Archive for enero, 2017

Fluye

Mi mágico León: río Torío a su paso por Villaobispo, de camino a la Candamia. León.

Dejándose llevar

Fluye la vida como el agua que compone los ríos, como el viento que sopla desde las montañas, fresco y salvaje, parte de la naturaleza que alimenta los valles y los pueblos.

Fluye como las miradas cuando hay sintonía, y cuando no fluya, habrá que entender que si queda estancada, se corrompe, y si intentas frenar su caudal, rebasa cualquier muro que le pongas delante, y si se te ocurre recogerla a manos desnudas, de manera natural, se te escapa entre los dedos… Será cuestión de fluir, entonces.

Fluir, como el Torío de camino a la Candamia, a su paso por Villaobispo, como las amistades que surgen sin planearlo, como los antojos de churros con chocolate, como los amores a primera vista, que igual el amor aún no existe, pero si fluyes… no sé… igual aparece… será cuestión de darse la oportunidad, digo yo.

Fluyen los momentos a través de las tardes, y las mañanas, a través de los paseos y las labores que dan forma a tus días, y así, toman forma los sueños que pasaron a ser tangibles, dejando sitio a otros nuevos que muy pronto conquistar.

Me río, me río de las presas y la mala leche, de quienes se enfadan porque no pueden poner puertas al campo, porque los ríos no hacen demasiado caso, y de vez en cuando, campan a sus anchas.

Hay que ser bobo, para pretender que el hielo dure eternamente y la magia no ponga las cosas en su sitio, contra todo pronóstico malvado.

Hay que ser bobo, y es que… hay mucho suelto, te lo digo yo.

Pero… ¿sabes qué? No importa. Así tienes más mérito, así da más rabia, así sonríes más y mejor cuando triunfas, porque… al final, triunfas, y eso no te lo digo yo, te lo dice el agua, que al final, hace lo que ha sido llamada a hacer: fluir.

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Ilusiones en la mochila

Mi mágico León: carretera entre San Emiliano y Los Pinos. Babia.

                                   Allá vamos

Te pienso como si ya estuvieras aquí, como si ya estuviera ahí, como si lo que será ya fuera y lo que es no se fuera a ir jamás.

Te pienso como si estuviéramos construyendo el camino, cada uno por su lado, cada una con su responsabilidad, cada cual con su alegría y su entusiasmo, pero juntos, aunque a ratos haya kilómetros en el medio, ¿será para ponerle salsa a la vida? Será digo yo… si todo fuera fácil, ¿dónde estaría la gracia? También nos aburriríamos, seguro.

Te pienso tranquila y feliz, consiguiendo las metas propuestas, porque todo es cuestión de tiempo, y perseverancia, por supuesto, sin perseverancia no hay victoria.

¿Empezamos el camino? ¡Empecemos! Aunque ahora que pienso… igual hace ya rato que empezamos casi sin darnos cuenta, y echando la vista atrás… ¡Qué maravilla! ¡Cuántos momentos compartidos! ¡Cuánta vida! ¿Has visto qué paisaje?

A veces no hace falta hablar, ¿verdad? Sobre todo a primera hora de la mañana, que tiene la mente que despertar, y, con los ojos abiertos, todavía merodean en torno a ella, los pensamientos que soñaste y que a veces no recuerdas.

¿Nos vamos de excursión? ¡Vamos a celebrar la vida! ¡Venga! Llena la mochila de ilusiones y permítete conocer nuevos parajes; echa a andar y no te detengas más que para apreciar la belleza que te envuelve cuando te dejas acariciar por Babia; sigue caminando y descubre que no hace tanto frío, aunque el termómetro indique lo contrario, habrá que fiarse más de las sensaciones y menos de los números.

¿Por qué? Porque el alma solo entiende de pasiones, y en San Emiliano, camino a Los Pinos, en tu compañía, con la damisela de Albares y el peluche más feliz, las preocupaciones desaparecen y la amistad se hace inolvidable.

Inolvidable como las miradas de la gente buena.

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