Archive for En la Montaña Oriental Leonesa

Pensamientos revoltosos

Mi mágico León: cascada Los Forfogones, Cofiñal. León.

Travesuras acuáticas

La fuerza de un pensamiento que mueve el mundo, creo que no hay mejor definición: el mundo.

Un mundo que está esperando a ser modelado según las expectativas que pongas en él, y las sonrisas y las determinaciones, a veces serias, a veces distraídas, a veces sonrientes envueltas en abrazos,…

El mundo y multitud de gotas reunidas en caudales formando lagos, ríos, mares y arroyos, deslizándose por las sinuosidades que recorren los montes y los rincones, dejándote soñar un rato, y aunque luego tengas que despertar y darte de bruces contra una realidad que no siempre es lo que deseas, al final, el sueño es un soplo de aire fresco que te llena de ilusiones y esperanzas, que te permite mirarte al espejo y descubrir de nuevo la sensualidad de tus labios rosados, y la mirada profundamente inocente y limpia, que, a ratos, juega a ser pícara y divertida, aunque la realidad siga ahí fuera.

El mundo y la frescura trepidante de la travesura alegre de los Forfogones, junto a Cofiñal, y los pensamientos convulsos revolviéndose entre las corrientes que descienden de las montañas, y entre líquenes, musgos y árboles, se pasean las ninfas a escondidas, sonriendo mientras un pequeño arco iris, aparece a los pies de la cascada.

Pensamientos que recorren la mente una y otra vez, revoltosos, ¿será posible que no puedan quedarse quietos? Y no sé, parece que no son demasiado obedientes a la voluntad, porque, a ratos, vuelves a pillarles con las manos en la masa, despistados, en los rápidos de Los Forfogones.

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Llegó

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Cuentos

Panorámica desde Prioro, Montaña Oriental leonesa. León. España

Maravillosa realidad

Te voy a contar un cuento, de esos que te hacen volar, soñar, como si todo fuera posible… porque lo es, ¿no lo sabías?

Hasta lo que no parece posible, lo es, hasta el infinito de las eternas noches estrelladas, desaparece para dejar paso al astro rey, pintando el cielo de emociones bañadas en esa música que no se toca, que acaricia las cuerdas del alma, pero no se ve,… aunque se siente… ¿será posible? Lo es… y lo sabes.

Lo sabes más allá de los números, y las letras que completan informes, y alegatos cargados de razones, de objetividades y resultados… prefiero los cuentos.

Había una vez una oruga que decidió convertirse en mariposa, había una vez un amanecer, que consiguió convertirse en atardecer… y era tan bello, tanto, que las montañas quedaron prendadas de la luz que ilumina la sinfonía de la mañana, la melodía del ocaso acariciando la silueta de su cuerpo, elegantemente esculpido, entre sueños y fantasías.

Te voy a contar un cuento, el de una niña que conoció a otra niña, ¿o fue un niño que conoció a otro niño? Mmmm… Te voy a contar la historia de las bobadas que dan forma a las risas, y las risas a las confidencias, y las confidencias a las amistades… y pasan los días, y comes pipas y kikos, maicitos, dirían algunos, y te vuelves a reír, ¿será que el alma buena no cambia?

(Te voy a contar un secreto: yo creo que eso no es un cuento, y que los dragones siempre serán dragones, las mazmorras, siempre serán lúgubres, a menos que las conviertas en escondrijo de piratas escondidos, y las brujas siempre serán brujas. Eso sí, de eso no me cabe la menor duda).

Te voy a contar el cuento de la mirada perdida en el horizonte, donde los sueños alzan el vuelo, y los anhelos se difuminan en el dorado etéreo de fantasía hecha paisaje…

Y entre cuento y cuento, vamos a recorrer senderos cubiertos de hojas, para que los ogros no los encuentren; bosques verdes y alegres, llenos de setas, pájaros, caracoles,… ¿dónde estarán los gnomos? No hay quién les pille.

Magia… cuentos, leyendas, estrellas y pasiones encendidas… como el mismo sol.

Magia… como dos miradas que se encuentran, como la libertad de recorrer el mundo sabiéndote dueño de tu destino…

Marcho en busca de la magia, ¿me acompañas?

Magia, como tú y yo, descubriendo un lugar donde la vejez juega al escondite, y la juventud se hace eterna, como el olor a tierra mojada, como el aroma que baña, salvaje, las mañanas salpicadas de rocío, en la tierra leonesa.

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Piquitos de verano

Mi mágico León: golondrinas en Besande. León

Besines de verano

El amor y el fluir de las estaciones al pasar el tiempo…

Cuando el tiempo no pasa, cuando, de alguna manera, se queda, balanceando los minutos que lo componen en las sonrisas que han quedado… porque nunca se irán.

Volar…

Como esos pájaros que recorren ese cielo tan azul, tan limpio de malas sensaciones, tan plagado de… ¿risas? No sé, tan plagado de sonrisas en mi cara, en este momento, cuando pasan las tormentas que revuelven la tierra y llenan de polvo los estantes llenos de libros y recuerdos, y luego, pasado el vendaval, sacas el plumero y descubres fotos que abren el cajón de las memorias escondidas, y empiezas a reír… ¿de verdad han pasado ya tantos días?

Yo creo que no, que fue ayer cuando comíamos quicos, maicitos, y nos reíamos llenando el aire de aromas salados y tostados, ¡como nosotras!

El cielo, ese cielo azul, y esos rizos de locuela que siguen adornando tu melena, aunque disimules, se te riza de majadería, de la alegre y divertida majadería que siempre te ha caracterizado, querida mía.

Y… me queda tanto por contarte… de mi tierra y de mis gentes, de aquella primavera y este verano tan lleno de luces y estrellas, de las golondrinas anidando en los tejados de las casas y las cigüeñas reinando en la cima de la escuela, y de la iglesia, por supuesto.

El amor y el fluir de las estaciones… y las amistades que no terminan…

¿Te cuento un secreto? A veces las emociones se toman un tiempo para descansar, para reposar, porque son tan intensas… que acaparan todo: alma, mente y corazón… y son tan adictivas… que magnetizan los extremos para que siempre se atraigan…

Más allá del cielo y la tierra, de la costa y la montaña,… más allá de pitufos y desamores, de confesiones contadas a la sombra de un atardecer… siempre has estado, como están aquellos amores que siempre me acompañan y me acompañarán…

Como la luna y las estrellas, como las carcajadas y las bobadas, como esa amistad de las buenas… pues hasta los pájaros que habitan Mi Mágico León, que merodean por Besande, acercan posturas entre la picardía, la generosidad y el cariño.

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Primavera primaveral

Mi mágico León: llega la primavera a la provincia leonesa.

Prefiero recorrerte

Nieves, montañas y ríos, despertando a un calor que ya empieza a asomar en el amanecer de los días, cuando los sueños se desperezan y la alegría revolotea en los corazones.

Besos, caricias y miradas, y los recuerdos se agolpan en la mente, se agrupan en el corazón y salen despedidos por las comisuras de estos ojos que tanto conoces, ¿verdad?

Hoy me ha vuelto a sorprender la firmeza de los latidos de tu corazón, marcando el ritmo de un amor, a punto de rodearme entre sus brazos, para fusionar las almas, nuestras almas.

Paisajes, atardeceres y campos, y la silueta de un cariño que no desaparece con el paso de los años sobre la piel… y la mirada sigue siendo la misma que ha clavado el brillo de su inocencia en la tuya, como hacen las estrellas en la oscuridad de la noche, brillando más allá del nuevo día, porque siempre, siempre, está el chispazo de aquel amor.

Estrellas, paseos y olores, y el dibujo de un camino que todavía está por trazar, por definir siguiendo la estela que han dejado las enseñanzas y los refranes, las mariposas y el viento que mueve las hojas de los árboles,… ¿y cómo olvidarme de ti si formas parte de mí?

Mi querido y mágico León, en tus lares moran mis anhelos, mis “te quiero” más profundos, mis libertades y fantasías, mi más añorado abrazo…

Mi querido y mágico León, me persigue un juramento de amor encendido, me acompaña el corazón en la boca del estómago subiendo por la garganta; y entonces, cuando menos lo espero, se intuye el aroma de una primavera que llega llena de sorpresas.

Sorpresas… recorriendo los sentidos, la lluvia sobre la hierba y los caracoles justo después; y parece que el trinar de los pájaros nunca va a callar, y la sonrisa dibuja carcajadas, y ya no lloro, aunque desee con todo el alma estrecharte entre mis brazos.

No lloro porque no cabes entre ellos, porque tu belleza es tan grande, tus paisajes tan eternos, tus aromas tan intensos y nuestra complicidad tan infinita, que prefiero recorrerte llena de alegría, y recordar una y mil veces que para decírtelo, no hace falta palabras: mírame a los ojos y leerás te quiero, León.

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Suavidad

Mi mágico León: invierno en León. España.

Amor indómito

Con la suavidad de una melodía que se escapa de entre unos labios, con la delicadeza de unos dedos acariciando los acordes de una canción, con dulzura, con emoción, recorre la ternura de los recuerdos, la voz concentrada y serena de un corazón amable.

Como los copos de nieve deslizándose desde las alturas, como la seguridad feliz que da la perspectiva del tiempo, como la luna y las estrellas, se dibuja la memoria de los buenos momentos, donde la sonrisa aparece en lo profundo del sentimiento y los instantes se repiten hasta el infinito, y ya no hay final…

Más allá del mar y las distancias, más allá de los aviones y las fotografías, en algún lugar, huele a Teleno, y el verano y el invierno abrillantan la superficie de la tierra con colores brillantes llenos de emociones, donde las estrellas brillan con especial fulgor para hacer cumplir los sueños, y aparecen caballeros andantes entre montañas y ríos.

Como el paso de las estaciones llenando el mundo de maravilla, como ese cariño que nunca se va porque es del bueno, como tú y como yo, como la nieve despojando al mundo de sus pesares antiguos, y desnudando suavemente la pasión encarnada en la silueta de la tierra, así, de la misma manera, la tierra leonesa se muestra espléndida en cada una de sus facetas: en primavera, con el intenso verde de sus prados; en verano, con el alegre cantar de sus sonidos; en otoño, y una hoguera de colores adornando los montes…. en invierno y la magia blanca de su fría ternura.

Con la suavidad de una melodía que se escapa de entre unos labios, con la delicadeza de unos dedos acariciando los acordes de una canción, con dulzura, con emoción, recorre la nieve la silueta de la bella dama de las montañas y los valles, del caballero amable de las noches serenas, del cielo y la tierra, del acá y el allá, del ayer, el hoy y el mañana…

Con la delicada melodía de una sonrisa, dibuja la vida, la magia de León.

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Más allá

Mi mágico León: Riaño. Montaña oriental leonesa.

Horizonte infinito

Allá donde las montañas llegan a su fin, donde el horizonte se dibuja en el alma de los que todavía sueñan, se adivina la locura infinita del amor más sincero, más alegre, lleno de risas y de miradas profundas, de promesas que quedaron suspendidas en el aire, más allá de los momentos que marcó el tiempo…

Allá donde las alturas conforman el paisaje de quienes no se rinden, la atmósfera huele a sonrisas y a triunfos por llegar, a esperanzas tejidas en las ideas, en los planes por cumplir, en las sorpresas por llegar, por disfrutar, por compartir…

Y donde menos lo esperas, aparece la magnitud maravillosa de la piedra encarnada en monumento, en naturaleza viva y salvaje, como tú, como yo, como la pasión de quien no teme al presente, ni al futuro, como la fortaleza anclada en los principios que hacen de un hombre el hombre que es.

Se me antoja saborear el frescor de la mañana despertando en tierras de Riaño, donde el llanto convertido en recuerdo, sobrevive más allá de las dulzuras que pueblan las sonrisas de los niños.

Riaño, el Gilbo, el agua y el pueblo, las gentes y las vivencias, las palabras que no volaron con el tiempo, que no se deshicieron con el paso de los días, que se escondieron en las miradas de aquellas almas que un día las pronunciaron, con la sabiduría sensata, de quien desvela lo que el corazón siente.

Riaño y sus amores, y las montañas que adornan su linaje, la naturaleza y el canto de los pájaros… la belleza cristalina de las emociones clavadas en el alma,… la belleza de las almas que nunca se irán, de los momentos que siempre quedarán, de los amores que siempre estarán, porque supieron estar, porque quisieron estar, porque engarzados en la textura efímera del corazón, quedarán anclados en la suavidad indescriptible de los amaneceres y las puestas de sol, donde siempre, siempre, estaremos los dos.

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