Archive for diciembre, 2011

Paciencia

Mi mágico León: Las Pintas, Cueto Cabrón, Gilbo y el pantano de Riaño. León

Maestras de la perseverancia

Paciencia es lo que hace falta para conseguir lo que uno quiere, paciencia y perseverancia.

Paciencia como las montañas, que quieren ser las más bellas, las más elegantes, las más sencillamente espectaculares, y lo son, así, calladinas, sin hacer demasiado ruido, dejándose acariciar por el viento y las nieves, permitiendo que el hielo se deslice por los poros de su piel e impregne su frialdad con la pasión que resguardan en su interior, ¿acaso no lo ves? Tan hermosas, tan ancianas, tan eternamente jóvenes, el tiempo es tan relativo…

Perseverancia como el que no se rinde, el que lucha por conseguir lo que desea: una casa, un trabajo, una sonrisa, el guiño de una estrella… porque nada es imposible, ¿acaso lo dudas?

Paciencia, perseverancia y mucho amor en lo que haces, en quien eres, en cómo enfrentas el frío y el calor, las ventiscas, tormentas y aquellas sobremesas de verano en las que el sol parece querer fundir la tierra que habitamos…

Lucha por lo que deseas, analiza, encuentra soluciones, date un respiro de vez en cuando y ¡vuelve a la carga! No cedas ante los infortunios de la vida: ¿que un trabajo no es tuyo?, ¡otro será!, ¿qué se te quemó la tortilla? quita la parte negra y ¡dale un buen mordisco al resto! mmmm ¡qué rica! Y si algo parece insalvable, si una preocupación enorme te asedia, no la ignores, no la olvides, pero sobre todo, no desesperes, haz como las montañas, haz como Riaño y espera, porque donde ahora hay un pantano, algún día volverá a haber un valle, un río, hórreos, casas y mil sueños que cumplir.

Espera, como las montañas, no decaigas, y sonríe: estás más guapo, estás más guapa…

¡FELIZ 2012!

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Distancias ocultas

Mi mágico León: bruma matinal desde las lomas, en León

La bruma de una ilusión

La ciudad de las distancias ocultas es aquella a la que llegas mirando una fotografía, contemplando la altitud elegante y serena de las torres de su catedral apuntando al cielo, donde las estrellas brillan con fulgor cada noche, porque el cielo casi se puede tocar, y se notan las nubes que, a veces, curiosean entre los montes que rodean la urbe, y se acercan a sus casas silenciosas y atentas a la vida del hogar, donde las familias aprenden a vivir siendo eso mismo: familia.

La ciudad de las distancias ocultas es aquella que juega entre el gótico y el románico, aunando la Pulchra Leonina con la hermosa colegiata, marcando hitos en el Camino de Santiago que tantas huellas deja impregnadas en el alma de quienes se cruzan con la fe hecha pisada, experiencia, sendero,…

Una ciudad a caballo entre la Legio VII romana que la fundara, y la antigua azucarera que tantas remolachas alcanzó a recoger, allá por los años sesenta del siglo pasado; y se agolpan los recuerdos en la retina de quienes saben de qué hablan estas líneas, y acuden reminiscencias de otros tiempos que no se fueron, se fundieron en el paso de los días y se convirtieron en presente, como el viejo Hostal de Peregrinos convertido en Parador, como el colorido MUSAC, innovando con los tiempos, como las conchas de vieira pegadas al suelo, mostrando que en las calles de su ciudad está la senda peregrina

Es León cruce de caminos, de letreros, de sensaciones, de recuerdos,…

Es León un sitio mágico donde se fraguan los recuerdos, donde caen las nieves y el frío, ¿y sabes qué? donde desaparecen las distancias, porque donde hay cariño, donde hay secretos bien guardados, donde hay picardía y rincones que descubrir, hay magia, hay perdón, hay confianza y hay amor.

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En mí

Mi mágico León: atardecer desde el depósito de Cifuentes de Rueda, en la provincia de León.

Sin distancia

El silencio, la tranquilidad, y la sensación completa de que estás aquí, en mí, guardadito en ese pedazo de corazón que has ocupado con tus propios silencios y tranquilidades.

Noches estrelladas cargadas de luz, de inmensidad… y mis deseos contando estrellas y esperanzas en un mundo que se ha olvidado de ellas: de las estrellas y las esperanzas, a veces, cuesta tanto mirar hacia arriba… eso dicen, no sé.

Atardeceres esculpidos a color y fuego, a belleza y paciencia, a recuerdos e imaginaciones… ¿te imaginas…? la silueta de un mundo en el que la confianza en el otro fuera tan grande que soportara distancias en forma de tiempo y lejanía sin mella, con la inocencia sabia de quien sabe que las amenazas acechan, pero es más fuerte el amor, la ilusión, la justicia y las ganas de que las cosas salgan bien, y así, así las cosas salen bien.

En algún lugar del mundo hay un corazón que lee estas líneas y piensa, y siente, y sueña con los ojos abiertos, recordando, anhelando, esperando, con paciencia, con cierta melancolía, sin cesar en su perseverancia hacia la meta.

Y en mi corazón hay un lugar del mundo que forma parte de mí, en el que pienso, con el que siento, con el que sueño con los ojos abiertos, con el miedo cerrado… En algún lugar del mundo estás tú, mi amor, mi Cifuentes, junto a Gradefes, junto a Casasola, contemplando los atardeceres, que allá, entre Valdealiso y Rueda, dibuja el astro rey, al final de cada día.

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Cae la luz

Mi mágico León: anochece en Riaño, en la montaña oriental leonesa, al norte de León. Se ve la silueta del Pico Gilbo.

La magia de los sueños

Anochece en un mundo lleno de tarde que cae en las seductoras horas de la noche, donde los sueños plagarán los cielos estrellados de aquellos firmamentos que creen en las profecías, en las realidades del futuro que se muestran ante los ojos de los corazones enamorados.

Cae la luz, y se vuelve más tenue, dibujando siluetas en las alturas, esculpiendo calores en la lumbre de los hogares que permanecen llenos de vida y color, mientras otras casas duermen calmadas, esperando la llegada próxima de quienes las habitan en sus corazones.

Así es la vida, y yo, desde este balcón, mirando este mundo al que tanto quiero, veo las sonrisas que están por llegar en los sentimientos que han recorrido la piel, y recuerdo los paseos contemplando estrellas y las confianzas hechas amistad.

Desde esta ventana se admira el Gilbo, se contempla la presencia inolvidable de Riaño, se atisba la esperanza, se olvida la tristeza, y uno se aferra a la fe, a la vida, a la fortaleza de un alma para la que no existen océanos ni pantanos, porque con un pestañeo se salvan distancias, se aúnan amores, y se siente la ilusión de una magia con nombre único: León.

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