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Sorpresas inesperadas

Mi mágico León: primavera mágica a su paso por Villacidayo. León. Turismo rural.

¡Sorpresa!

Era una mañana de primavera, ¿o tal vez no? Sí, sí lo era, era un día lleno de sol, de luz y color, y algo de frío, ¿por qué negarlo? Cuando soplaba el aire desde Peñacorada, y había que tapar un poco el cuello, no sea que se le escapase algún besillo travieso y se quedase enganchado varios días, a pesar de la bufanda, o el pañuelo… 

Era una tarde de primavera, cuando los árboles se relajaban a la vera del berzal, y las palabras insolentes y fuera de lugar, se diluían en la tranquilidad de los minutos convertidos en poesía, silenciosa, pero poesía al fin… 

La primavera, sus flores, y sus sorpresas, inesperadas, por supuesto, ¿cómo si no podrían ser sorpresas? 

Sorpresas llenas de risas y complicidades revoltosas, ¿será posible? Y sí, parece que sí, que es posible cerrar los ojos y dejarse llevar… aunque sea sólo un rato, en el que casi todo vale, casi… 

Villacidayo y la belleza del cofre que esconde mis secretos más personales, Villacidayo y la certeza de una mirada que da la cara siendo honesta, Villacidayo y el cariño que hace sonreír a la vera del Esla… 

Y que no se cele mi querido Cifuentes, con su millar de fuentes escondidas, con mis recuerdos enraizados en los chopos que algún desaprensivo taló… no importa, otros se plantarán de nuevo y se alzarán mirando al cielo, con el orgullo de ser los dueños de una justicia que ha de llegar. 

Y es tan bella mi rivera… 

Con Villacidayo, Cifuentes, de Rueda, por supuesto, y Quintanas, con ese, sí, aunque el nombre oficial no lleve esa consonante, pero parece que si uno lo dice sin ese, no es el mismo pueblo, ¿verdad? 

Cavite, Cifuentes, Quintanas… las sonrisas, las miradas limpias, las bobadas, las risas, y la sensación de sentirse querida en lo más profundo, en un lugar donde la magia se hace presente, en el aquí y el ahora…

Preciosa y mágica primavera, llena de luz y color, donde los besos suenan en cualquier rincón y la fantasía vuela libre y feliz…  

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Casualidades

Mi mágico León: luna desde Ambasaguas de Curueño. León. Naturaleza pura. Turismo rural.

Brillo silencioso

Dicen que no existen, que todo pasa por algo: las nubes, el viento, y todo lo que siento, hasta ese recuerdo infinito que abarca más allá de mi propia vida y sentimiento…

Dicen que no existen, ¿será verdad? Una tarde de lluvia, en cualquier lugar del mundo, y una mirada profunda hacia el más acá, hacia los más recónditos lugares del alma donde las fotografías se tornan realidad y los miedos ya no existen.

Silencio, ni siquiera se oye silencio en el interior de la cabeza, donde un baturrillo de emociones hablan al unísono por separado, creando una sintonía inconexa y aturdida… Se oye el silencio de afuera, el que calma las ansiedades y las lágrimas, el que abraza con la voz callada del viento, con el murmullo sereno del agua, que fluye río abajo…

Río… de los mundos inconexos en los atardeceres de los sueños, cuando el día se va cubierto de niebla, y llega la noche callando, en un mundo mágico, lleno de estrellas…

Estrellas en las que pedir deseos, en las que olvidarse de imposibles porque se tornan posibles…

Un mundo mágico plagado de sueños que alientan al alma cuando ya no se puede respirar, y esa luna maravillosa que ilumina los cariños de todas las esferas, y libera las emociones, las hace libres, y el universo se llena de paz con el brillo puro del más hermoso de los satélites…

La luna, mi luna iluminando las riberas de un mundo mágico allá por Ambasaguas, allá por Cifuentes, allá donde la magia hechiza los corazones más allá de las palabras y las miradas.

Dicen que no existen, las casualidades no existen… ¿será verdad?

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En las nubes

Mi mágico León: atardecer en Cifuentes de Rueda, en la provincia de León. León. Turismo.

En ti, en mí

A cientos de kilómetros de ti, mirando el cielo, pienso…

Pienso que el mismo cielo que está sobre mí, también está sobre ti, y en él, en el cielo, están las nubes, tan lejos, tan cerca, como tú…

A cientos de días sin ti, te siento en mí… Recuerdo el calor de tu aliento veraniego acariciando mi piel con suavidad, y aquellas noches estrelladas en las que el mundo se detenía y sólo se oía el color del amor, de la quietud, del silencio, del respeto, y el crepitar de alguna hoguera, que a finales de agosto, también prende alguna lumbre de algún hogar…

Te siento en mí, y no puedo menos que sonreír, ¿por qué entristecer si vas a seguir ahí? en la tierra leonesa, en la ribera del río Esla, en las tierras de Rueda, con tus aguas, y tus campanas, con nuestros atardeceres y nuestra máquina del tiempo, donde el presente y el pasado forman parte de la misma realidad, y la vida no se pasa, porque siempre se queda, porque siempre permanece, como tú en mí, y yo en ti, y en mi bici, en aquel repicar, en aquellos paseos,… que me siguen esperando.

Siempre, prometo volver siempre, como el sol, como la lluvia, como el viento y las estrellas, como las nubes,…

Cifuentes de Rueda, Cifuentes

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