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Verano

Mi mágico León: amapolas en Villaestrigo. El Páramo. León.

Besos florales

Verano, me gusta el verano: con sus calores durante el día y sus frescuras al final de la tarde, cuando se acerca la noche, cuando llega la noche, cuando despunta la madruga y se funde en el candor de un nuevo amanecer.

Verano, me gusta el verano, y esas canciones que hablan de bicicletas, amores, lugares lejanos y sensualidades, y es que… huelen a risas y reencuentros, a nuevos comienzos y oportunidades…

Dicen que la primavera, la sangre altera… con razón… llega el verano y unos y otros llegamos con la sangre alterada, y aunque a ratos te enfadas, te entristeces, te cansas y desencantas, luego, miras por la ventana, y a fuera está Lorenzo brillando con toda las ganas, y piensas… ¡qué calor! ¡qué ganas tenía de decir eso! ¡qué calor!

Y ahora toca lo que toca: chapuzones en el agua fresca, paseos al anochecer, noches estrelladas bajo las que tumbarse para divisar los presentes del mañana, amapolas salpicando campos dorados, besos por aquí, besos por allí… abuelos, tíos, primos… abuelas, tías, primas… y aventuras arriba y abajo, jugar a pi, a cuba libre, a… polis y cacos… ¿a qué jugamos?

No sé tú, pero yo, entre beso y beso, entre espiga y espiga, voy a jugar a encontrar novelas escondidas en las amapolas de Mi mágico León, ¿empezamos por Villaestrigo?

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Piquitos de verano

Mi mágico León: golondrinas en Besande. León

Besines de verano

El amor y el fluir de las estaciones al pasar el tiempo…

Cuando el tiempo no pasa, cuando, de alguna manera, se queda, balanceando los minutos que lo componen en las sonrisas que han quedado… porque nunca se irán.

Volar…

Como esos pájaros que recorren ese cielo tan azul, tan limpio de malas sensaciones, tan plagado de… ¿risas? No sé, tan plagado de sonrisas en mi cara, en este momento, cuando pasan las tormentas que revuelven la tierra y llenan de polvo los estantes llenos de libros y recuerdos, y luego, pasado el vendaval, sacas el plumero y descubres fotos que abren el cajón de las memorias escondidas, y empiezas a reír… ¿de verdad han pasado ya tantos días?

Yo creo que no, que fue ayer cuando comíamos quicos, maicitos, y nos reíamos llenando el aire de aromas salados y tostados, ¡como nosotras!

El cielo, ese cielo azul, y esos rizos de locuela que siguen adornando tu melena, aunque disimules, se te riza de majadería, de la alegre y divertida majadería que siempre te ha caracterizado, querida mía.

Y… me queda tanto por contarte… de mi tierra y de mis gentes, de aquella primavera y este verano tan lleno de luces y estrellas, de las golondrinas anidando en los tejados de las casas y las cigüeñas reinando en la cima de la escuela, y de la iglesia, por supuesto.

El amor y el fluir de las estaciones… y las amistades que no terminan…

¿Te cuento un secreto? A veces las emociones se toman un tiempo para descansar, para reposar, porque son tan intensas… que acaparan todo: alma, mente y corazón… y son tan adictivas… que magnetizan los extremos para que siempre se atraigan…

Más allá del cielo y la tierra, de la costa y la montaña,… más allá de pitufos y desamores, de confesiones contadas a la sombra de un atardecer… siempre has estado, como están aquellos amores que siempre me acompañan y me acompañarán…

Como la luna y las estrellas, como las carcajadas y las bobadas, como esa amistad de las buenas… pues hasta los pájaros que habitan Mi Mágico León, que merodean por Besande, acercan posturas entre la picardía, la generosidad y el cariño.

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Mirando al cielo

Mi mágico León: atardecer en Cifuentes de Rueda, León

Esperando maravillas

Anoche miraba al cielo, a un cielo cargado de estrellas, de luces blancas que a lo lejos observan los sueños e inquietudes, que iluminan los senderos de aquellas almas buenas que siempre nos acompañan.

Anoche miraba el cielo y pensaba en miradas de otros tiempos, compartiendo agua bañando flores, y volvía a sentir que el amor no tiene fecha de caducidad, que los años no lo borran, lo dejan dormido, sumido en un letargo apacible, porque el amor también se cansa de llorar, y de sufrir, pero como es de verdad, no se apaga, no se rinde, no desaparece, como el sol, como la luna, como las estrellas…

Anoche escuchaba la voz de un corazón que hablaba sin voz, desde la tristeza profunda de una soledad que hiere, y sólo deseaba abrazar esa amargura, porque sé que, en el fondo, es sólo la esperanza dolida de un alma que intenta construir un puzzle con una imagen preciosa, pero las piezas por separado confunden, desorientan, desaniman, y lograr unirlas parece imposible.

Mirando al cielo, el astro rey domina las alturas, y se me antoja increíble que en algún momento esa luz intensa pueda desaparecer, que en algún momento, ese calor sofocante vaya a diluirse en la suavidad oscura de una noche donde los sueños se hacen realidad.

Cuando la estrella del día duerma en la tranquilidad honrada de las cosas bien hechas, vendrán las luces del firmamento y dibujarán siluetas de fantasías recorriendo el infinito.

Cuando la luz incandescente se vuelva tenue y delicada, las lágrimas de San Lorenzo empezarán a hacer acto de presencia, y mirando al cielo, sabrás, entenderás, que no estás sola, que nunca estás sola, que las distancias son sólo espacio y tiempo, porque salvando esos dos obstáculos, los abrazos, las sensaciones, la piel erizada y la sonrisa en los labios, aparecen y no se van, como una imagen, como un recuerdo, como la esperanza hecha estrella que esta noche, como tantas otras, espera su oportunidad para dibujar la ruta hacia un nuevo amanecer.

Cifuentes, espera, tú sólo espera, déjate mimar y disfruta…

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