Archive for agosto, 2016

Te veo

                                                           Trocitos de ti

Te veo, sin verte de una manera tangible, pero te veo, ¿quién ha dicho que el alma no puede ver? Pues así te veo yo, con los ojos del alma, y del corazón, aunque muchos no te puedan ver… 

Te siento, en el brillo de las montañas, y en esa mirada amiga, casi hermana, que tanto te echa de menos, tanto… 

Noto, sé que estás ahí, cuando una tarde de mediados de agosto, antes que las perseidas empiecen a atravesar la negritud con más fuerza que de costumbre, damos un paseo junto a la carretera, y sopla, suave, un viento cargado de caricias silenciosas, y sonrío porque te llevo dentro, y fuera, en cada poro de la piel, y me siento fuerte, y valiente, con un toque de locura, como no podía ser de otra manera, claro, contando aventuras y desventuras de una vida tan intensa, que a veces, parece mentira que sea real. 

Camino, tranquilamente, como si no faltaran horas para volver a emprender ese mismo camino que me separa y me une a ti, obviando que cada vez me cuesta más alejarme de los silencios que pueblan de tranquilidad los campos al son de las cigarras, y es que… soy tan feliz…

Caminando, escuchando la voz de un corazón, alzarse tranquila entre sinceridades escondidas y dolores atravesados, en un mundo en el que el sosiego da una tregua a las angustias y las responsabilidades, en un lugar donde siempre están confundidos los sentimientos con el paisaje, ese paisaje que riegan el Esla, el Órbigo, el Bernesga,…

Pero el Esla que desciende desde Maraña y se pasea por los dominios del señorío de Rueda… Y así Cifuentes mira desde el otro lado a Quintanas, y siguiendo la senda más transitada, más arriba, camino a las montañas, contemplando a Peñacorada, se dibujan las calles y los tejados de Cubillas.

Te veo.

Te veo, te siento, noto en el estrellado de las noches esa infinidad eterna que dibuja sonrisas hechas brillo, y mientras haya cielo, campos, luna y río, seguirá habiendo amistades y amores que pueden con la más lejana frontera, ¿verdad compañero? Verdad compañera, y Cubillas, siempre será Cubillas de Rueda,… 

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Hazañas acompañadas

Mi mágico León: castillo de Villapadierna. León.

Escudriñando ilusiones

Pasar por la carretera camino a Cistierna, y de pronto, sin esperarlo, mirando por la ventanilla, aparece la silueta de la torre de un castillo.

-“Tengo que ir”-, ir y caminar por lo que en otro tiempo fue una fortaleza inmersa en el siglo XV, y descubrir las estancias polvorientas y soleadas que a día de hoy se divisan haciendo uso de la imaginación.

Caminar por los senderos de los buenos ratos,  y encontrar esa luna brillante, callada, sonriente, contemplando tus hazañas aventureras, y aunque parezca que estás solo, no lo estás, porque siempre hay un corazón pensando en ti, cuidando de ti, con su cariño tranquilo y sincero; y a veces más de uno, o de dos, quién sabe.

Pasear ajeno a las prisas y los quehaceres cotidianos, donde solo la brisa que sopla Peñacorada te apura con esa frescura que a veces eriza la piel.

Pasear y meterte por donde nadie se mete, o casi nadie, porque siempre hay otro loco, otra loca, con la misma idea descabellada… ¿sintonía? ¿conexión? Será que las cosas no son tan difíciles como nos empeñamos en pensar, igual simplemente se trata de fluir, de dejarse llevar y salir de lo seguro para conquistar nuevos territorios.

Y mientras paseas y te planteas y replanteas lo que dudas y sabes, el astro rey empieza a retirarse hasta un nuevo amanecer; un amanecer, desde el que volver a iluminar, las tierras de Villapadierna.

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