Rugido

Mi mágico León: paisaje nevado en Villacidayo. León.

Paseando junto a ti

Blanco, el mundo está blanco, y el cielo, azul, tan azul, tan limpio, tan claro y lleno de luz, que tan solo apetece llenar de aire los pulmones y limpiar de malos humos el interior cargado. Silencio, el campo está callado, y los pies se pasean sobre la alfombra nevada de nuestras conversaciones, y allí al abrigo de los buenos ratos, se encuentra la voz amiga de los secretos y las bromas a carcajadas, donde el cariño se ha hecho río que fluye naturalmente, desde las charlas de aquella primera adolescencia a la vera del Esla. Momentos, momento a momento hemos recorrido el mundo, de un confín al otro, desde la maravillosa atalaya de los sueños, hasta el agua del caño al medio día. Y el sol brilla en el firmamento, y la tierra le devuelve el guiño con su mejor sonrisa, así como haces tú, pequeño saltamontes, siempre dispuesto a dar el salto hasta el infinito y más allá, encontrando buenos excursionistas con los que disfrutar del paisaje a su paso por Albares de la Ribera, allá en el mágico Bierzo, confiando abrazos entre Cifuentes y Villacidayo, salpicando la amistad con la fuerza de un león, del nuestro, con melenas de verde y nieve, con pelaje de río y campos, y con el acento de un rugido de cuatro letras: ¡LEÓN!

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Escribir

Mi mágico León: primer amanecer de 2015. León.

Ganas de abrazarte

Esta noche vuelvo a escribir como tantas otras, tal vez, o, tal vez como nunca, no sé, pero vuelvo a escribir; y lo hago porque una vez más has vuelto a aparecer entre mis pensamientos, como lo haces tan a menudo en las hierbas que pueblan mi cocina y en las fotos que adornan mi mágico rincón.

Esta noche vuelvo a escribir porque he pensado en dejarlo a un lado, en cerrar la persiana de esta aventura mágica que, sin la vigilia de su guardaespaldas, parece haber perdido fuerza, parece haber perdido magia.

Estaba pensando, y estoy pensando, en que te echo tanto de menos, y a la vez, te tengo tan guardadito en lo más profundo de mi cariño, que me cuesta comprender que ahora tengo que buscarte en el cielo y sus estrellas, en la magia de las mañanas frías de neblina, en las heladas que dejan escarcha y en los rayos de la puesta de sol.

Sin excusas que atestigüen lo que ocurre, te diré que te quiero con locura, y que me cuesta sumarte a mis amores estrellados, porque un mar de voces cariñosas se confunden en el viento, y entre ellas está la tuya, lunático querido, y añoro tus versos entrelazados en el sabor amargo de ese cigarro que alguna riña de las mías te trajo.

Desde la distancia que anteponen los kilómetros a los abrazos, me reconozco acompañada en la solitud desconcertada, de quien sigue esperando escuchar tu voz pausada desear un profundo -“Buenos días”-, o -“Buenas tardes”-, pero siempre buenas, ¿verdad, querido mío?

Y no quiero pensar demasiado, porque si pienso lloro, como a ratos llora el Curueño a su paso por Barrillos, y sé que no te gusta saberme triste.

Por eso, angelote mío, mirando el infinito dulce de tus preciosos ojos marrones, contemplando la maravilla de un nuevo amanecer, te dedico la más esperanzada de mis sonrisas, porque sé, aunque a veces me cueste seguir sabiendo, que estás ahí, en la Bañeza, en los campos y en los montes, en el recuerdo de tus domingos de niñez camino a misa, a la vera de la Puchra leonina, y en los cielos pintados del cálido color de tus amores.

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Nana de otoño

Mi mágico León: atardecer, amanecer de otoño en el Páramo, León.

Diáfana melodía

A veces la tierra calla, ciertamente, calla cuando prefiere guardar en su corazón lo que la voz no es capaz de expresar, porque las emociones van más allá del presente, se pasean por los recuerdos y se confunden entre realidades y deseos.

A veces la tierra duerme, entre el frío y el silencio, entre colores cálidos que anuncian un nuevo amanecer, entre tonalidades amables que presentan la llegada de un nuevo anochecer, donde el firmamento, salpicado de destellos blanquecidos, adorna de luces, los campos y sus siluetas.

Qué difícil es hablar cuando las emociones se agolpan en el corazón de la garganta, cuando la humedad se reúne sobre las pupilas y promete escaparse por las comisuras de los ojos…

Y qué fácil, qué fácil echarte de menos, con esa mirada limpia tan llena de buenos sentimientos, y esa voz tan leonesa, tan bella y sincera, tan delicada y fuerte, como la persona que destila su esencia con el sonido de la misma.

A veces la tierra calla porque añora, porque prefiere dormir a ratos para contemplarte en las estrellas, prefiere divisar el brillo de tu mirada salpicada en el firmamento, mirar desde los mismos campos que recorriste buscando orégano y romero, regalando picardías y buenos momentos…

Silencio… suena el murmullo de una nana enredada en la suavidad del viento frío, mientras cae la helada sobre los montes, sobre las eras y los pueblos…

Suena el tarareo de una canción de cuna, y entre el sopor de una ilusión, duerme la sonrisa feliz de la Bañeza al bailar sobre las olas de una mar de sueños…

Se oye el cantar callado de la melodía de una emoción eterna, y en el contacto cariñoso de la piel que envuelve tu corazón, se relaja Cifuentes al encontrarte entre sus lares…

Duermen el Páramo y el Curueño, sueñan el Esla y el Órbigo, y más allá de lo tangible, allá donde se dibuja la fuerza que mueve los corazones, estás tú, cariño mío, estoy yo, cariño tuyo, donde la magia ilumina el descanso y la felicidad marca el camino.

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¿Abandono?

Mi mágico León: casetas de labranza en Valduvieco. León. Turismo rural.

Partituras del ayer

¿Abandono? Abandono no, dejadez, tal vez, ¿o no?

Si el abandono es rendición, ¿por qué rendirse? ¿por qué ya no vale la pena?… Sí, sí que lo vale. Vale la lucha y el pensamiento merodeando la cabeza a cientos de kilómetros de distancia, valen las promesas con el corazón en la mano y la mirada más limpia.

Hubo un tiempo en el que las cosas eran diferentes, y ahora, mirando atrás, siento que no son tan diferentes, igual aparentemente, quién sabe, pero no…

Aparentemente, cierto, ¿nos fiamos de las apariencias? Hay tanta traición escondida tras miradas cobardes, tanta mentira enrevesada, enraizada en las almas de los corazones pobres, que a veces cuesta descubrir dónde está la verdad, pero está, la verdad está.

¿Abandono? No, abandono no; paciencia, quizá, tranquilidad, creo yo, como los campos a lo largo de las estaciones, cuando ven los paisajes cambiar y permanecen callados, guardando en su interior lo que la superficie todavía no desvela… como si fuera una melodía que el compositor dibuja en la partitura que todavía no tocó el cielo, que todavía no acarició la luna con el sonido suave de su alegría intensa.

Abandono nunca, mientras haya una brizna de vida, mientras las promesas se mantengan en el aire, mientras la piel recuerde cada una de sus caricias y las palabras no desaparezcan con el viento,… nunca, jamás…

Pasa el verano, alegre, caliente, sereno, frío; pasa el verano, se descubren nuevos paisajes conocidos, y entre las tierras leonesas, se dibujan las sombras del ayer reflejadas en el paisaje del presente… y ya no hay miedo, hay verdad, hay luz, hay esperanza y buenas sensaciones, hay valentía y arrojo, porque aquella caseta de adobe, a pesar de las inclemencias, a pesar del frío y la nieve, a pesar del sol abrasador del mediodía, sigue en pie, en sus campos, demostrando que, hasta lo más débil, aparentemente, tiene su fortaleza en los cimientos de su interior, en la vida, en la lucha, en las tierras de Valduvieco, donde todavía se oyen los ecos de la silenciosa que recorrió sus caminos…

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Estrellas solares

Mi mágico León: campo de girasoles en Villalquite. León.

Campo de estrellas

El cielo, un cielo plagado de luces, de colores llenos de intensidad… y esa luna que a veces parece cantar en medio de las noches calladas…

La tierra, una tierra completamente pintada de estrellas que algunos dan en llamar flores, estrellas que se regalan, que se huelen, que se admiran y, a veces, hasta se pueden tocar…

Y a la orilla de algún río, donde el agua corretea en la corriente, a la vera de los chopos, surfeando entre los campos de trigales, de amapolas y maizales, susurrando maravillas junto a los campos de girasoles, todavía los veranos son cálidamente fríos, y las casas siguen esperando a ser nuevamente pobladas, de recuerdos, de futuros, de presentes…

En algún lugar, en lo profundo del lejano oeste, en la fortaleza del verde intenso de la hierba, y el fresco aroma del Esla al discurrir, la magia sigue rondando los rincones, más allá de la indiferencia de los corazones superficiales, y no importa…

No importa que las cosas no salgan a la primera, ni que los girasoles no siempre luzcan abiertos; tampoco importa que la luna a veces no se vea, o que las nubes no dejen ver las estrellas, porque la vida sigue siendo vida, y las oportunidades no dejan de aparecer.

Hoy pensaba… en tantas cosas pensaba… y hay cosas que están tan grabadas en el alma, que ni la más cálida de las noches estrelladas, deshace los sueños que aún están por ser cumplidos.

Pensaba… pensaba, sonreía, esperaba y volvía a sonreír, esperando ver a las mariposas danzar, sobre un mar de estrellas terrestres, que en Villalquite, se han convertido en girasoles.

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Más allá

Mi mágico León: Riaño. Montaña oriental leonesa.

Horizonte infinito

Allá donde las montañas llegan a su fin, donde el horizonte se dibuja en el alma de los que todavía sueñan, se adivina la locura infinita del amor más sincero, más alegre, lleno de risas y de miradas profundas, de promesas que quedaron suspendidas en el aire, más allá de los momentos que marcó el tiempo…

Allá donde las alturas conforman el paisaje de quienes no se rinden, la atmósfera huele a sonrisas y a triunfos por llegar, a esperanzas tejidas en las ideas, en los planes por cumplir, en las sorpresas por llegar, por disfrutar, por compartir…

Y donde menos lo esperas, aparece la magnitud maravillosa de la piedra encarnada en monumento, en naturaleza viva y salvaje, como tú, como yo, como la pasión de quien no teme al presente, ni al futuro, como la fortaleza anclada en los principios que hacen de un hombre el hombre que es.

Se me antoja saborear el frescor de la mañana despertando en tierras de Riaño, donde el llanto convertido en recuerdo, sobrevive más allá de las dulzuras que pueblan las sonrisas de los niños.

Riaño, el Gilbo, el agua y el pueblo, las gentes y las vivencias, las palabras que no volaron con el tiempo, que no se deshicieron con el paso de los días, que se escondieron en las miradas de aquellas almas que un día las pronunciaron, con la sabiduría sensata, de quien desvela lo que el corazón siente.

Riaño y sus amores, y las montañas que adornan su linaje, la naturaleza y el canto de los pájaros… la belleza cristalina de las emociones clavadas en el alma,… la belleza de las almas que nunca se irán, de los momentos que siempre quedarán, de los amores que siempre estarán, porque supieron estar, porque quisieron estar, porque engarzados en la textura efímera del corazón, quedarán anclados en la suavidad indescriptible de los amaneceres y las puestas de sol, donde siempre, siempre, estaremos los dos.

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A veces presta

Mi mágico León: paseo por tierras de la Bañeza. León

Invisible a los ojos

“¿Caminar solo? A veces, presta”, ¿verdad? Sí, presta, Fernando, claro que presta, porque es el momento en el que te reúnes contigo mismo, con tus pensamientos y tus amores, con la quietud del campo en movimiento, con los miedos y los abrazos sanadores de quienes nunca se irán…

Caminar solo, ¿acaso se puede caminar solo? sin compañía aparente… tal vez, pero solo…

Recuerdo… tantas palabras… recuerdo mucho más…

Un día, hace ya algún tiempo, comenzó la aventura mágica de dar forma a un arco iris lleno de sentimientos que uniera pasado y presente, memoria y olvido, cariños, intensidades, sabores de la niñez, de la juventud, olores a vida y momentos, comenzó la aventura de construir un puente sobre el que caminar sin miedo a separaciones definitivas, sin miedo a rencores y odios infundados… y con el pequeño destello de la llama que enciende una cerilla, comenzó a brillar el sendero hacia un mundo mágico del que nunca se van los buenos, los que se alojan en las estrellas, para guiar el camino de los que creemos que, el amor mueve mares y montañas, cielos y tierras, y une las almas más allá de los cuerpos…

Continuas caminando, “cuesta abajo y cruzas el arroyo que ya viene seco“, decía Sergio, le haremos caso, ¿verdad Fernando?, y es que “no vas solo, vas con tus pensamientos”, te dijo Carmen, con tus pensamientos y con los míos, querido guardaespaldas, con mis cosas en tu mente, con mis asuntos que también son tuyos, como no puede ser menos cuando dos personas se aprecian de verdad.

“Tú sí que sabes”, dijo Tomás, y sí, sabes mucho, del pasado y del presente, de paciencia y buenas maneras, de leyes y de bromas, de piropos justo a tiempo, de miradas limpias y palabras tranquilizadoras, y sobre todo, sabes de almas que nunca deben cambiar, y de silencios llenos de acciones con las que calmar las ansiedades.

Nos queda pendiente un paseo por el campo, en el que disfrutar de tu compañía, y del sonido calmado de tu voz serena contando las bondades de las plantas que encontremos, y entre romeros y oréganos, entre tomillos y espinos, aprender de tu sabiduría cariñosa. Y tal vez, al volver a La Bañeza, escuches a José María decir: -“ Y no recojas tanto tomillo… Jajaja… Que luego Emi se enfada… Jajaja…”-

¿Presta caminar solo? “Presta y mucho…aunque sea muy de vez en cuando”, dirá Fini, y ¿sabes qué? cuando eso pase, te miraré directo a los ojos, y sonriendo, como siempre, te diré: -“Pues te fastidias, porque no vas solo”-, y J.C, y yo, y otros muchos, verdad, pero J.C. y yo, vamos a requerir tu compañía en cada paseo, por la mágica tierra leonesa. 

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Espíritu compañero

Mi mágico León: balsa en la Cabrera. León. Turismo rural. Naturaleza solitaria.

Secretos del alma

Dejar fluir el agua, río abajo, como ha pasado desde siempre, y con el mismo discurrir, evitar atragantar el dolor, diluirlo en la paz del sueño y dejar el alma volar…

En algún lugar, alejado del tiempo y el olvido, resguardado en el corazón de los buenos momentos, está el espíritu de aquellos seres que anidan en el alma para no marchar jamás, como el murmullo de las gotas unidas, convertidas en balsa, riachuelo, lago… que siempre escucha a hurtadillas los pensamientos de quienes merodean por sus alrededores, sincerándose con el aroma eterno del agua fresca, rumiando arreglos que hacer, soñando con bonanzas por venir, añorando aquellos amores que ya no se pueden abrazar con el cuerpo…

En algún rincón remoto de la escondida Cabrera, al suroeste de la provincia mágica con nombre de felino, las casas de piedra, pizarra y madera añeja, callan gritando recuerdos, y los árboles crecen salvajes en las profundidades de la naturaleza indómita de los tiempos; las lenguas se trenzan entre fonemas de idiomas vecinos, y los vocablos se tornan autóctonos, como el tono, como el acento, como la sombra verde de esa ribera, que luce feliz, ante la pequeñez alegre y traviesa de ese momento que ha quedado tatuado en el alma, para siempre.

Y en lo recóndito de sus paisajes, en lo profundo de la Cabrera, se hallan pequeñas cascadas salpicando el mundo de magia, y lagos azucarados con los colores de los sueños, rumores celtas e íberos, romanos… lejanos en el tiempo, más allá de lo que ha quedado escrito en las piedras y nuestro lenguaje… y así, como el aire que no se ve pero revuelve el pelo recién peinado, así queda el amor cuando el cuerpo ya no está: queda en los recuerdos, en los sueños y en las lágrimas que escapan a veces, cuando el cuerpo se revela contra esa ausencia obligada; queda en el aliento vibrante de la vida que está en ti, que está en mi; en los momentos compartidos, en lo más íntimo y personal, allí queda… como los sueños, como los paisajes, como los aromas y bisbiseos de una naturaleza que habla de paz.

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Intenso

Mi mágico León:  tarde de sábado a principios de mayo en Villacidayo. Ribera del Esla. León.

Intensidad

A veces pienso, recuerdo y siento, y aparece el sonido del agua al discurrir río abajo, las tardes de verano paseando entre risas y confesiones, y el sabor de los buenos ratos.

La primavera pinta de colores el mundo con la intensidad de las sensaciones: las flores resplandecen llenas de luz y color, los árboles llenan el mundo de verde, el cielo queda salpicado de blanco por las nubes que revolotean en la inmensidad de su azul suave, y los pájaros cantan, recargando de alegría el alma cansada de tanto luchar…

Me gusta, me gusta caminar sumergida en las profundidades de la música, de los sonidos del campo y sus fragancias, y notar que hay cosas que no pasan, momentos que saben a gloria, corazones que siguen latiendo más allá de la misma vida, y sensaciones eternas que siguen siendo tan intensas como antaño.

Redescubrir esa pequeña iglesia desde dentro, con sus años y sus achaques, pero tan sencilla como bella, como el sentimiento, aunque sean pocas las almas que la visiten, ¿acaso importa?

Caminar… caminar por los caminos, divisar el pueblo desde la distancia y a la cigüeña posarse en la tierra de una parcela, y compartir algo más, un poco más, aunque parezca que ya está todo compartido.

La intensidad de los momentos queda grabada más allá del tiempo, y con la mente y el corazón en otro lugar, los minutos convirtieron lo que estaba por venir en presente y luego en pasado, y el camino siguió dibujándose pintado de tierra… hasta el río… donde las truchas saltan y los patos alzan el vuelo desde el agua.

Silencio, silencio y palabras revueltas en un marco de calma y quietud… y ya no importa, si estuviste y ya no estás… no importa.

Importa el Esla y la bella tranquilidad que adormece los dolores del alma; importa el cariño, la paciencia y la perseverancia; importa Villacidayo y sus tardes de primavera, cuando los colores brillan llenos de intensidad, y el valor no teme nada.

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Dos orillas

Mi mágico León: puente romano y medieval entre Villalfeide y Serrilla. Montaña central leonesa. León.

Uniendo orillas

Allá arriba, entre montañas que se alzan imponentes a lado y lado de la carretera, junto a leyendas de brujas que habitan hayedos, hoces que recorre el agua agreste y feliz sobre las piedras; y un cielo limpio, tan limpio, que con solo mirarlo, se llenan los pulmones de juventud eterna,… los cuentos cobran vida, las excursiones más sentido y la libertad un toque de picardía traviesa entre tanto risco, tanta luz y tanta sombra, bajo la luminosidad brillante del astro rey.

En algún lugar de la montaña central, entre Serrilla y Villalfeide, hay un puente, antiguo, muy antiguo, que une las dos orillas de un mismo río, un río brillante, lleno de ilusiones, recuerdos y esperanzas, un río mágico, porque acercarse a él significa quedar hechizado por la tranquilidad de su canto continúo, por la nana de su música acuática, que borra las angustias y ansiedades, los problemas y los miedos.

Caminando por la vida, un día el camino te sorprende y aparece ante ti una manera diferente de cruzar a la otra orilla, un camino ya olvidado en la rápida modernidad del presente, del futuro; olvidado de las masas y su afanada prisa por llegar antes… ¿y luego qué?

Disfrutar de las sendas de la amistad, y el alma silenciosa que escucha a la naturaleza sin palabras hablar, paso a paso hacer camino y contemplar al viejo puente construido sobre la calzada romana, alzado en el Medievo, usado desde siempre, por siempre, ¿por qué no?

La paz sigue reinando en el paisaje del que forman parte las dos orillas unidas por el mismo puente, que es de Serrilla y Villalfeide, que es patrimonio del mundo, que es de las almas buenas que siguen disfrutando del sonido de la vida en el que, lo importante, siempre es lo importante.

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