Archive for enero, 2015

Rugido

Mi mágico León: paisaje nevado en Villacidayo. León.

Paseando junto a ti

Blanco, el mundo está blanco, y el cielo, azul, tan azul, tan limpio, tan claro y lleno de luz, que tan solo apetece llenar de aire los pulmones y limpiar de malos humos el interior cargado. Silencio, el campo está callado, y los pies se pasean sobre la alfombra nevada de nuestras conversaciones, y allí al abrigo de los buenos ratos, se encuentra la voz amiga de los secretos y las bromas a carcajadas, donde el cariño se ha hecho río que fluye naturalmente, desde las charlas de aquella primera adolescencia a la vera del Esla. Momentos, momento a momento hemos recorrido el mundo, de un confín al otro, desde la maravillosa atalaya de los sueños, hasta el agua del caño al medio día. Y el sol brilla en el firmamento, y la tierra le devuelve el guiño con su mejor sonrisa, así como haces tú, pequeño saltamontes, siempre dispuesto a dar el salto hasta el infinito y más allá, encontrando buenos excursionistas con los que disfrutar del paisaje a su paso por Albares de la Ribera, allá en el mágico Bierzo, confiando abrazos entre Cifuentes y Villacidayo, salpicando la amistad con la fuerza de un león, del nuestro, con melenas de verde y nieve, con pelaje de río y campos, y con el acento de un rugido de cuatro letras: ¡LEÓN!

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Escribir

Mi mágico León: primer amanecer de 2015. León.

Ganas de abrazarte

Esta noche vuelvo a escribir como tantas otras, tal vez, o, tal vez como nunca, no sé, pero vuelvo a escribir; y lo hago porque una vez más has vuelto a aparecer entre mis pensamientos, como lo haces tan a menudo en las hierbas que pueblan mi cocina y en las fotos que adornan mi mágico rincón.

Esta noche vuelvo a escribir porque he pensado en dejarlo a un lado, en cerrar la persiana de esta aventura mágica que, sin la vigilia de su guardaespaldas, parece haber perdido fuerza, parece haber perdido magia.

Estaba pensando, y estoy pensando, en que te echo tanto de menos, y a la vez, te tengo tan guardadito en lo más profundo de mi cariño, que me cuesta comprender que ahora tengo que buscarte en el cielo y sus estrellas, en la magia de las mañanas frías de neblina, en las heladas que dejan escarcha y en los rayos de la puesta de sol.

Sin excusas que atestigüen lo que ocurre, te diré que te quiero con locura, y que me cuesta sumarte a mis amores estrellados, porque un mar de voces cariñosas se confunden en el viento, y entre ellas está la tuya, lunático querido, y añoro tus versos entrelazados en el sabor amargo de ese cigarro que alguna riña de las mías te trajo.

Desde la distancia que anteponen los kilómetros a los abrazos, me reconozco acompañada en la solitud desconcertada, de quien sigue esperando escuchar tu voz pausada desear un profundo -“Buenos días”-, o -“Buenas tardes”-, pero siempre buenas, ¿verdad, querido mío?

Y no quiero pensar demasiado, porque si pienso lloro, como a ratos llora el Curueño a su paso por Barrillos, y sé que no te gusta saberme triste.

Por eso, angelote mío, mirando el infinito dulce de tus preciosos ojos marrones, contemplando la maravilla de un nuevo amanecer, te dedico la más esperanzada de mis sonrisas, porque sé, aunque a veces me cueste seguir sabiendo, que estás ahí, en la Bañeza, en los campos y en los montes, en el recuerdo de tus domingos de niñez camino a misa, a la vera de la Puchra leonina, y en los cielos pintados del cálido color de tus amores.

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