Archive for noviembre, 2015

Momentos personales

 

Ribera del Esla en Villacidayo. Otoño. Turismo rural. León.

Sueños de otoño

 En la vida hay momentos, y en los momentos, a veces, hay personas…

Volver a respirar profundo ese frío, no tan frío, que te roza la piel, y se mete, hasta llenar tus pulmones, y entonces, cerrar los ojos y sentirte libre… por fin… estoy aquí… caminando sobre ti… ¡bendita tierra!

Caminar lentamente, aunque los pies se queden fríos, porque cae la tarde, se acerca la noche, el otoño es el rey del paraíso por estos lares y huele tan bien… huele a río, a humedad y vida, huele a buenos ratos y magia ilustrada en un cielo que se viste de colores. 

Mirar los pequeños detalles, y aprender a reconocerte en los recuerdos de los otros, aunque no lo sepas, aunque no tengas la certeza, seguro que en algún momento merodeas por sus recuerdos, por su mente… ¿cómo negarlo? Si también ellos acuden a tu memoria y se pasean por tus pensamientos. 

Querida tierra, contigo no hay distancias ni imposibles: por ti discurre el bello Camino de Santiago, que no por largo es imposible, y cuando más se acerca al Apóstol Santo, se sumerge en el bello imperio de un felino silenciosamente pacífico, aunque más de un cazurro quiera adueñarse de su elegante misterio, pero… eso sí es imposible, pues en las almas ruines no cabe tanta grandiosidad.

Querida tierra, ¡cómo me gustas!

Me gustas porque eres bonita, porque hasta el olor a abono me recuerda que una parte de mi alma ya está en casa, y ver un halcón, guardando el equilibrio sobre un cable entre poste y poste, me sigue haciendo sonreír. 

Me gustas porque no te rindes, porque a pesar del duro y bello invierno, siempre, siempre, te espera una primavera espectacular, y un verano sobre el que divisar estrellas, y un otoño sobre el que soñar imposibles que un día fueron posibles, y… ¿quién sabe? igual algún día sean posibles… seguro que tú lo sabes, ¿me lo cuentas?

Querida tierra mía, formas parte de mí… ¿será por eso que creo en los sueños? ¿será por eso que sigo sonriendo por mil heladas que caigan?

Y mientras espero alguna respuesta que ya sé, y otras que no sé… sigo disfrutando de la compañía mientras recorro tus senderos… en mi querido Cifuentes, el del puerto y las vacas, aunque no haya mares salados en sus tierras, ni boñigas en sus calles… en mi querido Villacidayo, el de las mantecadas, los bizcochos, y los anocheceres con sabor a gloria…

Porque contigo en el corazón, todo es posible, mi querido y mágico León… 

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Río de otoño

Mi mágico León: río Esla a su paso por Villacidayo, a su paso por Cavite. León. Turismo rural.

Cosas de río

Había una vez un río, que descendía de las montañas, y entre sus aguas frescas y caudalosas, surfeaba la magia de la vida, que poco a poco, fue salpicando sus orillas.

Había una vez un río, que se paseaba por su ribera, y a lado y lado, se fueron dibujando pueblos, allá donde la Edad Media casi pierde su memoria.

Y aparecieron Vidanes y Modino, Santibánez y Cubillas, de Rueda, por supuesto; Carbajal, Villacidayo y Villanófar, Sahechores, Gradefes, y más allá, Quintanas y Cifuentes, donde los ángeles van al cielo y las puestas de sol son eternas

Había una vez un río que habitaban truchas y cangrejos, sí cangrejos, de los de siempre; y truchas, sí, de las que se comían los trocines de jabón que escapaban a las mujeres cuando iban a lavar a la poza; y hasta los mozos, en verano, se bañaban en él, y las mozas… pocas veces las mozas fueron hasta él, si acaso alguna vez, pocas, ninguna tal vez, pero hubo una vez un río…

Esla se llamaba, y era tan mágico, que su ribera se llenaba de humo escapando de las chimeneas, y de esculturas heladas cuando el rocío se había convertido en escarcha.

Había una vez un río, y lo hay; y a su vera los colores acentúan sus tonalidades, toman conciencia la esperanza y la alegría, y se difuminan las preocupaciones.

Porque colores hay muchos, pueblos, también, pero aquel que enamora tus emociones, aquel que relaja tus sentidos y te acoge una mil veces, solo tiene el nombre que tú le quieras dar… Te regalo un montón de ellos en el bello y mágico León, donde el otoño encandila sus trocitos y los llena de delirios coloridos.

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Atardeceres

Mi mágico León atardecer en tierras de Villacidayo. Ribera del río Esla. Turismo rural. León.

Cordura serena

El cielo se tiñe de colores mientras la tierra, colorida en sí misma, se mantiene firme a sus convicciones y realidades, más allá de los sueños volátiles que se esfuman, con tanta rapidez como vuelven a aparecer, para iluminar un nuevo día, más allá de la noche, que tiñó el firmamento con su inmensa negritud salpicada de claridades. Hay realidades que se aferran al mundo con tanta fuerza, que el verde se impone al frío que no se ve, y la humedad puebla el ambiente, encarnándose en esa niebla que, a veces, dibuja pensamientos en el aroma de la tarde. Cuando traes la cabeza cargada de inquietudes, cuando algunos recuerdos molestan, porque en ellos reside la certeza de la maldad y el egoísmo humano, hace bien caminar, y sentir la paz fría y serena que gobierna los campos y las montañas, que a lo lejos, contempla una civilización que se ha vuelto loca, ¿o tal vez siempre lo estuvo? Cuando estás ocupado entre pensamientos que endurecen el semblante, entre deseos, que no sabes si deseas, y malos humores que quieres aniquilar… olvida las prisas y saborea lo sencillo, inspira la más bella de las sinceridades que hay en ti, y entonces, descúbrete paseando por tu pueblo, o por ese pueblo amigo que no te pertenece, aunque, de alguna manera, también sea tuyo. Porque los amores, libres son, los arraigos, también, y a la orilla del Esla, entre Carbajal y Villanófar, sigue estando Villacidayo, el de las estrellas fugaces y las bienvenidas con sabor a cariño, el lugar donde los dulces saben a Gloria, y los sueños, a besos entregados.

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Magia de pueblo

Mi mágico León atardecer de otoño en Villacidayo, León.

Paz leonesa

Caminar por tierras del Esla y sentirse segura a la vez que triste, y a la vez, notar cómo el miedo está latente en un corazón, acongojado ante el sin sentido y el odio de quien no conoce la profundidad de la palabra empatía.

Recorrer senderos cargados del frío de una noche limpia y bella que se acerca a los pueblos, y en breve, le toca a Villacidayo, tan sencillo, tan pacífico, tan lleno de buenas vibraciones, de recuerdos con aromas a bizcochos y mantecadas, de abrazos que curan almas, y arraigos que se aferran más allá de las distancias y las ausencias.

Caminar y hablar, hablar mucho, sin teléfono de por medio, notando cómo la frescura del ambiente se regocija en el calor de tus mejillas ilusionadas, donde la pena también se dibuja en el sentir del alma sobre la piel.

Lo siento, siento en los más profundo de mi ser, que haya corazones helados incapaces de respirar serenidad y buenas sensaciones, y solo se me ocurre seguir caminando, porque es lo que hay que hacer, porque el mundo está lleno de rincones maravillosos, y huele tan bien…

Caminar, por los caminos junto al río, divisar a las vacas volver lentamente a su cuadra, con sus andares pacíficos y tranquilos, como si el tiempo no fuera con ellas, habrá que aprender de su calma y perspectiva…

Porque la vida de los pueblos tiene una magia escondida en lo que se percibe, en lo que, aparentemente, no se ve, y se disfruta tanto…

Villacidayo, la villa de los caminos que llevan al cariño que no se agota, ¿será eterno? Como la magia que inunda, el cielo pintado de atardeceres, cuando la noche se acerca.

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Vive

Mi mágico León: puerta en la Vid de Gordón. Montaña central leonesa. León.

Otra dimensión

Vive la vida como si todo fuera un regalo, como si las cosas buenas duraran para siempre, como si lo malo se extinguiera muy pronto, como si pudieras respirar aire puro y sonreír sin demasiado esfuerzo…

Caminar por el mundo descubriendo bosques donde se esconde la magia de los colores, inspirar profundamente llenando de magia los pulmones y sentirte más tranquilo, más tranquila, ¿lo ves? si al final, hasta la hora más larga, tiene sesenta minutos.

A veces, el mundo pesa, pesan los techos que amenazan con abalanzarse sobre tu cabeza, las preocupaciones y los malos humos, ¿será que se regala intolerancia por ahí?

A veces, una espesa niebla se coloca entre nosotros y cuesta ver más allá, sentir el calor de ese humano que tan cerca está de ti, ¿será que tiene el corazón frío? Tal vez… ¿y el tuyo? ¿cómo late el tuyo?

En las entrañas de la Tierra que a todos nos vio nacer, late el ardor de un corazón tan inmenso como arrollador, pintado de naranjas anaranjados, de rojos explosivos, de ríos de lava que en algún lugar desembocan, y forman montes y montañas subacuáticos, y en algún momento, todo lo mueven, y aparecen cordilleras, laderas y valles en los que, un día, creció un pueblo, y otro, y otro más…

En el interior de las montañas leonesas, en la zona de Gordón, cuenta la leyenda, que hubo una vez una bruja… y me pregunto si el hechizo quedó en Ciñera en forma de carbón, o se ha extendido más allá…

Es tan bonito… como un sueño en primavera, como un paseo en otoño, por los valles repletos de fantasías, por los montes repletos de bosques, cargados de hojas, pintadas de colores, de los tonos que duermen en el corazón del planeta que habitamos, y…

A veces, vives caminando, y tras una puerta inesperada, se abre una amalgama de posibilidades que van a arrancarte otras tantas sonrisas.

Marcho, no voy a tardar nada, marcho a rellenar el alma de buenas sensaciones, a escuchar el viento cantar entre las hojas que están por caer, a cosechar sonrisas y miradas iluminadas.

Iluminadas, miradas iluminadas ante la visión de un nuevo destino en los rincones de la Vid de Gordón. Próxima parada: Alegría.

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