Archive for agosto, 2010

Mar… ¿o montaña?

Mi mágico León: Hayedo entre el Puerto de Panderrueda y el Valle de Valdeón. En la provincia de León. Turismo.

En las profundidades de la superficie

El mar… ¡qué misterioso es el mar!

El mar y el vaivén de las olas balanceando los sueños al son de las mareas, los hermosos atardeceres cubriendo de dorado las aguas que durante el día fueron azules, los peces recorriendo la humedad sin cesar…

Y si fuera una sirena o un tritón, descubriría las profundidades, encontraría peligros inesperados, y tal vez, entendería que prefiero ser humana y disfrutar del hermoso planeta en el que habito.

El Planeta Tierra, curioso nombre ¿verdad? curioso cuando en su mayoría está cubierto por agua, pero Planeta Tierra.

El mar, las aguas, la tierra… ¡y las montañas, los valles, las llanuras y los bosques!

El mar y la tierra, esta bendita tierra llena de bosques, de ríos, de lagos y lagunas, llena de campos interminables que, el sol pinta a su antojo, todas las tardes de todos los veranos… siempre…

Caminar por la vida, dejarse guiar por la intuición, sin temor a perderse, y encontrar lo que el corazón anhela… encontrar el verde de la esperanza brotar del corazón de la tierra y dar vida a los árboles y arbustos que alimentan nuestros pulmones…

Caminar por la vida, respirar profundamente y sentirse libre cuando, casi por arte de magia, te encuentras envuelto en el hechizo más placentero, el que transforma las preocupaciones y los miedos en partículas de polvo que el viento se lleva con un solo soplo…

Encontrar entre los árboles un camino, recorrerlo, escuchar sonidos indescriptibles, descubrir al sol jugando al escondite, entre las ramas de los árboles, y sentirse vivo…

¿Mar  o montaña? ¿noche o día? ¿sol o luna?

¡Todo! Porque la naturaleza está llena de magia, déjate seducir por ella, desnuda tu alma en sus manos, y cuando hayas sentido toda su plenitud, descubrirás, una vez más, que formas parte de ella, que forma parte de ti mismo.

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Todos los caminos llevan a Roma

Mi mágico Léon: calzada romana en Peña Corada. Circuito desde Cistierna. Montaña oriental leonesa. León. Turismo.

Un camino que lleva a Roma

Escucho… escucho el viento acariciar con suavidad la ribera del río Esla, y convertirse en brisa…

Una brisa que refresca los campos que se extienden enderredor; se mueven las hojas de los chopos, y parece que el paisaje y las gentes hayan sido siempre los mismos.

¡Qué tranquilidad! se respira tranquilidad… y no puedo menos que sonreír y pensar que, aquí, allí, los amores son eternos, los atardeceres inolvidables, los monumentos ancestrales y la naturaleza asombrosamente auténtica.

El antiguo Astura desciende desde muy arriba y continúa siendo tan increíblemente hermoso, que parece una pintura, pero no lo es.

El antiguo Astura, a cuya vera se han asentado pueblos desde antiguo, casi desde que la vida es vida, y si el Astura hablara…

Si el Esla hablara nos diría que es el Astura que hace dos milenios separaba cántabros de astures, y contaría, con su habitual poderío, las batallas que vio librar en las montañas que recorre, en las calzadas que oyó construir cuando la pólvora no era, siquiera, una fantasía…

El Esla habla como lo hace el viento, como lo hacen los chopos, como lo hace Peña Corada y las montañas que lo vieron nacer… todos hablan callados, conservando la historia de aquellos que poblaron sus lugares hace ya tanto, que la mente no puede recordarlo…

Y por eso están ahí, escondidos de la multitud, huidizos ante el desarraigo y la falta de respeto, ante la dejadez y la desidia, vestigios de otros tiempos que continúan apareciendo en el presente, lápidas vadinienses, pedazos de la imponente calzada romana

¿Lápidas vadinienses? Vadinienses de la mítica Vadinia…

¿Calzada romana? Construida para perdurar, para unir gentes de uno y otro lugar del Imperio, del Gran Imperio que la Antigüedad conoció…

Y ahora, no hay Imperio Romano, ni centuriones, esclavos, patricios o plebeyos… pero la calzada sigue estando ahí para unir gentes de aquí y allá, y…

¿Sabes qué? ahora une otra cosa, ahora une pasado y presente, nos une a ti y a mí con aquellos tiempos de imperios, conquistadores y conquistados, nos une con toda la historia que vemos en las películas, pero aquí, allí, en Peña Corada, la historia no es una película, no está protagonizada por actores.

En aquella hermosa montaña, las piedras que forman la antigua calzada, son las protagonistas de la historia, y todavía, si te acercas a Cistierna, descubrirás, que todos los caminos llevan a Roma.

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Viajar

Mi mágico León: Yacimiento arqueológico astur romano de Lancia en el término municipal de Villasabariego, en León. Turismo.

Los cimientos del presente

Viajar… ¿para qué viajar?

Para descubrir, para conocer, para aprender, para valorar,…

Viajar para recordar, para sorprenderse, para visitar nuevos lugares,…

¿Cuántos habrán recorrido el Camino de Santiago a lo largo de la historia? ¿Cuántos cruzarían el Océano hasta llegar al Nuevo Mundo? ¿Cuántos?

Viajar no es sólo cosa del presente, el ser humano viaja desde que el mundo es mundo, desde que las migraciones a lo largo y ancho del planeta se producen por razones diversas, y hoy en día seguimos viajando, seguimos descubriendo…

Descubrimos las olas de una playa en Costa Rica, una hermosa puesta de sol en el Cabo Sunion de Grecia, la curiosidad quechua de Tilcara en el norte argentino y las pequeñas cascadas que salpican Baños de Agua Santa en Ecuador,…

Viajamos y nos encontramos con la grandeza impresionante de las pirámides de Guiza en Egipto, con la increible Machu Picchu de Perú, con la Acrópolis y su Partenón en Atenas, con la magnitud asombrosa de la antigua Petra en Jordania,…

Todos viajamos: de aquí para allí, de allá para acá, visitamos, recorremos, y descubrimos monumentos naturales, de belleza indescriptible, que nos dejan con la boca abierta, alucinando ante tanta hermosura.

Viajamos desde el presente, llegamos a otro lugar del planeta, y nos sumergimos en las huellas del pasado, descubriendo civilizaciones antiguas y de pronto, comprendemos ¡qué hubo algo más que griegos, romanos y egipcios!

Viajamos y comprendemos que hubo fenicios, partos, medas, elamitas, mesopotamios,..

Viajamos y descubrimos que hubo edomitas, nabateos, persas, aztecas, incas y mayas; hubo celtas e íberos, hubo cántabros y astures, y todos ellos dejaron su herencia…

De los pueblos que nos precedieron heredamos astronomía, matemáticas, arquitectura, filosofía,…

De los habitantes de otros siglos heredamos medicina, historia, tradiciones e idiosincracia, y… ¿sabes qué? si no nos hubiéramos detenido a leer su herencia, tuviera la forma que tuviera, nos lo habríamos perdido.

Cuando viajamos encontramos sabiduría, potenciamos la sensibilidad y el respeto, comprendemos mejor el mundo que nos rodea y percibimos que, las diferencias, nos enriquecen y hacen mejores.

Viaja por la geografía, descubre nuevos rincones, visita nuevos lugares y aprende, tal vez así descubras porqué este continente se conoce como la Vieja Europa, y más sabe el diablo por viejo que por pellejo, ¿no? Pues a ver qué nos cuenta la ciudad astur más importante de la historia: Lancia.

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Buscando tesoros

Mi mágico León: Horno descubierto en Lancia. Yacimiento astur-romano. León.

Un tesoro desenterrado

Tesoro, voy a buscar un tesoro.

Voy a ir a una isla desierta y escarbar en la arena, cerca del agua, pero no tanto, ponerme manos a la obra y creer que puedo encontrarlo.

Voy a mirar un mapa, analizar el terreno, dejarme guiar por una brújula y trabajar mucho, sí, lo voy a hacer.

Creo que voy a Cuba, ¿o tal vez sea mejor una de las islas Fiji? ¿y si busco en Santorini? seguro que allí encuentro algo…

¿Dónde ir? Yo quiero encontrar un tesoro, algo único e irrepetible, algo que no se gaste fácilmente y que pueda compartir con el mundo entero. Quiero encontrar un tesoro que me enseñe, pero que lo haga en un idioma que podamos entender todos.

¡Uy! ¿quizá pido demasiado? ¿es mucho pedir algo perdurable, que pueda compartir con todo el mundo, que me enseñe y que sea único e irrepetible?

Dicen que si pides algo que realmente deseas, el universo se confabula para dártelo…

Déjame pensar: un tesoro duradero, único, irrepetible y docente…

¡Ya lo tengo!

¡Lo encontré! y no está en el Caribe, en Oceanía, ni en los confines del Mediterráneo…

Está aquí, en una maravillosa península al sur de Europa, en una preciosa provincia cargada de historia, sencillez y preciosidad, está en León…

Apareció un tesoro, ¡lo encontramos!…

¡Lancia!

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El milagro terrenal

Mi mágico León: en el término municipal de Villasabariego se ha encontrado el yacimiento arqueológico de la mítica Lancia astur y romana.

Un milagro terrenal

¿Quién no ha pensado nunca en hacer un árbol genealógico de su propia historia?

¿Quién no se ha entretenido con la lectura de un buen libro en el que se narran aventuras extraordinarias o vivencias tan comunes como la propia vida?

Quién no ha disfrutado de una buena película esas tardes de domingo, en las que el frío azota el exterior, y se está tan a gusto tapadito en el sofá con una mantita…

Somos curiosos por naturaleza, a todos, en mayor o menor medida nos gusta saber, sobre el pasado y el presente, algunos, hasta intentan averiguar cómo será el futuro, cuando lo que realmente tenemos es el presente, y el pasado…

Siempre me gustó saber, descubrir viejos cachivaches en el pajar y preguntar -“¿qué es?”- y escuchar la voz de mi abuela o de mi padre contármelo, y luego, mirar fijamente el objeto y comprender, imaginar cómo ha sido la vida que ha poblado con su presencia.

El tiempo pasa, las personas se van, llegan otras, y las recibimos con alegría, pero siempre anhelamos volver a encontrar a aquel ser amado que ya no podemos abrazar…

Y, a veces, en cualquier momento del día, o de la noche, te encuentras contemplando aquella bonita fotografía de aquel día, u oliendo la chaqueta que tantas veces llevó para volver a sentir el aroma de su cariño…

A veces, el día menos pensado, te encuentras a ti mismo recordando sus palabras, leyendo su letra, recorriendo sus caminos, saludando a sus amigos…

Y la vida sigue pasando, y parece que las cosas se escapan, pero… no, no se van, las personas van y vienen, y cuando marchan se llevan el cuerpo y nos dejan sus cosas, comparten con los que quedamos aquello que formó parte de su vida, y lo que entonces pudo ser insignificante, toma luego un sentido revelador y especial, tan especial que no importa si es de oro o plata, si tiene diamantes o piedras preciosas, o si no es más que barro y piedras…

Las personas se van y dejan su vida grabada en la tierra que les vio nacer y crecer, la tierra que les vio amar y sufrir, sonreír y llorar, matar y morir…

La historia avanza y, a veces, nos sorprende con hallazgos llenos de magia incomprensible, hallazgos que sorprenden y te hacen sentir especial al saber que puedes contemplar la vida del pasado en el presente, al saber que puedes contemplar, con tan solo un poco de imaginación, el paisaje que otros ojos vieron y otros pies recorrieron…

La historia avanza y, cuando muchos ya no creían en la magia, se obró el milagro, sí, aunque sea terrenal, milagro, porque después de dos milenios, en la tierra de los antiguos astures, la capital del sur sigue luchando, como lo hicieron ellos.

La historia avanza y aparece Lancia. Gijón tiene Noega y León Lancia, dos capitales y un sólo imperio…

Y… ¿sabes qué? en el fondo, las cosas no han cambiado tanto: todo se hereda, mucho territorio y muchos pueblos pequeños jalonando el terreno, ¿porqué no una gran urbe?

Porque de los astures heredamos el sistema de poblamiento denso y disperso de aldeas autosuficientes, ¿te suena?

A mí sí…

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El gran monasterio

Mi mágico León: las ruinas del gran Monasterio de San Pedro de Eslonza. León. Turismo.

Las huellas del pasado

Navegar por la historia es entender el presente, es descubrir el porqué de tantas cosas que pasan desapercibidas si no las miras con la curiosidad de un niño que pregunta constantemente “¿y por qué?”.

Al igual que las personas tenemos memoria y cuando perdemos recuerdos, nos sentimos más vulnerables y nos parece que, una parte de nuestra propia vida, se escapa en las memorias que ya no podemos recordar, la tierra también tiene memoria, también habla con sus colinas y sus ríos, con los amaneceres y la belleza infinita de la oscuridad celeste, coronada por la bella dama de la noche.

Al igual que los segundos que forman el tiempo se quedan en la piel y se entrelazan con los latidos del corazón, la historia del ser humano se construye día a día, momento a momento, con los minutos llenos de segundos que dan vida a quienes poblamos este hermoso mundo que hemos heredado.

El tiempo pasa y deja huellas hermosas, aunque algunos no las sepan apreciar, y sigue pasando el tiempo…

Y hubo un tiempo en que el nombre Eslonza llenaba de admiración y respeto la tez de quien lo oía mencionar, hubo un tiempo en que el gran monasterio reinaba en los campos y las almas, y la orden benedictina representaba el Ora et Labora que San Benito hizo famoso.

El tiempo pasa y las cosas cambian, se metamorfosean y transforman, pero no desaparecen, nunca desaparecen del todo, siempre dejan su huella, y como un recuerdo, como la foto de quien se fue y uno se pregunta si volverá a ver, dejan impresiones en el alma y el cuerpo, impresiones que el tiempo no borra…

Las personas dejan recuerdos imborrables de la mente y el corazón, los monumentos dejan su vida en las piedras, a veces, convertidas en ruinas, ¡y qué ruinas!

En el pequeño Santa Olaja de Eslonza, olvidado de la multitud que desconoce la elegancia y magnificencia de todo un señor monumento, está la grandeza singular del gran Monasterio de San Pedro de Eslonza, el segundo monasterio más grande la provincia de León tras el poderoso Monasterio de San Benito de Sahagún.

No muy lejos de allí, los monasterios de San Miguel de Escalada, Santa María de Gradefes y Santa María de Sandoval hablan de historia, de tradición, de caminar peregrino y de religión…

Cuando pases frente a unas piedras que delatan una forma casi perdida, detente y pregunta: -“¿y por qué?”- tal vez así descubras que por algo somos quienes somos y estamos donde estamos.

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A la vera del Esla

Mi mágico León: Río Esla en verano en León

El silencio, verano y agua.

Amanece un nuevo día en tierras leonesas y el frescor de la mañana se disipa con el discurrir de las horas, hasta sumergirse en el olvido cuando el astro rey corona la limpieza celeste de un cielo que dice que es verano.

Pasan las horas, avanza la tarde y nuevas caras conocidas se unen a las antiguas, y se respira la tranquilidad de la vida cuando la seriedad y las prisas de otros momentos ni siquiera se pasean por el pensamiento.

Avanza la tarde y los minutos van dejando atrás la claridad absoluta de las horas previas, y el cielo comienza a teñirse con la suave frescura de los colores púrpura, y al fondo de un paisaje salpicado de autenticidad, permanece Peña Corada convertida en testimonio mudo de un paseo a la vera del Esla.

Discurre la tarde, y en la pureza cristalina del agua, se refleja la hermosura de un paisaje tan sencillo… y sonrío al ver patos deslizarse elegantemente sobre el espejo acuático, y Peña Corada continúa al fondo…

Sonrío y… silencio…

Mosquitos, y sigo caminando río abajo, mientras una conversación agradable llena el paseo.

Silencio… las hojas de los chopos apenas se mueven, no hablan, sólo escuchan, presencian la película de algunas vidas que disfrutan de cada momento.

Cistierna, Vidanes, Modino,…

Un puente, un río, silencio,…

Un anochecer que se acerca y un mar de campos en los que surfear.

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