Posts tagged Cifuentes

Pensando

Mi mágico León: huerta en Cifuentes de Rueda. León.

Coraje

No dejo de pensar en ti, no, no dejo.

No dejo de pensar en esos planes que ahora se han visto parados, que se mantienen a la espera de volver a ser reemprendidos.

No dejo de pensar en ti, y a veces me enfado, y otras me conformo, ¿y sabes qué? a veces, también a veces, siento esa fuerza en el estómago que me dice: -“¿Rabia? Rabia no, ¡coraje! Coraje es lo que hace falta para poner las cosas en su sitio, para aprovechar las circunstancias y no desistir, para no perder el foco en la meta a lograr.”-

Sin prisa pero sin pausa, ahí voy: sin prisa pero sin pausa, con las cosas claras y las ganas a todo gas, reemprendiendo proyectos que tenía aparcados, cosas de tiempo…

Y aquí, lejos, cerca, sin dejar de pensar en ti, grito a los cuatro vientos que el manzano sigue floreciendo, y el peral, y el guindo también, que voy a recoger el fruto, y no voy a permitir que nadie más vuelva a recogerlo por mí.

Aquí lejos, cerca, sigo pensando en ti, y ¿sabes qué? Esta vez va a ser diferente.

Empezar es lo que más cuesta. Yo ya hace tiempo que empecé: empecé a transformar sueños en proyectos, y proyectos en metas, y metas en objetivos, a corto y a largo plazo.

Hace tiempo que lo tengo claro, Cifuentes, y no voy a permitir que la primavera se me escape y, aunque sea en junio, seguirá siendo primavera.

Cifuentes de Rueda, León, no olvides, recuerda, siempre recuerda, que lo bueno se hace esperar.

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Suerte

Paseando por Cifuentes

En víspera de Reyes: Primavera

Suerte, tengo suerte… de tenerte, de quererte, de cuidarte desde lejos, como los amantes de antes…

Suerte, tengo suerte, mucha suerte, de poder escribir y llegar hasta a ti, de poder transmitir sin tenerte delante, pero teniéndote, a decenas de kilómetros, cientos, miles, ¿a caso importa?

Importa que estés bien, que no olvides que la primavera se aproxima lentamente, sin prisa, sin pausa, con la certeza de que conquistará el mundo de nuevo, en esta vieja Europa que sigue floreciendo en los balcones y en los salones, con niños alborotando los días, madres y padres compartiendo sus vidas, tíos y tías cuidando de los pequeños mientras otros trabajan, amigos y amigas contactando desde lejos, porque ahora, como siempre, aunque a veces lo olvidemos, los amigos son la familia que uno elige.

Importa que estés bien, abuelín, abuelina, que no olvides que te queremos, que queremos verte bien, con tu cacha y tus achaques, con tus quejas de siempre, ¿qué sería un abuelo, una abuela sin quejarse? Queremos oírte reburdiar, molestarte mientras echas la siesta y que nos regañes después. Queremos… queremos que sigas estando ahí.

Importa que te cuides, que permitas que el tiempo te haga abuela, te haga abuelo, importa que no te pierdas esa vida que aún no conoces.

Importa que cumplas sueños, que no se queden a medias, que alcances metas propuestas, que planees nuevos logros, que luches por conseguirlos…

Ahora, como siempre, la distancia hace más fuerte el amor, y ahora, como siempre, se echa de menos el pueblo, esa pequeña patria que tan dentro del alma llevo…

Qué ganas de pasear por mi huerta, por mis tierras, qué ganas de reclamar lo que es mío, que nadie piense que puede arrebatar los amores cuando hay distancia de por medio.

Qué ganas de verte sonreír, de escuchar tus carcajadas cara a cara, de probar lo rico que cocinas y disfrutar de los árboles cargados de flores, y de frutos… qué ganas…

Como una niña en la víspera de Reyes, con ilusión y esperanza, así espero la llegada de esta primavera, así espero reencontrarme contigo, y mientras tanto, preparo la lista de regalos que voy a pedir, entre ellos estás tú, mi querido León, mi querido Cifuentes.

Ahora y siempre, qué suerte tengo…

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Sorpresas inesperadas

Mi mágico León: primavera mágica a su paso por Villacidayo. León. Turismo rural.

¡Sorpresa!

Era una mañana de primavera, ¿o tal vez no? Sí, sí lo era, era un día lleno de sol, de luz y color, y algo de frío, ¿por qué negarlo? Cuando soplaba el aire desde Peñacorada, y había que tapar un poco el cuello, no sea que se le escapase algún besillo travieso y se quedase enganchado varios días, a pesar de la bufanda, o el pañuelo… 

Era una tarde de primavera, cuando los árboles se relajaban a la vera del berzal, y las palabras insolentes y fuera de lugar, se diluían en la tranquilidad de los minutos convertidos en poesía, silenciosa, pero poesía al fin… 

La primavera, sus flores, y sus sorpresas, inesperadas, por supuesto, ¿cómo si no podrían ser sorpresas? 

Sorpresas llenas de risas y complicidades revoltosas, ¿será posible? Y sí, parece que sí, que es posible cerrar los ojos y dejarse llevar… aunque sea sólo un rato, en el que casi todo vale, casi… 

Villacidayo y la belleza del cofre que esconde mis secretos más personales, Villacidayo y la certeza de una mirada que da la cara siendo honesta, Villacidayo y el cariño que hace sonreír a la vera del Esla… 

Y que no se cele mi querido Cifuentes, con su millar de fuentes escondidas, con mis recuerdos enraizados en los chopos que algún desaprensivo taló… no importa, otros se plantarán de nuevo y se alzarán mirando al cielo, con el orgullo de ser los dueños de una justicia que ha de llegar. 

Y es tan bella mi rivera… 

Con Villacidayo, Cifuentes, de Rueda, por supuesto, y Quintanas, con ese, sí, aunque el nombre oficial no lleve esa consonante, pero parece que si uno lo dice sin ese, no es el mismo pueblo, ¿verdad? 

Cavite, Cifuentes, Quintanas… las sonrisas, las miradas limpias, las bobadas, las risas, y la sensación de sentirse querida en lo más profundo, en un lugar donde la magia se hace presente, en el aquí y el ahora…

Preciosa y mágica primavera, llena de luz y color, donde los besos suenan en cualquier rincón y la fantasía vuela libre y feliz…  

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Casualidades

Mi mágico León: luna desde Ambasaguas de Curueño. León. Naturaleza pura. Turismo rural.

Brillo silencioso

Dicen que no existen, que todo pasa por algo: las nubes, el viento, y todo lo que siento, hasta ese recuerdo infinito que abarca más allá de mi propia vida y sentimiento…

Dicen que no existen, ¿será verdad? Una tarde de lluvia, en cualquier lugar del mundo, y una mirada profunda hacia el más acá, hacia los más recónditos lugares del alma donde las fotografías se tornan realidad y los miedos ya no existen.

Silencio, ni siquiera se oye silencio en el interior de la cabeza, donde un baturrillo de emociones hablan al unísono por separado, creando una sintonía inconexa y aturdida… Se oye el silencio de afuera, el que calma las ansiedades y las lágrimas, el que abraza con la voz callada del viento, con el murmullo sereno del agua, que fluye río abajo…

Río… de los mundos inconexos en los atardeceres de los sueños, cuando el día se va cubierto de niebla, y llega la noche callando, en un mundo mágico, lleno de estrellas…

Estrellas en las que pedir deseos, en las que olvidarse de imposibles porque se tornan posibles…

Un mundo mágico plagado de sueños que alientan al alma cuando ya no se puede respirar, y esa luna maravillosa que ilumina los cariños de todas las esferas, y libera las emociones, las hace libres, y el universo se llena de paz con el brillo puro del más hermoso de los satélites…

La luna, mi luna iluminando las riberas de un mundo mágico allá por Ambasaguas, allá por Cifuentes, allá donde la magia hechiza los corazones más allá de las palabras y las miradas.

Dicen que no existen, las casualidades no existen… ¿será verdad?

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En las nubes

Mi mágico León: atardecer en Cifuentes de Rueda, en la provincia de León. León. Turismo.

En ti, en mí

A cientos de kilómetros de ti, mirando el cielo, pienso…

Pienso que el mismo cielo que está sobre mí, también está sobre ti, y en él, en el cielo, están las nubes, tan lejos, tan cerca, como tú…

A cientos de días sin ti, te siento en mí… Recuerdo el calor de tu aliento veraniego acariciando mi piel con suavidad, y aquellas noches estrelladas en las que el mundo se detenía y sólo se oía el color del amor, de la quietud, del silencio, del respeto, y el crepitar de alguna hoguera, que a finales de agosto, también prende alguna lumbre de algún hogar…

Te siento en mí, y no puedo menos que sonreír, ¿por qué entristecer si vas a seguir ahí? en la tierra leonesa, en la ribera del río Esla, en las tierras de Rueda, con tus aguas, y tus campanas, con nuestros atardeceres y nuestra máquina del tiempo, donde el presente y el pasado forman parte de la misma realidad, y la vida no se pasa, porque siempre se queda, porque siempre permanece, como tú en mí, y yo en ti, y en mi bici, en aquel repicar, en aquellos paseos,… que me siguen esperando.

Siempre, prometo volver siempre, como el sol, como la lluvia, como el viento y las estrellas, como las nubes,…

Cifuentes de Rueda, Cifuentes

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