Pasito a pasito

Mi mágico león: huellas de pájaro en Villacidayo. Ribera del Esla. Invierno. Tierras de Rueda. León.
Saltito a saltito

Poco a poco, paso a paso, así va avanzando la vida, sin prisa, pero sin pausa.

Pasito a pasito, aunque a veces haya que permanecer inmóvil, expectante, observando el mundo girar sin apenas movimiento, sin paisajes cambiantes ni voces diferentes… Así avanza el invierno.

Pasito a pasito, saltito a saltito, como ese pajarillo que sale a buscar sustento en un medio pintado de blanco, salpicado de escarcha cada amanecer, donde las oportunidades parecen escasas y, sin embargo, ahí están.

Uno a uno, como los pueblos que adornan la geografía leonesa, pequeños, aislados, recogidos en el calor a la vera de la lumbre, al resguardo del frío que reina en el exterior, resguardados al cobijo de las chimeneas humeantes mientras los animales merodean sus contornos y hasta corzos, zorros, tejones u osos, se acercan a husmear no muy lejos del ser humano.

Poco a poco, paso a paso, así va avanzando la vida… e igual que una nevada cae de repente y cambia todo el paisaje, de la misma manera un día el sol brilla con más fuerza, los días se hacen más largos y el invierno da paso a una explosión de primavera.

Mientrastanto, toca disfrutar del invierno y sus detalles, de las huellas de sus habitantes en su aliento blanco, de las tardes eternas al calor del amor, al candor de la trébede, a la calidez de la tradición que sigue viva en ti, en mi, en ese pueblo al que tanto quieres: junto al Curueño, junto al Esla, junto al Teleno o al Pico Yordas

El invierno abrigando esa pequeña patria que tanto se quiere, como Villacidayo, como Cifuentes, mi Cifuentes de Rueda.

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Recolocando

Mi mágico León: Filomena deja frío en España. Cencellada en Cembranos. Frío en León
La frialdad más triste

Cuando el frío reina en el ambiente, todo se cubre con su áspero sabor, y el verde es casi gris, la vida parece llegar a su fin, y ya no se distingue la alegría colorida que en otros tiempos dominó el mundo.

Cuando la niebla deja escarcha, la escarcha se adhiere a ramas y hojas, y las flores ya no existen, solo existe el esqueleto de lo que en algún momento fue frondoso, poblado, rico en colores y olores, y parece que es el fin, que no hay un mañana, que aquello que ahora existe, es el final de la historia.

La vida está llena de momentos, de historias entrelazadas que se cruzan en nuestro camino, por algún motivo, aunque no siempre sepamos por qué, para qué… no sé, pero por algo es.

Los paisajes están llenos de luces, de tonalidades, de emociones transmitidas en ese algo intangible que une los corazones, que te hace vibrar, que te hace soñar, que pinta de magia las miradas y de serenidad las penas, de alegría las palabras de un niño, y de amor el corazón de una madre.

Los paisajes están llenos de fantasías hechas realidad, y de esa chica que se pregunta el por qué de tantas cosas, y no hay respuestas que apacigüen el alma y den sentido a tanto dolor.

Los paisajes están llenos de realidades hechas fantasía, y de respuestas que están por llegar; respuestas que no llegaron, respuestas que se hacen de rogar… aún no llegan, todavía no, pero vendrán, ¡claro que vendrán!

Llegarán sin prisa, pero sin pausa, llegarán con ganas y con entusiasmo, como la primavera, que después de este largo invierno, de Filomena por fuera y Filomeno por dentro, de vendavales y nevadas cargadas de frío y de tristeza, arribará como un barco que llega a puerto, después de una larga travesía.

Cuando el frío reina en el ambiente, también hay nieve y cristales congelados en los charcos, en los lagos y manantiales.

Cuando el frío reina en el ambiente, también hay chimeneas y hogueras prendidas en el hogar.

Cuando el frío gobierna el mundo, en Cembranos hay una casa llena de amor y cariño, llena de niños correteando, y de personas que se quieren y respetan.

Cuando el frío domina el mundo, también hay tiempo para pensar, para recolocar emociones y sentimientos, recuerdos y vivencias, situarlas en el lugar que corresponde, hacer limpieza profunda y disfrutar del camino, porque lo bueno, aunque tarde, también está por llegar.

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Pequeñín

Mi mágico León: invierno en el pueblo. Cembranos. Villacidayo. León.
Alegría cabezota

¡Ay, qué te cojo! ¡qué te cojo, qué te cojo, qué te cojo!

Y él, corre que te corre, por donde pille, por el medio del corral en verano, rodeando la piscina que puso su abuelo para los nietos, o detrás de quien lleve unas llaves de coche en la mano, pero allá va él, con el equilibrio ahí, ahí, pero directo a su objetivo.

¡Ay, qué te cojo! ¡qué te cojo, qué te cojo, qué te cojo! Y no me canso de decirle lo mismo, porque cada vez que me escucha, dice mi nombre y se echa a reír, porque sabe que como le coja…

Allí está él, tan feliz en su inocencia cabezota, porque mira que es cabezota, tanto que con cuatro palabras sabe decir que le encanta el pueblo, que le gustan las ovejas y los gatos, que quiere montar en el tractor de Diego y que no quiere manoplas ni guantes, pero si hay que salir a la calle… no queda otro remedio, ¿verdad?

Allá va él, con esa alegría gritona que tanto hace reír a su madre, porque se emociona, se emociona, y se embala, y cuando menos lo esperas, le ves correteando por las calles de Villacidayo, o buscando la luna en Cembranos, con esos mofletes colorados y esa sonrisa pícara, porque mira que es pícara…

Cae la nieve en las montañas, y en los valles abunda el frío, y al caer la noche, brillan las estrellas en el firmamento mientras se cierne una helada sobre la tierra.

Cae la nieve sobre las montañas y el silencio reina en los montes y las riberas, y la lumbre se apaga en las casas, dejando el calor tras de sí, mientras los mayores se hacen coscas, ahora que no mira nadie, y los pequeños sueñan con aventuras en bici cerca de la presa (porque en los sueños nadie les riñe).

Cae la noche, y el más pequeño hace ya rato que se fue a “mimir”, tranquilo, satisfecho, con la felicidad pintada en la cara de quien disfruta del pueblo.

¿Vamos a Villacidayo? ¡Vamos! Pero antes, como siempre, yo me quedo un ratito en Cifuentes, en mi querido Cifuentes, de Rueda, ¿cuál si no?

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Pensando

Mi mágico León: huerta en Cifuentes de Rueda. León.

Coraje

No dejo de pensar en ti, no, no dejo.

No dejo de pensar en esos planes que ahora se han visto parados, que se mantienen a la espera de volver a ser reemprendidos.

No dejo de pensar en ti, y a veces me enfado, y otras me conformo, ¿y sabes qué? a veces, también a veces, siento esa fuerza en el estómago que me dice: -“¿Rabia? Rabia no, ¡coraje! Coraje es lo que hace falta para poner las cosas en su sitio, para aprovechar las circunstancias y no desistir, para no perder el foco en la meta a lograr.”-

Sin prisa pero sin pausa, ahí voy: sin prisa pero sin pausa, con las cosas claras y las ganas a todo gas, reemprendiendo proyectos que tenía aparcados, cosas de tiempo…

Y aquí, lejos, cerca, sin dejar de pensar en ti, grito a los cuatro vientos que el manzano sigue floreciendo, y el peral, y el guindo también, que voy a recoger el fruto, y no voy a permitir que nadie más vuelva a recogerlo por mí.

Aquí lejos, cerca, sigo pensando en ti, y ¿sabes qué? Esta vez va a ser diferente.

Empezar es lo que más cuesta. Yo ya hace tiempo que empecé: empecé a transformar sueños en proyectos, y proyectos en metas, y metas en objetivos, a corto y a largo plazo.

Hace tiempo que lo tengo claro, Cifuentes, y no voy a permitir que la primavera se me escape y, aunque sea en junio, seguirá siendo primavera.

Cifuentes de Rueda, León, no olvides, recuerda, siempre recuerda, que lo bueno se hace esperar.

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Pequeñas cosas

Mi mágico León: Cifuentes de Rueda. León.

Salpicando el mundo

Es el valor de las pequeñas cosas, de aquellas que siempre valoramos, y ahora seguimos valorando.

Es el valor de una mirada, de un paseo por el campo, con los pájaros cantando no se sabe dónde, pero cantando, llenando la primavera con sus voces pizpiretas y coloreadas, acompañando el florecer de los capullos, y el blanco, rosa, violeta, azul… de las copas de los árboles, de los salteados de los prados….de la vida.

Feliz, soy feliz, por saberte llenando el mundo de alegría, querida primavera, y a los corzos y las perdices desperdigarse por los campos y los montes… Feliz por saberte viva y resplandeciente, valiente y aguerrida, ¿miedo? ¿quién dijo miedo? quizá precaución, pero miedo… miedo no.

Sentada en mi atalaya, divisando un paisaje lleno de recuerdos e ilusiones, aparece un horizonte gris y blanco, salpicando Peña Corada con las nubes de ese cielo limpio.

Sentada en mi atalaya, veo los tejados de ese pueblo, el mío, el tuyo, el que espera tranquilamente volver a ser recorrido por niños en bicicleta y voces cantando, por olores a comida y el siseo de la sierra al chocar con la madera.

Sentada en mi atalaya, siento el viento acompañar mi quietud con su movimiento sereno y suave, peinando las huertas y las hierbas, los matorrales y los árboles, volando libre, como antes, como ahora, como siempre…

Porque la naturaleza es sabia, y siempre busca el equilibrio, porque el hombre es necio y se olvida de ello, porque en la variedad está el gusto, y en la sencillez de las pequeñas cosas, el placer de pasear por Cifuentes.

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Suerte

Paseando por Cifuentes

En víspera de Reyes: Primavera

Suerte, tengo suerte… de tenerte, de quererte, de cuidarte desde lejos, como los amantes de antes…

Suerte, tengo suerte, mucha suerte, de poder escribir y llegar hasta a ti, de poder transmitir sin tenerte delante, pero teniéndote, a decenas de kilómetros, cientos, miles, ¿a caso importa?

Importa que estés bien, que no olvides que la primavera se aproxima lentamente, sin prisa, sin pausa, con la certeza de que conquistará el mundo de nuevo, en esta vieja Europa que sigue floreciendo en los balcones y en los salones, con niños alborotando los días, madres y padres compartiendo sus vidas, tíos y tías cuidando de los pequeños mientras otros trabajan, amigos y amigas contactando desde lejos, porque ahora, como siempre, aunque a veces lo olvidemos, los amigos son la familia que uno elige.

Importa que estés bien, abuelín, abuelina, que no olvides que te queremos, que queremos verte bien, con tu cacha y tus achaques, con tus quejas de siempre, ¿qué sería un abuelo, una abuela sin quejarse? Queremos oírte reburdiar, molestarte mientras echas la siesta y que nos regañes después. Queremos… queremos que sigas estando ahí.

Importa que te cuides, que permitas que el tiempo te haga abuela, te haga abuelo, importa que no te pierdas esa vida que aún no conoces.

Importa que cumplas sueños, que no se queden a medias, que alcances metas propuestas, que planees nuevos logros, que luches por conseguirlos…

Ahora, como siempre, la distancia hace más fuerte el amor, y ahora, como siempre, se echa de menos el pueblo, esa pequeña patria que tan dentro del alma llevo…

Qué ganas de pasear por mi huerta, por mis tierras, qué ganas de reclamar lo que es mío, que nadie piense que puede arrebatar los amores cuando hay distancia de por medio.

Qué ganas de verte sonreír, de escuchar tus carcajadas cara a cara, de probar lo rico que cocinas y disfrutar de los árboles cargados de flores, y de frutos… qué ganas…

Como una niña en la víspera de Reyes, con ilusión y esperanza, así espero la llegada de esta primavera, así espero reencontrarme contigo, y mientras tanto, preparo la lista de regalos que voy a pedir, entre ellos estás tú, mi querido León, mi querido Cifuentes.

Ahora y siempre, qué suerte tengo…

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Esencia

Invierno en Prioro. León. Montaña oriental leonesa.

Paseando por el tiempo

El aire fresco recorriendo la alturas, mientras los colores de la primera parecen acercarse, y no hay rastro de nieve, aunque nunca se sabe, que todavía está por llegar el mes de marzo, y abril… y de pronto el tiempo sorprende, se rebela, y cambia el orden de las cosas.

Paseando por los senderos ya descritos, encontré una realidad diferente, con el cielo azul limpio, muy limpio, con las nubes multicolores llenando de algodón las  alturas, y los verdes salpicando la silueta de los montes.

En las alturas de la montaña, donde Prioro pasa sus días, no hay prisas ni miedos, solo quietud y paz, tranquilidad y buenas sensaciones… pan caliente cada día y berrea en septiembre.

En los paseos tranquilos, en las caminatas serenas, están los olores de siempre, a tomillo y romero, a colores desparramados en sus flores, a recuerdos de otros tiempos, a planes de futuro y vivencias del presente…

En las caminatas tranquilas, acompañadas por alguna voz amiga, se escucha cada paso suave acariciando la tierra que se extiende bajo los pies, dibujando la línea de una vida que no sabes dónde te llevará, aunque lo creas, no lo sabes…

Y así, entre paseos, aire, colores, cielo y tierra, disfrutamos de Prioro, disfrutamos de la vida, disfrutamos de la esencia que nos cubre por fuera, que nos llena por dentro: León.

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Sabor a ti

Mi mágico León: atardece en Azadón. León. Mi más sincero cariño a Julen, a sus padres, a su gente, y a todas esas almas de buen corazón que viven en vilo desde el primer momento. Mi corazón está en aquel pozo de Totalán. Te llevo conmigo, pequeñín.

Esperanza dorada

Llegó el frío, con sus estampas nevadas y sus silencios pausados, con una quietud serena que apacigua los miedos y las incertidumbres, que acompaña el camino de las almas que transitan momentos complicados, difíciles de aceptar, difíciles de pasar.

Qué sabio es el tiempo, y cómo cuesta dejarlo transitar por la vida, porque a veces cada paso sabe a ese trago cargado de espinas que te rasga por dentro desde el primer instante.

Los atardeceres, y los anocheceres tienen sabor a ti, y las mañanas, las tardes y las noches… las estrellas dicen que estamos bajo el mismo cielo, y a veces, que nos miras desde allí arriba.

Cómo cuesta seguir respirando con ese peso atenazando el corazón, con el paso de los segundos y las horas, ahogando el alma, pensando en ti.

La vida tiene momentos para todo, y en su magia reside la fuerza para seguir adelante, para llevarte en el corazón y en el alma hasta siempre, porque nunca hay un final si el amor así lo siente.

Aunque haya tristeza, sigue adelante, aunque no puedas más, no dejes de luchar… a veces no es fácil, lo sé, a veces parece no tener sentido, y no tengo la respuesta, pero tengo lágrimas en los ojos y sentimientos a flor de piel, tengo la esperanza herida pero viva, siento el dolor en cada parte de mi ser y te acompaño con el cariño más sincero que poseo…

Ahora toca vivir la más triste de las emociones, ahora, sólo ahora, porque aunque sientas que no puedes más, ya ha pasado un segundo, y otro, y otro más… y aquí estás, sigues aquí.

Miro a través de la ventana y veo un paisaje lleno de paz y sosiego, de paseos tranquilos a la luz de un nuevo atardecer, a la luz de un nuevo sueño que está por llegar.

Cuesta despedirse, y por eso no lo hago, te acompaño, me acompañas, aunque no te vea, nos acompañamos.

Camino por las calles desiertas, y en alguna chimenea aparece el humo escapando del hogar cargado de lumbre… entonces sé, que puede que no lo veas pero no estás solo, no estás sola.

En aquella luz dorada que inunda el paisaje, está la esperanza de un nuevo amanecer, donde sentirás distinto, donde estarás mejor, donde el dolor habrá perdido fuerza y dejará su marca como un tatuaje a fuego en la piel.

Y siempre, siempre, nos quedará el recuerdo, nos quedará el amor, nos quedará el cariño, nos quedará Azadón.

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Tú y yo

Mi mágico León: abeja posada sobre un diente de León. Ambasaguas. Curueño. León.

Caricias suaves

Tú y yo, solos tú y yo, y un montón de personitas que conforman el universo que habitamos, pero tú y yo, y nuestras montañas, lagos, ríos, puentes y campos, y siempre, siempre: tú y yo.

Te quiero, ¿sabes? más allá de convencionalismos y opiniones ajenas, más allá de miedos, incertidumbres, ausencias y tristezas: te quiero.

Quererte es muy fácil, porque más allá de lo difícil, siempre está tu preciosa mirada y esas palabras dulces que pintan mi mundo de belleza y profundidad.

Quererte es muy fácil porque calmas mis prisas con tus tiempos y, al contemplar con detenimiento el paisaje, aparecen nuevos matices que enriquecen sus colores, sus sonidos,… y las emociones se despiertan cuando la magia envuelve al corazón.

Te quiero, y te quiero mucho; tanto como para esperar aunque saldría ahora mismo a recorrerte, tanto como para amar cada uno de los elementos que componen tu mundo, tanto como para admirar el trabajo de la abeja que, pacientemente, se posa sobre las flores una y mil veces, y, sin prisa pero sin pausa, trabaja para lograr su rico néctar.

Te quiero, querido felino, porque con la música de tus noches estrelladas tocas las teclas de mi alma.

Te quiero y me emociono al pensar en ti, y en que en ti, también mora mi hogar.

Mi querido y mágico León, mi amada tierra de bonachones y bonachonas, de gente sencilla que ama el agua y el campo, y los pequeños detalles que enriquecen los momentos.

Mi estimado y mágico León, donde los pueblos son muchos y las pequeñas patrias tienen nombres propios… como Ambasaguas, donde el Porma y el Curueño, se funden en un abrazo eterno.

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Entre dos aguas

Mi mágico León: arboleda nevada en primavera en Ambasaguas. León. Turismo rural.

Blanca tranquilidad

En un rincón del mundo, donde el ruido y la polución se diluyen entre el cielo limpio y la tierra fértil, hay lugares escondidos que recorren los animales pacíficamente.

En algún sitio, plagado de chopos y de riberas, hay un pueblo bañado por dos aguas, con las montañas a lo lejos, adornando el horizonte, y el monte a un tiro de piedra, donde corzos, jabalíes y demás compañeros campan a sus anchas, sobre todo en invierno, cuando el ser humano reside en las grandes ciudades o los pequeños pueblos, y el calor de una hoguera es la sensación de sentirse en casa.

Caprichos del tiempo que moldean la naturaleza a su antojo, y así, cuando la primavera había hecho acto de presencia y las cigüeñas ya se habían relajado en las alturas de sus nidos, bajaron las temperaturas y el paisaje se tiñó de blanco, sorprendiendo los planes de las ropas ligeras y los zapatos frescos.

En cualquier punto de la geografía leonesa, aparecen lugares llenos de quietud y detenimiento, de tranquilidad y sosiego para el alma, sin prisas ni agobios, con pausas y aire limpio…

Y ahora, hoy, me viene a la mente Ambasaguas, y el Porma y el Curueño uniéndose para acariciar la fertilidad de su suelo.

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