Pensando

Mi mágico León: huerta en Cifuentes de Rueda. León.

Coraje

No dejo de pensar en ti, no, no dejo.

No dejo de pensar en esos planes que ahora se han visto parados, que se mantienen a la espera de volver a ser reemprendidos.

No dejo de pensar en ti, y a veces me enfado, y otras me conformo, ¿y sabes qué? a veces, también a veces, siento esa fuerza en el estómago que me dice: -“¿Rabia? Rabia no, ¡coraje! Coraje es lo que hace falta para poner las cosas en su sitio, para aprovechar las circunstancias y no desistir, para no perder el foco en la meta a lograr.”-

Sin prisa pero sin pausa, ahí voy: sin prisa pero sin pausa, con las cosas claras y las ganas a todo gas, reemprendiendo proyectos que tenía aparcados, cosas de tiempo…

Y aquí, lejos, cerca, sin dejar de pensar en ti, grito a los cuatro vientos que el manzano sigue floreciendo, y el peral, y el guindo también, que voy a recoger el fruto, y no voy a permitir que nadie más vuelva a recogerlo por mí.

Aquí lejos, cerca, sigo pensando en ti, y ¿sabes qué? Esta vez va a ser diferente.

Empezar es lo que más cuesta. Yo ya hace tiempo que empecé: empecé a transformar sueños en proyectos, y proyectos en metas, y metas en objetivos, a corto y a largo plazo.

Hace tiempo que lo tengo claro, Cifuentes, y no voy a permitir que la primavera se me escape y, aunque sea en junio, seguirá siendo primavera.

Cifuentes de Rueda, León, no olvides, recuerda, siempre recuerda, que lo bueno se hace esperar.

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Pequeñas cosas

Mi mágico León: Cifuentes de Rueda. León.

Salpicando el mundo

Es el valor de las pequeñas cosas, de aquellas que siempre valoramos, y ahora seguimos valorando.

Es el valor de una mirada, de un paseo por el campo, con los pájaros cantando no se sabe dónde, pero cantando, llenando la primavera con sus voces pizpiretas y coloreadas, acompañando el florecer de los capullos, y el blanco, rosa, violeta, azul… de las copas de los árboles, de los salteados de los prados….de la vida.

Feliz, soy feliz, por saberte llenando el mundo de alegría, querida primavera, y a los corzos y las perdices desperdigarse por los campos y los montes… Feliz por saberte viva y resplandeciente, valiente y aguerrida, ¿miedo? ¿quién dijo miedo? quizá precaución, pero miedo… miedo no.

Sentada en mi atalaya, divisando un paisaje lleno de recuerdos e ilusiones, aparece un horizonte gris y blanco, salpicando Peña Corada con las nubes de ese cielo limpio.

Sentada en mi atalaya, veo los tejados de ese pueblo, el mío, el tuyo, el que espera tranquilamente volver a ser recorrido por niños en bicicleta y voces cantando, por olores a comida y el siseo de la sierra al chocar con la madera.

Sentada en mi atalaya, siento el viento acompañar mi quietud con su movimiento sereno y suave, peinando las huertas y las hierbas, los matorrales y los árboles, volando libre, como antes, como ahora, como siempre…

Porque la naturaleza es sabia, y siempre busca el equilibrio, porque el hombre es necio y se olvida de ello, porque en la variedad está el gusto, y en la sencillez de las pequeñas cosas, el placer de pasear por Cifuentes.

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Suerte

Paseando por Cifuentes

En víspera de Reyes: Primavera

Suerte, tengo suerte… de tenerte, de quererte, de cuidarte desde lejos, como los amantes de antes…

Suerte, tengo suerte, mucha suerte, de poder escribir y llegar hasta a ti, de poder transmitir sin tenerte delante, pero teniéndote, a decenas de kilómetros, cientos, miles, ¿a caso importa?

Importa que estés bien, que no olvides que la primavera se aproxima lentamente, sin prisa, sin pausa, con la certeza de que conquistará el mundo de nuevo, en esta vieja Europa que sigue floreciendo en los balcones y en los salones, con niños alborotando los días, madres y padres compartiendo sus vidas, tíos y tías cuidando de los pequeños mientras otros trabajan, amigos y amigas contactando desde lejos, porque ahora, como siempre, aunque a veces lo olvidemos, los amigos son la familia que uno elige.

Importa que estés bien, abuelín, abuelina, que no olvides que te queremos, que queremos verte bien, con tu cacha y tus achaques, con tus quejas de siempre, ¿qué sería un abuelo, una abuela sin quejarse? Queremos oírte reburdiar, molestarte mientras echas la siesta y que nos regañes después. Queremos… queremos que sigas estando ahí.

Importa que te cuides, que permitas que el tiempo te haga abuela, te haga abuelo, importa que no te pierdas esa vida que aún no conoces.

Importa que cumplas sueños, que no se queden a medias, que alcances metas propuestas, que planees nuevos logros, que luches por conseguirlos…

Ahora, como siempre, la distancia hace más fuerte el amor, y ahora, como siempre, se echa de menos el pueblo, esa pequeña patria que tan dentro del alma llevo…

Qué ganas de pasear por mi huerta, por mis tierras, qué ganas de reclamar lo que es mío, que nadie piense que puede arrebatar los amores cuando hay distancia de por medio.

Qué ganas de verte sonreír, de escuchar tus carcajadas cara a cara, de probar lo rico que cocinas y disfrutar de los árboles cargados de flores, y de frutos… qué ganas…

Como una niña en la víspera de Reyes, con ilusión y esperanza, así espero la llegada de esta primavera, así espero reencontrarme contigo, y mientras tanto, preparo la lista de regalos que voy a pedir, entre ellos estás tú, mi querido León, mi querido Cifuentes.

Ahora y siempre, qué suerte tengo…

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Esencia

Invierno en Prioro. León. Montaña oriental leonesa.

Paseando por el tiempo

El aire fresco recorriendo la alturas, mientras los colores de la primera parecen acercarse, y no hay rastro de nieve, aunque nunca se sabe, que todavía está por llegar el mes de marzo, y abril… y de pronto el tiempo sorprende, se rebela, y cambia el orden de las cosas.

Paseando por los senderos ya descritos, encontré una realidad diferente, con el cielo azul limpio, muy limpio, con las nubes multicolores llenando de algodón las  alturas, y los verdes salpicando la silueta de los montes.

En las alturas de la montaña, donde Prioro pasa sus días, no hay prisas ni miedos, solo quietud y paz, tranquilidad y buenas sensaciones… pan caliente cada día y berrea en septiembre.

En los paseos tranquilos, en las caminatas serenas, están los olores de siempre, a tomillo y romero, a colores desparramados en sus flores, a recuerdos de otros tiempos, a planes de futuro y vivencias del presente…

En las caminatas tranquilas, acompañadas por alguna voz amiga, se escucha cada paso suave acariciando la tierra que se extiende bajo los pies, dibujando la línea de una vida que no sabes dónde te llevará, aunque lo creas, no lo sabes…

Y así, entre paseos, aire, colores, cielo y tierra, disfrutamos de Prioro, disfrutamos de la vida, disfrutamos de la esencia que nos cubre por fuera, que nos llena por dentro: León.

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Sabor a ti

Mi mágico León: atardece en Azadón. León. Mi más sincero cariño a Julen, a sus padres, a su gente, y a todas esas almas de buen corazón que viven en vilo desde el primer momento. Mi corazón está en aquel pozo de Totalán. Te llevo conmigo, pequeñín.

Esperanza dorada

Llegó el frío, con sus estampas nevadas y sus silencios pausados, con una quietud serena que apacigua los miedos y las incertidumbres, que acompaña el camino de las almas que transitan momentos complicados, difíciles de aceptar, difíciles de pasar.

Qué sabio es el tiempo, y cómo cuesta dejarlo transitar por la vida, porque a veces cada paso sabe a ese trago cargado de espinas que te rasga por dentro desde el primer instante.

Los atardeceres, y los anocheceres tienen sabor a ti, y las mañanas, las tardes y las noches… las estrellas dicen que estamos bajo el mismo cielo, y a veces, que nos miras desde allí arriba.

Cómo cuesta seguir respirando con ese peso atenazando el corazón, con el paso de los segundos y las horas, ahogando el alma, pensando en ti.

La vida tiene momentos para todo, y en su magia reside la fuerza para seguir adelante, para llevarte en el corazón y en el alma hasta siempre, porque nunca hay un final si el amor así lo siente.

Aunque haya tristeza, sigue adelante, aunque no puedas más, no dejes de luchar… a veces no es fácil, lo sé, a veces parece no tener sentido, y no tengo la respuesta, pero tengo lágrimas en los ojos y sentimientos a flor de piel, tengo la esperanza herida pero viva, siento el dolor en cada parte de mi ser y te acompaño con el cariño más sincero que poseo…

Ahora toca vivir la más triste de las emociones, ahora, sólo ahora, porque aunque sientas que no puedes más, ya ha pasado un segundo, y otro, y otro más… y aquí estás, sigues aquí.

Miro a través de la ventana y veo un paisaje lleno de paz y sosiego, de paseos tranquilos a la luz de un nuevo atardecer, a la luz de un nuevo sueño que está por llegar.

Cuesta despedirse, y por eso no lo hago, te acompaño, me acompañas, aunque no te vea, nos acompañamos.

Camino por las calles desiertas, y en alguna chimenea aparece el humo escapando del hogar cargado de lumbre… entonces sé, que puede que no lo veas pero no estás solo, no estás sola.

En aquella luz dorada que inunda el paisaje, está la esperanza de un nuevo amanecer, donde sentirás distinto, donde estarás mejor, donde el dolor habrá perdido fuerza y dejará su marca como un tatuaje a fuego en la piel.

Y siempre, siempre, nos quedará el recuerdo, nos quedará el amor, nos quedará el cariño, nos quedará Azadón.

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Tú y yo

Mi mágico León: abeja posada sobre un diente de León. Ambasaguas. Curueño. León.

Caricias suaves

Tú y yo, solos tú y yo, y un montón de personitas que conforman el universo que habitamos, pero tú y yo, y nuestras montañas, lagos, ríos, puentes y campos, y siempre, siempre: tú y yo.

Te quiero, ¿sabes? más allá de convencionalismos y opiniones ajenas, más allá de miedos, incertidumbres, ausencias y tristezas: te quiero.

Quererte es muy fácil, porque más allá de lo difícil, siempre está tu preciosa mirada y esas palabras dulces que pintan mi mundo de belleza y profundidad.

Quererte es muy fácil porque calmas mis prisas con tus tiempos y, al contemplar con detenimiento el paisaje, aparecen nuevos matices que enriquecen sus colores, sus sonidos,… y las emociones se despiertan cuando la magia envuelve al corazón.

Te quiero, y te quiero mucho; tanto como para esperar aunque saldría ahora mismo a recorrerte, tanto como para amar cada uno de los elementos que componen tu mundo, tanto como para admirar el trabajo de la abeja que, pacientemente, se posa sobre las flores una y mil veces, y, sin prisa pero sin pausa, trabaja para lograr su rico néctar.

Te quiero, querido felino, porque con la música de tus noches estrelladas tocas las teclas de mi alma.

Te quiero y me emociono al pensar en ti, y en que en ti, también mora mi hogar.

Mi querido y mágico León, mi amada tierra de bonachones y bonachonas, de gente sencilla que ama el agua y el campo, y los pequeños detalles que enriquecen los momentos.

Mi estimado y mágico León, donde los pueblos son muchos y las pequeñas patrias tienen nombres propios… como Ambasaguas, donde el Porma y el Curueño, se funden en un abrazo eterno.

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Entre dos aguas

Mi mágico León: arboleda nevada en primavera en Ambasaguas. León. Turismo rural.

Blanca tranquilidad

En un rincón del mundo, donde el ruido y la polución se diluyen entre el cielo limpio y la tierra fértil, hay lugares escondidos que recorren los animales pacíficamente.

En algún sitio, plagado de chopos y de riberas, hay un pueblo bañado por dos aguas, con las montañas a lo lejos, adornando el horizonte, y el monte a un tiro de piedra, donde corzos, jabalíes y demás compañeros campan a sus anchas, sobre todo en invierno, cuando el ser humano reside en las grandes ciudades o los pequeños pueblos, y el calor de una hoguera es la sensación de sentirse en casa.

Caprichos del tiempo que moldean la naturaleza a su antojo, y así, cuando la primavera había hecho acto de presencia y las cigüeñas ya se habían relajado en las alturas de sus nidos, bajaron las temperaturas y el paisaje se tiñó de blanco, sorprendiendo los planes de las ropas ligeras y los zapatos frescos.

En cualquier punto de la geografía leonesa, aparecen lugares llenos de quietud y detenimiento, de tranquilidad y sosiego para el alma, sin prisas ni agobios, con pausas y aire limpio…

Y ahora, hoy, me viene a la mente Ambasaguas, y el Porma y el Curueño uniéndose para acariciar la fertilidad de su suelo.

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Sin ti

Mi mágico León: puesta de sol primaveral en Azadón. León. Turismo rural.

Nadie como tú

Cuántas veces habré oído la frase “No puedo vivir sin ti”, ni lo sé.

Parece que así debería ser el amor: una necesidad imperiosa del otro para respirar, sentir, amar… para ser feliz.

Yo puedo vivir sin ti, León, pero no quiero, y si no quiero, no puedo, seguro.

Se me ocurren mil inviernos nevados y un sinfín de primaveras estallando de colores, despertando poco a poco al calor del verano que se acerca; y los animales revolviendo aquí y allá; las golondrinas y los vencejos dejándose ver por los pueblos, las cigüeñas coronando los campanarios, las abubillas, los jilgueros y demás compatriotas revoloteando entre las ramas, surcando los cielos, repasando los valles desde arriba, anunciando la algarabía de una sangre que sabe que ha llegado la primavera.

No quiero vivir sin ti, querido campo, con esos atardeceres eternos que pintan de colores tus extensiones; ni sin ti, esbelta montaña,  que llenas de majestuosidad un paisaje cubierto de sueños, de intrépidos montañeros que se proponen alcanzar tu cima, de chavalería haciendo de las suyas, como tiene que ser; de corzos y rebecos coronando tus alturas….

Me apetece disfrutarte, querida tierrina, y recorrer los caminos de labranza que pocos transitan, acariciar las orillas de tus ríos con el suave roce de mis pies, ver a los zapateros anunciar que el agua está limpia, escuchar el bramido de alguna vaca que anuncia su presencia, y pasear entre los chopos…

No quiero vivir sin ti, querida mía, ni sin el Esla y el Órbigo, el Curueño y el Bernesga, el Porma, el Omaña, el Sil, el Duerna o el Cea… y no sigo, porque tus rincones los surcan millares de gotitas refrescando las ilusiones, y las cosechas; y las xanas y los trasgos juegan entre las hierbas a esconderse de las miradas, pues solo los más inocentes, logran ver el brillo de su fantasía.

No quiero vivir sin Azadón, o sin Cifuentes, sin Prioro, Villacidayo, Ambasaguas, Sahagún o Herreros, no quiero vivir sin cada rincón de mi mágico León, ni dejar de descubrirte y enamorarme de tus preciosas puestas de sol, cuando, por un rato, te olvidas de las inquietudes que perturban el alma, y solo existimos la belleza, tú y yo.

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Primavera

Mi mágico León: paisaje de primavera en lares de Azadón. León. Turismo Rural.

Primavera feliz

Curiosa primavera, que sorprende con el mes de marzo, y callando, callando, se va colando por las rendijas del invierno, para dar lugar a atardeceres que hacen los días más largos, a flores llenando de colores los campos y los árboles, a pájaros impregnando de trinos los pueblos, campos y montes; para dar lugar a abejas cosechando el rico polen, a miradas descubriendo lo mono, lo majo, lo comprometido que es el amor, que cuando llega, embate como las olas de un temporal al caer en la playa, arrastrando la arena, creando un nuevo paisaje… ¿cómo resistirse al amor?

Primavera, me gusta la primavera, y descubrirla pintando de alegría las sorpresas, plagando de confianza las amistades, salpicando el aire de carcajadas, resbalando entre las sonrisas para adentrarse en las profundidades, y llegar hasta el corazón, anidando en sus entrañas, dando forma al hogar en el que ha decidido permanecer para siempre, y así, de esa manera, hacerse eterna.

Me gusta la primavera y su contraste de sensaciones, a caballo entre el invierno y el verano, con sus noches frías y sus días más cálidos, con la nieve sorprendiendo el mes de abril, y los calores de agosto dejándose ver en algunas horas entre la mañana y la tarde, todo a la vez, un día sí y otro también, así, así de loca es la primavera.

Y en esta estación tan poco cuerda, recuerdo que hay razones del corazón que la razón no entiende; que en la vida no todo son matemáticas; que si las cosas que valen la pena fueran fáciles, todo el mundo las haría,… y recuerdo que los sueños, si los bajas a la tierra se convierten en proyectos, y los proyectos en realidades; que aquí y ahora todo se maneja mejor, y que hay que tener un poco de todo en el armario, porque entre el bañador y la bufanda anda la cosa.

En esta estación tan poco cuerda, en noches como esta, miro al firmamento y vuelvo a descubrir que tú y yo vivimos bajo un mismo cielo, y que el mundo es un lugar bonito si lo miras con esos ojos.

En esta estación atarantada, Azadón despierta del sueño invernal y contempla, feliz, el paisaje desde su atalaya…

Feliz, como aquel que ama sabiéndose amado: muy feliz.

 

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Toda la vida

Mi mágico León: anochecer de primavera en Azadón. León. Turismo rural.

Ardiente dulzura suave

Te voy a querer toda la vida, y más allá, cuando las nubes y las montañas se fundan en un abrazo eterno, y haya nieve, y flores amaneciendo llenas de color, y paseos otoñales cubiertos de cobrizos, dorados y marrones adornando las sensaciones…

Te voy a querer siempre, así, de esta manera, tranquila, segura, convertida en una declaración de intenciones, en un propósito impregnado de sentimientos que se funden en tu mirada cruzándose con la mía, entendiendo, que llegamos para quedarnos, para acompañarnos, para reír y llorar juntos, para amarnos.

Te voy a querer siempre, como el sol a las montañas y los campos, como la nieve a los ríos, las cascadas y los arroyos, como las vacas a los prados y las golondrinas a la primavera y el verano, siempre.

Y te voy a querer porque eres parte de mí, porque sentirte en cada poro de la piel es tan sencillo como caminar entre tus árboles, descubrir nuevos senderos que muchos ya han olvidado, y chapotear en tus ríos aunque el agua esté helada.

Te voy a amar siempre porque la luna en tus lares se hace más grande, más brillante, más dama de la noche y el día, y el sol, el sol llena de magia los lugares pintando de candor los colores del paisaje…

Como ocurre en Azadón, cuando la primavera hace acto de presencia, y la noche llega callando, callando…

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