para dedicarles la mejor de las sonrisas, la más dulce de las miradas, y esa combinación fantástica de picardía y buen humor que contagia al más triste de los humanos.

Ser feliz, a pesar de los pesares que tanto pesan, a pesar de echaros tantísimo de menos, porque ser feliz forma parte de una promesa, ¿verdad? de un juramento que hay que cumplir; ser feliz para no cambiar nunca, para caminar por Cifuentes y volver a ver tu mirada en cada estrella que brilla en el firmamento, amor mío; ser feliz por ver esa preciosa luna iluminar el cielo más oscuro, y durante el día, bailar con las mariposas de colores, pasear por los lares de la Bañeza y respirar aromas de romero y orégano, ver los espinos en flor al llegar la primavera, y escuchar a las damas de metal llamando a misa los domingos, como antaño, querido músico de las alturas, como siempre, con ese amor tan grande que no cabe en las palabras.

Ser feliz, ser feliz, ser feliz… Siempre ser feliz, porque no puedo evitarlo, querido León.

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Magia lunera

Mi mágico León: la luna salpica la mañana de León. España.

Amanece luna

Como esa luna lunera que siempre está, como el sabor de los buenos recuerdos que dibujan una sonrisa en los labios, como tu mirada en la mía, como las sensaciones bonitas, así yace la nieve sobre los campos y los montes, maquillando los paisajes de viajes, sin moverse del mismo lugar.

Las notas de una melodía suceden a la de otra, y de alguna manera, desaparecen los minutos que han atravesado los años y volvemos a estar en aquel lugar, en aquel momento, y la voz de tu corazón traspasa las distancias, engarzándose en la pureza blanca de esa nieve hermosa que este año ha decidido conquistar el mundo.

Blancura, la del brillo de Selene encandilando el firmamento, sin miedos, sin cordura, con la locura desenfrenadamente serena de quien es feliz; y en la soledad acompañada del cielo y la tierra danzando hasta el infinito, aparecen las letras en el pentagrama de esta canción de música invisible.

-“¡Qué frío!”- dice la piel mientras el corazón arde de pasiones encendidas; -“¡Cómo te quiero!”- siente la fantasía cuando vuelve a despertar… y prefiero seguir soñando, sin reproches, intentando amanecer llena de luz y carcajadas,  llenando los pulmones del sabor de aquellos besos…

Como esa luna lunera que siempre está, como el viento meciendo las ramas de los árboles a lado y lado del Atlántico, como las estrellas y las oraciones a media voz, como el alma a punto de escapar por la mirada, por la humedad de los labios entreabiertos, como esa conexión que hace de la sinceridad más absoluta su lenguaje honesto…

Como nosotros, como nosotras, como esas palabras que tan bien suenan, uniendo dos almas en una expresión, como tú, como yo, como ese -“Te quiero“-, como mi Mágico León, y su nieve y sus montañas, y la capacidad maravillosa de volverse a levantar, de no rendirse, de darle fuerte a la vida con la mejor de las sonrisas…

Como siempre, querido invierno, querida primavera, ¿qué sería del uno sin el otro? Aquí estoy, esperando disfrutar de cada instante, de cada una de las briznas de esa intensidad fantástica con la que hechizáis el país de los sueños en el que habito, donde la magia recorre los rincones y los imposibles se tornan posibles…

Porque hay magia, ilusiones, canciones y guitarras, secretos guardados y despedidas que convertir en reencuentros, porque tierras hay muchas, pero como la de mis sueños, como la de los fríos azucarados, la nata untada en el pan de hogaza y las campanadas llamando a misa, como esa tierra mágica, no hay otra, querido mío, querida mía…

León, Mi mágico León, mi perseverante y eterno León… donde las estrellas se pueden tocar desde las atalayas de los sueños, y tú y yo siempre seremos: tú y yo.

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Suavidad

Mi mágico León: invierno en León. España.

Amor indómito

Con la suavidad de una melodía que se escapa de entre unos labios, con la delicadeza de unos dedos acariciando los acordes de una canción, con dulzura, con emoción, recorre la ternura de los recuerdos, la voz concentrada y serena de un corazón amable.

Como los copos de nieve deslizándose desde las alturas, como la seguridad feliz que da la perspectiva del tiempo, como la luna y las estrellas, se dibuja la memoria de los buenos momentos, donde la sonrisa aparece en lo profundo del sentimiento y los instantes se repiten hasta el infinito, y ya no hay final…

Más allá del mar y las distancias, más allá de los aviones y las fotografías, en algún lugar, huele a Teleno, y el verano y el invierno abrillantan la superficie de la tierra con colores brillantes llenos de emociones, donde las estrellas brillan con especial fulgor para hacer cumplir los sueños, y aparecen caballeros andantes entre montañas y ríos.

Como el paso de las estaciones llenando el mundo de maravilla, como ese cariño que nunca se va porque es del bueno, como tú y como yo, como la nieve despojando al mundo de sus pesares antiguos, y desnudando suavemente la pasión encarnada en la silueta de la tierra, así, de la misma manera, la tierra leonesa se muestra espléndida en cada una de sus facetas: en primavera, con el intenso verde de sus prados; en verano, con el alegre cantar de sus sonidos; en otoño, y una hoguera de colores adornando los montes…. en invierno y la magia blanca de su fría ternura.

Con la suavidad de una melodía que se escapa de entre unos labios, con la delicadeza de unos dedos acariciando los acordes de una canción, con dulzura, con emoción, recorre la nieve la silueta de la bella dama de las montañas y los valles, del caballero amable de las noches serenas, del cielo y la tierra, del acá y el allá, del ayer, el hoy y el mañana…

Con la delicada melodía de una sonrisa, dibuja la vida, la magia de León.

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