Posts tagged Ayuntamiento de Cubillas de Rueda

La silueta

Mi mágico León: castillo de Villapadierna en León. A los pies de la montaña oriental leonesa. León. Turismo rural y cultural.

Entre la nieve y la historia

Caminar por las calles, entre la gente, junto a multitud de cabezas pensantes, cada cual en su mundo, ajena al de los otros…

Gentes de diferentes alturas y tamaños, colores de piel, texturas, de ojos tristes y alegres, de tonos grises y azules, otros intensos y profundos, negros, marrones, verde oliva, como la tierra, como la miel, como la esperanza, como la historia.

Gentes, presentes y futuros diferentes, y quien sabe si un pasado similar, quizá compartido, quizá el mismo…

Desde cualquier ciudad a orillas del Mediterráneo, desde cualquier lugar bañado por el Atlántico, aunque se llame Cantábrico, desde el sitio más alejado de la Tierra, escondido en un presente teñido de razas, acentos, idiomas, colores y realidades diferentes, puede que haya la silueta de un castillo que, en algún momento, marcó su historia, la historia de quienes la vida ha ido diseminando por los más recónditos lugares del planeta…

Un siglo, dos, tres… generación tras generación, remontando el tiempo hasta la Baja Edad Media, encontramos una Europa muy distinta de la que se dibuja en la actualidad, poblada de hambrunas, de pestes, de sombras y algunas luces, de opulencia y abismales diferencias sociales, de palacios, castillos, chozas y cuevas…

Remontando los años contra el reloj, las piedras vuelven a alzarse y dibujar la silueta de un paisaje donde siervos y señores dominaban y eran dominados, donde la vida resultaba áspera, y fría, donde las clases nobles decidían sobre el destino de seres inocentes firmando su condena en forma de matrimonio, por o contra el deseo de los contrayentes, el matrimonio no era una opción, en todo caso, una obligación.

Una vida áspera y fría, difícilmente dulce, suave, tierna, pero, aunque difícil, también tierna, y amable, seguro que en alguna alcoba sencilla, las noches de pasión encendían el calor que la nieve negaba en el exterior, y los besos recorrían cada milímetro de piel, donde los labios se confunden con el amor…

Corría pleno siglo XV cuando Fabrice Enríquez, Almirante de Castilla, recibe Villapadierna de manos del rey Juan II y construye un castillo que pasaría al primer Duque de Alba por matrimonio con la hija del Almirante.

Un castillo gótico, en la hermosa ribera del caudaloso Esla, el Astura de los antiguos astures, de la legendaria Vadinia que el olvido no ha podido sepultar…

Un castillo a los pies de la montaña oriental, con su planta cuadrada, con su torre central y su muralla, adornado por los nidos de cigüeña que, en otros tiempos, no osaban acercarse a sus almenas. Un castillo con su foso lleno de agua, del Esla, ¿de dónde si no? Un auténtico castillo de novela, de leyendas y fantasías,… pero es real.

Y en tiempos lejanos, tras el castillo hubo una herrería: espadas, cuchillos, cascos para los caballos,… donde el hierro teñía su cuerpo de naranja incandescente, y de pronto, el agua terminaba la obra del maestro del metal.

Una brisa suave me despierta de una ensoñación fantástica y me trae de nuevo a esta curiosa realidad, increíble y absolutamente inconcebible para aquellos que moraron tiempos pasados, para aquellos que vivieron en el Castillo de Villapadierna, trabajaron en la herrería, o cultivaron sus campos y pescaron en el caudaloso Esla.

Una brisa suave me despierta y siento cierta melancolía, ¿cómo no? por ver el castillo sin siervos ni señores.

Ya no hay Cruzadas, ni Reconquista, pero hay Camino de Santiago, hay historia y silueta, la de un castillo y una Villa, la hermosa y sencilla Villapadierna, donde, como en aquel entonces, en la sencillez de sus campos se dibuja el perfil, el alma y el cuerpo de un monumento: el Castillo de Villapadierna.

Anuncios

Comments (5) »

Pequeñín

Mi mágico León: en la provincia de León está la comarca de Rueda, y en ella, tomando un desvío de la nacional 625: Herreros de Rueda.

Al final del camino: un pequeñín

Hoy te voy a descubrir un pueblo de esos pequeños, de esos que se esconden tras un desvío que poca gente toma, de esos que pasan desapercibidos…  

Hoy te voy a hablar de un sitio con nombre y apellido, y sin embargo, casi anónimo. Un sitio al final del camino, alejado del tráfico, el ruido y la polución… el lugar ideal en el que esconderte si fueras un bandolero… y dicen que así empieza la historia de este pueblo…  

Un pueblo de aquellos de tierras y era, de trillos, vacas, carros, hoces y guadañas, de labradores y pastores… 

Un pueblo de los de antes, de esos que saben a lo de siempre pero sin la dureza de antaño y con la dulzura más sencilla de lo tradicional. 

Centeno, trigo y cebada, y los colores verdes se tornan amarillos con la llegada del verano,… 

Alfalfa y hierba,  y en sus tierras, la serenidad da forma al paisaje, las cigarras cantan a pleno sol y los grillos al caer la noche… y el tiempo parece no pasar y las horas discurrir con la mayor de las tranquilidades…  

Te hablo de un sitio pequeño, de un pueblo en el que escapar de las prisas y las preocupaciones es tan sencillo como salir a pasear por la orilla del Corcos, el fresco Corcos que luego alimentará las aguas del imponente Esla…  

Te hablo de un sitio donde, resguardarse del calor que abrasa, con su fuego veraniego, el asfalto de las grandes ciudades, es una realidad sólo con pisar su tierra.  

Te hablo de un sitio pequeño para muchos y grande para muchos más: para aquellos que están lejos y esperan con entusiasmo el momento de reencontrarse con recuerdos y vivencias, para aquellos que aún no lo conocen y pronto lo conocerán, y grande, para aquellos que al ver su nombre en un cartel, se sienten más cerca de la pequeña patria a la que estarán arraigados por siempre…  

Villalquite, Quintana de Rueda, Villahibiera, y tomando un desvío a mano derecha… ¡Herreros de Rueda!

Comments (4) »