Archive for abril, 2012

Maravillosamente desapercibido

Mi mágico León: Valverde de Curueño en León. Provincia de León.

Belleza rural

Hay lugares que enamoran porque pasan desapercibidos, porque en su sencillez, son tantas las piedras y sus formas, que se tornan parte del paisaje esculpido codo a codo entre el mismo Creador y sus criaturas, ¡qué maravilla!

Hay pequeñas patrias que salpican la geografía y las montañas, y las llenan de cabras y mastines, o de ovejas y gallinas, de gentes de labor, de iglesias pequeñas y silenciosas, tan terrenales y llenas de espiritualidad que, al contemplarlas envueltas en la humildad de la maravilla de su entorno, es imposible no creer, no sospechar, no dudar…

En algún rincón de la montaña, central, oriental… en algún lugar de la montaña leonesa, está Duna, la mastín, cuidando como siempre su rebaño.

La montaña y sus lares, con el verde moteando las escarpadas alturas, el gris denotando la dureza de su roca, el blanco salpicando las estaciones, y de entre sus pueblos sosegados, el color de Valverde, que se alza como bienaventurado por contar en sus calles con quienes caminan sus senderos y alimentan sus sonidos.

En la ribera alta del Curueño, escondido entre siluetas imponentes y bellezas majestuosas, hay un pueblo, mil historias y una infinidad de sueños que descubrir.

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Hermosa realidad

Secretos nevados

Secretos nevados

En algún lugar de las montañas, el frío se convierte en pureza e inunda un mundo lleno de paz y tranquilidad, donde la quietud y la calma forman parte de la misma realidad.

En una carretera cualquiera, de esas que permanecen calladas y solitarias la mayor parte del tiempo, hay una sensibilidad hecha naturaleza que eriza la piel cuando te detienes a contemplarla… el tiempo y sus secretos…

En cualquier lugar de la provincia de León, el cielo y la tierra confluyen en total comunión, y dan vida a los paisajes, a los escenarios idílicos que superan cualquier ficción porque son tan reales como la carcajada de un niño cuando alguien le hace cosquillas.

Se me ocurre una chimenea, y el crepitar de la lumbre consumiendo historias con sabor a madera y periódicos viejos; se me ocurren unas sopas de ajo al calor de la hoguera, y las estrellas iluminando el firmamento, en una noche de luna creciente, bella, hermosa, tan eternamente limpia…

Se me antoja que la oscuridad de la noche tiene su propia magia, con su frío, con su nieve, con sus heladas y sus sueños alumbrando los corazones, hermoso atardecer…

En algún rincón de la montaña, está Ubierzo, y a su alrededor: un mar de paisajes por el que navegar.

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Despertares

Narciso, Capilote, Campanón,... nombres que designan la misma flor en la tierra leonesa.

La hermosa realidad

La aspereza del frío se vuelve suave cuando, de entre sus escamas, surge la belleza delicada de una flor, que no se rinde ante la sorpresa helada de la nieve que llegó cuando la primavera ya se había anunciado en el hemisferio norte del planeta.

Así es la vida, tan cambiante, tan sorprendente, tan inesperadamente dura, y… de pronto, te muestra su lado más colorido, más apasionado, más… vivo. Porque la vida, a veces también se duerme.

La vida y sus paisajes, en las montañas silenciosas, en los valles callados, llenos de murmullos cargados de quietud, como las caricias de los amantes, que lo dicen todo sin pronunciar palabra…

La primavera y sus delirios, salpicando las miradas con destellos de luz, de frío y de calor, coloreando el mundo a su antojo, llenando las flores de pétalos impregnados de arcoíris, el mundo de aromas que anuncian besos, esperanzas, sueños, metas, logros, y nuevos despertares. Porque la vida, igual que se duerme, también se despierta.

La primavera ha llegado para quedarse, para demostrar, una vez más, que cuando hay ganas, cuando hay ilusión, confianza y amor, al final, todo llega, aunque se haga de rogar.

Vive, lucha, sonríe, persevera… pero sobre todo, no te rindas, como el narciso, el capilote, el campanón, la gritsandana… que a pesar del frío, renace con energía renovada en una tierra tan antigua como despierta, fuerte, viva… ¡León!

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