Archive for Lugares de ensueño en las profundidades de España

Alegría

Mi mágico León: en algún lugar entre Asturias y León, dentro de la provincia de León. Mi mágico León.

Paisaje que embelesa

Alegría desbordada que se despierta cada mañana, entrando por esa puerta entreabierta, que aunque parezca cerrada, no lo está.

Alegría chispeante y desparpajo sorprendente, espontáneo, como el fluir cristalino de la nieve al contacto con el calor, que sin pedir permiso, cambia de forma y de textura, de color y candor, e imprime un nuevo aroma al paisaje, salpicándolo de flores y cristales, que se escapan entre las moléculas de agua que conforman los arroyos y los ríos, que sacian la sed de los campos, adormecen el ardor del mediodía, y llenan de vida las miradas perdidas en el infinito…

Miradas, como la de esa chica dicharachera y divertida, cargada de juventud y entusiasmo, que pinta el mundo de sabores y diseña sus propias ideas, peculiares, como ella,…

Así es la primavera, que irrumpe, suavemente, en la lentitud pausada del invierno, que adormece los campos y los montes, y allí,… en algún punto confuso en el tiempo… deja de hacer tanto frío, empieza a hacer más calor,… y callando, callando,… se acerca el verano…

En algún lugar del mundo, hay un paisaje que embelesa y enamora, que relaja con solo contemplarlo y dibuja una sonrisa en la cara…

En algún lugar del mundo hay un corazón dividido entre dos amores, entre dos tierras, entre el ayer y el mañana, entre el Mediterráneo y las montañas que se acercan al Cantábrico… y en mi alma, hay un lugar donde las palabras suenan a dulce melodía, donde los imposibles no existen, y donde arriesgar: siempre vale la pena.

En mi corazón, en mi alma, ruge el latido del coraje de vivir, que al pasear por algunos rincones, resuena como un eco, que repite, una mil veces: León, mi mágico León

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Fluye

Mi mágico León: río Torío a su paso por Villaobispo, de camino a la Candamia. León.

Dejándose llevar

Fluye la vida como el agua que compone los ríos, como el viento que sopla desde las montañas, fresco y salvaje, parte de la naturaleza que alimenta los valles y los pueblos.

Fluye como las miradas cuando hay sintonía, y cuando no fluya, habrá que entender que si queda estancada, se corrompe, y si intentas frenar su caudal, rebasa cualquier muro que le pongas delante, y si se te ocurre recogerla a manos desnudas, de manera natural, se te escapa entre los dedos… Será cuestión de fluir, entonces.

Fluir, como el Torío de camino a la Candamia, a su paso por Villaobispo, como las amistades que surgen sin planearlo, como los antojos de churros con chocolate, como los amores a primera vista, que igual el amor aún no existe, pero si fluyes… no sé… igual aparece… será cuestión de darse la oportunidad, digo yo.

Fluyen los momentos a través de las tardes, y las mañanas, a través de los paseos y las labores que dan forma a tus días, y así, toman forma los sueños que pasaron a ser tangibles, dejando sitio a otros nuevos que muy pronto conquistar.

Me río, me río de las presas y la mala leche, de quienes se enfadan porque no pueden poner puertas al campo, porque los ríos no hacen demasiado caso, y de vez en cuando, campan a sus anchas.

Hay que ser bobo, para pretender que el hielo dure eternamente y la magia no ponga las cosas en su sitio, contra todo pronóstico malvado.

Hay que ser bobo, y es que… hay mucho suelto, te lo digo yo.

Pero… ¿sabes qué? No importa. Así tienes más mérito, así da más rabia, así sonríes más y mejor cuando triunfas, porque… al final, triunfas, y eso no te lo digo yo, te lo dice el agua, que al final, hace lo que ha sido llamada a hacer: fluir.

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Momentos personales

 

Ribera del Esla en Villacidayo. Otoño. Turismo rural. León.

Sueños de otoño

 En la vida hay momentos, y en los momentos, a veces, hay personas…

Volver a respirar profundo ese frío, no tan frío, que te roza la piel, y se mete, hasta llenar tus pulmones, y entonces, cerrar los ojos y sentirte libre… por fin… estoy aquí… caminando sobre ti… ¡bendita tierra!

Caminar lentamente, aunque los pies se queden fríos, porque cae la tarde, se acerca la noche, el otoño es el rey del paraíso por estos lares y huele tan bien… huele a río, a humedad y vida, huele a buenos ratos y magia ilustrada en un cielo que se viste de colores. 

Mirar los pequeños detalles, y aprender a reconocerte en los recuerdos de los otros, aunque no lo sepas, aunque no tengas la certeza, seguro que en algún momento merodeas por sus recuerdos, por su mente… ¿cómo negarlo? Si también ellos acuden a tu memoria y se pasean por tus pensamientos. 

Querida tierra, contigo no hay distancias ni imposibles: por ti discurre el bello Camino de Santiago, que no por largo es imposible, y cuando más se acerca al Apóstol Santo, se sumerge en el bello imperio de un felino silenciosamente pacífico, aunque más de un cazurro quiera adueñarse de su elegante misterio, pero… eso sí es imposible, pues en las almas ruines no cabe tanta grandiosidad.

Querida tierra, ¡cómo me gustas!

Me gustas porque eres bonita, porque hasta el olor a abono me recuerda que una parte de mi alma ya está en casa, y ver un halcón, guardando el equilibrio sobre un cable entre poste y poste, me sigue haciendo sonreír. 

Me gustas porque no te rindes, porque a pesar del duro y bello invierno, siempre, siempre, te espera una primavera espectacular, y un verano sobre el que divisar estrellas, y un otoño sobre el que soñar imposibles que un día fueron posibles, y… ¿quién sabe? igual algún día sean posibles… seguro que tú lo sabes, ¿me lo cuentas?

Querida tierra mía, formas parte de mí… ¿será por eso que creo en los sueños? ¿será por eso que sigo sonriendo por mil heladas que caigan?

Y mientras espero alguna respuesta que ya sé, y otras que no sé… sigo disfrutando de la compañía mientras recorro tus senderos… en mi querido Cifuentes, el del puerto y las vacas, aunque no haya mares salados en sus tierras, ni boñigas en sus calles… en mi querido Villacidayo, el de las mantecadas, los bizcochos, y los anocheceres con sabor a gloria…

Porque contigo en el corazón, todo es posible, mi querido y mágico León… 

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Magia de pueblo

Mi mágico León atardecer de otoño en Villacidayo, León.

Paz leonesa

Caminar por tierras del Esla y sentirse segura a la vez que triste, y a la vez, notar cómo el miedo está latente en un corazón, acongojado ante el sin sentido y el odio de quien no conoce la profundidad de la palabra empatía.

Recorrer senderos cargados del frío de una noche limpia y bella que se acerca a los pueblos, y en breve, le toca a Villacidayo, tan sencillo, tan pacífico, tan lleno de buenas vibraciones, de recuerdos con aromas a bizcochos y mantecadas, de abrazos que curan almas, y arraigos que se aferran más allá de las distancias y las ausencias.

Caminar y hablar, hablar mucho, sin teléfono de por medio, notando cómo la frescura del ambiente se regocija en el calor de tus mejillas ilusionadas, donde la pena también se dibuja en el sentir del alma sobre la piel.

Lo siento, siento en los más profundo de mi ser, que haya corazones helados incapaces de respirar serenidad y buenas sensaciones, y solo se me ocurre seguir caminando, porque es lo que hay que hacer, porque el mundo está lleno de rincones maravillosos, y huele tan bien…

Caminar, por los caminos junto al río, divisar a las vacas volver lentamente a su cuadra, con sus andares pacíficos y tranquilos, como si el tiempo no fuera con ellas, habrá que aprender de su calma y perspectiva…

Porque la vida de los pueblos tiene una magia escondida en lo que se percibe, en lo que, aparentemente, no se ve, y se disfruta tanto…

Villacidayo, la villa de los caminos que llevan al cariño que no se agota, ¿será eterno? Como la magia que inunda, el cielo pintado de atardeceres, cuando la noche se acerca.

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Vive

Mi mágico León: puerta en la Vid de Gordón. Montaña central leonesa. León.

Otra dimensión

Vive la vida como si todo fuera un regalo, como si las cosas buenas duraran para siempre, como si lo malo se extinguiera muy pronto, como si pudieras respirar aire puro y sonreír sin demasiado esfuerzo…

Caminar por el mundo descubriendo bosques donde se esconde la magia de los colores, inspirar profundamente llenando de magia los pulmones y sentirte más tranquilo, más tranquila, ¿lo ves? si al final, hasta la hora más larga, tiene sesenta minutos.

A veces, el mundo pesa, pesan los techos que amenazan con abalanzarse sobre tu cabeza, las preocupaciones y los malos humos, ¿será que se regala intolerancia por ahí?

A veces, una espesa niebla se coloca entre nosotros y cuesta ver más allá, sentir el calor de ese humano que tan cerca está de ti, ¿será que tiene el corazón frío? Tal vez… ¿y el tuyo? ¿cómo late el tuyo?

En las entrañas de la Tierra que a todos nos vio nacer, late el ardor de un corazón tan inmenso como arrollador, pintado de naranjas anaranjados, de rojos explosivos, de ríos de lava que en algún lugar desembocan, y forman montes y montañas subacuáticos, y en algún momento, todo lo mueven, y aparecen cordilleras, laderas y valles en los que, un día, creció un pueblo, y otro, y otro más…

En el interior de las montañas leonesas, en la zona de Gordón, cuenta la leyenda, que hubo una vez una bruja… y me pregunto si el hechizo quedó en Ciñera en forma de carbón, o se ha extendido más allá…

Es tan bonito… como un sueño en primavera, como un paseo en otoño, por los valles repletos de fantasías, por los montes repletos de bosques, cargados de hojas, pintadas de colores, de los tonos que duermen en el corazón del planeta que habitamos, y…

A veces, vives caminando, y tras una puerta inesperada, se abre una amalgama de posibilidades que van a arrancarte otras tantas sonrisas.

Marcho, no voy a tardar nada, marcho a rellenar el alma de buenas sensaciones, a escuchar el viento cantar entre las hojas que están por caer, a cosechar sonrisas y miradas iluminadas.

Iluminadas, miradas iluminadas ante la visión de un nuevo destino en los rincones de la Vid de Gordón. Próxima parada: Alegría.

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En el paraíso

Mi mágico León: campo de flores en León. Provincia de León. Turismo.

Nuestro paraíso

Un campo lleno de flores, de colores, de tamaños y especies diferentes, aromas, tintes y tactos, diversos, distintos… pero flores.

Y son tan bellas y huelen tan bien… como las nubes cuando piensas en tus amores.

Hoy te dedico flores, querido amigo, querida amiga, flores de colores, como la amistad que nos une, flores que se abren y se cierran, que pintan el campo de arco iris sonrientes, y llenan el alma de recuerdos entrañables.

Esta tarde, y en muchos momentos, cierto, pero esta tarde pienso en ti, y en ti, y en ti también, y en aquellos que siento en lo más profundo de mi ser, donde nadie puede sentirlos salvo yo misma, y me siento especial y única cuando el resto del mundo desconoce cuánto amor guardo en mis entrañas, en los más bellos recuerdos, en aquellos que deposito en las páginas de la novela de mi vida, que algún día, quién sabe, igual tome forma en las hojas de algún libro…

Pienso en don Camafeo y en el viento que mece mis sueños, en esa luna brillante que ilumina la oscuridad de mis noches, y en aquellas estrellas que brillan cada anochecer.

Pienso en la Cruz del Sur y en las constelaciones que surcan el otro hemisferio, más allá del Atlántico, y en los alfajores y el dulce de leche; en el aroma a azahar y jazmín del Mediterráneo que acuna mis anhelos y en el atardecer de mis tardes de verano, querido cofre de mis secretos.

Pienso… y siento, que se puede ser padre y amigo, madre y amiga, hermano y hermana, amigo, amiga… se puede ser prima y amiga, primo y amigo, abuelo, abuela… y siempre se puede ser amigo, cuando las conversaciones fluyen como el sol discurre por el cielo a lo largo del día, sin hacer ruido…

Pienso que hay amigos que vienen y van, y sigo pensando, y… ¿sabes qué? ¡ellos se lo pierden! ¡Y lo sabes!

Mi querido y mágico León, en ti germina aquella amistad que da fruto y se renueva con una eternidad eterna…

Mi querido y mágico León, te llevo en cada grano de cada espiga, y en las miradas que no se han ido, te llevo en el futuro que está por venir, y en el presente que vivo sin ti… pero contigo, por supuesto, contigo.

Y en este universo, en el que solo estamos tú y yo, y el resto del mundo, pero tú y yo, las distancias desaparecen y pronto nos volveremos a ver.

¿Cuándo? No lo sé… pero pronto… ¿qué es una vida en una eternidad?

Volveré a cruzar el océano que nos separa, o la tierra que nos aleja, o tal vez las dos cosas, volveré a unir el norte con el sur y el este con el oeste, y allí, donde siempre estás, te encontraré.

¿Dónde?

En el paraíso Amistad.

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Escribir

Mi mágico León: primer amanecer de 2015. León.

Ganas de abrazarte

Esta noche vuelvo a escribir como tantas otras, tal vez, o, tal vez como nunca, no sé, pero vuelvo a escribir; y lo hago porque una vez más has vuelto a aparecer entre mis pensamientos, como lo haces tan a menudo en las hierbas que pueblan mi cocina y en las fotos que adornan mi mágico rincón.

Esta noche vuelvo a escribir porque he pensado en dejarlo a un lado, en cerrar la persiana de esta aventura mágica que, sin la vigilia de su guardaespaldas, parece haber perdido fuerza, parece haber perdido magia.

Estaba pensando, y estoy pensando, en que te echo tanto de menos, y a la vez, te tengo tan guardadito en lo más profundo de mi cariño, que me cuesta comprender que ahora tengo que buscarte en el cielo y sus estrellas, en la magia de las mañanas frías de neblina, en las heladas que dejan escarcha y en los rayos de la puesta de sol.

Sin excusas que atestigüen lo que ocurre, te diré que te quiero con locura, y que me cuesta sumarte a mis amores estrellados, porque un mar de voces cariñosas se confunden en el viento, y entre ellas está la tuya, lunático querido, y añoro tus versos entrelazados en el sabor amargo de ese cigarro que alguna riña de las mías te trajo.

Desde la distancia que anteponen los kilómetros a los abrazos, me reconozco acompañada en la solitud desconcertada, de quien sigue esperando escuchar tu voz pausada desear un profundo -“Buenos días”-, o -“Buenas tardes”-, pero siempre buenas, ¿verdad, querido mío?

Y no quiero pensar demasiado, porque si pienso lloro, como a ratos llora el Curueño a su paso por Barrillos, y sé que no te gusta saberme triste.

Por eso, angelote mío, mirando el infinito dulce de tus preciosos ojos marrones, contemplando la maravilla de un nuevo amanecer, te dedico la más esperanzada de mis sonrisas, porque sé, aunque a veces me cueste seguir sabiendo, que estás ahí, en la Bañeza, en los campos y en los montes, en el recuerdo de tus domingos de niñez camino a misa, a la vera de la Puchra leonina, y en los cielos pintados del cálido color de tus amores.

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