Posts tagged León

Preguntas

 

Mi mágico León: arco iris primaveral en Azadón. León.

El mapa del corazón

Preguntarse, el porqué de las cosas, de los momentos, de las miradas, detenerse en un mar de dudas, en la zozobra de un dolor que indica cuán perdido se encuentra uno, en un mundo que ha olvidado esa nobleza…

-“¿Por qué eres así?”- Preguntó una vez una ninfa, con la mirada llena de sonrisas…

-“No sé, es un misterio”- escuchó como respuesta de aquella voz callada.

“Es un misterio”… pensó ella…

Y sonriendo, mirando los campos llenos de amapolas y los chopos alzarse señalando el cielo; las nubes descargando su peso, y el arco iris adornando el paisaje, iba pensando en la transparencia de su mirada honesta, en la nobleza de su gesto amable, en lo profundo de sus pensamientos más auténticos…

Así paseaba, entre ilusiones y realidades, el pequeño ser fantasioso, descubriendo en la magia de las palabras, la belleza más pura, que, como hace el diamante, oculto en el carbón, en el corazón de las montañas, se esconde en lo profundo del alma, para ser descubierto, con sorpresa y embelese, por los buscadores de sueños, que, por fin, se encuentran con personajes de novela enfundados en uniformes de estos tiempos.

“¿Por qué eres tan lindo?” Pensó ella…

Y una voz en su cabeza escuchó el pensamiento de él, “sincronías” lo llamaban: “linda eres tú”.

“Ves en mí lo que nace de ti”, le contestó ella sin pronunciar palabra…

Eres así porque la valentía se te escapa por los poros de la piel, porque disfrutas del aire puro llenando los pulmones y del frío erizando la piel, que luego, entre beso y beso, entre caricia y caricia, sentirá la dulzura de una calidez cariñosa.

Eres así porque bailas entre la razón y el corazón, porque eres bueno y considerado, respetuoso, atento, porque disfrutas de las cosas pequeñas, de los paseos por los senderos de la vida, aunque a veces se encuentren salpicados por piedrinas que entorpecen el paso, que ralentizan la llegada al reino del que eres rey…

Y así, sin dejar de sonreír, sin pronunciar palabra alguna, susurró la ninfa al noble caballero: -“levanta la vista…”-

Y el caballero levantó la vista…

Y allí, delante de él, en pagos del afamado reino de Azadón, un arco iris de realidades apareció en el firmamento.

“¿Por qué eres así, Azadón?” Pensó ella…

Y Azadón no dijo nada…

Pero por algo será que los pájaros, los amaneceres, y hasta las nubes y los arco iris, curiosean, a menudo, por las rendijas de sus rincones.

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Verano

Mi mágico León: amapolas en Villaestrigo. El Páramo. León.

Besos florales

Verano, me gusta el verano: con sus calores durante el día y sus frescuras al final de la tarde, cuando se acerca la noche, cuando llega la noche, cuando despunta la madruga y se funde en el candor de un nuevo amanecer.

Verano, me gusta el verano, y esas canciones que hablan de bicicletas, amores, lugares lejanos y sensualidades, y es que… huelen a risas y reencuentros, a nuevos comienzos y oportunidades…

Dicen que la primavera, la sangre altera… con razón… llega el verano y unos y otros llegamos con la sangre alterada, y aunque a ratos te enfadas, te entristeces, te cansas y desencantas, luego, miras por la ventana, y a fuera está Lorenzo brillando con toda las ganas, y piensas… ¡qué calor! ¡qué ganas tenía de decir eso! ¡qué calor!

Y ahora toca lo que toca: chapuzones en el agua fresca, paseos al anochecer, noches estrelladas bajo las que tumbarse para divisar los presentes del mañana, amapolas salpicando campos dorados, besos por aquí, besos por allí… abuelos, tíos, primos… abuelas, tías, primas… y aventuras arriba y abajo, jugar a pi, a cuba libre, a… polis y cacos… ¿a qué jugamos?

No sé tú, pero yo, entre beso y beso, entre espiga y espiga, voy a jugar a encontrar novelas escondidas en las amapolas de Mi mágico León, ¿empezamos por Villaestrigo?

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Momentos personales

 

Ribera del Esla en Villacidayo. Otoño. Turismo rural. León.

Sueños de otoño

 En la vida hay momentos, y en los momentos, a veces, hay personas…

Volver a respirar profundo ese frío, no tan frío, que te roza la piel, y se mete, hasta llenar tus pulmones, y entonces, cerrar los ojos y sentirte libre… por fin… estoy aquí… caminando sobre ti… ¡bendita tierra!

Caminar lentamente, aunque los pies se queden fríos, porque cae la tarde, se acerca la noche, el otoño es el rey del paraíso por estos lares y huele tan bien… huele a río, a humedad y vida, huele a buenos ratos y magia ilustrada en un cielo que se viste de colores. 

Mirar los pequeños detalles, y aprender a reconocerte en los recuerdos de los otros, aunque no lo sepas, aunque no tengas la certeza, seguro que en algún momento merodeas por sus recuerdos, por su mente… ¿cómo negarlo? Si también ellos acuden a tu memoria y se pasean por tus pensamientos. 

Querida tierra, contigo no hay distancias ni imposibles: por ti discurre el bello Camino de Santiago, que no por largo es imposible, y cuando más se acerca al Apóstol Santo, se sumerge en el bello imperio de un felino silenciosamente pacífico, aunque más de un cazurro quiera adueñarse de su elegante misterio, pero… eso sí es imposible, pues en las almas ruines no cabe tanta grandiosidad.

Querida tierra, ¡cómo me gustas!

Me gustas porque eres bonita, porque hasta el olor a abono me recuerda que una parte de mi alma ya está en casa, y ver un halcón, guardando el equilibrio sobre un cable entre poste y poste, me sigue haciendo sonreír. 

Me gustas porque no te rindes, porque a pesar del duro y bello invierno, siempre, siempre, te espera una primavera espectacular, y un verano sobre el que divisar estrellas, y un otoño sobre el que soñar imposibles que un día fueron posibles, y… ¿quién sabe? igual algún día sean posibles… seguro que tú lo sabes, ¿me lo cuentas?

Querida tierra mía, formas parte de mí… ¿será por eso que creo en los sueños? ¿será por eso que sigo sonriendo por mil heladas que caigan?

Y mientras espero alguna respuesta que ya sé, y otras que no sé… sigo disfrutando de la compañía mientras recorro tus senderos… en mi querido Cifuentes, el del puerto y las vacas, aunque no haya mares salados en sus tierras, ni boñigas en sus calles… en mi querido Villacidayo, el de las mantecadas, los bizcochos, y los anocheceres con sabor a gloria…

Porque contigo en el corazón, todo es posible, mi querido y mágico León… 

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Primavera primaveral

Mi mágico León: llega la primavera a la provincia leonesa.

Prefiero recorrerte

Nieves, montañas y ríos, despertando a un calor que ya empieza a asomar en el amanecer de los días, cuando los sueños se desperezan y la alegría revolotea en los corazones.

Besos, caricias y miradas, y los recuerdos se agolpan en la mente, se agrupan en el corazón y salen despedidos por las comisuras de estos ojos que tanto conoces, ¿verdad?

Hoy me ha vuelto a sorprender la firmeza de los latidos de tu corazón, marcando el ritmo de un amor, a punto de rodearme entre sus brazos, para fusionar las almas, nuestras almas.

Paisajes, atardeceres y campos, y la silueta de un cariño que no desaparece con el paso de los años sobre la piel… y la mirada sigue siendo la misma que ha clavado el brillo de su inocencia en la tuya, como hacen las estrellas en la oscuridad de la noche, brillando más allá del nuevo día, porque siempre, siempre, está el chispazo de aquel amor.

Estrellas, paseos y olores, y el dibujo de un camino que todavía está por trazar, por definir siguiendo la estela que han dejado las enseñanzas y los refranes, las mariposas y el viento que mueve las hojas de los árboles,… ¿y cómo olvidarme de ti si formas parte de mí?

Mi querido y mágico León, en tus lares moran mis anhelos, mis “te quiero” más profundos, mis libertades y fantasías, mi más añorado abrazo…

Mi querido y mágico León, me persigue un juramento de amor encendido, me acompaña el corazón en la boca del estómago subiendo por la garganta; y entonces, cuando menos lo espero, se intuye el aroma de una primavera que llega llena de sorpresas.

Sorpresas… recorriendo los sentidos, la lluvia sobre la hierba y los caracoles justo después; y parece que el trinar de los pájaros nunca va a callar, y la sonrisa dibuja carcajadas, y ya no lloro, aunque desee con todo el alma estrecharte entre mis brazos.

No lloro porque no cabes entre ellos, porque tu belleza es tan grande, tus paisajes tan eternos, tus aromas tan intensos y nuestra complicidad tan infinita, que prefiero recorrerte llena de alegría, y recordar una y mil veces que para decírtelo, no hace falta palabras: mírame a los ojos y leerás te quiero, León.

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Evitarlo

Mi mágico León: Paseo de Papalaguinda. León.

Hermosa perspectiva

No puedo evitarlo, lo reconozco, no puedo.

Bueno… no puedo… ¿o no quiero? Igual es que no quiero, puede que me guste más mirar la vida desde esta perspectiva maravillosa que, conservo en esa inocencia infantil que, de vez en cuando merodea en mis rincones.

Eso, eso es: no quiero. Prefiero creer en los imposibles que un día, para sorpresa de uno mismo se vuelven posibles, porque imposible no hay nada, querido mío, querida mía, todo es cuestión de creerlo, de creerlo con tanta fuerza que salga disparado desde el pecho hasta el infinito…

¡Y es tan lindo! Sí, sí, lo es: mirar atrás y darte cuenta de que ya pasó, lo malo ya pasó, y… ¡prueba superada! ¡Arriba!¡Muy arriba! ¡Hasta el cielo! Para abrazar a quienes uno ama, ¿verdad? Para dedicarles la mejor de las sonrisas, la más dulce de las miradas, y esa combinación fantástica de picardía y buen humor que contagia al más triste de los humanos.

Ser feliz, a pesar de los pesares que tanto pesan, a pesar de echaros tantísimo de menos, porque ser feliz forma parte de una promesa, ¿verdad? de un juramento que hay que cumplir; ser feliz para no cambiar nunca, para caminar por Cifuentes y volver a ver tu mirada en cada estrella que brilla en el firmamento, amor mío; ser feliz por ver esa preciosa luna iluminar el cielo más oscuro, y durante el día, bailar con las mariposas de colores, pasear por los lares de la Bañeza y respirar aromas de romero y orégano, ver los espinos en flor al llegar la primavera, y escuchar a las damas de metal llamando a misa los domingos, como antaño, querido músico de las alturas, como siempre, con ese amor tan grande que no cabe en las palabras.

Ser feliz, ser feliz, ser feliz… Siempre ser feliz, porque no puedo evitarlo, querido León.

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Magia lunera

Mi mágico León: la luna salpica la mañana de León. España.

Amanece luna

Como esa luna lunera que siempre está, como el sabor de los buenos recuerdos que dibujan una sonrisa en los labios, como tu mirada en la mía, como las sensaciones bonitas, así yace la nieve sobre los campos y los montes, maquillando los paisajes de viajes, sin moverse del mismo lugar.

Las notas de una melodía suceden a la de otra, y de alguna manera, desaparecen los minutos que han atravesado los años y volvemos a estar en aquel lugar, en aquel momento, y la voz de tu corazón traspasa las distancias, engarzándose en la pureza blanca de esa nieve hermosa que este año ha decidido conquistar el mundo.

Blancura, la del brillo de Selene encandilando el firmamento, sin miedos, sin cordura, con la locura desenfrenadamente serena de quien es feliz; y en la soledad acompañada del cielo y la tierra danzando hasta el infinito, aparecen las letras en el pentagrama de esta canción de música invisible.

-“¡Qué frío!”- dice la piel mientras el corazón arde de pasiones encendidas; -“¡Cómo te quiero!”- siente la fantasía cuando vuelve a despertar… y prefiero seguir soñando, sin reproches, intentando amanecer llena de luz y carcajadas,  llenando los pulmones del sabor de aquellos besos…

Como esa luna lunera que siempre está, como el viento meciendo las ramas de los árboles a lado y lado del Atlántico, como las estrellas y las oraciones a media voz, como el alma a punto de escapar por la mirada, por la humedad de los labios entreabiertos, como esa conexión que hace de la sinceridad más absoluta su lenguaje honesto…

Como nosotros, como nosotras, como esas palabras que tan bien suenan, uniendo dos almas en una expresión, como tú, como yo, como ese -“Te quiero“-, como mi Mágico León, y su nieve y sus montañas, y la capacidad maravillosa de volverse a levantar, de no rendirse, de darle fuerte a la vida con la mejor de las sonrisas…

Como siempre, querido invierno, querida primavera, ¿qué sería del uno sin el otro? Aquí estoy, esperando disfrutar de cada instante, de cada una de las briznas de esa intensidad fantástica con la que hechizáis el país de los sueños en el que habito, donde la magia recorre los rincones y los imposibles se tornan posibles…

Porque hay magia, ilusiones, canciones y guitarras, secretos guardados y despedidas que convertir en reencuentros, porque tierras hay muchas, pero como la de mis sueños, como la de los fríos azucarados, la nata untada en el pan de hogaza y las campanadas llamando a misa, como esa tierra mágica, no hay otra, querido mío, querida mía…

León, Mi mágico León, mi perseverante y eterno León… donde las estrellas se pueden tocar desde las atalayas de los sueños, y tú y yo siempre seremos: tú y yo.

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Incandescente

Mi mágico León: vista desde el Mirador del Pando. Montaña oriental leonesa. León.

Pasión encendida

Como la pasión de dos enamorados enzarzados en una lucha a beso y abrazo, entre susurros y el chisporroteo de los labios al encontrarse, así de ardiente, así de intenso es el sentimiento de quien no se rinde, de quien da la callada por respuesta y solo espera a que llegue un nuevo anochecer, a que llegue un nuevo amanecer y la renovación se haga presente.

Incandescente como el astro rey dibujando su magnificencia en torno a la silueta de las montañas, dulcificando la negritud de la noche que se cierne sobre los picos y las cimas, suavizando la frialdad de una oscuridad que pinta el firmamento de miles de luces diminutas desde aquí, enormes desde allí…

Como el mismo sol, como el río, como el corazón de quien ama más allá de distancias y olvidos, más allá de presentes y pasados… así de inmenso es el amor, o incluso más…

Y desde las alturas, contemplando el mundo desde allá arriba, contemplando la pequeña maravilla que tenemos por vida, adivinando que tras aquellas figuras que se alzan a lo lejos se encuentran familia, amigos y amores…

Y entonces todo cobra sentido, y el Mirador del Pando se convierte en atalaya, en estandarte de la reina naturaleza y su legado, y la piel se eriza, la realidad se impone a los sueños, y uno vuelve a descubrir que este sueño, que esta tierra, que León, además de fantasía, es magia, es sueño, es realidad…

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