Te veo

                                                           Trocitos de ti

Te veo, sin verte de una manera tangible, pero te veo, ¿quién ha dicho que el alma no puede ver? Pues así te veo yo, con los ojos del alma, y del corazón, aunque muchos no te puedan ver… 

Te siento, en el brillo de las montañas, y en esa mirada amiga, casi hermana, que tanto te echa de menos, tanto… 

Noto, sé que estás ahí, cuando una tarde de mediados de agosto, antes que las perseidas empiecen a atravesar la negritud con más fuerza que de costumbre, damos un paseo junto a la carretera, y sopla, suave, un viento cargado de caricias silenciosas, y sonrío porque te llevo dentro, y fuera, en cada poro de la piel, y me siento fuerte, y valiente, con un toque de locura, como no podía ser de otra manera, claro, contando aventuras y desventuras de una vida tan intensa, que a veces, parece mentira que sea real. 

Camino, tranquilamente, como si no faltaran horas para volver a emprender ese mismo camino que me separa y me une a ti, obviando que cada vez me cuesta más alejarme de los silencios que pueblan de tranquilidad los campos al son de las cigarras, y es que… soy tan feliz…

Caminando, escuchando la voz de un corazón, alzarse tranquila entre sinceridades escondidas y dolores atravesados, en un mundo en el que el sosiego da una tregua a las angustias y las responsabilidades, en un lugar donde siempre están confundidos los sentimientos con el paisaje, ese paisaje que riegan el Esla, el Órbigo, el Bernesga,…

Pero el Esla que desciende desde Maraña y se pasea por los dominios del señorío de Rueda… Y así Cifuentes mira desde el otro lado a Quintanas, y siguiendo la senda más transitada, más arriba, camino a las montañas, contemplando a Peñacorada, se dibujan las calles y los tejados de Cubillas.

Te veo.

Te veo, te siento, noto en el estrellado de las noches esa infinidad eterna que dibuja sonrisas hechas brillo, y mientras haya cielo, campos, luna y río, seguirá habiendo amistades y amores que pueden con la más lejana frontera, ¿verdad compañero? Verdad compañera, y Cubillas, siempre será Cubillas de Rueda,… 

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Hazañas acompañadas

Mi mágico León: castillo de Villapadierna. León.

Escudriñando ilusiones

Pasar por la carretera camino a Cistierna, y de pronto, sin esperarlo, mirando por la ventanilla, aparece la silueta de la torre de un castillo.

-“Tengo que ir”-, ir y caminar por lo que en otro tiempo fue una fortaleza inmersa en el siglo XV, y descubrir las estancias polvorientas y soleadas que a día de hoy se divisan haciendo uso de la imaginación.

Caminar por los senderos de los buenos ratos,  y encontrar esa luna brillante, callada, sonriente, contemplando tus hazañas aventureras, y aunque parezca que estás solo, no lo estás, porque siempre hay un corazón pensando en ti, cuidando de ti, con su cariño tranquilo y sincero; y a veces más de uno, o de dos, quién sabe.

Pasear ajeno a las prisas y los quehaceres cotidianos, donde solo la brisa que sopla Peñacorada te apura con esa frescura que a veces eriza la piel.

Pasear y meterte por donde nadie se mete, o casi nadie, porque siempre hay otro loco, otra loca, con la misma idea descabellada… ¿sintonía? ¿conexión? Será que las cosas no son tan difíciles como nos empeñamos en pensar, igual simplemente se trata de fluir, de dejarse llevar y salir de lo seguro para conquistar nuevos territorios.

Y mientras paseas y te planteas y replanteas lo que dudas y sabes, el astro rey empieza a retirarse hasta un nuevo amanecer; un amanecer, desde el que volver a iluminar, las tierras de Villapadierna.

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Allá voy

Mi mágico León: camino al cementerio de Cifuentes de Rueda, León.

Ganas de ti

¡Allá voy! Con el entusiasmo enganchado en la sonrisa, con la sorpresa de lo inesperado hecho realidad, con esas cosquillas en el estómago que te dan ganas de gritar diciendo: -“¡Qué voy! ¡qué voy! ¡qué me voy al pueblo!”-

¡Allá voy! con centenares de horas al teléfono clavadas en el corazón, con las mil bobadas que hacen reír, con  las seriedades cuando hace falta, con… con montones de planes soltados al aire que… quién sabe… igual se cumplen, no sé.

Voy, no sé si hoy, mañana o pasado, pero que voy, voy, de eso no hay duda. Y entonces… me van a poder las ganas de salir corriendo de la capital, dirección a tierras del Esla, y respirar ese aire puro que huele a… ¡tantas cosas!

Huele a recuerdos entrañables, esos que viven enganchados en la boca del estómago, y cuando los piensas, parece que se quieran escapar atravesando la piel, y como no pueden, te sientes tan… llena de energía, tan eufórica, que dan ¡ganas de salir corriendo!

Corriendo a los brazos de los grandes amores, para volver a abrazarles con una sonrisa en los labios y una lágrima en los ojos, una lágrima, sí, ¿acaso no tiene derecho a escapar de vez en cuando de esos ojos que tanto brillo guardan en su mirada?

Tranquilidad, paseos y pipas, ¡que no falten las pipas! y las cigarras cantando bajo la solana, los grillos cuando cae la noche, y a veces, hasta luciérnagas se ven.

Tranquilidad, risas, amapolas salpicando los campos, y al poco, se oye la música de esa discoteca móvil que anuncia “Grandes fiestas en… ” aunque esas cosas las diga la radio, pero la música las dice de otra manera.

Allá voy, con la maleta cargada de sueños, recuerdos, anhelos, y chaquetas, tejanos, faldas, sandalias, botas… ya sabes, cosas que te vistan de colores y alegrías cuando las estrellas salpican el cielo, y las miradas se cruzan entre la amistad, la confianza y la picardía, sí, a veces, también la picardía.

El tiempo no pasa, ¿quién ha dicho que el tiempo pasa? El tiempo no pasa. Pasan algunas personas que jugaron a ser lo que no eran, y entonces, te descubres de nuevo con la misma alegría que entonces, con las mismas ganas de rumbas y frío, porque pasar un poco de frío forma parte del paquete, ¿y sabes qué? ¡No lo cambio por nada!

Cifuentes, mi querido Cifuentes, y Villacidayo, y Quintanas, Valdealiso, Casasola, Rueda, Gradefes, Sahechores, Villahibiera, hasta Mellanzos y Villarratel, Las Muelfas, algún corzo atravesándolas cuando no lo esperas, ¡y mis ganas por volver a recorrerte, León!

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Me gusta

                                                                      Suave Tranquilidad

Días de calor llenos de madrugones, cuando las calles aún no están puestas, y mientras tanto, otros muchos descansando, bajo la luz relajada de las sombras hechas madrugada. 

Días de bochorno y resplandores, y niños y no tan niños, distraídos camino a la piscina, y un paseo a media mañana, con los cascos en las orejas, y la música moviendo las manos y los pies sin pedirte permiso, ¿será cosa del verano?

Y bajo la sombra de unos árboles que algún día alguien plantó, sonrío sintiendo tantas cosas… y llego a una conclusión: me gusta mi vida. 

Me gusta, me gusta pensar en esos valles y esos paseos junto al río, me gusta ser… ¿original? sí, creo que ese es el adjetivo: original. 

Me gusta… me gusta reír a carcajada limpia, escuchando las bobadas de uno que me sé yo, que es la bomba, y muchos lo saben, cómo no, tanta genialidad no pasa desapercibida; me gusta chinchar a la dama de la mirada limpia y a la muchacha de la inocencia pícara, y… se me escapa la risa de solo pensarlo. 

En julio, estamos en julio, y estoy lejos y a la vez cerca, todo depende de cómo se mire, ¿verdad? ¿Lejos? Define lejos: si es tangible, si lo puedes imaginar, si se te ocurre y se dibuja una sonrisa de medio lado cuando lo piensas… entonces…. entonces es que tan lejos no está, será cuestión de ponerse en modo vacaciones y ¡disfrutar!

A veces miro al cielo y descubro que me he vuelto a enamorar, porque es tan bella… con ese color tan puro, tan limpio, tan… ¡brillante!

La miro y siempre le sonrío, y le pido algún deseo, a veces más de uno, ¿y sabes qué? Siempre me sonríe de vuelta, y sé que me ha escuchado. 

A veces miro esa luna tan preciosa, y recuerdo que en mi mágico paraíso, hay un valle que lleva su nombre, y allí, escondido a plena luz, está Abelgas, y sus paseos pintados de verde. 

 

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Verano

Mi mágico León: amapolas en Villaestrigo. El Páramo. León.

Besos florales

Verano, me gusta el verano: con sus calores durante el día y sus frescuras al final de la tarde, cuando se acerca la noche, cuando llega la noche, cuando despunta la madruga y se funde en el candor de un nuevo amanecer.

Verano, me gusta el verano, y esas canciones que hablan de bicicletas, amores, lugares lejanos y sensualidades, y es que… huelen a risas y reencuentros, a nuevos comienzos y oportunidades…

Dicen que la primavera, la sangre altera… con razón… llega el verano y unos y otros llegamos con la sangre alterada, y aunque a ratos te enfadas, te entristeces, te cansas y desencantas, luego, miras por la ventana, y a fuera está Lorenzo brillando con toda las ganas, y piensas… ¡qué calor! ¡qué ganas tenía de decir eso! ¡qué calor!

Y ahora toca lo que toca: chapuzones en el agua fresca, paseos al anochecer, noches estrelladas bajo las que tumbarse para divisar los presentes del mañana, amapolas salpicando campos dorados, besos por aquí, besos por allí… abuelos, tíos, primos… abuelas, tías, primas… y aventuras arriba y abajo, jugar a pi, a cuba libre, a… polis y cacos… ¿a qué jugamos?

No sé tú, pero yo, entre beso y beso, entre espiga y espiga, voy a jugar a encontrar novelas escondidas en las amapolas de Mi mágico León, ¿empezamos por Villaestrigo?

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Pensamientos revoltosos

Mi mágico León: cascada Los Forfogones, Cofiñal. León.

Travesuras acuáticas

La fuerza de un pensamiento que mueve el mundo, creo que no hay mejor definición: el mundo.

Un mundo que está esperando a ser modelado según las expectativas que pongas en él, y las sonrisas y las determinaciones, a veces serias, a veces distraídas, a veces sonrientes envueltas en abrazos,…

El mundo y multitud de gotas reunidas en caudales formando lagos, ríos, mares y arroyos, deslizándose por las sinuosidades que recorren los montes y los rincones, dejándote soñar un rato, y aunque luego tengas que despertar y darte de bruces contra una realidad que no siempre es lo que deseas, al final, el sueño es un soplo de aire fresco que te llena de ilusiones y esperanzas, que te permite mirarte al espejo y descubrir de nuevo la sensualidad de tus labios rosados, y la mirada profundamente inocente y limpia, que, a ratos, juega a ser pícara y divertida, aunque la realidad siga ahí fuera.

El mundo y la frescura trepidante de la travesura alegre de los Forfogones, junto a Cofiñal, y los pensamientos convulsos revolviéndose entre las corrientes que descienden de las montañas, y entre líquenes, musgos y árboles, se pasean las ninfas a escondidas, sonriendo mientras un pequeño arco iris, aparece a los pies de la cascada.

Pensamientos que recorren la mente una y otra vez, revoltosos, ¿será posible que no puedan quedarse quietos? Y no sé, parece que no son demasiado obedientes a la voluntad, porque, a ratos, vuelves a pillarles con las manos en la masa, despistados, en los rápidos de Los Forfogones.

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Decisiones

Mi mágico León: primavera en Villacidayo, León. Tierras de León.

Permisos floridos

¿Será cosa de la primavera? A veces toca decidir: decidir arriesgar, mantenerse, decidir ser apasionado, o tal vez racional, decidir… En realidad, siempre toca decidir: a veces de forma consciente, otras de manera inconsciente, pero al fin, siempre toca decantarse por una opción u otra, u otra más, el mundo es tan grande, la vida tan corta, y hay tantas posibilidades… Y, por una vez, decidir darse una tregua, como el frío una mañana de invierno, ¿por qué no? si él puede dejarse llevar y calentarse al cobijo del astro rey, seguro que se puede, de vez en cuando, ir un poco en contra de la inercia que marca la vida, y permitirse algún capricho… Caprichos, como las abejas recolectando polen, como las gotas de rocío acariciando la hierba, como las flores inundando las ramas… Decidir conectar con un mismo y alinear alma, mente y corazón; ser honesto con los anhelos y enamorarse de los aromas y los colores pintando pétalos; y disfrutar… Caminar tranquilamente, sin agobios, sin prisa, por el lugar donde el aire se encalleja, y escuchar, a la dama de la familia, hablar del convento, y decidir… Decidir vivir, decidir respirar y sonreír, decidir sentirse protegida, al abrigo de la primavera, en la compañía de Villacidayo, el pueblo en el que, el cariño, sabe a Gloria.

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