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Galopando en la leyenda

Mi mágico León: en la montaña leonesa está la comarca de Babia, el hogar del mítico Babieca del Cid Campeador.

Babieca y su lares

  

Más allá de las montañas y los llanos, sumergida en tiempo de Medievo, se fragua la leyenda de un caballero, de un conquistador dispuesto siempre a batallar en busca de la victoria.  

Más allá de los siglos, remontados a tiempos de Reconquista, nace la historia de un noble que a lomos de su caballo, galopó grandes distancias haciendo suyo un territorio usurpado siglos atrás.  

Cuenta la tradición que a mediados del siglo XI, descendiente de noble familia leonesa, hijo de don Diego Flaínez y nieto de Rodrigo Álvarez de Asturias, nace el que llegará a ser conocido entre árabes como “el Señor”, don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador.  

Con solo pronunciar el nombre de tan ilustre caballero, acuden a la mente historias de batallas sin fin, de guerras y conquistas, de distancias enormes recorridas… ¡recorridas a caballo!  

Un caballo… ¡qué hermoso animal! ¿verdad? Sea del color que sea, no importa el origen, todo caballo presenta un aspecto entre orgulloso y manso, siempre bello, lleno de elegancia y bravura… un caballo…  

Y ¿qué sería de un caballero sin su caballo? no sería, sería hidalgo, sería señor, sería noble tal vez, pero nunca caballero.  

Más allá de las  montañas y los llanos, de los valles, los ríos y los siglos, está la tierra hermosa, fuerte y brillante que vio nacer al héroe hípico de las cruzadas del Cid Campeador: Babia.  

Trasladado al disipado horizonte de la Alta Edad Media, encontramos un caballo fuerte y resistente, un caballo ágil y elegante, y con un nombre que recuerda un origen gravado a fuego en el espíritu libre y poderoso de la raza asturcona: Babia.  

Envuelto en belleza singular, en frío, nieve, cascadas, ríos y arroyos; rodeado de verdes praderas, soleados días y frescos amaneceres, vio la luz por primera vez, aquel caballo de leyenda que muchos no saben qué origen otorgar, mas conociendo las hazañas de aquel noble caballero y su fiel compañero, es fácil imaginar de dónde pudo salir tan bravío acompañante.  

Con un legado que asciende dos milenios atrás, Babieca es el símbolo de una raza pura, alojada en las montañas, sabia y poderosa que no ha claudicado jamás ante el avance de las invasiones y la modernidad.  

Recorriendo los montes, entre los coloridos bosques y sus claros, vestido de negro azabache, irradiando belleza por doquier, las montañas albergan la elegancia apacible y sorprendente de un caballo de largas crines y robustas patas, un animal mítico y real que tal vez puedas contemplar atónito, rodeado de naturaleza y grandeza de ensueño, un día cualquiera recorriendo los rincones de la montaña leonesa.  

Quizá, si te concedes el placer de descubrir los pequeños detalles sin esperar nada a cambio, consigas dar con una leyenda viva y mítica, tan mítica como la Badabia fantástica, tan fabulosa como el osado Babieca, tan real como la sublime hermosura de Babia.

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