Posts tagged Peña Ubiña

En la bella apatía

Mi mágico León: Las Ubiñas desde la Majúa de Babia, en León. En la comarca de Babia, al norte de la provincia de León. León. Turismo rural y natural. Belleza.

La dulzura helada de Babia

Hay días que se vuelven apáticos, ¿no te ha pasado nunca? Esos días en los que no estás ni triste ni contento, y piensas que, tal vez, si no estás mal, es que estás bien, y… aunque, a veces, una leve sonrisa quiere asomar a tu rostro, parece que no se atreve, no sea que cambie tu estado de ánimo.

¿Cómo definir esos días? Esos días medio claros, con una luz a media voz, reposados, tranquilos, aunque tengas muchas cosas que hacer, y que pensar, pero el día se encapricha así, sin razón aparente, y no se mueve de su estado singular.

Hay momentos apáticos cargados de serenidad, en los que te sientas frente a una fotografía, o frente al ordenador, o andas revolviendo telares en casa, y se escapan del baúl de los recuerdos imágenes fugaces cargadas de cariño y añoranza, pero no lloras, aunque añores, sólo sonríes y te sientes feliz, un pizca melancólica, por qué no, pero sonríes y sientes el abrazo cariñoso de un amor que nunca muere, porque el amor de verdad tiene eso: cambia, pero no desaparece, nunca, jamás.

Un buen libro entre las manos, una película recorriendo el pensamiento, y en ella, los paisajes más hermosos que anuncian sueños infantiles que no son tales.

Al norte de la provincia de León, la apatía tiene su espacio donde nadie la moleste, para dejarte soñar despierta, y recordar, y amar, y, si quieres, si te apetece, hasta llorar, pero siempre, siempre, sonreír, y entender, esperar, comprender, amar…

No importa dónde estés, ni si tienes un día cargado de apatía, pues Babia siempre está dispuesta a acogerte, a envolverte con sus leyendas de reyes, de batallas entre moros y cristianos, de faros que se ven desde el Cantábrico, de ilusiones descubiertas y por descubrir…

Las Ubiñas, Torrestío, TorrebarrioLago de Babia, el invierno, la primavera, el verano, el otoño… la belleza hecha tierra: Babia.

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Una torre en el camino

Mi mágico León: en Cuatro Valles, Babia; y en Babia, Torrebarrio. Al norte de la provincia de León. León. Turismo.

Un barrio a los pies de la torre

  

A más de mil metros de altura, tranquilo a los pies de la reina de Babia, hay un pueblo con historia, con esa historia llena de intrigas, batallas, invasiones, leyendas,… historia llena de astures, romanos, cristianos y árabes…  

Sobre la misma calzada romana que se construyera muchos siglos atrás, en tiempos de Edad Media, se levanta una torre vigía militar y, en torno a ella, crece un barrio que busca su protección…  

Allá donde ahora se alza una bella iglesia de piedra coronando la colina, hubo siglos atrás un castillo amurallado, y es que corrían tiempos de Reconquista cuando las guerras acontecían sin cesar y la muerte formaba parte de una vida dura, fría y peligrosa, en la que sobrevivir era una hazaña en sí mismo…  

Remontando el tiempo siglos atrás, cuando las huestes musulmanas arrasaban la Península invadiendo territorios que jamás habían sido suyos, hubo una y mil batallas; y aconteció que, tras una derrota en contra, atacaron los islámicos con espíritu renovado, dejando tras de sí una estela de muerte y desolación cuando la caballería mora pasa a cuchillo a la población y continúa persiguiendo a los astures hasta darles alcance más al norte… las mujeres fueron llevadas como esclavas a Córdoba y vendidas como esclavas…  

Cientos de años después, lejos ya de las batallas de antaño, se descubre este rincón como pequeña patria de nobles de heredad, sin gentes de estado llano, nada de siervos y señores feudales, tan sólo dos señores: Dios y el Rey.  

En el corazón de Babia, en la falda de aquella dama enamorada, está Torrebarrio, que, hermoso como siempre, sigue viendo la historia pasar, anotando nuevas aventuras que relatar algún dia…

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Escondido en la montaña

Mi mágico León: En Cuatro Valles, en Babia, está Torrestío, en la provincia de León, muy cerca de los Lagos de Saliencia, en Asturias.

Un paraíso de tranquilidad

Tranquilidad, ¿cómo definir la tranquilidad?    

Hay muchas maneras de sentirse tranquilo, muchos sitios en los que la mente se aleja de las inquietudes que la llenan de angustia y desasosiego y se inunda de paz y meditación, una meditación serena y placentera.    

Hay muchos lugares en los que sentir el rumor del agua escabullirse en el lecho del río y el arroyo que pasan cerca, muchos lugares en los que escuchar a los pájaros cantar y al viento soplar como si tú no estuvieras ahí…    

Hay muchos rincones que las estaciones pintan de colores y adornan con mil tonalidades que cambian segundo a segundo, y que nunca te cansas de redescubrir al volver a contemplarlas y percatarte de que ya no son iguales que un instante antes… ¿han cambiado? ¿o tal vez cambiaste tú?    

Cada lugar tiene su magia, cada rincón su encanto, cada sensación su propio hechizo que te llena de sentimientos tan propios, que sabes que son patrimonio tuyo, y  por suerte, que nunca nadie te podrá arrebatar.    

A veces, la historia y la magia se confunden y nace la leyenda, leyenda como la de los enamorados que hace muy poco conocí, y que algún día contarán sin saber muy bien si era cierta o no (y yo sé que sí lo es), historia como la de la calzada romana que en la Edad Media pasó a llamarse Camino Real a Asturias.    

Tranquilidad, belleza, serenidad, historia, leyenda… y un faro convertido en reina que gobierna pacífica en el paraíso de los reyes de León.    

Un sueño, una realidad, una frontera sin límite plagada de vida, hórreos y animales y un solo pueblo: Torrestío.

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Los enamorados

Mi mágico León: Peña Ubiña en primavera, en Babia, provincia de León. Muy cerca de Asturias.

La dama reina de Babia

Hace muy poco, conocí la historia de dos enamorados…

Dos enamorados, enamorados como otros tantos, de esos que se miran a los ojos y sonríen sin pronunciar palabra alguna.

Hace muy poco soñé con los ojos abiertos, y mientras soñaba pensaba que todo está bien y que las estaciones cambian el paisaje sin cambiarlo, porque cada nueva primavera renace la esperanza en forma de plantas que alimentan el aire, alimentan a los animales, alimentan al ser humano…

Hace muy poco, conocí la historia de un amor:

Había una vez  una dama discreta y sencilla, una dama convertida en reina sin haberlo pedido, una dama hermosa y altiva, elegante y fría,… y en el silencio de su frialdad aparentemente indiferente, latía una pasión intensa… Intensa como el sol de aquella tarde en la que soñé despierta.

Había una vez una dama y había un caballero.

Un caballero a la antigua usanza, de aquellos de malla metálica y corazón de oro, de aquellos que envainan espadas para luchar contra dragones, aunque algunos digan que no existen…

Había una vez un caballero y había una dama, y ambos, desde su distanciada cercanía, no hacían más que mirarse y sonreirse, amarse, sin pronunciar palabra alguna…

Había una vez una dama y había un caballero, y eran ¡tan felices! que al mirarles tan sólo podía sentir ese anhelo que inunda los corazones de quienes esperan su turno para encontrar el paraíso.

Hace muy poco conocí al caballero de las cruzadas astures y a la reina de las leyendas milenarias, y al contemplar la magia de aquel amor, supe que, por más que pasaran años, Peña Ubiña siempre le sería fiel, y por más que pasaran años, él siempre la amaría.

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El faro leonés

Peña Ubiña y la iglesia de Torrebarrio en Babia en la zona norte de León

Peña Ubiña y la iglesia de Torrebarrio

El mar… ¡qué bonito es el mar! ¿verdad?

Ese mar lleno de vida y color que al noroeste de la península se llama Cantábrico y al oeste pasa a ser el Atlántico, y al fin y al cabo, sigue siendo la misma inmensidad llena de azul. Llena de azul y de azules, según el cielo se encapriche, con colores suaves y tranquilos o bravíos y oscuros tonos que sorprenden y atemorizan cuando la cólera de su oleaje azota una costa que no le teme a nada.

¡Qué bonito es el mar! El mar húmedo de colores turquesas, añiles, grisáceos… y el mar verde lleno de praderas, montañas y campos… León tiene mucho de éste último y algo del primero, porque el uno sin el otro difícilmente sería lo mismo…

El mar… ¡qué bonito es el mar! el mar y sus olas, y las playas y los acantilados… y los faros, que sirven como atalaya a la luz que guía los pasos de las almas que se pasean por alta mar, en busca de la tierra que les acerque de nuevo a los hogares…

¿Qué sería del mar sin la tierra? ¿y de los marineros sin los faros?

León es mágico, ¿no lo sabías? tiene tantos lugares escondidos… tiene tantos rincones llenos de magia y leyenda… tantos sitios en los que la imaginación es patrimonio de cada ser humano…

En un sitio muy cerca de las nubes, en un lugar frecuentado por reyes y pastores, en la patria de los fieles guardianes del ganado, en Babia, está Peña Ubiña, y cuenta la leyenda que los marineros se orientaban con la luz que reflejaba su cumbre nevada, desde la lejanía de la mar… y corren rumores de que puede verse desde Segovia…

La inmensa Peña Ubiña… altiva y engalanada de blanco durante tanto tiempo… y a sus pies, disimulando como si no tuvieran nada que contar, Torrebarrio y su iglesia.

Las piedras callan en el cuerpo de las montañas y en las facciones de las muros que pueblan las casas e iglesias de sus pueblos… Las piedras callan, pero de vez en cuando, mirando con cariño los pequeños detalles de su orografía, sientes que te hablan con un lenguaje sin ortografía ni gramática alguna.

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