Posts tagged Cimanes del Tejar

Paz

Mi mágico León: junio en La Lisa, Azadón, León.

Caricias de luz

Sentir la luz del amanecer acariciar las rendijas de esa persiana que no bajó la noche anterior, cuando entre besos y caricias el mundo desapareció, y reinaron las estrellas y la luna, silenciosas, calladas, mientras los gatos recorrían las calles desiertas, y los niños soñaban con ilusiones que cumplir.

Mirar detenidamente la belleza asustada de una mirada más transparente de lo que quisiera, y ver cómo se humedece, sin dejar escapar una lágrima, no vaya a ser que alguien se entere de lo increíble que es saberse querido y aceptado, sin etiquetas, ni promesas, con la única certeza de querer estar ahí.

Y cuando más tranquilo está uno, aparece el miedo en forma de duda, y te preguntas si sí, si no, si tal vez, si quién sabe… y al final, de tantas vueltas que da la cabeza, llega el vértigo, anidan las ansiedades y aparece la angustia…

Prefiero no pensar… y cierro los ojos para no ver, cansado de intentar mirar y no ver nada: nada claro, nada seguro, nada, nada,…

Suavemente, deslizándose entre las resquicios que dejó el miedo al replegarse sobre sí mismo, se cuela la claridad de un color lleno de sonrisas a media luz, de susurros que no temen pronunciar cariños sin definir intensidades…

Suavemente, aunque los ojos sigan cerrados y el temor se niegue a disiparse, aunque la realidad sea diferente, más amable, más clara; suavemente se torna el ambiente más cálido, y la tranquilidad vuelve a hacer acto de presencia, imponiéndose, callada, ante la sorpresa del aterrado valiente.

Así aparece la paz cuando le das la oportunidad, así aparece el amor cuando te das la oportunidad, así descubres que vivir es lo más arriesgado que tiene la vida, y lo más divertido, lo más alegre, lo más saludable…

Y no vivir… lo más peligroso, sin duda.

Nadie nace aprendido, aunque todos tenemos talentos; nadie sabe si acierta en todo; a veces, alguien sabe que, a veces, también se equivoca, no siempre…

Nadie ve una fotografía y sabe si es de aquí o allá, de ayer o de hoy, de Azadón o de cualquier otro lugar donde habite el corazón…

Pero… ¿sabes qué?

Hay miradas que no hay palabra que pueda esconder, y sensaciones a flor de piel, que no hay excusa pueda explicar.

Hay lugares que se quedan en el alma, aunque solo una vez los recorrieran tus pies; y paisajes que te hicieron suya con solo acariciarte los sueños…

Hay vidas que se cruzan en el camino, y no dejan de mirarse jamás, y personas tan intensas, que dejan huellas por donde pasan.

Huellas, no cicatrices.

Hay lugares especiales, y personas que valen la pena, hay rincones llenos de magia, y campanas que inundan de música los parajes de Azadón.

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Preguntas

 

Mi mágico León: arco iris primaveral en Azadón. León.

El mapa del corazón

Preguntarse, el porqué de las cosas, de los momentos, de las miradas, detenerse en un mar de dudas, en la zozobra de un dolor que indica cuán perdido se encuentra uno, en un mundo que ha olvidado esa nobleza…

-“¿Por qué eres así?”- Preguntó una vez una ninfa, con la mirada llena de sonrisas…

-“No sé, es un misterio”- escuchó como respuesta de aquella voz callada.

“Es un misterio”… pensó ella…

Y sonriendo, mirando los campos llenos de amapolas y los chopos alzarse señalando el cielo; las nubes descargando su peso, y el arco iris adornando el paisaje, iba pensando en la transparencia de su mirada honesta, en la nobleza de su gesto amable, en lo profundo de sus pensamientos más auténticos…

Así paseaba, entre ilusiones y realidades, el pequeño ser fantasioso, descubriendo en la magia de las palabras, la belleza más pura, que, como hace el diamante, oculto en el carbón, en el corazón de las montañas, se esconde en lo profundo del alma, para ser descubierto, con sorpresa y embelese, por los buscadores de sueños, que, por fin, se encuentran con personajes de novela enfundados en uniformes de estos tiempos.

“¿Por qué eres tan lindo?” Pensó ella…

Y una voz en su cabeza escuchó el pensamiento de él, “sincronías” lo llamaban: “linda eres tú”.

“Ves en mí lo que nace de ti”, le contestó ella sin pronunciar palabra…

Eres así porque la valentía se te escapa por los poros de la piel, porque disfrutas del aire puro llenando los pulmones y del frío erizando la piel, que luego, entre beso y beso, entre caricia y caricia, sentirá la dulzura de una calidez cariñosa.

Eres así porque bailas entre la razón y el corazón, porque eres bueno y considerado, respetuoso, atento, porque disfrutas de las cosas pequeñas, de los paseos por los senderos de la vida, aunque a veces se encuentren salpicados por piedrinas que entorpecen el paso, que ralentizan la llegada al reino del que eres rey…

Y así, sin dejar de sonreír, sin pronunciar palabra alguna, susurró la ninfa al noble caballero: -“levanta la vista…”-

Y el caballero levantó la vista…

Y allí, delante de él, en pagos del afamado reino de Azadón, un arco iris de realidades apareció en el firmamento.

“¿Por qué eres así, Azadón?” Pensó ella…

Y Azadón no dijo nada…

Pero por algo será que los pájaros, los amaneceres, y hasta las nubes y los arco iris, curiosean, a menudo, por las rendijas de sus rincones.

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Murmullos de otros tiempos

Mi mágico León: nubes de primavera en el cielo de Azadón. León. España.

Ecos de la eternidad

En las nubes, estoy en las nubes, pensando en idas y venidas, en retales de historias escuchadas a la vera de un café y un chocolate, envueltas en silencios, entre el murmullo constante de un ambiente cargado de personas y vivencias que se van dispersando, con el paso de los minutos, que, sumados unos a otros, dan en convertirse en horas.

En las nubes, allí sigo yo, descubriendo mi mirada perdida en relatos de otros tiempos, en el eco de aquellas voces que recorrieron el mundo llenándolo de vivencias que trascienden el pasado… y el presente, trascienden…

Miradas de colores iluminando el cielo, y las nubes adornando el infinito con sus antojos diseñando formas caprichosas, y a veces, tan sencillas, que solo transmiten tranquilidad.

Tranquilidad… qué emoción más… suave, serena, amable,…

Y ese firmamento heredado desde el principio de los tiempos, donde las fronteras no existen, ni las diferencias, ni las rencillas, pues bajo él somos almas disfrutando de las montañas y los valles, de los ríos, y los puentes que los atraviesan, salvando obstáculos…

Y me pregunto si seré capaz de descubrir secretos escondidos bajo los ojos limpios de la buena gente.

Me pregunto si Azadón será tan sencillo como aparenta, y precisamente por ello, disfrute tanto contemplando ese firmamento del color de tantas miradas.

En las nubes, allí sigo, imaginando hombres de uniforme y señoras alistadas en defensa del honor y la justicia, paisanos con boina, y mujeres con delantales… ¿imaginando? ¿o recordando? Igual las dos cosas, quién sabe…

Azadón y su fotógrafo, Bariloche y su caballero de la mesa redonda, Azadón y el compañero del asiento de al lado,…

En tren, en avión,… ayer, hoy… Azadón, siempre Azadón, sus paisajes, su cielo, y esa casualidad maravillosa que un día te cruzó en mi camino.

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