Archive for julio, 2010

A orillas del Sil

Mi mágico León: en Babia está Cacabillo, en la ribera del río Sil. León.

Cacabillo, un habitante de Babia

¡La montaña es tan hermosa! tanto que a muchos nos gustaría poder desaparecer en ella al menos una vez cada cierto tiempo, y recorrer sus laderas, y observar los valles desde las alturas, con los pueblos pequeños salpicando suavemente la orografía del lugar.

La montaña es tan silenciosa y tranquila que vivir en ella hace que la propia vida absorba su serenidad y se pierdan las prisas y las angustias, y somos tantos los que desearíamos visitarla más a menudo…

La montaña es reina, y bajo su reinado el ser humano descubre el duro brazo del invierno que acompaña gran parte de sus días, y la risueña primavera que llena de calor y color sus praderas y recovecos.

La montaña es atrayente y, cuando de Babia se trata, también hipnótica y seductora…

Apenas un kilómetro separa un desvío del puente de piedra que recuerda el antiguo cenobio cisterciense que las monjas abandonaron siglos atrás a causa del frío, y un poco más allá aparece Cacabillo, Quejo y La Cueta, tres barrios formando parte de un único pueblo, tres pueblos que decidieron distanciar sus casas para aprovechar más y mejor las fértiles tierras que los rodean.

En la montaña hay valles y a veces, en los valles ríos, y en aquel valle de muros de piedra y tejados azules, el río Sil discurre, limpio y fresco, como siempre lo ha hecho; y lo hace sin preocupación mientras algún paseante se acerca desde el pueblo a contemplar su fértil vega y su rápido caudal.

Es primavera, es verano, y el verde y los colores de las flores salpican los valles…

Es otoño, llega el invierno, y la gruesa capa de nieve cubre con su fría pureza el colorido singular de otros tiempos.

En la montaña hay valles, en los valles ríos…

En Babia hay montañas, hay valles, hay ríos, monasterios e iglesias, en Babia está Cacabillo, Quejo, La Cueta… y en Cacabillo una ermita, y siguiendo un sendero discreto y sencillo, una laguna: la laguna grande.

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Caminar por la memoria

Mi mágico León: en la comarca de Rueda está San Miguel de Escalada, monasterio mozárabe del año 913. León. Turismo.

Memoria de un monumento

Cuando el abandono y la dejadez se convierten en la norma, las casas, los campos y las iglesias adquieren un carácter extraño, casi diría que misterioso, anclado en un presente vestido de pasado…

Cuando la desidia y el olvido mora en los rincones, la tierra se alegra y el hombre se entristece viendo perecer aquello que un día resplandeció cargado de vida y lozanía…

Cuando el reloj parece no avanzar y las cosas se mantienen en pie a pesar del tiempo que las recorre, los monumentos, los valles, los llanos y las montañas absorben esa memoria histórica que te recuerda lo que tus ojos no vieron y tus oídos no oyeron, pero los miras y, sin saber cómo, lo recuerdas…

Cuando caminas por la tierra leonesa, descubres ante ti esa melancolía cargada de belleza que no eres capaz de describir con palabras, pero que llena el alma; y cuando sientes angustia, tristeza o decepción, y recorres esos lugares despoblados, apenas habitados por aquellos amantes de lo suyo serios y silenciosos, te sientes, aun en la soledad más absoluta, parte de un todo lleno de armonía y cosas bellas que a veces pasan desapercibidas.

Recorrer las sendas invisibles que quizá alguien un día recorrió…

Observar, cuando los demás duermen, una parte de la historia, de tu historia…

Descubrir una parte de ti mismo, de ti misma…

Y volver a caminar por tu pueblo, por tu río, por tus eras, por tus caminos, tus bosques y tus montañas…

Volver a caminar y sonreír, porque la próxima vez, cuando vuelvas a desaparecer en soledad, te volverás a descubrir acompañado por los monumentos de tu vida.

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La laguna del lago

Mi mágico León: en Babia está Lago de Babia, y en sus lares la laguna de Lago de Babia. León. Turismo.

Una laguna en las alturas

Abstraer la mente y descubrirse en Babia, y luego saber que Babia no es sólo un estado de plácida distracción sino una realidad, una realidad tan auténtica como las antiguas huertas, convertidas en pastizales, que contemplan Torrestío desde la tranquilidad más absoluta, o como auténtica es Peña Ubiña y la pasión que siente el caminante de las sendas leonesas por ella,…

Abstraer la mente y descubrir cada rincón de una tierra plagada de lugares hermosos, llenos de la sencillez sublime de una naturaleza inmensamente bella, y encontrar sitios desconocidos e increíbles, impensados y sorprendentes, como sorprendente es mirar al firmamento una noche estrellada y contemplar la fugacidad de una luz recorriendo la oscuridad con la forma de un deseo que pedir en el silencio del corazón.

Abstraer la mente y empezar a caminar, dejar las casas atrás y sumergirse en una naturaleza resplandeciente y llena de color, y así, remontando la pendiente hasta una altura insospechada, disfrutando de las montañas y los valles, donde menos se espera encontrar una laguna…

Una laguna llena de vida, llena de minúsculos animales sobrevolando sus aguas y hermosos peces de colores adornando su lecho con el irisado de sus lomos.

Una laguna llena de verde por dentro y por fuera, por dentro, desde lo profundo de su ser, con las plantas que han hecho de sus aguas su manera de vivir, por fuera con los arbustos y hierbas que la rodean cuando la nieve toma su tregua anual.

Abstraer la mente, recorrer Babia, encontrar un pueblo y descubrir porqué se llama así, porqué su nombre es Lago de Babia.

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El más bonito

Mi mágico León: en la montaña central leonesa está Correcillas. León. Turismo.

El pueblo más bonito

Hay un lugar en la montaña, hay ¡tantos lugares en la montaña!

Un lugar a los pies del Pico con el que comparte nombre, un lugar especialmente bello, un lugar en el que la piedra se hace protagonista pintando del color de su cuerpo, la geografía montañesa de un pueblo sencillamente hermoso.

Un pueblo considerado, hace años, el más bonito de una provincia inmensamente hermosa, de una provincia coronada por montañas, alimentada por valles y ríos, contemplada desde las alturas de las más altas cimas, relajada en los llanos y las riberas…

Un pueblo rodeado de verde, de blanco, de flores y nieve, un pueblo fresco y lleno de vida y tranquilidad, de aire cristalino, como cristalinas son las aguas que fluyen de sus caños, aquellos caños a los que iban a buscar agua sus gentes, aquellas gentes que vivieron y se fueron, aquellas gentes que regresaron y continúan regresando una y otra vez en busca del mismo agua que sació su sed.

Un pueblo sencillamente encantador, y hasta parece sacado de un cuento, parece una fantasía que pasa inadvertida rodeada de tanta realidad… y resulta que es real, real como el sentimiento que siempre atrae hacia la pequeña patria que un día tantos conocieron, aquella que no tenía agua en las casas, aquella cuyas noches oscuras rompían las linternas cuando no había alumbrado en las calles, aquella patria invadida por habitantes resbaladizos en las noches de verano, gordos, no demasiado bonitos, unos habitantes que hoy hacen reír a quienes recuerdan la sensación de pisar un sapo.

Hay un lugar en la montaña…

Hay un lugar en la montaña que se llama Correcillas, un lugar en el que disfrutar de las mejores estampas navideñas, del verde alegre primaveral, de los cielos estrellados y las noches llenas de travesuras y conversaciones. Un lugar al que volver.

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En la tierra del Roblón

Mi mágico Léón: en la ribera del río Corcos está Llamas de Rueda, en Tierras de León. León. Turismo.

Ocultando el Roblón

Allá por la Babja Edad Media, en tiempos del siglo XII, tiene lugar la fundación del gran monasterio cisterciense de Santa María La Real de Gradefes, una fundación importante, muy importante…

En 1.166 doña Teresa Pérez funda un monasterio al que dona diversos territorios heredados de su marido, recibidos de manos de Alfonso VII por sus luchas contra las huestes sarracenas…

Corrían tiempos de Reconquista, cuando un pueblo en la ribera del río Corcos fue donado al monasterio de Gradefes

El río Corcos y su valle, y en él, multitud de robles forman un poblado peculiar de individuos altos y robustos, fuertes y valientes como las montañas que los observan desde la lejanía de sus alturas, sin miedo al frío que traen la nieve y el hielo consigo, y al duro y seco calor que los azota cuando Lorenzo gobierna el firmamento en los días de primavera y verano.

El valle de un río y un robledal poblando sus lares, y en ellos, huidizos ante la presencia humana, lobos, corzos y el jabalí, que todavía merodean por una tierra que siempre fue suya y que la modernidad no ha querido arrebatarles.

Un valle, un río, animales y un robledal, y en él, una nueva especie de roble se escondía de la ciencia, relajada entre la espesura de sus conciudadanos ecológicos, pasando desapercibida entre la multitud, hasta que un día alguien la encontró, y entre sus personajes halló al anciano Roblón, con su enorme cuerpo de cinco metros de perímetro, oculto en el pequeño valle de Valdecea.

Descubrir un lugar pequeñín tiene siempre algo especial, algo que quizá se encuentra un poco más allá, siguiendo un camino y desviándose a la derecha hasta encontrar una maravilla vegetal elegante y señorial.

Descubrir un lugar sencillo tiene siempre algo singular, singular como el cariño que te arraiga a un lugar, y sin saber cómo excava en las profundidades de tu memoria y echa raíces en tu corazón, singular como la Dehesa El Plumar que une un pequeñín con otro pequeñín a través de su cañada trashumante dirección a Prioro, que tantas ovejas han recorrido a lo largo de la historia.

La Dehesa El Plumar, uniendo en un sólo camino, un pueblo con su vecino, con Herreros de Rueda, que más que un vecino, es un hermano. Un hermano con el que compartir historia y sangre, con el que compartir familia y recuerdos.

Descubrir un lugar pequeñín tiene algo singular, singular como Llamas de Rueda, aquel pueblo donado por doña Teresa muchos siglos atrás, con su iglesia y sus paisajes, con sus gentes de aquí y allá, con su historia y sencillez, con su vida, y como no podía ser menos, con su fiesta, en agosto, cuando el pueblo saldrá en procesión en honor de su santo patrón: San Juan Degollado.

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Tres hórreos

Mi mágico León: hórreos en Felechas, al noroeste de la provincia de León. Turismo.

En el corazón del valle

En un valle rodeado de naturaleza y aire limpio, en un valle por el que discurre un arroyo, hay un pueblo…

 Un pueblo con casas, pajares, horneras, cuadras y hórreos…

En un valle sorprendido ante la inmensidad de la Cordillera Cantábrica hay un pueblo de clima frío y corazón caliente, de aquellos que cubre la nieve con su manto blanco y salpican las pisadas de los lugareños con las tradicionales madreñas.

Un pueblo con su caño y sus barrios, y no muy lejos de allí… indiferente ante las visitas que se suceden de vez en cuando por su ribera, discurre, anónimo, el río Colle.

Escondido entre tanta belleza, hay un pueblo muy querido.

Querido por quienes viven sus días y quienes recuerdan sus momentos desde una lejanía furtiva que de vez en cuando deja de serlo y se convierte en cercanía cuando los propios pies vuelven a pisar el suelo de Felechas y a sentir el aroma de la felicidad recorriendo cada recoveco del propio ser…

Un pueblo original que ha hecho de algo realmente auténtico y tradicional, su signo de identidad. Un pueblo con tres hórreos.

Un pueblo y su gente, aquella gente que vive allí, a unos cuantos kilómetros, en cualquier lugar de la provincia, o más allá, ¿acaso importa? Un pueblo hermoso y muy querido, tanto, que cada año, llegada la fiesta, su gente sale a tocar diana, festejando, una vez más, la ocasión de reencontrarse y compartir.

Un valle, un arroyo, una Cordillera, y en su corazón: Felechas y sus hórreos.

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En el valle del Jamuz

Mi mágico León: en el valle del río Jamuz está Herreros de Jamuz, al sur de la provincia de León. León. Turismo.

Decorando el paisaje de los silures

En la margen derecha de uno de esos ríos llenos de autenticidad, de un río que cambia su caudal con las estaciones, sin pantanos que se interpongan en su libre discurrir, hay un pueblo…

En un paisaje llano salpicado de colores, lleno de contrastes, de colores pálidos conquistando la llanura, y de árboles verdosos a cuya sombra el calor del medio día concede una tregua, hay un pueblo…

Un pueblo a cuyo fondo domina el rey Teleno, un pueblo al sur de la provincia, un pueblo del Jamuz.

Al sur de la provincia de León, en el valle del río Jamuz, las piedras hablan de constelaciones… hablan de un pasado remoto en el que pueblos venidos del norte hicieron aquel lugar suyo… tan suyo como hicieron lo que ahora es Escocia, y entonces… ¿qué sería Escocia entonces? sería tierra de silures.

Tierra de silures… silures, astures, orníacos,… y un sinfín de antecesores que fueron dejando su vida y sus costumbres en los paisajes.. Y aquí donde el Teleno domina desde la lejanía, la tierra fue escenario de las vidas silures.

En un paisaje de herencia silur que cientos de años después  se complace a la vera del río Jamuz, un paisaje adornado por un pueblo de casas sencillas y llenas de cariño, de casas cargadas de tradición e historias particulares, un pueblo en el que disfrutar de la compañía de los siempre, un pueblo en el que esperar el día de la fiesta para celebrar la oportunidad de reencontrarse una vez más,…

Un pueblo de noches plagadas de estrellas: Herreros de Jamuz.

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