Archive for noviembre, 2013

Copo a copo

Mi mágico León: inmediaciones del Puerto de Panderrueda a finales de noviembre. León. Turismo de nieve. Paisaje espectacular.

Caricias de nieve

Poco a poco, con la suavidad de una pluma al deslizarse sobre la piel, cae la nieve, copo a copo, lentamente, cubriendo el paisaje, los sueños, los recuerdos, con el dulce frío de un aroma cargado de emociones…

Sensaciones intensas que huelen a tardes junto a la lumbre, en la cocina, en el pueblo, a charlas de cosas de antes, con el murmullo sordo del televisor de fondo, y el peso del día cayendo sobre los cuerpos…

El blanco inunda con su magia navideña una estación que no le corresponde, y entonces, desde el corazón de las alturas celestiales, resurge una fuerza dormida en el corazón de la tierra, y así, se unen el más allá con el más acá, y todo adquiere una nueva dimensión, entre el frío y la expectación, entre estampas extraídas de cuentos de hadas que en algún momento se hicieron realidad, o se me antoja pensar que siempre fueron reales y a algún incauto se le ocurrió pensar que eran una ensoñación fantasiosa…

Y mirando allí, a lo lejos, se dibuja el Puerto de Panderrueda, y lo imposible se torna posible, y ya no hay miedo, solo alegría y buenas ideas, ilusiones que se funden en la nieve y se hacen parte de ella, y entonces, cuando esa misma nieve lo ha cubierto todo, la realidad se impone, la verdad sale a la luz, y la pureza de las cosas bellas brilla por sí misma.

Ha nevado, una vez más ha nevado, como antes, como ahora, como siempre… ha nevado y los dominios de León han vuelto a vestirse de gala con su vestido blanco, y las personas han vuelto a descubrir que el tesón y la perseverancia pintan el paisaje más agreste, con la suavidad más delicada.

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Señales

Mi mágico León: perdices en Boñar. Montaña leonesa. Turismo rural.

La señal de un amor

Una señal, la señal de que estás aquí, de que nunca te has ido, de que nunca te irás…

Los campos leoneses y su extensión, inmensa, eterna, con esas puestas de sol que enmudecen las ilusiones al son de los recuerdos, al son de los amores, al son de esa intensidad que brota de lo profundo, que brota de la humanidad más encarnada en la verdad y la pasión.

Todavía conservo el cofre que guardaba mis secretos, ¿recuerdas? los guardaba y los guarda, con el mayor de los cariños, como yo guardo las páginas de su diario en mi corazón, escritas a base de lágrimas y bobadas, a base de risas que solo nosotras entendemos.

Conservo… el amor por la tierra que tanto me enseñaste a amar, y el juramento esperanzado que te hice al partir…

León, mi querido León y sus cosas maravillosas, aunque más de uno se empeñe en ocultarlo tras capas de frialdad y mentiras, tras crueldades y rencores infundados, sordos, absurdos ante la ceguera incongruente de quien no argumenta, de quien solo impone y se pierde en la pura necedad; y al fin, al final, tampoco importa demasiado, porque no se puede tapar el sol con un dedo, ni las estrellas del firmamento con un puño.

Y escucho la letra de aquella canción, y también quisiera ser aurora boreal, y conseguirte las estrellas y la luna, y entonces, con ese amor que se quedó conmigo, sé que esas mismas estrellas, esa misma luna, ya están a tus pies, envolviendo la magia de nuestro cariño.

En los campos leoneses, donde está nuestro querido Cifuentes, donde está Boñar, en aquellos sencillos y fértiles campos, en aquellos paisajes llenos de montañas y aromas celestiales, allí siempre estarás tú, estaremos los dos, estarán las perdices y sus crías, los corzos, los lobos, y los zorros, las nieves, las heladas y la esperanza labrada en el corazón de la buena gente.

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