Tú y yo

Mi mágico León: abeja posada sobre un diente de León. Ambasaguas. Curueño. León.

Caricias suaves

Tú y yo, solos tú y yo, y un montón de personitas que conforman el universo que habitamos, pero tú y yo, y nuestras montañas, lagos, ríos, puentes y campos, y siempre, siempre: tú y yo.

Te quiero, ¿sabes? más allá de convencionalismos y opiniones ajenas, más allá de miedos, incertidumbres, ausencias y tristezas: te quiero.

Quererte es muy fácil, porque más allá de lo difícil, siempre está tu preciosa mirada y esas palabras dulces que pintan mi mundo de belleza y profundidad.

Quererte es muy fácil porque calmas mis prisas con tus tiempos y, al contemplar con detenimiento el paisaje, aparecen nuevos matices que enriquecen sus colores, sus sonidos,… y las emociones se despiertan cuando la magia envuelve al corazón.

Te quiero, y te quiero mucho; tanto como para esperar aunque saldría ahora mismo a recorrerte, tanto como para amar cada uno de los elementos que componen tu mundo, tanto como para admirar el trabajo de la abeja que, pacientemente, se posa sobre las flores una y mil veces, y, sin prisa pero sin pausa, trabaja para lograr su rico néctar.

Te quiero, querido felino, porque con la música de tus noches estrelladas tocas las teclas de mi alma.

Te quiero y me emociono al pensar en ti, y en que en ti, también mora mi hogar.

Mi querido y mágico León, mi amada tierra de bonachones y bonachonas, de gente sencilla que ama el agua y el campo, y los pequeños detalles que enriquecen los momentos.

Mi estimado y mágico León, donde los pueblos son muchos y las pequeñas patrias tienen nombres propios… como Ambasaguas, donde el Porma y el Curueño, se funden en un abrazo eterno.

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Entre dos aguas

Mi mágico León: arboleda nevada en primavera en Ambasaguas. León. Turismo rural.

Blanca tranquilidad

En un rincón del mundo, donde el ruido y la polución se diluyen entre el cielo limpio y la tierra fértil, hay lugares escondidos que recorren los animales pacíficamente.

En algún sitio, plagado de chopos y de riberas, hay un pueblo bañado por dos aguas, con las montañas a lo lejos, adornando el horizonte, y el monte a un tiro de piedra, donde corzos, jabalíes y demás compañeros campan a sus anchas, sobre todo en invierno, cuando el ser humano reside en las grandes ciudades o los pequeños pueblos, y el calor de una hoguera es la sensación de sentirse en casa.

Caprichos del tiempo que moldean la naturaleza a su antojo, y así, cuando la primavera había hecho acto de presencia y las cigüeñas ya se habían relajado en las alturas de sus nidos, bajaron las temperaturas y el paisaje se tiñó de blanco, sorprendiendo los planes de las ropas ligeras y los zapatos frescos.

En cualquier punto de la geografía leonesa, aparecen lugares llenos de quietud y detenimiento, de tranquilidad y sosiego para el alma, sin prisas ni agobios, con pausas y aire limpio…

Y ahora, hoy, me viene a la mente Ambasaguas, y el Porma y el Curueño uniéndose para acariciar la fertilidad de su suelo.

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Sin ti

Mi mágico León: puesta de sol primaveral en Azadón. León. Turismo rural.

Nadie como tú

Cuántas veces habré oído la frase “No puedo vivir sin ti”, ni lo sé.

Parece que así debería ser el amor: una necesidad imperiosa del otro para respirar, sentir, amar… para ser feliz.

Yo puedo vivir sin ti, León, pero no quiero, y si no quiero, no puedo, seguro.

Se me ocurren mil inviernos nevados y un sinfín de primaveras estallando de colores, despertando poco a poco al calor del verano que se acerca; y los animales revolviendo aquí y allá; las golondrinas y los vencejos dejándose ver por los pueblos, las cigüeñas coronando los campanarios, las abubillas, los jilgueros y demás compatriotas revoloteando entre las ramas, surcando los cielos, repasando los valles desde arriba, anunciando la algarabía de una sangre que sabe que ha llegado la primavera.

No quiero vivir sin ti, querido campo, con esos atardeceres eternos que pintan de colores tus extensiones; ni sin ti, esbelta montaña,  que llenas de majestuosidad un paisaje cubierto de sueños, de intrépidos montañeros que se proponen alcanzar tu cima, de chavalería haciendo de las suyas, como tiene que ser; de corzos y rebecos coronando tus alturas….

Me apetece disfrutarte, querida tierrina, y recorrer los caminos de labranza que pocos transitan, acariciar las orillas de tus ríos con el suave roce de mis pies, ver a los zapateros anunciar que el agua está limpia, escuchar el bramido de alguna vaca que anuncia su presencia, y pasear entre los chopos…

No quiero vivir sin ti, querida mía, ni sin el Esla y el Órbigo, el Curueño y el Bernesga, el Porma, el Omaña, el Sil, el Duerna o el Cea… y no sigo, porque tus rincones los surcan millares de gotitas refrescando las ilusiones, y las cosechas; y las xanas y los trasgos juegan entre las hierbas a esconderse de las miradas, pues solo los más inocentes, logran ver el brillo de su fantasía.

No quiero vivir sin Azadón, o sin Cifuentes, sin Prioro, Villacidayo, Ambasaguas, Sahagún o Herreros, no quiero vivir sin cada rincón de mi mágico León, ni dejar de descubrirte y enamorarme de tus preciosas puestas de sol, cuando, por un rato, te olvidas de las inquietudes que perturban el alma, y solo existimos la belleza, tú y yo.

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Primavera

Mi mágico León: paisaje de primavera en lares de Azadón. León. Turismo Rural.

Primavera feliz

Curiosa primavera, que sorprende con el mes de marzo, y callando, callando, se va colando por las rendijas del invierno, para dar lugar a atardeceres que hacen los días más largos, a flores llenando de colores los campos y los árboles, a pájaros impregnando de trinos los pueblos, campos y montes; para dar lugar a abejas cosechando el rico polen, a miradas descubriendo lo mono, lo majo, lo comprometido que es el amor, que cuando llega, embate como las olas de un temporal al caer en la playa, arrastrando la arena, creando un nuevo paisaje… ¿cómo resistirse al amor?

Primavera, me gusta la primavera, y descubrirla pintando de alegría las sorpresas, plagando de confianza las amistades, salpicando el aire de carcajadas, resbalando entre las sonrisas para adentrarse en las profundidades, y llegar hasta el corazón, anidando en sus entrañas, dando forma al hogar en el que ha decidido permanecer para siempre, y así, de esa manera, hacerse eterna.

Me gusta la primavera y su contraste de sensaciones, a caballo entre el invierno y el verano, con sus noches frías y sus días más cálidos, con la nieve sorprendiendo el mes de abril, y los calores de agosto dejándose ver en algunas horas entre la mañana y la tarde, todo a la vez, un día sí y otro también, así, así de loca es la primavera.

Y en esta estación tan poco cuerda, recuerdo que hay razones del corazón que la razón no entiende; que en la vida no todo son matemáticas; que si las cosas que valen la pena fueran fáciles, todo el mundo las haría,… y recuerdo que los sueños, si los bajas a la tierra se convierten en proyectos, y los proyectos en realidades; que aquí y ahora todo se maneja mejor, y que hay que tener un poco de todo en el armario, porque entre el bañador y la bufanda anda la cosa.

En esta estación tan poco cuerda, en noches como esta, miro al firmamento y vuelvo a descubrir que tú y yo vivimos bajo un mismo cielo, y que el mundo es un lugar bonito si lo miras con esos ojos.

En esta estación atarantada, Azadón despierta del sueño invernal y contempla, feliz, el paisaje desde su atalaya…

Feliz, como aquel que ama sabiéndose amado: muy feliz.

 

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Toda la vida

Mi mágico León: anochecer de primavera en Azadón. León. Turismo rural.

Ardiente dulzura suave

Te voy a querer toda la vida, y más allá, cuando las nubes y las montañas se fundan en un abrazo eterno, y haya nieve, y flores amaneciendo llenas de color, y paseos otoñales cubiertos de cobrizos, dorados y marrones adornando las sensaciones…

Te voy a querer siempre, así, de esta manera, tranquila, segura, convertida en una declaración de intenciones, en un propósito impregnado de sentimientos que se funden en tu mirada cruzándose con la mía, entendiendo, que llegamos para quedarnos, para acompañarnos, para reír y llorar juntos, para amarnos.

Te voy a querer siempre, como el sol a las montañas y los campos, como la nieve a los ríos, las cascadas y los arroyos, como las vacas a los prados y las golondrinas a la primavera y el verano, siempre.

Y te voy a querer porque eres parte de mí, porque sentirte en cada poro de la piel es tan sencillo como caminar entre tus árboles, descubrir nuevos senderos que muchos ya han olvidado, y chapotear en tus ríos aunque el agua esté helada.

Te voy a amar siempre porque la luna en tus lares se hace más grande, más brillante, más dama de la noche y el día, y el sol, el sol llena de magia los lugares pintando de candor los colores del paisaje…

Como ocurre en Azadón, cuando la primavera hace acto de presencia, y la noche llega callando, callando…

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Ilusiones mágicas

Mi mágico León: nieve en Arbás del Puerto. Parador de Pajares. León.

Cubierto de magia

Cuando menos lo esperabas, empezó a caer la nieve, suave, delicada, como las plumas de los ángeles cuando caen del cielo, dejando intuir una grandeza que trasciende más allá de la piel y los huesos.

Cuando menos lo esperabas, empezó a sonar la melodía de los laureles y los triunfos, de la cosecha que llega tras el tiempo de trabajo y esfuerzo, cuando la dura labor no parecía llegar a su fin, y el resultado no asomaba en el horizonte.

Entre las alturas de las montañas, comenzó a caer el maná de la primavera, que antes de hacer acto de presencia, envía gotitas congeladas a cubrir el mundo de magia e ilusiones, el paisaje se viste de novia y una paz congelada reina serenamente en las montañas, los valles y los campos, donde los ríos se niegan a volverse sólidos del todo y siguen fluyendo, a veces bajo la superficie, más allá de la vista…

Te deseo un camino lleno de esperanza y constancia, de trabajo, triunfos, alegrías y plenitudes,… te deseo fe y alegría, sabiduría para saber reconocer lo bueno en lo que aparenta no serlo, lo mejor en lo que parece ser simplemente bueno, y lo extraordinario en la sencillez cotidiana que forma parte de la vida.

Te deseo árboles cubiertos de magia, y sueños encantados bajo el velo de la realidad, puertos de montaña resbalando bajo montones inmensos de blancura, sonrisas a carcajadas escapando de los ojos, miradas que se entienden sin decir palabras, y cariños que se engendran empezando por uno mismo, por una misma.

Allá arriba, donde el horizonte se funde entre cielo y tierra, donde las montañas acarician las siluetas del infinito, donde las almas se pasean en un mundo disfrazado de merienda de las de antes, de las de pueblo, de hogaza cubierta de nata y azúcar… allá, en Arbás del Puerto, la nieve reina un país de ilusiones mágicas y sueños por cumplir.

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Mi cielo

Mi mágico León: nieve en tierras de Cembranos. León.

Caída del cielo

El cielo se enamoró de la tierra y sus montañas, de esos valles que parecen caer tan en picado porque las montañas son altas y esbeltas, espigadas, soberbias, preciosas… y, a ratos, rozan los rincones más profundos del alma, y surge la magia, se funden en un solo amor, y el invierno pesa menos, porque en su corazón arde la llama viva, de una pasión, que no ha de apagarse jamás.

Te escribo a ti, cielo mío, desde una tierra que te acompaña a cada minuto, desde sus más profundos valles, a sus más elevadas montañas, y siempre, siempre, acompañando tu bella y sensible esencia.

Veo caer los copos sobre mí en tus momentos de fría tormenta, cuando todo parece gris, cuando los fríos atenazan tu hermoso corazón, cuando el miedo se hace grande y el pavor congela tu linda mirada, cuando ya no puedes más y lloras cuando te crees solo, sin saber, que yo, tierra mágica, no dejo de seguir aquí, sabiéndote sensible y fuerte, valiente, sabiéndote dulce y paciente, compartiendo la frialdad que nos toca vivir, sabiendo que la tormenta deja un maravilloso paisaje blanco, que riega el territorio de los sueños que juntos construimos, sabiendo que, más tarde, llegará la primavera, y las flores llenarán el mundo de colores, de olores, de mariposas y paseos al atardecer, sabiendo que juntos hacemos el universo más bonito, como el mar acariciando la orilla, como las olas chocando los acantilados, como esos labios enamorados que acarician lo que no se ve, cerrando los ojos, suave, despacio, a fuego lento…

En Cembranos, Herreros de Jamuz, Valencia de Don Juan, San Andrés de Rabanedo, Valdeteja, Villamañán, Maraña, Sosas de Laciana, Valdevimbre, Prioro, Sabero, Felechas, Almanza, Babia, Villaverde de Omaña, Cistierna,… veo caer la nieve sobre este mágico León, y vivo, sintiendo, que estoy aquí, para ti…

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