Archive for septiembre, 2011

Eterno

Mi mágico León: atardecer veraniego en Cifuentes de Rueda, en León.

Pedacitos de eternidad

No puedo dejar de sonreír, mientras el mundo parece haberse detenido, pero sin haberlo hecho, caminando sigilosamente sobre los minutos que recorren el atardecer en tierras de Rueda.

Cierro los ojos, un segundo, dos, tal vez, poco más, y me doy cuenta de que no he cerrado los ojos, de que sigo inmersa en mis sensaciones profundas sin la necesidad imperativa de clausurar la luz molesta del exterior y contemplar el silencio revelador de la luz que guardo en el interior, porque esta vez, esa misma luz está dentro y fuera, extendiendo su calidez sobre un mundo, a veces, extremadamente frío.

¿Sabes? Te guardo en mis recuerdos, en lo más profundo de mi ser… y guardo el dorado de tus atardeceres en los poros de mi piel, y cuando llega el frío invierno y vuelo a paraísos de playas y calor, siempre tengo la certeza de que no hay nada como el brillo suave de los secretos que tantas veces nos has oído contar, al cofre que guarda mis tesoros y a mí, depositando confianza y cariño en una cajita de sonrisas que algunos llamamos amistad.

No puedo dejar de sonreír, es una sonrisa dulce, serena, esperanzada y un poco triste…

Cuando las lágrimas caen de los ojos es que el sentimiento es tan grande que no puede quedarse dentro, como la luz que inunda tus atardeceres, Cifuentes, como el agua que fluye de tus fuentes, como los lazos de amor, que como el mismo Amor, siempre serán eternos.

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Luces y colores

Mi mágico León: otoño en Sigüeya, en la Cabrera, provincia de León. Turismo Rural.

Bienvenido, caballero

Hoy estuve pensando en las palabras y en los paisajes, aquellos que forman parte de la vida, que cambian estación tras estación para sorprender un poco más allá volviendo a aparecer.

Hoy estuve pensando, y cuanto más pensaba menos sabía, así que, llegados a este punto, sólo queda esperar, ¿no es así?

A veces el silencio también es una respuesta, y cuando no sabes qué decir, igual es mejor no decir nada, sólo observar, y posiblemente, observando, aparezca aquella palabra perdida no se sabe dónde.

A veces los paisajes se convierten en fotografías hermosas que no acaban de ser tuyas, muy bonitas, sí, pero sin formar parte de ti, o tú de ellas.

A veces se va una estación y llega otra, y no sabes muy bien porqué, pero llega, y no sabes si te apetece cambiar o no, así que, como tampoco puedes evitarlo, esperas…

Esperar… qué verbo más bonito… bonito si lo acompañas de la palabra esperanza, si te aferras a ella sin miedo a las estaciones, o con miedo, pero sin soltarla, como hace la parra que sube por la pared y llega hasta aquella ventana, en primavera, en verano, en otoño, en invierno, siempre.

Las situaciones cambian, los paisajes también, pero aunque ahora parezca lejos, siempre hay un nuevo invierno renovador, una nueva primavera pizpireta, un nuevo verano relajante y un nuevo otoño lleno de luces y colores.

Bienvenido al planeta, bienvenido al hemisferio, bienvenido a la tierra leonesa, Don Otoño.

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Pensamientos

Mi mágico León: atardecer en Pandorado, Omaña, en León

La tranquilidad de los corazones sinceros

Poco a poco cae la tarde, se acerca la noche, el ruido se calla, habla el silencio…

Cae la tarde y se levanta la oscuridad, con sus secretos a media voz, con la serenidad de su luz apagada que en ningún lugar se deja ver tan bien como en aquel donde las nubes no molestan.

Esta noche estoy pensando que la vida se vive minuto a minuto, que por mucho que quieras correr, un minuto siempre tiene sesenta segundos.

Hoy no quiero hablar, quisiera ponerme una chaqueta y salir a sentarme frente a la puerta de casa, en el pueblo, escuchando la tranquilidad del mundo cuando las envidias traman nuevas artimañas y las dulzuras se complacen en los corazones sinceros.

Mañana será otro día, es cierto, pero esta noche el cielo está lleno de estrellas, y las estrellas de deseos.

Mañana será otro día, duro, tal vez, difícil, no sé, pero esta noche hay rincones del mundo donde los montes siguen respirando aire puro, los cuerpos se relajan sonrientes y las almas se adormecen felices. Hay lugares donde la montaña se funde con el ser humano y convierte sus aventuras en parte de su propia orografía, lares como Pandorado, como Omaña, como León, donde encontrar un sitio en el que saberte feliz es tan fácil como olvidarte del mundo y recordar que estás vivo.

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Sensaciones

Mi mágico León: paisaje de Valdeteja en León. Turismo rural.

La pureza de las sensaciones

Huele a hierba fresca, un día de verano, cuando el sol resplandece y el calor, todavía, no se hace insoportable…

Huele a aire limpio, a tranquilidad, a buenas sensaciones, a sonrisas y pensamientos pausados…

Así se descubre el olfato cuando sale a pasear sin más y se encuentra maravillas de piedra y verde adornando el paisaje, adornando el silencio puro y cristalino de la montaña.

Hay lugares que se convierten en escenarios de novela que no te cansas de ver, ¿cómo te vas a cansar? No puedes, no te puedes cansar si tienen esa especie de serenidad atrayente que gobierna en los rincones de la tierra leonesa.

Huele a calles empinadas, a sorpresas en el interior de un bar, donde un relato cuelga de una pared, barnizado, sobre un pedazo de pizarra a la que alguien se tomó la molestia de dar funciones de marco.

Una conversación tranquila, con un mosto en el paladar, con la sequedad de ese sabor dulzón embriagando todo el cielo de la boca, qué sensación…

Sensaciones para recordar, las que se viven cuando la contaminación se olvida de ti, cuando te sabes cerca del Curueño pero no lo ves, cuando la montaña te permite recorrer las calles empedradas de un pueblo que mora en sus alturas, cuando escribes las letras de un cuaderno, el de tu vida, el de la historia, el de un verano, una jornada, una fantasía de piedra y humanidad, que en León, se llama Valdeteja.

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Momentos

Mi mágico León: Luna en el Páramo. Turismo de estrellas. León

La luz de los sueños

Hay momentos en la vida en los que te parece poder volar y encontrarte en otro sitio, aunque estés en una noche tranquila, escuchando el rumor sordo de una ciudad que, a lo lejos, parece no existir.

Hay momentos en la vida en los que recuerdas besos y caricias, y te da por pensar en aquella noche en que la oscuridad era cómplice silenciosa, y la luna iluminaba todo menos la silueta de aquellos labios que compartían tanta humedad.

En la vida hay momentos, y en noches como esta me gusta saber que hay miradas que se clavan en el alma, y se quedan allí, guardadas donde nadie las puede marchitar…

Y quisiera disfrutar del cielo de tus ojos con las sonrisas de los míos, y dibujar mil estrellas en tu espalda, una noche como esta, sin hielo, sin frío, con el firmamento cargado de luces pequeñas que, en la negritud permanecen tranquilas, amables, dulces,… como mis dedos entrelazados con este sueño de verano.

Momentos como el sonido acompasado de los grillos cantando a la luna, como la belleza hipnótica de la dama blanca de los cielos, como tu mirada en la mía, como nuestros ojos cerrados, como ese cariño que no habla, solo se deja sentir en cada poro de la piel… cuando el Páramo duerme y la reina de la noche vela su sueño.

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De flor en flor

Mi mágico León: abeja en Ambasaguas de Curueño, en la provincia de León. León. Turismo rural.

La suavidad de un beso

De flor en flor se polinizan los amores, se alegran los corazones, se cultivan las ilusiones,…

De flor en flor el mundo se llena de color, y la primavera nunca desaparece, se hace más tranquila, más pausada, como la misma juventud humana, que solo desaparece si se deja la ventana de la fantasía cerrada y la llave de las preocupaciones abierta.

Se me ocurre pensar que las abejas y las personas somos muy parecidas: amamos volar libres, fabricar nuestra propia morada, de cera o de adobe, de panal o de ladrillo, de miel o de pedacitos de corazón, en realidad, un pequeño mundo lleno de formas y aromas dentro de otro mucho más grande, más hermoso, más…

Se me antoja pensar en los ríos y en las montañas, en la capacidad de disfrutar del brillo de una estrella o de la más bella puesta de sol,…

Siento… siento que es un placer caminar por sendas de respeto, palabras y obras, descubrir abejas recolectando polen, niños arriba y abajo detrás de alguna pelota, y mayores muy jóvenes que van con su bicicleta a dar un paseo hasta las tierras,…

Descubrir León es una sensación insospechada oculta tras un nombre de cuatro letras, plasmadas a la izquierda de un mapa, con forma de península, que poco dice y mucho calla…

Descubrir León es caminar por las riberas y las montañas, encontrar pueblos unidos por un puente, bañados por un mismo río, el que alguien dio en llamar del olvido, aunque yo creo que la tierra tiene su propio corazón, y el corazón nunca olvida.

Descubrir León es sorprenderte ante el caudal constante de un pequeño manantial que en Vegarada ve nacer al Curueño, y luego, en sus rincones, planta pozas llenas de baños y alegría, en Redipuertas, en Nocedo, en Montuerto, en Ambasaguas… donde las abejas vuelan por el aire, y las flores esperan sus besos.

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