Archive for marzo, 2011

Invitada de honor

Mi mágico León: Valle de Valverde en Abelgas, en el Valle de Luna. León. Turismo rural.

Las huellas de la dama

En algún lugar de la realidad, alejado de la polución y el ruido que atormentan al alma, hay un reino lleno de sueños, de estampas fantasiosas que la naturaleza esculpe con la mayor de las dulzuras, con esa frescura colorida que llena de buenas sensaciones.

En algún lugar de la realidad, se hospeda la dama de las flores, con su séquito de tonalidades, donde las vibraciones toman forma visual y se iluminan los paisajes en los que soñar… ¡es tan fácil!

Y se mezcla la curiosidad con la belleza, y la historia es poesía escrita con cincel y ternura, ¿cómo si no?

Un mar de verdes praderas, salpicadas de juventud eterna en cada capullo que se abre al nuevo día, a la nueva luz.

Un universo de montañas conservando la sabiduria ancestral que da la nieve…

Y una invitada de honor, en León: la primavera.

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Me gustas

Mi mágico León: flores en primavera, en la sierra del Teleno, en Filiel, León.

Sensaciones indescriptibles

“Me gustas cuando callas porque estás como ausente…” le pido prestada esta frase a Neruda para hablar de ti…

Porque me encanta descubrirte en tus silencios rasgados de frescura, donde la sonrisa no deja de asomar en tu rostro y la sorpresa de asomar en mis ojos.

¡Eres tan… enigmática!

Quisiera describirte, pero sólo consigo reír con tus juegos divertidos, mientras intento pillar tus maniobras y tú te ocultas tras los árboles, dibujando paisajes llenos de arco iris.

Tú, y solamente tú, alteras la sangre risueña que recorre las venas de los que se niegan a dejar de ser niños, de los que siguen deshojando margaritas, aunque sepan que ¡sí quiere!

Me encanta tenerte ahí, saber que vienes a verme por vacaciones, y, aunque el resto del año no te pueda ver, tú siempre vuelves, una y otra vez, año tras año, así que en el fondo, nunca te vas, siempre estás presente, en mi mente, en mi corazón, en mi vida…

Primavera…

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Algo tendrá el agua

Mi mágico León: La foto está tomada a la entrada de la cascada de Nocedo, con filtros, para resaltar los colores. León. Turismo rural y natural. Una belleza singular.

El preludio de un gran salto

Algo tendrá el agua cuando la bendicen, ¿qué tendrá?

Tiene hidrógeno y oxígeno, ¿y ya? no sé, se me ocurre sentir que tiene algo más, es como… estar enamorado.

Es atracción, simpatía, es… es algo más que no se puede definir de manera exacta.

El agua, como el amor, se escurre por las rendijas, recorre su propio cauce, aumenta el caudal de algún río, de vez en cuando, y sorprende con maravillosos regalos cargados de emociones.

El agua, como el amor… con esa diversidad de colores pintando de sensaciones el paisaje, el de dentro y el de fuera, y los abrazos, los besos, y esas miradas tan llenas de… intensidad…

Y una gota, un charco, un río, una cascada… en la montaña, en Nocedo

Esperando dar el gran salto, el de la catarata… Agua, fresca, brillante, bella, elegante… como el amor, como el Curueño, como León.

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Descubriéndote

Mi mágico León: vidriera en la catedral de León. Ciudad de León. León. Turismo cultural.

La luz que inunda el interior

Si tuviera que definir León en una sola palabra… ¿cuál eligiría?

Si tuviera que definir León en una sola palabra me perdería en infinidad de connotaciones con las que llenar de pinceladas la estampa que exprese tal amalgama de sensaciones, colores y razones.

Si tuviera que explicarte lo que es León, no lo haría, creo que no hay mejor explicación que un vuelco en el estómago al descubrir una pequeña cascada donde menos la esperas.

¿Cómo explicar algo tan especial? Es especial como ese arco iris que cruza el cielo tras unas gotas de lluvia, y que, aunque haga frío, te hace sentir un calorcillo especial, te hace sonreír… al menos por dentro, ¡no lo niegues que no me lo creo!

Una sola palabra, sólo una: tradición, historia, sorpresas, silencios…

La piel de gallina…

Tu mirada, mi mirada… aquello que sólo compartes con la otra mirada, y no hacen falta palabras, ni compromisos sellados,… una estrella cruzando un firmamento estrellado.

Un paseo por un atardecer, una mañana descubriendo la luz en el interior…

Magia…

Dicen que las catedrales se hicieron tan inmensas para recordar la grandeza de un Dios repleto de Amor, Justicia y Perdón, y al contemplar la belleza, precisión y el esmero de tan excelsa obra de arte y devoción, no es difícil desear descubrir cada uno de sus rincones, poco a poco…

Descubrir recorriendo el Camino de Santiago, con destino a la tumba del Apóstol Santo…

Descubrir en silencio, despacio, como se deshoja una margarita,… descubrir los magníficos detalles de cada pétalo, de cada vidriera, descubrir la joya del gótico: La Pulchra Leonina.

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Pensando en ti

Mi mágico León: arco iris en Las Salas, pueblo de la montaña oriental leonesa. León. Turismo rural.

Al final del arco iris estás tú

Estoy pensando en ti como se piensan las ilusiones, con una sonrisa apostada en la cara y la mirada buscando el infinito; aunque en este momento no vea más allá de estas líneas, estoy viendo, te estoy viendo…

Veo tu mirada aquella mañana en la que desperté y estabas allí, fuera, llenando mi mundo de color, de humedades y susurros…

Estoy pensando en ti con ese deseo, casi irrefrenable, que obliga a sonreír, tanto, que al final me pregunto ¿por qué te querré tanto?

Y descubro una y otra vez que la primavera la sangre altera, que las estrellas contigo tienen otro aroma; que las tardes contigo, otro color; que las flores contigo aparecen por doquier, que…

Será que la montaña aglutina una fresca diversidad cuando oye tus pasos acercarse…

Será que los llanos despiertan llenos de esperanza cuando respiran la alegría de tu carisma…

Será que los cielos tienen otro color cuando escuchan el rumor de tu voz aproximarse…

Será que en la antesala del paraíso, el mejor lugar para tocar el vigor de la vida es aquel que aglutina sensaciones, en la montaña oriental, en Las Salas, donde los arco iris irrumpen en el cielo: ¡anunciando la primavera!

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Tan divino

Mi mágico León: Pico Pedroso y las montañas de Luna y Babia. Al norte de la provincia de León. León. Turismo.

Contemplando el paraíso

Quiero escapar del ruido, lanzarme a la aventura y descubrir nuevos rincones.

Quiero sentir el frío seco y limpio, sin malos humos ni contaminaciones, con la pureza más blanca que pueda encontrarse sobre la faz de la tierra, y descubrir…

Descubrir montañas interminables donde los valles, las laderas y las cumbres formen un mar de interminable tranquilidad, remansos de paz envueltos en paz y silencio, aquel silencio cargado de vida en el que se adivina el crujir de las ramas bajo un manto de nieve, el aullido de un lobo en la lejanía o el suave aleteo de algún ave que permanece en su hogar, aunque el frío invite a emigrar.

Sentirme cerca del cielo, tan cerca del cielo como de la tierra, sentir el alma hetérea que llevo dentro y contemplar la belleza sublime del mundo terrenal que se extiende a mis pies, tan corpóreo, tan real, tan divino…

Quiero estar en la Luna, estar en Babia y saber que, aunque muchos no lo intuyan, todo eso es posible en un lugar: León.

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La silueta

Mi mágico León: castillo de Villapadierna en León. A los pies de la montaña oriental leonesa. León. Turismo rural y cultural.

Entre la nieve y la historia

Caminar por las calles, entre la gente, junto a multitud de cabezas pensantes, cada cual en su mundo, ajena al de los otros…

Gentes de diferentes alturas y tamaños, colores de piel, texturas, de ojos tristes y alegres, de tonos grises y azules, otros intensos y profundos, negros, marrones, verde oliva, como la tierra, como la miel, como la esperanza, como la historia.

Gentes, presentes y futuros diferentes, y quien sabe si un pasado similar, quizá compartido, quizá el mismo…

Desde cualquier ciudad a orillas del Mediterráneo, desde cualquier lugar bañado por el Atlántico, aunque se llame Cantábrico, desde el sitio más alejado de la Tierra, escondido en un presente teñido de razas, acentos, idiomas, colores y realidades diferentes, puede que haya la silueta de un castillo que, en algún momento, marcó su historia, la historia de quienes la vida ha ido diseminando por los más recónditos lugares del planeta…

Un siglo, dos, tres… generación tras generación, remontando el tiempo hasta la Baja Edad Media, encontramos una Europa muy distinta de la que se dibuja en la actualidad, poblada de hambrunas, de pestes, de sombras y algunas luces, de opulencia y abismales diferencias sociales, de palacios, castillos, chozas y cuevas…

Remontando los años contra el reloj, las piedras vuelven a alzarse y dibujar la silueta de un paisaje donde siervos y señores dominaban y eran dominados, donde la vida resultaba áspera, y fría, donde las clases nobles decidían sobre el destino de seres inocentes firmando su condena en forma de matrimonio, por o contra el deseo de los contrayentes, el matrimonio no era una opción, en todo caso, una obligación.

Una vida áspera y fría, difícilmente dulce, suave, tierna, pero, aunque difícil, también tierna, y amable, seguro que en alguna alcoba sencilla, las noches de pasión encendían el calor que la nieve negaba en el exterior, y los besos recorrían cada milímetro de piel, donde los labios se confunden con el amor…

Corría pleno siglo XV cuando Fabrice Enríquez, Almirante de Castilla, recibe Villapadierna de manos del rey Juan II y construye un castillo que pasaría al primer Duque de Alba por matrimonio con la hija del Almirante.

Un castillo gótico, en la hermosa ribera del caudaloso Esla, el Astura de los antiguos astures, de la legendaria Vadinia que el olvido no ha podido sepultar…

Un castillo a los pies de la montaña oriental, con su planta cuadrada, con su torre central y su muralla, adornado por los nidos de cigüeña que, en otros tiempos, no osaban acercarse a sus almenas. Un castillo con su foso lleno de agua, del Esla, ¿de dónde si no? Un auténtico castillo de novela, de leyendas y fantasías,… pero es real.

Y en tiempos lejanos, tras el castillo hubo una herrería: espadas, cuchillos, cascos para los caballos,… donde el hierro teñía su cuerpo de naranja incandescente, y de pronto, el agua terminaba la obra del maestro del metal.

Una brisa suave me despierta de una ensoñación fantástica y me trae de nuevo a esta curiosa realidad, increíble y absolutamente inconcebible para aquellos que moraron tiempos pasados, para aquellos que vivieron en el Castillo de Villapadierna, trabajaron en la herrería, o cultivaron sus campos y pescaron en el caudaloso Esla.

Una brisa suave me despierta y siento cierta melancolía, ¿cómo no? por ver el castillo sin siervos ni señores.

Ya no hay Cruzadas, ni Reconquista, pero hay Camino de Santiago, hay historia y silueta, la de un castillo y una Villa, la hermosa y sencilla Villapadierna, donde, como en aquel entonces, en la sencillez de sus campos se dibuja el perfil, el alma y el cuerpo de un monumento: el Castillo de Villapadierna.

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