Archive for noviembre, 2010

Muñecos de nieve

Mi mágico León: Nieve sobre hórreos en Prioro, en plena montaña oriental leonesa. León. Turismo.

Muñecos de nieve tradicionales

¡Sal a jugar y diviértete! ¿No quieres? ¡Seguro que sí! Pero a lo mejor no lo sabes…

Abrígate bien, ponte un buen calzado, si te atreves, hasta madreñas o galochas, dejo el nombre a tu elección; dibuja una sonrisa en la cara y… ¡a jugar!

Hazlo como cuando eras un chavalín, o una chavalina, que nosotras también sabemos correr, reír y hacer de las nuestras, ¿verdad? Y… ¡deja la seriedad que vistes a diario cuando hay que trabajar y ponerse a “hacer deberes”!

Sal del calor del hogar y ¡haz muñecos de nieve! Unos buenos guantes, mucha ilusión y el resto lo pone el tiempo.

Te diría que fueras a esquiar, pero, tal vez no es tu afición favorita, tal vez te pilla lejos, tal vez no te apetece, tal vez no puedes… Pero sí puedes encontrarte con ese maná del cielo que se convertirá en pan llegada la primavera.

Es la nieve ese maná que alimenta las montañas para que brote el verde más brillante, cuando en invierno dé paso a la nueva estación.

Es la nieve esa pequeña traviesa que se posa sobre los tejados y deja estampas de postal adornando el paisaje… ésa que el frío convierte en hielo y provoca resbalones y caídas… y si vieras cómo se ríe…

Es traviesa, no te voy a decir que no, a veces hasta molesta, pero ¡qué sería del planeta sin ella! Si Alguien la inventó, será por algo, ¿verdad?

Podríamos meditar sobre el tema, y si hoy estás pensativo, te animo a que busques la solución al enigma y luego me lo cuentes, porque yo me voy a hacer muñecos de nieve, ¿no me acompañas?

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Miradas

Mi mágico León: paisaje con vacas en la montaña oriental leonesa, en Prioro. León. Turismo rural.

Las miradas de la naturaleza

Contemplar un paisaje lleno de colores que transmiten no sé qué y sentirse… ¿cómo explicarlo?

Es algo que ocurre cuando hay silencio, cuando ninguna voz humana interfiere en tus pensamientos, o tal vez no piensas, no sé, a veces, la mente es como un papel en blanco junto al que no tienes el pincel con el que escribir.

A veces no piensas, al menos no piensas de forma concreta y precisa. Piensas de forma abstracta… abstracta como la fuerza del viento, que sientes pero no puedes cifrar ni datar de una manera exacta.

A veces no te sumerges en ideas y discursos internos, simplemente caminas y te dejas invadir por las sensaciones, y éstas, calladas, te transportan a un lugar que debería ser muy conocido y, curiosa contradicción, en ocasiones resulta extraño.

Caminas y no piensas, sólo sientes, y de pronto estás tan adentro… y te sientes tan… tan… tú…

Miras a tu alrededor y lo que ves es un reflejo de tu propio interior, lleno de colores y tonalidades, de sensaciones a flor de piel que reflejan las que se encuentran bajo ella…

A veces disfrutas de la sencillez de tu propio ser, que está lleno de vida como lo están los campos y los montes, aunque a veces no lo parezca, porque las personas tenemos nuestros momentos, nuestras tristezas y alegrías, y ellos, compañeros silenciosos de nuestras propia vida, también tienen sus etapas… y, aunque estés triste, aunque ése no sea el día más feliz de tu vida, a pesar de los pesares, miras y ves…

Ves la quietud de sus sonidos, la tranquilidad de los animales que viven la vida viviendo, no muriendo…

Observas y… percibes que la tortilla también se da la vuelta en estas situaciones, y de pronto descubres que a ti también te miran…

En la provincia de León, las montañas, los valles, los campos y los ríos están vivos, muy vivos, tanto, que si te concedes la oportunidad descubrirás, que ellos también te hablan, que ellos también te miran…

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Colores cálidos

Mi mágico León: alto Órbigo, entre Llamas de la Ribera y Azadón, en León.

El calor de los colores

A veces uno tiene esos días… ¡qué días! uff…

Días en los que las horas parecen no avanzar y los minutos pesan en los brazos y en las piernas, en la cabeza, que ya no sabe ni pensar bien, y en el corazón.

A veces, una tiene esos días, ¿verdad? días en los que echas de menos a alguien de una manera más intensa que la habitual, días en los que no puedes concentrarte, en los que apetece divagar…

Divagar entre pensamientos y recuerdos, entre fotografías y vídeos, entre sentimientos y anhelos… y no puedes.

Bueno, para ser sincero, para ser sincera, divagas como el que más, pero que nadie se entere, es un secreto entre tú y yo, ¿verdad? pero no lo haces como quisieras, así que te guardas las ganas en el cofre de los deseos, y vas juntando pedacitos de antojos, y cuando tienes un buen montón… ¡te escapas!

Coges la chaqueta, te pones un buen calzado, un gorro si se tercia, y ¡a pasear se ha dicho!

Y los árboles te contemplan sonrientes, y, de vez en cuando, el viento revolotea entre sus hojas cuchicheando, curioso: -“¿qué andará pensando?”-, y tú piensas, divagas, los miras, sonríes…  y escuchas el caminar tranquilo de tus pies al son que marca la tranquilidad de disfrutar de tus momentos…

Los árboles y el frío viento; los árboles, sus hojas, y el calor de sus colores…

Colores cálidos como el fuego que arde en el crepitar de una hoguera; colores cálidos como el amor que cobija la alcoba de dos enamorados; cálidos contra el frío, dorados y ocres como el pelaje de un felino… ¡León!

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El amor

Mi mágico León: entrada a Salio, en la montaña oriental leonesa. El pueblo de Salio quedó bajo las aguas del pantano de Riaño. León. Turismo.

La humedad del desamor en Salio

¡Cuánto se quiere a los padres! ¿verdad? Puede que, a veces, sin desearlo, pero se les quiere de una manera extraña, que se enraiza en recuerdos olvidados en algún lugar de la memoria donde no se puede acceder, y aún así, sabes que están ahí…

¡Cómo se ama lo de uno! ¿verdad? Se ama tanto que su esencia se cuela por cada poro de la piel, embriaga las entrañas de sentimiento, y se funde con los tejidos del corazón…

Se ama la niñez, y se recuerda con melancolía aquella capacidad de desconectar de cualquier tristeza en un momento, y sonreír sin darle más vueltas a la cabeza, sin preocuparse. Se ama la niñez, y la adolescencia, aquella época de cuando nos juntábamos los chavales a… a lo que fuera, la cosa era reunirse y hacer cualquier trastada, aunque no fuera nada grave, ni peligroso, ni malintencionado, pero hacer una de esas travesuras que todavía hoy te hacen reír como si aquel momento no hubiera pasado.

La vida tiene eso: Amor.

Uno ama lo que conoce, lo que le hace sentir, ama a aquellas personas que le acompañan a lo largo de tantas cosas, ama a los nuevos viajeros que se encuentra en el camino, y que, a veces sin merecerlo, han conseguido robar un pedacito de tu cariño…

El amor es así: caprichoso, dulce, juguetón, vergonzoso,…

Uno ama su barrio, su pueblo, sus paisajes… ama su gente, sus recuerdos, sus sonrisas y hasta sus lágrimas…

El amor…

Dicen que “soledad es estar rodeado de gente y pensar sólo en quien falta”.

Pienso… pienso en Vegamián, pienso en Riaño, en Huelde, en Lagüelles, en Salio

Pienso en sus rincones, en el verde de sus praderas, en las madreñas recorriendo sus calles, en sus gentes tranquilas, austeras y sencillas.

Pienso… pienso que el amor es más fuerte que la vida y la muerte, que donde hubo fuego siempre quedan cenizas y pienso…

Pienso que hay mucho amor esperando brotar de nuevo del corazón de la tierra, la misma tierra en la que un día moró Riaño, Burón, Vegamián, Lagüelles, la tierra en la que moró Salio.

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La suave frescura del hielo

Mi mágico León: helada en Sahagún, en Tierra de Campos, en la provincia de León. Preciosa imagen de una rosa nevada. León. Turismo.

La guinda del pastel

Se acerca el invierno poco a poco, como lo hace la primavera deshaciendo las nieves que anidan en las cumbres y los valles.

Se acerca el invierno, y el colorido otoño mece en su tiempo las maravillas preciosas de una estación en la que el frío no es tan frío, y el calor es aquello que se siente cuando las conversaciones telefónicas son eternas, los anocheceres se comparten en familia, o en la soledad más agradable al ritmo de una buena lectura, o escritura, o… quién sabe.

Es otoño, un otoño de árboles y ríos, de hojas y flores, de colores amarillentos que se confunden entre el verde de quienes se niegan a mudar sus prendas ante las cercanas nieves… que se aproximan… lentamente…

Se aproxima el blanco virginal deslizándose por los montes y las praderas, por las huertas y las lagunas… y la mañana se encapricha de su color, de su tacto, de su fresco aliento… y aparece el hielo, la escarcha… y amanece el paisaje convertido en un pastel cubierto de azúcar glacé, salpicado de gotas de rocío que adornan los pequeños detalles que pueblan la tierra.

El otoño: aquel momento para abrigarse y salir a pasear, con amigos, con familia, solo… ¿acaso importa? No, no importa. Importa lo que tú conozcas, lo que tú disfrutes, lo que tú sientas…

Así que siente, disfruta, conoce y pasea, porque cualquier ocasión es buena para sentir cómo la vida te dice: ¡qué estás vivo!, ¡qué estás viva!

La vida…

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De ayer, de hoy… ciudades

Mi mágico León: Lancia, ciudad astur-romana bimilenaria. Más de dos mil años de antigüedad. Yacimiento arqueológico en León. Turismo cultural.

A pesar de los años, una fotografía en color

Gentes y más gentes procedentes desde cualquier lugar del mundo, ¿dónde irán?

Personas de carne y hueso, con historias y vidas diferentes, que, sin embargo, en el fondo, anhelan encontrar lo mismo… ¿qué será?

Piedras y más piedras… y barro… ladrillos de otros tiempos, con otro color, con otra textura, con otro material…

Historias entrelazadas en el mar de la vida, en cuyas olas se mecen los sentimientos, las realidades, las obligaciones, las penas…

Las ciudades que conocemos, ya no son como las conocimos: alguna obra cambió sus aceras, y sus muros, cambió sus calles, y la dirección del tráfico,…

Las ciudades cambian su aspecto, ¿y las personas cambian?…

Cambia su vida.

Cambia la vida y las costumbres, pero el amor, siempre será el amor, y el rencor, siempre será el rencor, porque… ¿quién no se ha enamorado nunca?, ¿quién no ha sentido nunca la daga de la ira?

Las ciudades conforman la orografía de un paisaje que el ser humano moldea a su antojo, y cambian la silueta de un horizonte, que, desde algún lugar, conduce a aquel meollo de ideas, palabras, trabajos, pasiones…

Los parques, las fuentes, las casas, las calles… los hornos, las vasijas, los canales,…

Pasear, beber, vivir, comer… cocinar, lavar, discurrir…

Al mirar una fotografía en blanco y negro, ¿no te gustaría convertirte en una especie de reportero del futuro y viajar al pasado?, ¿no te gustaría formar parte de aquella realidad, de aquella imagen en color y en movimiento?

Camina por las calles de tu ciudad, de tu pueblo,… escucha los sonidos que te rodean,… vive el presente; y cuando quieras volar en el tiempo sin moverte del hoy, dirígete a Villasabariego, y pregunta por Lancia, porque urbes hay muchas, pero ciudades de dos milenios que ni el tiempo, ni el abandono han podido borrar, pocas, muy pocas…

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La Quebrada Quebrantada

Mi mágico León: La Quebrantada de Vegas del Condado. En la Vega del río Porma en León. Entre la montaña central y oriental leonesa. Provincia de León. Turismo.

Las vestiduras rasgadas de la tierra

Al noroeste de la bella Argentina, hay un lugar donde la tierra pinta el paisaje con colores tan intensos que, unidos todos a una, dan forma a un arco iris tangible en el Cerro Siete Colores.

Al noroeste de la hermosa Argentina, se oye el son del humahuaqueño, que alegre, invita a disfrutar del cuadro de tonalidades que pinta la Quebrada de Humahuaca.

Y muy lejos de allí, al otro lado del océano, está la vieja Europa, que cargada de historia, tradiciones y belleza singular, espera al visitante para entusiasmarle con sus encantos.

En un rincón de la magnífica Península Ibérica, en un lugar donde las montañas tienen nombre propio y los ríos salpican el paisaje con frescura y rapidez, está la hermana de aquella Quebrada argentina en la que moran los cactus y las alpacas de cuatro patas y lana ligera.

En una región sorprendente, hay uno de esos sitios que amagan su historia bajo una apariencia cubierta de normalidad. Allí, en la provincia de León, en Vegas del Condado, envuelta en misterio de otros tiempos, hay una grieta impresionante que, aunque llamativa, pasa desapercibida entre la belleza maravillosa de un paisaje realmente hermoso.

En aquel lugar, cercano a la importante Lancia y al cristalino Porma, hay un pasaporte para realizar un viaje en el tiempo y descubrir una explotación minera semejante a la de las impresionantes Médulas del Bierzo, que adornan el paisaje que los romanos despojaron del oro de sus entrañas.

Allí, como si la tierra se hubiera rasgado las vestiduras, hay una cárcava de gran envergadura que, cuenta la leyenda, es cosa del “Molino de la Griega“; mas conociendo algo la codicia del Gran Imperio Romano, no es atrevido sospechar que, semejante grieta, fuera resultado del mismo método de extracción minera que surcó las laderas arcillosas de las Médulas.

Al otro lado del charco, la tierra se quebró dando forma a la Quebrada de Humahuaca; a este lado del océano, fruto de la leyenda o la historia, la tierra se quebró entonando el son de la Quebrantada de Vegas del Condado, y ambas, aunque diferentes, muestran que las arrugas, que los pliegues, también son signo de belleza, de majestuosidad; ambas muestran que las grietas en la superficie descubren una hermosa belleza escondida en el interior.

El ser humano y la tierra, Jujuy y León, y, aunque distintos: desconocidos, cautivadores, maravillosos,… como la Quebrada, como la Quebrantada.

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