Archive for abril, 2014

Déjame mirar

Mi mágico León: portillera en Cifuentes de Rueda. León. Turismo Rural.

Mirando contigo

Déjame mirar el mundo desde aquí, desde este lugar escondido del mundo en el mismo mundo.

Déjame mirar y contemplar la hierba crecer con toda su fuerza, las nubes salpicar el cielo de la primavera y el sol iluminar el paisaje… y así, sentir la suavidad del viento acariciar mis mejillas y volver a sentirme viva, aunque nunca haya dejado de estarlo, viva y renovada, como la misma vida, que está compuesta de momentos, salpicada de colores y sensaciones.

Mirar: mirar contigo a mi vera, sabiendo que siempre estás, que siempre estarás porque siempre has estado, como la noche y sus estrellas, como la luna y su brillo mágico en la oscuridad del infinito…

Sonreír caminando sobre el sonido de nuestros pasos un día cualquiera, escuchar tu voz y la mía enzarzadas en una conversación llena de complicidad y palabras reparadoras, alegres, firmes, sinceras, como las tuyas, como las mías cuando tú y yo estamos en el mismo lugar, en el mismo momento.

Déjame mirar la vida poblar los campos de Cifuentes de Rueda, recorrer sus calles silenciosas esperando ser llenadas de risas y buenos ratos, y escuchar el canto de los pájaros que habitan en tierras bañadas por el Esla.

Mirar y descubrir… que Cifuentes sigue estando ahí, entre Gradefes y Casasola, a los pies de Rueda del Almirante, que tú sigues estando ahí, estando aquí, en mis sonrisas, en mis recuerdos, en mis ilusiones y sueños, porque sin ti, la vida no sería el paseo maravilloso que compartimos a lo largo de los tiempos.

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Donde empieza

Mi mágico León: nacimiento del río Curueño. Puerto de Vegarada. León.

En ti

El lugar donde todo empieza es un paraje desconocido, al que llegas sin darte cuenta, paseando por la vida, encontrando montañas, valles y lagos, pueblos convertidos en recesos, en paradas de mil y una noches, o tal vez, de media tarde.

Allá donde las montañas se confunden con el cielo, donde el mar lo dibuja la tierra y la sal del océano es el aroma de las flores silvestres, nace el mítico Curueño, tan pequeño, tan escurridizo, que silenciosamente brota de la tierra en Vegarada y va caminando sinuosamente, como se hace en la vida misma, donde cada segundo cuenta, donde cada minuto conforma una parte importante de la misma vida.

A veces, uno se siente perdido, absorto ante tanta belleza, minúsculo ante tanta majestuosidad, confundido en el cambio de los paisajes que dibujan las estaciones, confuso en la orografía de los momentos… y no hay brújulas ni mapas, solo intuiciones, y a veces ni eso, y ¿entonces? ¿qué hacer?

Caminar, discurrir, seguir… no convertirse en charca estancada, dejar la libertad del tiempo fluir por los senderos del alma y redescubrir la belleza inmersa en la realidad que se esconde bajo los poros de la piel, la del corazón que late, la del recuerdo de aquella voz, la de las sonrisas eternas, y las palabras que nunca se esfuman.

¿Y entonces? ¿por dónde empezar? Por las montañas y sus cumbres, por el vuelo majestuoso de ese halcón, por las estalactitas que penden de las alturas del interior de la tierra, por el sabor de la niebla y el olor del frío… o tal vez, tal vez… Por uno mismo.

Por uno mismo oí decir… sabias palabras escuché decir…

Por uno mismo como el mismo Curueño, que se deja llevar y salva las pendientes, se escurre entre los cantos, vadea los límites, y no se rinde, sigue, continúa, sin prisa, sin pausa, a ratos más rápido, a ratos más lento, pero adelante, siempre adelante.

 

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De los Caballeros

Mi mágico León: Nava de los Caballeros, León. Mi mágico León.

Aromas a silencio

Historias de caballeros andantes pueblan el mundo de ideales llegados a menos en la realidad más cotidiana, cuando desaparecen tras la bruma de la mañana, y brilla el deslumbrante sol de la primavera; y entonces, ya no están, se han ido, como la noche estrellada y la claridad de la vía láctea estampando el firmamento de maravillas.

Historias de inviernos convertidos en primavera, donde las ramas desnudas de antaño se llenan de hojas y flores, y explotan las sensaciones dormidas, en las riberas, en las montañas, en los campos y sus pueblos, en Nava de los Caballeros y sus rincones.

Y allí donde una tarde de invierno se dibujaba la soledad más sosegada, pacífica, amable… hoy se dibuja el aroma limpio y aromático de las historias impregnadas en el adobe y la tierra, en el murmullo de los tiempos susurrando secretos de siega y labranza, de trillo y recolección, de fiestas nocturnas para deleite del veraneante.

Historias de caballeros, que a veces dejan de ser andantes para quedarse a la vera de las buenas sensaciones, del cariño y la confianza bien sembrada.

Gradefes y su monasterio, Cifuentes y mi atalaya de las eternidades, y entre ellos, siguiendo el desvío, Nava de los Caballeros, donde las damas sonríen en sus tierras y los caballeros hacen guardia.

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Cruzadas del tiempo

Mi mágico León: pantano de Riaño. Montaña oriental leonesa. León.

Misteriosa encrucijada

En algún lugar del infinito paraíso que dibujan las montañas, entre curvas y desfiladeros que se alzan imponentes en las alturas, está la historia de un caballero y su montura de sueños…

En algún lugar, a los pies de la montaña oriental, está el castillo en el que mora el más atento de los gentiles, dulce, amable, con un toque de locura que muy pocos entienden… como las montañas y sus riscos, sus escapados perfiles alcanzando fantasías, dibujando realidades, como aquel jabalí que se frota contra ese joven árbol despojándolo de su corteza, así, con esa majadería alegre y salvaje, recorre senderos no siempre descritos a través de los montes, encontrando el Hoyón, alcanzando la Dehesa de Corrales, dejándose salpicar por la traviesa frescura del barro que ha dejado atrás la nieve, corriendo para no ser alcanzado por uno de esos vacunos que tanto le gustan…

La montaña, sus pueblos y rincones, y esos parajes que nadie recuerda y, algunos disfrutan, con la serenidad tranquila de llenar el corazón, y la mente, de la pureza limpia de ese aire fresco que impregna de buenas sensaciones los momentos, y así, te los llevas a casa, envueltos en sonrisas y pensamientos,  guardaditos en los poros de la piel, en las suavidades del alma…

El tiempo y sus segundos, cuando esperas una respuesta que se hace eterna, mas es solo un segundo, dos tal vez, y sesenta conforman un minuto… el minuto en el que caen los copos de nieve que pintan de blanco el paisaje, que pintan de frío los miedos, y los congelan hasta reponer fuerzas, hasta reponer suspiros y recargar sonrisas, sonrisas preciosas, como las que tienes tú.

La montaña oriental… y dejamos atrás la maravilla del Esla y su preciosa ribera cargada de secretos a la luz de sus aguas, y llega Cistierna y su calzada romana, y nos adelanta una bicicleta, dos, tres… y desde el oeste llegan aromas a tradición minera, Sabero y sus vecinos…

Y aparece Crémenes con su primavera… y allá, más arriba… donde la perseverancia, donde el tesón puede más que el cansancio y el agobio de los días de confusión y vaivenes, allí, imponentes, orgullosos, con cierto toque señorial, aparecen Riaño y los picos de sus altivas montañas…

A veces, la vida es una montaña cuesta arriba, a pie, en bicicleta, pero cuesta arriba, y cuando parece que ya no puedes más, cuando crees que el cansancio podrá con la voluntad de tus piernas de acero, entonces, descubres un nuevo receso, un paisaje diferente al que esperabas, sorprendente, curioso, y entonces te dejas llevar y descubres, sabes, que todo tiene un porqué y que debajo de aquella marea cargada de lágrimas, todavía, para siempre, está la fuerza viva de un sentimiento que no se desvanece, aunque pasen mil almas por su paisaje, porque la esencia del corazón nace de uno mismo.

Mi querido, mi mágico León… ¡gracias por tanto hechizo!

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