Justo

Mi mágico León: paisaje de verano en tierras de El Bierzo.

Caminando por la vida

Paseando por la vida encontramos flores, y olores, mariposas que adornan los caminos y rayos de sol que acaloran e iluminan.

Caminando por senderos tranquilos, se ríe, se llora, se gana, se pierde… y a ratos truena, llueve, quema el cielo, abrasa el suelo, frío, calor,… y a veces, todo a la vez.

Nunca dejaré de maravillarme al descubrir los pequeños retales de vida que salpican los campos, amarillos, verdes, marrones y hasta blancos, y en ocasiones, a la vista está lo que nadie ve… porque nadie observa lo que a la vista está…

Nunca dejaré de sorprenderme ante las subidas y bajadas que dan forma a los paisajes, ante panorámicas inalcanzables que asustan, imposibles de superar… e igual… va a resultar que eso, también es, tan solo, una opinión.

En algún momento del camino apareciste tú, y no te vi… probablemente te vi, pero no miré en lo que estaba a la vista, y así, pasaron desapercibidas las sensaciones.

Caminé, lento, muy lento, porque el tiempo transcurría en los segundos, pero la noche, llena de lucecitas allá arriba y de sombras aquí abajo, a ratos parecía eterna.

Cuánto hemos pasado, cariño mío… en la distancia de dos almas condenadas a mirarse, bendita condena.

Qué fácil es sentir lo que es justo cuando vuelves a respirar la paz de una sonrisa, las caricias de unas manos entrelazadas y la serenidad tranquila de ese beso que dice más que mil palabras en mil idiomas.

Es fácil saber lo que es justo, cuando se conoce en profundidad la injusticia.

Justo… como ser honesto, como ser valiente y atreverse…

Atreverse a luchar, atreverse a caminar, a coger al toro por los cuernos y torear, ¿eh, querido Miura? Pero sin hacer daño, capeando el temporal en busca del paraíso.

De algún libro sagrado escuché alguna vez: -“nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos”-… y se me ocurre pensar…

Dar la vida… compartiendo, poniéndole fuerza y garra, y ganas, muchas ganas, para coger de la mano a ese pequeñín que nunca te la soltará, y seguir caminando, descubriendo los diamantes escondidos en el carbón… aunque El Bierzo esté lleno de minas, y el mayor tesoro lo encontraras cuando miraste donde ya habías visto.

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Sin permiso

Mi_mágico_Leon_buite_alas_extendidas_montaña_oriental_leonesa_Leon

Perspectiva

El lugar, el momento, la ocasión… quién sabe.

A veces no es el lugar, ni el momento, pero se da la ocasión, y el resto desaparece…

La vida, así es, no pide permiso, simplemente te presenta situaciones inesperadas, y, sin haberte dado instrucciones, te anima a usar la imaginación para hacer magia, y convertir momentos que no querías en experiencias maravillosas que te hacen crecer como persona, como niño, como niña, porque ahí está el punto que marca la diferencia: escuchar a ese pequeño, a esa pequeña, que todos llevamos dentro, y que tiene la clave para ser feliz, siempre.

La vida es así, y en los senderos de la mía, encuentro paisajes de ensueño, y personajes que adornan mis días con abrazos y sonrisas, con miradas que lo dicen todo sin que se escuche una sola palabra, y complicidades que sorprenden, cofres que no abre más que la magia del cariño seguro, construido de pequeñas confidencias que se convirtieron en amistad de la buena, ¿verdad que sí?

Como tantas otras veces, me descubro escribiendo con una sonrisa en la cara, mientras acuden a mi mente personitas que ya habitan en mi corazón, y  se entremezclan  los cariños con los contornos de mi tierra mágica, donde las montañas son metáforas de las dificultades que superar, y sus cumbres, la satisfacción de haberse atrevido a conectar con lo que realmente uno siente.

Ser honesto, honesta, y volver descubrir que la misma fuerza que anida en la fauna y la flora, esa que soporta el envite del tiempo meteorológico y cronológico, también hace morada en ti, y en los madrugones que te obligan a abrir los ojos que tan cerradines tenías, en la paciencia que pensaste que se te acababa y resulta que tenías más, a buen recaudo.

Atreverse a ser valiente y no dejarse vencer por la tiniebla, que no es tal, tan solo es niebla, nubes bajadas desde las alturas para dejarte acariciar un trocito de cielo.

Y mientras te adentras en ella, con paso dubitativo y un poco quejumbroso, ante tanta incertidumbre, empieza a disiparse la espesura que atraviesas, y aparece ante tus ojos, el esplendor de quien estira las alas, observa el panorama y se decide, inminente, a levantar el vuelo…

Como tú, como yo, como aquellos que a pesar el abismo que se abre a los pies, no se amedrantan y disfrutan de la panorámica… mágica… como el universo de montañas y mares verdes, llenos de vida, que adornan los sueños del bello Prioro, en León, mi mágico León, como no podía ser de otra manera.

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Carcajadas

Mi mágico León: atardece en Herreros de Jamuz, León. Mi mágico León

Risas silenciosas en el cielo

Una carcajada a media mañana, y esa ocurrencia que a nadie se le ocurre, a nadie menos a ese caballero de sonrisa amable y mirada sencilla que piensa cosas que pocos piensan, y así hace: marca la diferencia casi sin darse cuenta.

Una carcajada de buena mañana, y esa alegría que se respira cuando se escucha su paso decidido acercarse, y de pronto suena un “¡buenos días!”, a su manera, de otra forma, con menos letras, más breve, más honesto, en otro idioma, con otro lenguaje, porque no es mera formalidad, es el deseo franco y sincero de que sea un buen día para todos: para ti, para mí, para él, para ella,… Para nosotros, que nos entendemos con poco más de una mirada.

Una carcajada a primera hora, nada más empezar el día, y un café poco después, y a reír, ¡qué son dos días!

Y entre bobada y bobada pasan mejor las cosas serias, y las tristezas y preocupaciones, que se esconden para que nadie las descubra… A menos que entre tanto nadie haya algún alguien que vea cosas que los demás no ven…

Cierro los ojos, abro las ganas y… ¡huele a verano! A sol y calor, a sombras, helados, a paseos a la vera de los lagos, y los ríos, los arroyos, los mares,…

Cierro los ojos y huele a charlas tranquilas al abrigo de un granizado, a sensaciones nuevas que aparecen donde no las buscabas, a nuevas caritas que querer, a grandes amores que respetar, a tranquilidades que recuperar y a sosiegos que conquistar.

Y entre madrugón y madrugón, aparece el astro rey sin excusa ni miramiento, reinando en la era de las pieles expuestas y los cotilleos que forjan grandes cariños…

Entre madrugón y madrugón, se descubren bellas personas, se aprecian nuevos amaneceres, y las soledades se disipan entre letra y letra, entre caricias que se esconden en lo que no se dice, porque no hace falta decirlo si un abrazo lo transmite todo, aunque sea a medias.

Una carcajada cuando menos lo esperas, y la confianza aparece no sabes por dónde, pero de repente ¡ahí está! Llegó para quedarse: como el verano.

Te dedico los rayos de sol acariciando el descanso de mente, alma y corazón; los chapuzones en el agua fresca; los días nuevos que han de llegar, que seguro, como siempre deseas, buenos serán…

Te deseo que siempre te brille esa chispa que tanto te hace querer, y muchos paseos por los campos y los senderos que los rodean…

Te deseo amaneceres llenos de sueño y de sueños que cumplir, porque eso querrá decir que dormiste, y dormiste bien… Tardes de niños y juventud, de buen humor y una pizca de fantasía, no te olvides de la fantasía, de la fe y de la esperanza, de lanzarte al vacío con la confianza de que algo mejor viene por ahí…

No te olvides de la magia, porque para atreverse a creer también hay que ser valiente… aunque te choque… los sueños también se cumplen, y los vestidos blancos a la luz del verano, destilan ilusiones y compromisos que no se van…

Te deseo amor y felicidad, y la sensación de descubrir que, al final del día, el cielo se viste de colores, las nubes se cuartean, y se dibujan nuevos paisajes en el lienzo azul del firmamento…

Porque aquí, allí, en tierras de Jamuz, todavía hay muchachas que sueñan, y atardeceres que enamoran al más incrédulo…

Aquí, allí, en tierras de Jamuz… ¿dónde? En Herreros, querido mío, ¿dónde si no?

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Alegría

Mi mágico León: en algún lugar entre Asturias y León, dentro de la provincia de León. Mi mágico León.

Paisaje que embelesa

Alegría desbordada que se despierta cada mañana, entrando por esa puerta entreabierta, que aunque parezca cerrada, no lo está.

Alegría chispeante y desparpajo sorprendente, espontáneo, como el fluir cristalino de la nieve al contacto con el calor, que sin pedir permiso, cambia de forma y de textura, de color y candor, e imprime un nuevo aroma al paisaje, salpicándolo de flores y cristales, que se escapan entre las moléculas de agua que conforman los arroyos y los ríos, que sacian la sed de los campos, adormecen el ardor del mediodía, y llenan de vida las miradas perdidas en el infinito…

Miradas, como la de esa chica dicharachera y divertida, cargada de juventud y entusiasmo, que pinta el mundo de sabores y diseña sus propias ideas, peculiares, como ella,…

Así es la primavera, que irrumpe, suavemente, en la lentitud pausada del invierno, que adormece los campos y los montes, y allí,… en algún punto confuso en el tiempo… deja de hacer tanto frío, empieza a hacer más calor,… y callando, callando,… se acerca el verano…

En algún lugar del mundo, hay un paisaje que embelesa y enamora, que relaja con solo contemplarlo y dibuja una sonrisa en la cara…

En algún lugar del mundo hay un corazón dividido entre dos amores, entre dos tierras, entre el ayer y el mañana, entre el Mediterráneo y las montañas que se acercan al Cantábrico… y en mi alma, hay un lugar donde las palabras suenan a dulce melodía, donde los imposibles no existen, y donde arriesgar: siempre vale la pena.

En mi corazón, en mi alma, ruge el latido del coraje de vivir, que al pasear por algunos rincones, resuena como un eco, que repite, una mil veces: León, mi mágico León

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Paz

Mi mágico León: junio en La Lisa, Azadón, León.

Caricias de luz

Sentir la luz del amanecer acariciar las rendijas de esa persiana que no bajó la noche anterior, cuando entre besos y caricias el mundo desapareció, y reinaron las estrellas y la luna, silenciosas, calladas, mientras los gatos recorrían las calles desiertas, y los niños soñaban con ilusiones que cumplir.

Mirar detenidamente la belleza asustada de una mirada más transparente de lo que quisiera, y ver cómo se humedece, sin dejar escapar una lágrima, no vaya a ser que alguien se entere de lo increíble que es saberse querido y aceptado, sin etiquetas, ni promesas, con la única certeza de querer estar ahí.

Y cuando más tranquilo está uno, aparece el miedo en forma de duda, y te preguntas si sí, si no, si tal vez, si quién sabe… y al final, de tantas vueltas que da la cabeza, llega el vértigo, anidan las ansiedades y aparece la angustia…

Prefiero no pensar… y cierro los ojos para no ver, cansado de intentar mirar y no ver nada: nada claro, nada seguro, nada, nada,…

Suavemente, deslizándose entre las resquicios que dejó el miedo al replegarse sobre sí mismo, se cuela la claridad de un color lleno de sonrisas a media luz, de susurros que no temen pronunciar cariños sin definir intensidades…

Suavemente, aunque los ojos sigan cerrados y el temor se niegue a disiparse, aunque la realidad sea diferente, más amable, más clara; suavemente se torna el ambiente más cálido, y la tranquilidad vuelve a hacer acto de presencia, imponiéndose, callada, ante la sorpresa del aterrado valiente.

Así aparece la paz cuando le das la oportunidad, así aparece el amor cuando te das la oportunidad, así descubres que vivir es lo más arriesgado que tiene la vida, y lo más divertido, lo más alegre, lo más saludable…

Y no vivir… lo más peligroso, sin duda.

Nadie nace aprendido, aunque todos tenemos talentos; nadie sabe si acierta en todo; a veces, alguien sabe que, a veces, también se equivoca, no siempre…

Nadie ve una fotografía y sabe si es de aquí o allá, de ayer o de hoy, de Azadón o de cualquier otro lugar donde habite el corazón…

Pero… ¿sabes qué?

Hay miradas que no hay palabra que pueda esconder, y sensaciones a flor de piel, que no hay excusa pueda explicar.

Hay lugares que se quedan en el alma, aunque solo una vez los recorrieran tus pies; y paisajes que te hicieron suya con solo acariciarte los sueños…

Hay vidas que se cruzan en el camino, y no dejan de mirarse jamás, y personas tan intensas, que dejan huellas por donde pasan.

Huellas, no cicatrices.

Hay lugares especiales, y personas que valen la pena, hay rincones llenos de magia, y campanas que inundan de música los parajes de Azadón.

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Preguntas

 

Mi mágico León: arco iris primaveral en Azadón. León.

El mapa del corazón

Preguntarse, el porqué de las cosas, de los momentos, de las miradas, detenerse en un mar de dudas, en la zozobra de un dolor que indica cuán perdido se encuentra uno, en un mundo que ha olvidado esa nobleza…

-“¿Por qué eres así?”- Preguntó una vez una ninfa, con la mirada llena de sonrisas…

-“No sé, es un misterio”- escuchó como respuesta de aquella voz callada.

“Es un misterio”… pensó ella…

Y sonriendo, mirando los campos llenos de amapolas y los chopos alzarse señalando el cielo; las nubes descargando su peso, y el arco iris adornando el paisaje, iba pensando en la transparencia de su mirada honesta, en la nobleza de su gesto amable, en lo profundo de sus pensamientos más auténticos…

Así paseaba, entre ilusiones y realidades, el pequeño ser fantasioso, descubriendo en la magia de las palabras, la belleza más pura, que, como hace el diamante, oculto en el carbón, en el corazón de las montañas, se esconde en lo profundo del alma, para ser descubierto, con sorpresa y embelese, por los buscadores de sueños, que, por fin, se encuentran con personajes de novela enfundados en uniformes de estos tiempos.

“¿Por qué eres tan lindo?” Pensó ella…

Y una voz en su cabeza escuchó el pensamiento de él, “sincronías” lo llamaban: “linda eres tú”.

“Ves en mí lo que nace de ti”, le contestó ella sin pronunciar palabra…

Eres así porque la valentía se te escapa por los poros de la piel, porque disfrutas del aire puro llenando los pulmones y del frío erizando la piel, que luego, entre beso y beso, entre caricia y caricia, sentirá la dulzura de una calidez cariñosa.

Eres así porque bailas entre la razón y el corazón, porque eres bueno y considerado, respetuoso, atento, porque disfrutas de las cosas pequeñas, de los paseos por los senderos de la vida, aunque a veces se encuentren salpicados por piedrinas que entorpecen el paso, que ralentizan la llegada al reino del que eres rey…

Y así, sin dejar de sonreír, sin pronunciar palabra alguna, susurró la ninfa al noble caballero: -“levanta la vista…”-

Y el caballero levantó la vista…

Y allí, delante de él, en pagos del afamado reino de Azadón, un arco iris de realidades apareció en el firmamento.

“¿Por qué eres así, Azadón?” Pensó ella…

Y Azadón no dijo nada…

Pero por algo será que los pájaros, los amaneceres, y hasta las nubes y los arco iris, curiosean, a menudo, por las rendijas de sus rincones.

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Murmullos de otros tiempos

Mi mágico León: nubes de primavera en el cielo de Azadón. León. España.

Ecos de la eternidad

En las nubes, estoy en las nubes, pensando en idas y venidas, en retales de historias escuchadas a la vera de un café y un chocolate, envueltas en silencios, entre el murmullo constante de un ambiente cargado de personas y vivencias que se van dispersando, con el paso de los minutos, que, sumados unos a otros, dan en convertirse en horas.

En las nubes, allí sigo yo, descubriendo mi mirada perdida en relatos de otros tiempos, en el eco de aquellas voces que recorrieron el mundo llenándolo de vivencias que trascienden el pasado… y el presente, trascienden…

Miradas de colores iluminando el cielo, y las nubes adornando el infinito con sus antojos diseñando formas caprichosas, y a veces, tan sencillas, que solo transmiten tranquilidad.

Tranquilidad… qué emoción más… suave, serena, amable,…

Y ese firmamento heredado desde el principio de los tiempos, donde las fronteras no existen, ni las diferencias, ni las rencillas, pues bajo él somos almas disfrutando de las montañas y los valles, de los ríos, y los puentes que los atraviesan, salvando obstáculos…

Y me pregunto si seré capaz de descubrir secretos escondidos bajo los ojos limpios de la buena gente.

Me pregunto si Azadón será tan sencillo como aparenta, y precisamente por ello, disfrute tanto contemplando ese firmamento del color de tantas miradas.

En las nubes, allí sigo, imaginando hombres de uniforme y señoras alistadas en defensa del honor y la justicia, paisanos con boina, y mujeres con delantales… ¿imaginando? ¿o recordando? Igual las dos cosas, quién sabe…

Azadón y su fotógrafo, Bariloche y su caballero de la mesa redonda, Azadón y el compañero del asiento de al lado,…

En tren, en avión,… ayer, hoy… Azadón, siempre Azadón, sus paisajes, su cielo, y esa casualidad maravillosa que un día te cruzó en mi camino.

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