Archive for Tierras de León

Pasito a pasito

Mi mágico león: huellas de pájaro en Villacidayo. Ribera del Esla. Invierno. Tierras de Rueda. León.
Saltito a saltito

Poco a poco, paso a paso, así va avanzando la vida, sin prisa, pero sin pausa.

Pasito a pasito, aunque a veces haya que permanecer inmóvil, expectante, observando el mundo girar sin apenas movimiento, sin paisajes cambiantes ni voces diferentes… Así avanza el invierno.

Pasito a pasito, saltito a saltito, como ese pajarillo que sale a buscar sustento en un medio pintado de blanco, salpicado de escarcha cada amanecer, donde las oportunidades parecen escasas y, sin embargo, ahí están.

Uno a uno, como los pueblos que adornan la geografía leonesa, pequeños, aislados, recogidos en el calor a la vera de la lumbre, al resguardo del frío que reina en el exterior, resguardados al cobijo de las chimeneas humeantes mientras los animales merodean sus contornos y hasta corzos, zorros, tejones u osos, se acercan a husmear no muy lejos del ser humano.

Poco a poco, paso a paso, así va avanzando la vida… e igual que una nevada cae de repente y cambia todo el paisaje, de la misma manera un día el sol brilla con más fuerza, los días se hacen más largos y el invierno da paso a una explosión de primavera.

Mientrastanto, toca disfrutar del invierno y sus detalles, de las huellas de sus habitantes en su aliento blanco, de las tardes eternas al calor del amor, al candor de la trébede, a la calidez de la tradición que sigue viva en ti, en mi, en ese pueblo al que tanto quieres: junto al Curueño, junto al Esla, junto al Teleno o al Pico Yordas

El invierno abrigando esa pequeña patria que tanto se quiere, como Villacidayo, como Cifuentes, mi Cifuentes de Rueda.

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Pequeñín

Mi mágico León: invierno en el pueblo. Cembranos. Villacidayo. León.
Alegría cabezota

¡Ay, qué te cojo! ¡qué te cojo, qué te cojo, qué te cojo!

Y él, corre que te corre, por donde pille, por el medio del corral en verano, rodeando la piscina que puso su abuelo para los nietos, o detrás de quien lleve unas llaves de coche en la mano, pero allá va él, con el equilibrio ahí, ahí, pero directo a su objetivo.

¡Ay, qué te cojo! ¡qué te cojo, qué te cojo, qué te cojo! Y no me canso de decirle lo mismo, porque cada vez que me escucha, dice mi nombre y se echa a reír, porque sabe que como le coja…

Allí está él, tan feliz en su inocencia cabezota, porque mira que es cabezota, tanto que con cuatro palabras sabe decir que le encanta el pueblo, que le gustan las ovejas y los gatos, que quiere montar en el tractor de Diego y que no quiere manoplas ni guantes, pero si hay que salir a la calle… no queda otro remedio, ¿verdad?

Allá va él, con esa alegría gritona que tanto hace reír a su madre, porque se emociona, se emociona, y se embala, y cuando menos lo esperas, le ves correteando por las calles de Villacidayo, o buscando la luna en Cembranos, con esos mofletes colorados y esa sonrisa pícara, porque mira que es pícara…

Cae la nieve en las montañas, y en los valles abunda el frío, y al caer la noche, brillan las estrellas en el firmamento mientras se cierne una helada sobre la tierra.

Cae la nieve sobre las montañas y el silencio reina en los montes y las riberas, y la lumbre se apaga en las casas, dejando el calor tras de sí, mientras los mayores se hacen coscas, ahora que no mira nadie, y los pequeños sueñan con aventuras en bici cerca de la presa (porque en los sueños nadie les riñe).

Cae la noche, y el más pequeño hace ya rato que se fue a “mimir”, tranquilo, satisfecho, con la felicidad pintada en la cara de quien disfruta del pueblo.

¿Vamos a Villacidayo? ¡Vamos! Pero antes, como siempre, yo me quedo un ratito en Cifuentes, en mi querido Cifuentes, de Rueda, ¿cuál si no?

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Pensando

Mi mágico León: huerta en Cifuentes de Rueda. León.

Coraje

No dejo de pensar en ti, no, no dejo.

No dejo de pensar en esos planes que ahora se han visto parados, que se mantienen a la espera de volver a ser reemprendidos.

No dejo de pensar en ti, y a veces me enfado, y otras me conformo, ¿y sabes qué? a veces, también a veces, siento esa fuerza en el estómago que me dice: -“¿Rabia? Rabia no, ¡coraje! Coraje es lo que hace falta para poner las cosas en su sitio, para aprovechar las circunstancias y no desistir, para no perder el foco en la meta a lograr.”-

Sin prisa pero sin pausa, ahí voy: sin prisa pero sin pausa, con las cosas claras y las ganas a todo gas, reemprendiendo proyectos que tenía aparcados, cosas de tiempo…

Y aquí, lejos, cerca, sin dejar de pensar en ti, grito a los cuatro vientos que el manzano sigue floreciendo, y el peral, y el guindo también, que voy a recoger el fruto, y no voy a permitir que nadie más vuelva a recogerlo por mí.

Aquí lejos, cerca, sigo pensando en ti, y ¿sabes qué? Esta vez va a ser diferente.

Empezar es lo que más cuesta. Yo ya hace tiempo que empecé: empecé a transformar sueños en proyectos, y proyectos en metas, y metas en objetivos, a corto y a largo plazo.

Hace tiempo que lo tengo claro, Cifuentes, y no voy a permitir que la primavera se me escape y, aunque sea en junio, seguirá siendo primavera.

Cifuentes de Rueda, León, no olvides, recuerda, siempre recuerda, que lo bueno se hace esperar.

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Pequeñas cosas

Mi mágico León: Cifuentes de Rueda. León.

Salpicando el mundo

Es el valor de las pequeñas cosas, de aquellas que siempre valoramos, y ahora seguimos valorando.

Es el valor de una mirada, de un paseo por el campo, con los pájaros cantando no se sabe dónde, pero cantando, llenando la primavera con sus voces pizpiretas y coloreadas, acompañando el florecer de los capullos, y el blanco, rosa, violeta, azul… de las copas de los árboles, de los salteados de los prados….de la vida.

Feliz, soy feliz, por saberte llenando el mundo de alegría, querida primavera, y a los corzos y las perdices desperdigarse por los campos y los montes… Feliz por saberte viva y resplandeciente, valiente y aguerrida, ¿miedo? ¿quién dijo miedo? quizá precaución, pero miedo… miedo no.

Sentada en mi atalaya, divisando un paisaje lleno de recuerdos e ilusiones, aparece un horizonte gris y blanco, salpicando Peña Corada con las nubes de ese cielo limpio.

Sentada en mi atalaya, veo los tejados de ese pueblo, el mío, el tuyo, el que espera tranquilamente volver a ser recorrido por niños en bicicleta y voces cantando, por olores a comida y el siseo de la sierra al chocar con la madera.

Sentada en mi atalaya, siento el viento acompañar mi quietud con su movimiento sereno y suave, peinando las huertas y las hierbas, los matorrales y los árboles, volando libre, como antes, como ahora, como siempre…

Porque la naturaleza es sabia, y siempre busca el equilibrio, porque el hombre es necio y se olvida de ello, porque en la variedad está el gusto, y en la sencillez de las pequeñas cosas, el placer de pasear por Cifuentes.

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Suerte

Paseando por Cifuentes

En víspera de Reyes: Primavera

Suerte, tengo suerte… de tenerte, de quererte, de cuidarte desde lejos, como los amantes de antes…

Suerte, tengo suerte, mucha suerte, de poder escribir y llegar hasta a ti, de poder transmitir sin tenerte delante, pero teniéndote, a decenas de kilómetros, cientos, miles, ¿a caso importa?

Importa que estés bien, que no olvides que la primavera se aproxima lentamente, sin prisa, sin pausa, con la certeza de que conquistará el mundo de nuevo, en esta vieja Europa que sigue floreciendo en los balcones y en los salones, con niños alborotando los días, madres y padres compartiendo sus vidas, tíos y tías cuidando de los pequeños mientras otros trabajan, amigos y amigas contactando desde lejos, porque ahora, como siempre, aunque a veces lo olvidemos, los amigos son la familia que uno elige.

Importa que estés bien, abuelín, abuelina, que no olvides que te queremos, que queremos verte bien, con tu cacha y tus achaques, con tus quejas de siempre, ¿qué sería un abuelo, una abuela sin quejarse? Queremos oírte reburdiar, molestarte mientras echas la siesta y que nos regañes después. Queremos… queremos que sigas estando ahí.

Importa que te cuides, que permitas que el tiempo te haga abuela, te haga abuelo, importa que no te pierdas esa vida que aún no conoces.

Importa que cumplas sueños, que no se queden a medias, que alcances metas propuestas, que planees nuevos logros, que luches por conseguirlos…

Ahora, como siempre, la distancia hace más fuerte el amor, y ahora, como siempre, se echa de menos el pueblo, esa pequeña patria que tan dentro del alma llevo…

Qué ganas de pasear por mi huerta, por mis tierras, qué ganas de reclamar lo que es mío, que nadie piense que puede arrebatar los amores cuando hay distancia de por medio.

Qué ganas de verte sonreír, de escuchar tus carcajadas cara a cara, de probar lo rico que cocinas y disfrutar de los árboles cargados de flores, y de frutos… qué ganas…

Como una niña en la víspera de Reyes, con ilusión y esperanza, así espero la llegada de esta primavera, así espero reencontrarme contigo, y mientras tanto, preparo la lista de regalos que voy a pedir, entre ellos estás tú, mi querido León, mi querido Cifuentes.

Ahora y siempre, qué suerte tengo…

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Victoria

¡Cuánto te he luchado, tierra hermosa! 

Cuánto y de qué manera he dibujado tus siluetas en mis esperanzas y mis sueños, en los recuerdos de aquella infancia que tan grabada ha quedado en el alma, y en el cuerpo, con esos sabores y olores que han recorrido mis sensaciones. 

¡Cuánto te he querido, tierrina mía! ¡y cuánto te quiero, torcito de mi historia! Con esas figuras que tanto quise y tanto querré eternamente, con la manguera entre las manos, regando lechugas, berzas, patatas, ajos, cebollas,… y, a veces, el manzano, el guindo, el nogal,…

¡Qué ganas de volver a recorrerte y saberte mía! Quizá contra todo pronóstico, pero mía, muy mía, y sentir que las décadas no te han alejado de mí, ni de mis descubrimientos de niña curiosa, ni de mis aventuras cazando saltipajos, o alimentando topillos a biberón, ¿cómo olvidarlo?

Memoria, bendita memoria que me abrazas con  cariño y me recuerdas lo bueno y lo malo, descubriéndome valiente, serena y feliz, satisfecha en los silencios que pueblan de ausencias mis escritos, cuando la vida arrasa con sus prisas, y la mente necesita un descanso. 

Tregua, una y mil treguas, porque la guerra desaparece, se diluye la lucha, y la barbarie se difumina como lo hace la niebla entre los rayos del sol.

Y esta noche, las estrellas brillan con la magia que adorna tus noches, y mañana, el sol vuelve a aparecer en un mundo cubierto de frescura otoñal… porque eres León, y en tus colores, en tu geografía, se dibuja mi sonrisa cuando el nombre de Cifuentes, aparece junto a Rueda

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El pueblo

Cositas del otoño en Villacidayo, León. Ribera del Esla.

Todo es posible

Paisajes llenos de colores, de inmensidad de pequeños colores que marcan grandes diferencias, de moras y setas a los pies de los chopos, de atardeceres pintados de amalgamas de sensaciones, de hojas marrones, ocres, amarillas, naranjas, de rayos de sol acariciando suavemente la brisa que recorre senderos, que llevan a las eras y los campos…

Hoy me vuelvo a sentar aquí, mientras camino por allí, y recuerdo, como si fuera ayer, a unas cuantas almas bailando, jugando, hablando, qué sé yo, descubriendo cosas nuevas a la vera de caño, en el trinquete, nuestro punto de encuentro, ¿verdad?

Hacía mucho que no recordaba esas caras dibujadas en mi memoria, y las envidias de algunas que querían ser reinas y no tenían ni corona ni súbditos que las agasajaran, y aquellas primeras rumbas, aprendiendo a acompasar pies y miradas, y los cotilleos de aquí y allá…

Hacía mucho que no pensaba en la de Asturias y los de Valencia, la de Valladolid, la vasca, los catalanes, las madrileñas, y los leoneses, que también los había, y los hay, claro está; y pensando y recordando, se dibujan sonrisas en mi cara, y me vuelve a apetecer coger la bici y desaparecer camino a Valdealiso, o camino a Nava, y a veces, ir hasta Gradefes como hacían los paisanos para ir a la farmacia.

Los pueblos, esos pueblos que te van encandilando desde no sabes cuándo, con olores a la comida de abuela, y a los primos que ves muy de vez en cuando, con esas sobremesas que se hacen eternas bajo el sol abrasador del verano, y con esas lágrimas que te mojan por dentro cuando tienes que marchar, y no quieres, porque, en el fondo, no quieres marchar.

Y no marchas, porque vuelves sin haberte ido, y sigues siendo la nieta de tal o el nieto de cual, la de fulanito o el de menganita, y te sigues sabiendo de allí, de tu pueblo, de Casasola o de Rueda, de Mellanzos, Valduvieco, Villarratel, o de Villanófar, Villacidayo, Carbajal, Sahechores, Cubillas

Y sí, cada uno de ellos es algo tuyo, porque salpican el paisaje que envuelve tu pueblo, o el mío, o el de los dos, que en mi corazón, en mis pupilas, en lo profundo de mi ser, siempre será el lugar donde el cielo está más cerca de cuerpo, y del alma.

Cifuentes, mi Cifuentes de Rueda, en León, claro, ¿dónde si no?

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Te veo

                                                           Trocitos de ti

Te veo, sin verte de una manera tangible, pero te veo, ¿quién ha dicho que el alma no puede ver? Pues así te veo yo, con los ojos del alma, y del corazón, aunque muchos no te puedan ver… 

Te siento, en el brillo de las montañas, y en esa mirada amiga, casi hermana, que tanto te echa de menos, tanto… 

Noto, sé que estás ahí, cuando una tarde de mediados de agosto, antes que las perseidas empiecen a atravesar la negritud con más fuerza que de costumbre, damos un paseo junto a la carretera, y sopla, suave, un viento cargado de caricias silenciosas, y sonrío porque te llevo dentro, y fuera, en cada poro de la piel, y me siento fuerte, y valiente, con un toque de locura, como no podía ser de otra manera, claro, contando aventuras y desventuras de una vida tan intensa, que a veces, parece mentira que sea real. 

Camino, tranquilamente, como si no faltaran horas para volver a emprender ese mismo camino que me separa y me une a ti, obviando que cada vez me cuesta más alejarme de los silencios que pueblan de tranquilidad los campos al son de las cigarras, y es que… soy tan feliz…

Caminando, escuchando la voz de un corazón, alzarse tranquila entre sinceridades escondidas y dolores atravesados, en un mundo en el que el sosiego da una tregua a las angustias y las responsabilidades, en un lugar donde siempre están confundidos los sentimientos con el paisaje, ese paisaje que riegan el Esla, el Órbigo, el Bernesga,…

Pero el Esla que desciende desde Maraña y se pasea por los dominios del señorío de Rueda… Y así Cifuentes mira desde el otro lado a Quintanas, y siguiendo la senda más transitada, más arriba, camino a las montañas, contemplando a Peñacorada, se dibujan las calles y los tejados de Cubillas.

Te veo.

Te veo, te siento, noto en el estrellado de las noches esa infinidad eterna que dibuja sonrisas hechas brillo, y mientras haya cielo, campos, luna y río, seguirá habiendo amistades y amores que pueden con la más lejana frontera, ¿verdad compañero? Verdad compañera, y Cubillas, siempre será Cubillas de Rueda,… 

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Hazañas acompañadas

Mi mágico León: castillo de Villapadierna. León.

Escudriñando ilusiones

Pasar por la carretera camino a Cistierna, y de pronto, sin esperarlo, mirando por la ventanilla, aparece la silueta de la torre de un castillo.

-“Tengo que ir”-, ir y caminar por lo que en otro tiempo fue una fortaleza inmersa en el siglo XV, y descubrir las estancias polvorientas y soleadas que a día de hoy se divisan haciendo uso de la imaginación.

Caminar por los senderos de los buenos ratos,  y encontrar esa luna brillante, callada, sonriente, contemplando tus hazañas aventureras, y aunque parezca que estás solo, no lo estás, porque siempre hay un corazón pensando en ti, cuidando de ti, con su cariño tranquilo y sincero; y a veces más de uno, o de dos, quién sabe.

Pasear ajeno a las prisas y los quehaceres cotidianos, donde solo la brisa que sopla Peñacorada te apura con esa frescura que a veces eriza la piel.

Pasear y meterte por donde nadie se mete, o casi nadie, porque siempre hay otro loco, otra loca, con la misma idea descabellada… ¿sintonía? ¿conexión? Será que las cosas no son tan difíciles como nos empeñamos en pensar, igual simplemente se trata de fluir, de dejarse llevar y salir de lo seguro para conquistar nuevos territorios.

Y mientras paseas y te planteas y replanteas lo que dudas y sabes, el astro rey empieza a retirarse hasta un nuevo amanecer; un amanecer, desde el que volver a iluminar, las tierras de Villapadierna.

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Allá voy

Mi mágico León: camino al cementerio de Cifuentes de Rueda, León.

Ganas de ti

¡Allá voy! Con el entusiasmo enganchado en la sonrisa, con la sorpresa de lo inesperado hecho realidad, con esas cosquillas en el estómago que te dan ganas de gritar diciendo: -“¡Qué voy! ¡qué voy! ¡qué me voy al pueblo!”-

¡Allá voy! con centenares de horas al teléfono clavadas en el corazón, con las mil bobadas que hacen reír, con  las seriedades cuando hace falta, con… con montones de planes soltados al aire que… quién sabe… igual se cumplen, no sé.

Voy, no sé si hoy, mañana o pasado, pero que voy, voy, de eso no hay duda. Y entonces… me van a poder las ganas de salir corriendo de la capital, dirección a tierras del Esla, y respirar ese aire puro que huele a… ¡tantas cosas!

Huele a recuerdos entrañables, esos que viven enganchados en la boca del estómago, y cuando los piensas, parece que se quieran escapar atravesando la piel, y como no pueden, te sientes tan… llena de energía, tan eufórica, que dan ¡ganas de salir corriendo!

Corriendo a los brazos de los grandes amores, para volver a abrazarles con una sonrisa en los labios y una lágrima en los ojos, una lágrima, sí, ¿acaso no tiene derecho a escapar de vez en cuando de esos ojos que tanto brillo guardan en su mirada?

Tranquilidad, paseos y pipas, ¡que no falten las pipas! y las cigarras cantando bajo la solana, los grillos cuando cae la noche, y a veces, hasta luciérnagas se ven.

Tranquilidad, risas, amapolas salpicando los campos, y al poco, se oye la música de esa discoteca móvil que anuncia “Grandes fiestas en… ” aunque esas cosas las diga la radio, pero la música las dice de otra manera.

Allá voy, con la maleta cargada de sueños, recuerdos, anhelos, y chaquetas, tejanos, faldas, sandalias, botas… ya sabes, cosas que te vistan de colores y alegrías cuando las estrellas salpican el cielo, y las miradas se cruzan entre la amistad, la confianza y la picardía, sí, a veces, también la picardía.

El tiempo no pasa, ¿quién ha dicho que el tiempo pasa? El tiempo no pasa. Pasan algunas personas que jugaron a ser lo que no eran, y entonces, te descubres de nuevo con la misma alegría que entonces, con las mismas ganas de rumbas y frío, porque pasar un poco de frío forma parte del paquete, ¿y sabes qué? ¡No lo cambio por nada!

Cifuentes, mi querido Cifuentes, y Villacidayo, y Quintanas, Valdealiso, Casasola, Rueda, Gradefes, Sahechores, Villahibiera, hasta Mellanzos y Villarratel, Las Muelfas, algún corzo atravesándolas cuando no lo esperas, ¡y mis ganas por volver a recorrerte, León!

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