Posts tagged el Teleno

Divisando la ciudad

Mi mágico León: muy cerca de la ciudad de León, desde la Candamia, el Pico Correcillas. León. Turismo.

La corona del reino

  

Pensar en León es pensar en su esbelta catedral y sus vidrieras de colores.   

Pensar en León es recorrer con la mente los rincones de una ciudad peregrina por excelencia.   

Pensar en León es recordar los sabores de las tapas expandirse por el paladar y el fresquito de un vinín, o un mosto, escurriéndose por la garganta…    

Dibujar León en el pensamiento es sentir un airecillo fresco que llega de no sé dónde y te hace sentir vivo, un viento suave que llena tus pulmones de aroma a excelsas cumbres desde las que contemplar la belleza de un mundo tan hermoso como olvidado en sus pequeños detalles.    

Hace ya muchos siglos que León empezó a coger la forma de una ciudad, una ciudad entre ríos, coronada por montañas llenas de joyas más allá de las turquesas o rubíes que algún monarca llevara en sus anillos…    

A sólo un paso de la bella urbe leonesa, se alza, disimulando en su sencillez, un escenario desde el que contemplar la belleza sublime de la naturaleza, que se levanta en grandes masas de piedra cubiertas por un manto de colores y formas que otorgan singularidad a cada milímetro de tierra.    

A sólo un paso de la capital del reino, está la Candamia, el lugar desde el que contemplar las maravillas hechas montaña del Teleno, el pico Correcillas, y tantos otros más que se confunden en el oleaje petrificado de un mar de verdes praderas, grises crestas y anaranjados atardeceres…    

Cada montaña esconde su propia historia. Son historias que hablan de astures y romanos, de batallas sin igual, de derrotas y victorias, de tradiciones y creencias…    

Cada montaña oculta un sentimiento: una sensación de grandeza y de pequeñez, una actitud amable o distante, un semblante rudo o cálido…    

Cada montaña tiene su propia historia, su  propio lenguaje, su propia enseñanza y camino.    

Cada momento, su importancia y relevancia.    

Cada amigo, un cariño diferente.    

Por eso, porque cada persona, momento y montaña es especial, recórrela, vívela, respétala, para que, puedas volver a visitar esa montaña una vez más, otro día más, con otra persona más…    

Y así será tu montaña y la suya, será la montaña de los dos, de los tres, de los cuatro…    

Será nuestra montaña.

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Entre el Duerna y el Teleno

Blanca Navidad en Quintanilla de Somoza, en la Maragatería, en León.

Quintanilla de Somoza y el nogal del abuelo

A orillas del río Duerna, envuelto por el frío gélido de una montaña blanca al llegar el invierno, está la belleza sencilla y tranquila de un pueblo cálido como las gentes que habitan sus casas y las mantecadas recién salidas del horno.

Con aromas a Teleno y a río, está Quintanilla de Somoza, y en ella, el árbol que plantó el abuelo.

¿El abuelo? sí, el abuelo y el bisabuelo: Domingo Benéitez Arce.

¡Ah!, ¡Domingo!, ¡claro!…

¿Domingo?

Sí: Domingo.

Domingo fue un hombre diferente. Diferente a muchos otros aunque viviera como muchos otros y donde muchos otros.

Y… diferente, ¿por qué?

Diferente porque con su propio esfuerzo sacó un canal del río para que llegase a una central eléctrica que él mismo montó, y… ¡magia! el agua caía en la noria, la rueda se movía, aparecía la electricidad y… ¡se hizo la luz!

Muchos años han pasado desde entonces, varias las generaciones que han visto pasar el agua discurriendo por el cauce del Duerna día tras día, semana tras semana, mes tras mes.

Muchos años han pasado y ya no está la maquinaria que don Domingo puso en marcha, pero todavía, en el mismo lugar, se conserva la caseta que formó parte de aquel espectáculo lleno de modernidad; todavía, en Quintanilla de Somoza, está el árbol que el abuelo plantó, recordando, silencioso y perseverante, que el esfuerzo por hacer las cosas bien tiene su recompensa y más allá de morir en un presente, la semilla del trabajo bien hecho, sigue creciendo, creciendo como el árbol del abuelo.

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Danzando con Nabucodonosor

Corporales y el Teleno a su fondo. Perteneciente al ayuntamiento de Truchas.

Corporales adornando la silueta del Teleno.

En la antigua Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates, nació un reino que sería recordado en los anales de la historia como uno de esos Imperios que se funden con escrituras jeroglíficas, con relatos bíblicos que hablan de su existencia, con grandes reyes de leyenda… allá donde las escrituras cuneiforme dejaron los primeros testimonios escritos sobre vasijas y barro, en la lejana Babilonia, en la tierra del pueblo persa.

En otro lugar del planeta, en un pequeño paraje de la Península Ibérica, hace mucho tiempo, vivió un pueblo de eminentes guerreros que habitaban coronas y castros, que se dedicaban a trabajar la tierra, que cuidaban de su ganado y aprovechaban el dorado néctar de las minas auríferas de su mundo.

Aquel pueblo celta, aquel pueblo astur que veneraba al dios Teleno, un día se vió enfrentado a otro mayor, que por la fuerza impuso su mandato y se adueñó de sus vidas, de su entorno y de su mundo, y les hizo trabajar a su servicio, explotando el oro que la tierra guardaba en su interior… pasaron los siglos, y aquel imperio invasor también se fue, pero llegaron otros, suevos y visigodos, y crearon concejos, y luego  llegó la cristianización, y el dios Teleno astur, el Marte Tileno de los romanos, cayó en el olvido… y siguieron pasando los siglos…

Y allí, en aquel lugar rodeado de colores intensos como el aire puro, una noche de agosto, se vuelven a oír sonidos celtas… y suenan las gaitas cantando alboradas, llamando a romería a quien las quiera oír, y las gentes devotas llevan a su Virgen hasta la ermita, y tras alzar sus plegarias al cielo ofreciendo el sacrificio del altar, se recuerda, con música y danza, la locura de Nabucodonosor, la locura de un rey que quiso ser adorado como Dios, y al que, por su soberbia, el Todopoderoso castigó.

Sonidos celtas llenando el ambiente; el idioma que nació de los invasores, saliendo de la boca de sus gentes; una romería con sabor cristiano y una danza que se sumerge en una antigüedad remota que toma forma, que coge cuerpo, en Corporales, el pequeño gran Corporales.

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