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Momentos personales

Mi mágico León: paseo otoñal junto al río por Villacidayo. Tierras de León. León.

Sueños de otoño

En la vida hay momentos, y en los momentos, a veces, hay personas…

Volver a respirar profundo ese frío, no tan frío, que te roza la piel, y se mete, hasta llenar tus pulmones, y entonces, cerrar los ojos y sentirte libre… por fin… estoy aquí… caminando sobre ti… ¡bendita tierra!

Caminar lentamente, aunque los pies se queden fríos, porque cae la tarde, se acerca la noche, el otoño es el rey del paraíso por estos lares y huele tan bien… huele a río, a humedad y vida, huele a buenos ratos y magia ilustrada en un cielo que se viste de colores.

Mirar los pequeños detalles, y aprender a reconocerte en los recuerdos de los otros, aunque no lo sepas, aunque no tengas la certeza, seguro que en algún momento merodeas por sus recuerdos, por su mente… ¿cómo negarlo? Si también ellos acuden a tu memoria y se pasean por tus pensamientos.

Querida tierra, contigo no hay distancias ni imposibles: por ti discurre el bello Camino de Santiago, que no por largo es imposible, y cuando más se acerca al Apóstol Santo, se sumerge en el bello imperio de un felino silenciosamente pacífico, aunque más de un cazurro quiera adueñarse de su elegante misterio, pero… eso sí es imposible, pues en las almas ruines no cabe tanta grandiosidad.

Querida tierra, ¡cómo me gustas!

Me gustas porque eres bonita, porque hasta el olor a abono me recuerda que una parte de mi alma ya está en casa, y ver un halcón, guardando el equilibrio sobre un cable entre poste y poste, me sigue haciendo sonreír.

Me gustas porque no te rindes, porque a pesar del duro y bello invierno, siempre, siempre, te espera una primavera espectacular, y un verano sobre el que divisar estrellas, y un otoño sobre el que soñar imposibles que un día fueron posibles, y… ¿quién sabe? igual algún día sean posibles… seguro que tú lo sabes, ¿me lo cuentas?

Querida tierra mía, formas parte de mí… ¿será por eso que creo en los sueños? ¿será por eso que sigo sonriendo por mil heladas que caigan?

Y mientras espero alguna respuesta que ya sé, y otras que no sé… sigo disfrutando de la compañía mientras recorro tus senderos… en mi querido Cifuentes, el del puerto y las vacas, aunque no haya mares salados en sus tierras, ni boñigas en sus calles… en mi querido Villacidayo, el de las mantecadas, los bizcochos, y los anocheceres con sabor a gloria…

Porque contigo en el corazón, todo es posible, mi querido y mágico León

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Nana de otoño

Mi mágico León: atardecer, amanecer de otoño en el Páramo, León.

Diáfana melodía

A veces la tierra calla, ciertamente, calla cuando prefiere guardar en su corazón lo que la voz no es capaz de expresar, porque las emociones van más allá del presente, se pasean por los recuerdos y se confunden entre realidades y deseos.

A veces la tierra duerme, entre el frío y el silencio, entre colores cálidos que anuncian un nuevo amanecer, entre tonalidades amables que presentan la llegada de un nuevo anochecer, donde el firmamento, salpicado de destellos blanquecidos, adorna de luces, los campos y sus siluetas.

Qué difícil es hablar cuando las emociones se agolpan en el corazón de la garganta, cuando la humedad se reúne sobre las pupilas y promete escaparse por las comisuras de los ojos…

Y qué fácil, qué fácil echarte de menos, con esa mirada limpia tan llena de buenos sentimientos, y esa voz tan leonesa, tan bella y sincera, tan delicada y fuerte, como la persona que destila su esencia con el sonido de la misma.

A veces la tierra calla porque añora, porque prefiere dormir a ratos para contemplarte en las estrellas, prefiere divisar el brillo de tu mirada salpicada en el firmamento, mirar desde los mismos campos que recorriste buscando orégano y romero, regalando picardías y buenos momentos…

Silencio… suena el murmullo de una nana enredada en la suavidad del viento frío, mientras cae la helada sobre los montes, sobre las eras y los pueblos…

Suena el tarareo de una canción de cuna, y entre el sopor de una ilusión, duerme la sonrisa feliz de la Bañeza al bailar sobre las olas de una mar de sueños…

Se oye el cantar callado de la melodía de una emoción eterna, y en el contacto cariñoso de la piel que envuelve tu corazón, se relaja Cifuentes al encontrarte entre sus lares…

Duermen el Páramo y el Curueño, sueñan el Esla y el Órbigo, y más allá de lo tangible, allá donde se dibuja la fuerza que mueve los corazones, estás tú, cariño mío, estoy yo, cariño tuyo, donde la magia ilumina el descanso y la felicidad marca el camino.

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El sabor

Mi mágico León: la magia del otoño en Brañarronda, en Rioscuro de Laciana. Al norte de la provincia de León. León.

La magia de un sabor

En algún lugar del mundo, hay un paisaje salpicado de paisajes, donde las fantasías se funden con las realidades, donde la contaminación es solo una pesadilla, donde los aroman inundan el ambiente, y el viento mece las hojas con la suavidad fresca de los días de otoño.

En algún lugar del mundo, la tierra se llama Omaña y se funde en un abrazo con otro pedacito de sí misma que se llama Laciana, y allá, en el abrazo de dos valles hermanos, la paz transforma los silencios en colores, y el otoño salpica de magia las copas de los árboles, sus ramas y cortezas.

En algún lugar del mundo, las casas de piedra y los pilones pierden protagonismo, y hasta los mismos hórreos que tantas miradas encandilan, se enamoran de las estaciones, se funden con el paisaje, y olvidan si pertenecen a un valle, o a otro, y tan sólo un cartel a la entrada de su pueblo, les recuerda que son de Rioscuro de Laciana.

En algún lugar del mundo, los sueños se tornan realidad, y la soledad no pesa, se hace ligera como una pluma, se disfruta, se aprecia, se confunde con el mismo mundo y te hace parte de él… y allá donde las tristezas pierden fuerzas, allá donde el alma se siente más tranquila, está el espíritu de una naturaleza tan llena de vida, tan llena de bondad, que el ser humano sosiega sus ansiedades y las transforma en serenidad.

Cuando las prisas hacen mella en el ánimo, cuando las apatías invaden el día a día, el silencio apacigua las desesperanzas, calma las preocupaciones; el aire se pasea entre las hojas y las hace bailar al son del otoño.

Cuando se observa se aprende, se aprecia, se sueña y se logra… ¿qué se logra?

Un sueño que no se va, que no se escapa, que sabe a colores, a sensaciones, a brañas… un sueño que sabe a Brañarronda, que sabe a Rioscuro de Laciana.

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Luces y colores

Mi mágico León: otoño en Sigüeya, en la Cabrera, provincia de León. Turismo Rural.

Bienvenido, caballero

Hoy estuve pensando en las palabras y en los paisajes, aquellos que forman parte de la vida, que cambian estación tras estación para sorprender un poco más allá volviendo a aparecer.

Hoy estuve pensando, y cuanto más pensaba menos sabía, así que, llegados a este punto, sólo queda esperar, ¿no es así?

A veces el silencio también es una respuesta, y cuando no sabes qué decir, igual es mejor no decir nada, sólo observar, y posiblemente, observando, aparezca aquella palabra perdida no se sabe dónde.

A veces los paisajes se convierten en fotografías hermosas que no acaban de ser tuyas, muy bonitas, sí, pero sin formar parte de ti, o tú de ellas.

A veces se va una estación y llega otra, y no sabes muy bien porqué, pero llega, y no sabes si te apetece cambiar o no, así que, como tampoco puedes evitarlo, esperas…

Esperar… qué verbo más bonito… bonito si lo acompañas de la palabra esperanza, si te aferras a ella sin miedo a las estaciones, o con miedo, pero sin soltarla, como hace la parra que sube por la pared y llega hasta aquella ventana, en primavera, en verano, en otoño, en invierno, siempre.

Las situaciones cambian, los paisajes también, pero aunque ahora parezca lejos, siempre hay un nuevo invierno renovador, una nueva primavera pizpireta, un nuevo verano relajante y un nuevo otoño lleno de luces y colores.

Bienvenido al planeta, bienvenido al hemisferio, bienvenido a la tierra leonesa, Don Otoño.

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Cristales

Mi mágico León: escarcha en Espinosa de la Ribera, en la ribera del río Órbigo, en León. Turismo.

Cristales cubriendo el cuerpo desnudo de la naturaleza

Hace frío, mucho frío…

El calor que desprende cada alma escondida en su cuerpo, se convierte en una nube de blanca voluntad, cada vez que las palabras escapan de unos labios ardientes de pasión, aunque tal vez ni siquiera lo recuerden, y si es así, tal vez va siendo hora de que empieces a recordar…

Hace frío, mucho frío, y la niebla matutina cubre las calles y sus gentes, los valles y las casas que anuncian pueblos, donde alguna solitaria chimenea echa humo como estandarte de la civilización que todavía calienta su vida junto a ella.

Hace frío, y amanece un nuevo día cubierto de suave claridad, la que pronostica horas cargadas de más frío, de ese frío querido que has hecho parte de ti, como las montañas, como los ríos, como las hojas cubiertas de escarcha, de pequeñas gotas de rocío convertidas en cristales, en perlas blancas con las que la Madre Naturaleza adorna sus curvas, como si deseara seducir al secreto objeto de sus deseos.

Hace frío… y el hielo se desparrama en el paisaje, y pende de las cornisas, de los tejados, se cuela entre las ramas y adorna la silueta multiforme de una vida que cambia con cada estación, como tú, como yo, como todo…

Hace frío fuera porque el calor corre por las venas, por dentro de ti, y te recuerda que sigues vivo…

Mientras puedas sentir el frío y descubrir su belleza en la abrupta agresividad de su ser, estarás vivo…

Vivo como los hayedos y robledales, como los rosales que duermen a la espera de una nueva primavera, como las vacas que aguantan valientemente sus embestidas más atrevidas…

Vivo y fuerte como un león, salvaje y tranquilo como León.

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La suave frescura del hielo

Mi mágico León: helada en Sahagún, en Tierra de Campos, en la provincia de León. Preciosa imagen de una rosa nevada. León. Turismo.

La guinda del pastel

Se acerca el invierno poco a poco, como lo hace la primavera deshaciendo las nieves que anidan en las cumbres y los valles.

Se acerca el invierno, y el colorido otoño mece en su tiempo las maravillas preciosas de una estación en la que el frío no es tan frío, y el calor es aquello que se siente cuando las conversaciones telefónicas son eternas, los anocheceres se comparten en familia, o en la soledad más agradable al ritmo de una buena lectura, o escritura, o… quién sabe.

Es otoño, un otoño de árboles y ríos, de hojas y flores, de colores amarillentos que se confunden entre el verde de quienes se niegan a mudar sus prendas ante las cercanas nieves… que se aproximan… lentamente…

Se aproxima el blanco virginal deslizándose por los montes y las praderas, por las huertas y las lagunas… y la mañana se encapricha de su color, de su tacto, de su fresco aliento… y aparece el hielo, la escarcha… y amanece el paisaje convertido en un pastel cubierto de azúcar glacé, salpicado de gotas de rocío que adornan los pequeños detalles que pueblan la tierra.

El otoño: aquel momento para abrigarse y salir a pasear, con amigos, con familia, solo… ¿acaso importa? No, no importa. Importa lo que tú conozcas, lo que tú disfrutes, lo que tú sientas…

Así que siente, disfruta, conoce y pasea, porque cualquier ocasión es buena para sentir cómo la vida te dice: ¡qué estás vivo!, ¡qué estás viva!

La vida…

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Tiempo de Vendimia

Mi mágico León: bajo la Denominación de Origen está el vino que se produce en el sur de la provincia de León, y concretamente en Valderas. Las uvas que aparecen en la fotografía son de la variedad Prieto Picudo.

Los colores sabrosos del otoño

El sol del verano calienta pequeños granos de forma redondeada, a veces amarillentos, a veces morados, y con su calor cocina lo que el otoño ha de recolectar.

Llega el otoño, las manos se ponen a la obra, y uno a uno, los racimos inician su particular viaje al mundo de los sabores, las texturas, los aromas, las barricas,…

Es tiempo de vendimia, y en la provincia de León, la generosa vid reparte un fruto que servir de postre, acompañar las campanadas, o guiar el maridaje de las más sabrosas carnes, los más exquisitos pescados, las más suculentas legumbres y verduras…

En la provincia de León, el vino se vuelve protagonista de un otoño cargado de luz y color, de una estación cargada de contradicciones que sorprenden agradablemente y conquistan todos los sentidos, hasta embriagar con el más intenso de los sabores, alma, vida y corazón.

El tiempo pasará, el jugo de la vid fermentará envuelto en madera, y millones de copas rebosarán de magia chispeante, cuando un torbellino de sensaciones formen esa aguja que le da nombre al vino…

Un vino tan espectacular como la tierra de la que recibe su aliento y ese carácter tan especial… La Tierra de León.

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