Posts tagged Montañas

Sin ti

Mi mágico León: puesta de sol primaveral en Azadón. León. Turismo rural.

Nadie como tú

Cuántas veces habré oído la frase “No puedo vivir sin ti”, ni lo sé.

Parece que así debería ser el amor: una necesidad imperiosa del otro para respirar, sentir, amar… para ser feliz.

Yo puedo vivir sin ti, León, pero no quiero, y si no quiero, no puedo, seguro.

Se me ocurren mil inviernos nevados y un sinfín de primaveras estallando de colores, despertando poco a poco al calor del verano que se acerca; y los animales revolviendo aquí y allá; las golondrinas y los vencejos dejándose ver por los pueblos, las cigüeñas coronando los campanarios, las abubillas, los jilgueros y demás compatriotas revoloteando entre las ramas, surcando los cielos, repasando los valles desde arriba, anunciando la algarabía de una sangre que sabe que ha llegado la primavera.

No quiero vivir sin ti, querido campo, con esos atardeceres eternos que pintan de colores tus extensiones; ni sin ti, esbelta montaña,  que llenas de majestuosidad un paisaje cubierto de sueños, de intrépidos montañeros que se proponen alcanzar tu cima, de chavalería haciendo de las suyas, como tiene que ser; de corzos y rebecos coronando tus alturas….

Me apetece disfrutarte, querida tierrina, y recorrer los caminos de labranza que pocos transitan, acariciar las orillas de tus ríos con el suave roce de mis pies, ver a los zapateros anunciar que el agua está limpia, escuchar el bramido de alguna vaca que anuncia su presencia, y pasear entre los chopos…

No quiero vivir sin ti, querida mía, ni sin el Esla y el Órbigo, el Curueño y el Bernesga, el Porma, el Omaña, el Sil, el Duerna o el Cea… y no sigo, porque tus rincones los surcan millares de gotitas refrescando las ilusiones, y las cosechas; y las xanas y los trasgos juegan entre las hierbas a esconderse de las miradas, pues solo los más inocentes, logran ver el brillo de su fantasía.

No quiero vivir sin Azadón, o sin Cifuentes, sin Prioro, Villacidayo, Ambasaguas, Sahagún o Herreros, no quiero vivir sin cada rincón de mi mágico León, ni dejar de descubrirte y enamorarme de tus preciosas puestas de sol, cuando, por un rato, te olvidas de las inquietudes que perturban el alma, y solo existimos la belleza, tú y yo.

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Sensaciones

Mi mágico León: paisaje de Valdeteja en León. Turismo rural.

La pureza de las sensaciones

Huele a hierba fresca, un día de verano, cuando el sol resplandece y el calor, todavía, no se hace insoportable…

Huele a aire limpio, a tranquilidad, a buenas sensaciones, a sonrisas y pensamientos pausados…

Así se descubre el olfato cuando sale a pasear sin más y se encuentra maravillas de piedra y verde adornando el paisaje, adornando el silencio puro y cristalino de la montaña.

Hay lugares que se convierten en escenarios de novela que no te cansas de ver, ¿cómo te vas a cansar? No puedes, no te puedes cansar si tienen esa especie de serenidad atrayente que gobierna en los rincones de la tierra leonesa.

Huele a calles empinadas, a sorpresas en el interior de un bar, donde un relato cuelga de una pared, barnizado, sobre un pedazo de pizarra a la que alguien se tomó la molestia de dar funciones de marco.

Una conversación tranquila, con un mosto en el paladar, con la sequedad de ese sabor dulzón embriagando todo el cielo de la boca, qué sensación…

Sensaciones para recordar, las que se viven cuando la contaminación se olvida de ti, cuando te sabes cerca del Curueño pero no lo ves, cuando la montaña te permite recorrer las calles empedradas de un pueblo que mora en sus alturas, cuando escribes las letras de un cuaderno, el de tu vida, el de la historia, el de un verano, una jornada, una fantasía de piedra y humanidad, que en León, se llama Valdeteja.

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Tan divino

Mi mágico León: Pico Pedroso y las montañas de Luna y Babia. Al norte de la provincia de León. León. Turismo.

Contemplando el paraíso

Quiero escapar del ruido, lanzarme a la aventura y descubrir nuevos rincones.

Quiero sentir el frío seco y limpio, sin malos humos ni contaminaciones, con la pureza más blanca que pueda encontrarse sobre la faz de la tierra, y descubrir…

Descubrir montañas interminables donde los valles, las laderas y las cumbres formen un mar de interminable tranquilidad, remansos de paz envueltos en paz y silencio, aquel silencio cargado de vida en el que se adivina el crujir de las ramas bajo un manto de nieve, el aullido de un lobo en la lejanía o el suave aleteo de algún ave que permanece en su hogar, aunque el frío invite a emigrar.

Sentirme cerca del cielo, tan cerca del cielo como de la tierra, sentir el alma hetérea que llevo dentro y contemplar la belleza sublime del mundo terrenal que se extiende a mis pies, tan corpóreo, tan real, tan divino…

Quiero estar en la Luna, estar en Babia y saber que, aunque muchos no lo intuyan, todo eso es posible en un lugar: León.

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En la bella apatía

Mi mágico León: Las Ubiñas desde la Majúa de Babia, en León. En la comarca de Babia, al norte de la provincia de León. León. Turismo rural y natural. Belleza.

La dulzura helada de Babia

Hay días que se vuelven apáticos, ¿no te ha pasado nunca? Esos días en los que no estás ni triste ni contento, y piensas que, tal vez, si no estás mal, es que estás bien, y… aunque, a veces, una leve sonrisa quiere asomar a tu rostro, parece que no se atreve, no sea que cambie tu estado de ánimo.

¿Cómo definir esos días? Esos días medio claros, con una luz a media voz, reposados, tranquilos, aunque tengas muchas cosas que hacer, y que pensar, pero el día se encapricha así, sin razón aparente, y no se mueve de su estado singular.

Hay momentos apáticos cargados de serenidad, en los que te sientas frente a una fotografía, o frente al ordenador, o andas revolviendo telares en casa, y se escapan del baúl de los recuerdos imágenes fugaces cargadas de cariño y añoranza, pero no lloras, aunque añores, sólo sonríes y te sientes feliz, un pizca melancólica, por qué no, pero sonríes y sientes el abrazo cariñoso de un amor que nunca muere, porque el amor de verdad tiene eso: cambia, pero no desaparece, nunca, jamás.

Un buen libro entre las manos, una película recorriendo el pensamiento, y en ella, los paisajes más hermosos que anuncian sueños infantiles que no son tales.

Al norte de la provincia de León, la apatía tiene su espacio donde nadie la moleste, para dejarte soñar despierta, y recordar, y amar, y, si quieres, si te apetece, hasta llorar, pero siempre, siempre, sonreír, y entender, esperar, comprender, amar…

No importa dónde estés, ni si tienes un día cargado de apatía, pues Babia siempre está dispuesta a acogerte, a envolverte con sus leyendas de reyes, de batallas entre moros y cristianos, de faros que se ven desde el Cantábrico, de ilusiones descubiertas y por descubrir…

Las Ubiñas, Torrestío, TorrebarrioLago de Babia, el invierno, la primavera, el verano, el otoño… la belleza hecha tierra: Babia.

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Un mundo maravilloso

Mi mágico León: en la montaña central leonesa está Coladilla y su hermosa iglesia. Provincia de León. Turismo.

Una maravilla en el mundo

La ciudad, ¡qué cantidad de cosas tiene la ciudad!, ¿verdad? Tiene cine, tiene teatros, a veces, también tiene metro.

La ciudad, ¿qué tiene la ciudad? La ciudad tiene gente, eventos, acontecimientos que llenan plazas, parques y salas…

La ciudad tiene prisas, compras, gasto, y un continuo goteo de cosas por hacer que, a veces, te aleja de lo que también te gustaría hacer.

Ahora, estás sentado frente a la pantalla del ordenador, y empiezas a recordar, la última vez que saliste de excursión a caminar fuera del ruido y el asfalto…

Empiezas a dejar la mente volar y te encuentras en cualquier lugar del mundo, silencioso, rodeado de naturaleza…

Empiezas a pensar y ves a unos niños jugando a pelota, ¡a pelota! si parece que ahora ya no hay sitio para la pelota, pero una pelota, siempre será una pelota…

Caminas, respiras aire puro, y encuentras un castillo, una ermita, o una pequeña iglesia en un pequeño pueblo, y es todo ¡tan pequeño!

No es una ciudad con sus cines, sus teatros, su tráfico, su progreso, pero… ¡lo tiene todo!

Tiene animales que a veces no se ven, pero se presienten; tiene rincones mágicos en los que las estrellas se acercan a la Tierra mucho más de lo que lo hacen en cualquier rascacielos de cualquier ciudad.

Tiene huertas cargadas de los más sabrosos colores, flores coloridas con los más dulces aromas, quesos elaborados con la mejor leche,…

El mundo rural, tiene maravillas encantadoras que te hacen revivir como revive el campo en primavera, cuando el duro invierno deja atrás el áspero frío y trae la alegría del buen tiempo.

El mundo de las montañas, los valles, los ríos y los campos, tiene iglesias preciosas, pedacitos de fe construidos en piedra, y son ¡tan hermosos! que hasta los más agnósticos reconocen su belleza, y, hasta me atrevería a decir que, en su sencillez reposada, se percibe una paz distinta…

En la tierra de León, hay una infinidad de lugares que descubrir, una multitud maravillosa de paisajes en los que soñar, un montón de pueblos únicos y preciosos con un monumento en común: su iglesia.

León: un mundo maravilloso que descubrir, y si lo que te gusta es el turismo rural y cultural, aquí lo tienes todo: en León, ¿dónde si no?

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