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Primavera

Mi mágico León: paisaje de primavera en lares de Azadón. León. Turismo Rural.

Primavera feliz

Curiosa primavera, que sorprende con el mes de marzo, y callando, callando, se va colando por las rendijas del invierno, para dar lugar a atardeceres que hacen los días más largos, a flores llenando de colores los campos y los árboles, a pájaros impregnando de trinos los pueblos, campos y montes; para dar lugar a abejas cosechando el rico polen, a miradas descubriendo lo mono, lo majo, lo comprometido que es el amor, que cuando llega, embate como las olas de un temporal al caer en la playa, arrastrando la arena, creando un nuevo paisaje… ¿cómo resistirse al amor?

Primavera, me gusta la primavera, y descubrirla pintando de alegría las sorpresas, plagando de confianza las amistades, salpicando el aire de carcajadas, resbalando entre las sonrisas para adentrarse en las profundidades, y llegar hasta el corazón, anidando en sus entrañas, dando forma al hogar en el que ha decidido permanecer para siempre, y así, de esa manera, hacerse eterna.

Me gusta la primavera y su contraste de sensaciones, a caballo entre el invierno y el verano, con sus noches frías y sus días más cálidos, con la nieve sorprendiendo el mes de abril, y los calores de agosto dejándose ver en algunas horas entre la mañana y la tarde, todo a la vez, un día sí y otro también, así, así de loca es la primavera.

Y en esta estación tan poco cuerda, recuerdo que hay razones del corazón que la razón no entiende; que en la vida no todo son matemáticas; que si las cosas que valen la pena fueran fáciles, todo el mundo las haría,… y recuerdo que los sueños, si los bajas a la tierra se convierten en proyectos, y los proyectos en realidades; que aquí y ahora todo se maneja mejor, y que hay que tener un poco de todo en el armario, porque entre el bañador y la bufanda anda la cosa.

En esta estación tan poco cuerda, en noches como esta, miro al firmamento y vuelvo a descubrir que tú y yo vivimos bajo un mismo cielo, y que el mundo es un lugar bonito si lo miras con esos ojos.

En esta estación atarantada, Azadón despierta del sueño invernal y contempla, feliz, el paisaje desde su atalaya…

Feliz, como aquel que ama sabiéndose amado: muy feliz.

 

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Toda la vida

Mi mágico León: anochecer de primavera en Azadón. León. Turismo rural.

Ardiente dulzura suave

Te voy a querer toda la vida, y más allá, cuando las nubes y las montañas se fundan en un abrazo eterno, y haya nieve, y flores amaneciendo llenas de color, y paseos otoñales cubiertos de cobrizos, dorados y marrones adornando las sensaciones…

Te voy a querer siempre, así, de esta manera, tranquila, segura, convertida en una declaración de intenciones, en un propósito impregnado de sentimientos que se funden en tu mirada cruzándose con la mía, entendiendo, que llegamos para quedarnos, para acompañarnos, para reír y llorar juntos, para amarnos.

Te voy a querer siempre, como el sol a las montañas y los campos, como la nieve a los ríos, las cascadas y los arroyos, como las vacas a los prados y las golondrinas a la primavera y el verano, siempre.

Y te voy a querer porque eres parte de mí, porque sentirte en cada poro de la piel es tan sencillo como caminar entre tus árboles, descubrir nuevos senderos que muchos ya han olvidado, y chapotear en tus ríos aunque el agua esté helada.

Te voy a amar siempre porque la luna en tus lares se hace más grande, más brillante, más dama de la noche y el día, y el sol, el sol llena de magia los lugares pintando de candor los colores del paisaje…

Como ocurre en Azadón, cuando la primavera hace acto de presencia, y la noche llega callando, callando…

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Paz

Mi mágico León: junio en La Lisa, Azadón, León.

Caricias de luz

Sentir la luz del amanecer acariciar las rendijas de esa persiana que no bajó la noche anterior, cuando entre besos y caricias el mundo desapareció, y reinaron las estrellas y la luna, silenciosas, calladas, mientras los gatos recorrían las calles desiertas, y los niños soñaban con ilusiones que cumplir.

Mirar detenidamente la belleza asustada de una mirada más transparente de lo que quisiera, y ver cómo se humedece, sin dejar escapar una lágrima, no vaya a ser que alguien se entere de lo increíble que es saberse querido y aceptado, sin etiquetas, ni promesas, con la única certeza de querer estar ahí.

Y cuando más tranquilo está uno, aparece el miedo en forma de duda, y te preguntas si sí, si no, si tal vez, si quién sabe… y al final, de tantas vueltas que da la cabeza, llega el vértigo, anidan las ansiedades y aparece la angustia…

Prefiero no pensar… y cierro los ojos para no ver, cansado de intentar mirar y no ver nada: nada claro, nada seguro, nada, nada,…

Suavemente, deslizándose entre las resquicios que dejó el miedo al replegarse sobre sí mismo, se cuela la claridad de un color lleno de sonrisas a media luz, de susurros que no temen pronunciar cariños sin definir intensidades…

Suavemente, aunque los ojos sigan cerrados y el temor se niegue a disiparse, aunque la realidad sea diferente, más amable, más clara; suavemente se torna el ambiente más cálido, y la tranquilidad vuelve a hacer acto de presencia, imponiéndose, callada, ante la sorpresa del aterrado valiente.

Así aparece la paz cuando le das la oportunidad, así aparece el amor cuando te das la oportunidad, así descubres que vivir es lo más arriesgado que tiene la vida, y lo más divertido, lo más alegre, lo más saludable…

Y no vivir… lo más peligroso, sin duda.

Nadie nace aprendido, aunque todos tenemos talentos; nadie sabe si acierta en todo; a veces, alguien sabe que, a veces, también se equivoca, no siempre…

Nadie ve una fotografía y sabe si es de aquí o allá, de ayer o de hoy, de Azadón o de cualquier otro lugar donde habite el corazón…

Pero… ¿sabes qué?

Hay miradas que no hay palabra que pueda esconder, y sensaciones a flor de piel, que no hay excusa pueda explicar.

Hay lugares que se quedan en el alma, aunque solo una vez los recorrieran tus pies; y paisajes que te hicieron suya con solo acariciarte los sueños…

Hay vidas que se cruzan en el camino, y no dejan de mirarse jamás, y personas tan intensas, que dejan huellas por donde pasan.

Huellas, no cicatrices.

Hay lugares especiales, y personas que valen la pena, hay rincones llenos de magia, y campanas que inundan de música los parajes de Azadón.

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Preguntas

 

Mi mágico León: arco iris primaveral en Azadón. León.

El mapa del corazón

Preguntarse, el porqué de las cosas, de los momentos, de las miradas, detenerse en un mar de dudas, en la zozobra de un dolor que indica cuán perdido se encuentra uno, en un mundo que ha olvidado esa nobleza…

-“¿Por qué eres así?”- Preguntó una vez una ninfa, con la mirada llena de sonrisas…

-“No sé, es un misterio”- escuchó como respuesta de aquella voz callada.

“Es un misterio”… pensó ella…

Y sonriendo, mirando los campos llenos de amapolas y los chopos alzarse señalando el cielo; las nubes descargando su peso, y el arco iris adornando el paisaje, iba pensando en la transparencia de su mirada honesta, en la nobleza de su gesto amable, en lo profundo de sus pensamientos más auténticos…

Así paseaba, entre ilusiones y realidades, el pequeño ser fantasioso, descubriendo en la magia de las palabras, la belleza más pura, que, como hace el diamante, oculto en el carbón, en el corazón de las montañas, se esconde en lo profundo del alma, para ser descubierto, con sorpresa y embelese, por los buscadores de sueños, que, por fin, se encuentran con personajes de novela enfundados en uniformes de estos tiempos.

“¿Por qué eres tan lindo?” Pensó ella…

Y una voz en su cabeza escuchó el pensamiento de él, “sincronías” lo llamaban: “linda eres tú”.

“Ves en mí lo que nace de ti”, le contestó ella sin pronunciar palabra…

Eres así porque la valentía se te escapa por los poros de la piel, porque disfrutas del aire puro llenando los pulmones y del frío erizando la piel, que luego, entre beso y beso, entre caricia y caricia, sentirá la dulzura de una calidez cariñosa.

Eres así porque bailas entre la razón y el corazón, porque eres bueno y considerado, respetuoso, atento, porque disfrutas de las cosas pequeñas, de los paseos por los senderos de la vida, aunque a veces se encuentren salpicados por piedrinas que entorpecen el paso, que ralentizan la llegada al reino del que eres rey…

Y así, sin dejar de sonreír, sin pronunciar palabra alguna, susurró la ninfa al noble caballero: -“levanta la vista…”-

Y el caballero levantó la vista…

Y allí, delante de él, en pagos del afamado reino de Azadón, un arco iris de realidades apareció en el firmamento.

“¿Por qué eres así, Azadón?” Pensó ella…

Y Azadón no dijo nada…

Pero por algo será que los pájaros, los amaneceres, y hasta las nubes y los arco iris, curiosean, a menudo, por las rendijas de sus rincones.

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Murmullos de otros tiempos

Mi mágico León: nubes de primavera en el cielo de Azadón. León. España.

Ecos de la eternidad

En las nubes, estoy en las nubes, pensando en idas y venidas, en retales de historias escuchadas a la vera de un café y un chocolate, envueltas en silencios, entre el murmullo constante de un ambiente cargado de personas y vivencias que se van dispersando, con el paso de los minutos, que, sumados unos a otros, dan en convertirse en horas.

En las nubes, allí sigo yo, descubriendo mi mirada perdida en relatos de otros tiempos, en el eco de aquellas voces que recorrieron el mundo llenándolo de vivencias que trascienden el pasado… y el presente, trascienden…

Miradas de colores iluminando el cielo, y las nubes adornando el infinito con sus antojos diseñando formas caprichosas, y a veces, tan sencillas, que solo transmiten tranquilidad.

Tranquilidad… qué emoción más… suave, serena, amable,…

Y ese firmamento heredado desde el principio de los tiempos, donde las fronteras no existen, ni las diferencias, ni las rencillas, pues bajo él somos almas disfrutando de las montañas y los valles, de los ríos, y los puentes que los atraviesan, salvando obstáculos…

Y me pregunto si seré capaz de descubrir secretos escondidos bajo los ojos limpios de la buena gente.

Me pregunto si Azadón será tan sencillo como aparenta, y precisamente por ello, disfrute tanto contemplando ese firmamento del color de tantas miradas.

En las nubes, allí sigo, imaginando hombres de uniforme y señoras alistadas en defensa del honor y la justicia, paisanos con boina, y mujeres con delantales… ¿imaginando? ¿o recordando? Igual las dos cosas, quién sabe…

Azadón y su fotógrafo, Bariloche y su caballero de la mesa redonda, Azadón y el compañero del asiento de al lado,…

En tren, en avión,… ayer, hoy… Azadón, siempre Azadón, sus paisajes, su cielo, y esa casualidad maravillosa que un día te cruzó en mi camino.

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Te quiero

Mi mágico León: amanece en la ribera del río Órbigo. León. Provincia de León. Turismo rural.

La pasión que siento por ti

El frescor de la mañana juguetea con la punta de mi nariz, y así, llena de frescura e ilusión, amanece de nuevo la sonrisa tantas veces reflejada en la mirada de los otros, y, de vez en cuando, en el reflejo fugaz del espejo…

Amanece de nuevo, y en mi corazón, en mis pupilas, en los poros de mi piel, en el fondo de mis pulmones, estás tú y el suave susurro de tus palabras cariñosas en mi oído…

Mmm… si fuera un gato, ronronearía,…

Entre las sábanas que envolvieron mi cuerpo tranquilo, todavía merodeo sintiendo el sabor de cada una de tus caricias, y el aroma de tu perfume, que, en ocasiones huele a limpio, a nubes, a tierra mojada, al calor de una hoguera…

Sigo con los ojos cerrados y sonrío… hoy es un día…

Y te quiero regalar cada uno de mis sueños, de mis recuerdos y esperanzas, y… ¿sabes por qué? Porque te quiero…

Quiero cada momento que compartimos juntos, cada detalle con el que me sorprendes, cada laguna de alegría que compartimos, cada brisa que revolotea entre mis cabellos…

Y te quiero dedicar el beso que se da con los labios, y el que se da con el alma, ése que el tiempo no borra, ni el olvido, ni la tristeza, ni la distancia…

Te quiero, y cada vez que veo una estrella iluminando mis deseos pienso en ti y en nuestras noches estrelladas, y pienso en los anocheceres que la luna contempla dulcemente sonriente…

El amor… mientras se escucha el crepitar de las aulagas cuando se prende la lumbre… mientras los grillos cantan sus serentas nocturnas, mientras las heladas cuajan el frío y lo transforman en solidez…

Siempre el amor.

El amor que compartimos tú y yo es algo que sólo tú y yo entendemos, algo que sólo tú y yo compartimos, y… ¿sabes qué?

Podré mirar a muchos otros, podré admirar otras estrellas y contemplar otros anocheceres, pero ninguno como los tuyos,  ninguno como tú y yo, ninguno como nuestro amor… León.

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Colores cálidos

Mi mágico León: alto Órbigo, entre Llamas de la Ribera y Azadón, en León.

El calor de los colores

A veces uno tiene esos días… ¡qué días! uff…

Días en los que las horas parecen no avanzar y los minutos pesan en los brazos y en las piernas, en la cabeza, que ya no sabe ni pensar bien, y en el corazón.

A veces, una tiene esos días, ¿verdad? días en los que echas de menos a alguien de una manera más intensa que la habitual, días en los que no puedes concentrarte, en los que apetece divagar…

Divagar entre pensamientos y recuerdos, entre fotografías y vídeos, entre sentimientos y anhelos… y no puedes.

Bueno, para ser sincero, para ser sincera, divagas como el que más, pero que nadie se entere, es un secreto entre tú y yo, ¿verdad? pero no lo haces como quisieras, así que te guardas las ganas en el cofre de los deseos, y vas juntando pedacitos de antojos, y cuando tienes un buen montón… ¡te escapas!

Coges la chaqueta, te pones un buen calzado, un gorro si se tercia, y ¡a pasear se ha dicho!

Y los árboles te contemplan sonrientes, y, de vez en cuando, el viento revolotea entre sus hojas cuchicheando, curioso: -“¿qué andará pensando?”-, y tú piensas, divagas, los miras, sonríes…  y escuchas el caminar tranquilo de tus pies al son que marca la tranquilidad de disfrutar de tus momentos…

Los árboles y el frío viento; los árboles, sus hojas, y el calor de sus colores…

Colores cálidos como el fuego que arde en el crepitar de una hoguera; colores cálidos como el amor que cobija la alcoba de dos enamorados; cálidos contra el frío, dorados y ocres como el pelaje de un felino… ¡León!

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