Colores del frío

Mi mágico León: atardecer en tierras leonesas, en León

Siempre hay esperanza

Cuando el mundo se viste de colores, la vida parece más bonita, cuesta menos sonreír, menos contagiar la alegría a aquellos que la esconden bajo la fachada de su seriedad; pero a veces hace frío, y la oscuridad parece ceñirse sobre el mismo mundo que otras veces dibuja ilusiones en sus siluetas tradicionales, llenas de historia, romanticismo y melancolía…

Hace frío y el aire hiela las ideas que se cobijan tras los ojos, aquellos que dicen “son el espejo del alma”. Hace frío y la primavera parece lejana, los reencuentros llenos de color aún inalcanzables y entonces, recuerdas que ese mismo frío no es más que el presagio de un calor que nunca deja de iluminar el interior de los corazones, y surgen las caricias, y los abrazos llenos de ese cariño que a veces se sumerge oculto en los quehaceres de la labor diaria, y sí, es cierto, pero se echa de menos…

Cuando sientes que hay algo que te ata a tierra y no te deja volar, no desesperes, mira a tu alrededor y valora lo que tienes. Contempla la mirada de aquel que se cruza en tu camino para dedicarte una sonrisa,  y tal vez te descubras dibujando una sonrisa en tu propia cara.

Hace frío, y se siente en el cuerpo y en el alma, y llega la tristeza, la melancolía, el agobio, se agranda el pozo, y entonces miras al cielo y descubres colores, colores llenos de calor, a pesar del frío, calor, como el de una hoguera una tarde de invierno, con el crepitar del fuego convirtiendo madera, oxígeno y calor en llamas llenas de sensaciones que no se olvidan.

Hace frío, y desde el frío surge la esperanza, la garra, la fuerza, porque las cosas que valen la pena no son fáciles, pero se consiguen… ¿Acaso no pintó el sol en las nubes un paisaje estampado de ilusiones? ¿Acaso el mundo no sigue regalando bellezas sin igual aunque la contaminación intente cernirse sobre él? ¿acaso no puede más el que pone empeño que el que lo tiene más fácil?

Recuerda que vida sólo hay una, puedes pintarla de colores o dejarla llena de oscuridad, y no depende de las circunstancias, depende de que te vuelvas a levantar, como el astro rey, como el mismo sol, que cada mañana, cada tarde, vuelve, victorioso, a iluminar el cielo de León, donde las estrellas duermen al raso mientras los sueños se hacen realidad.

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Paciencia

Mi mágico León: Las Pintas, Cueto Cabrón, Gilbo y el pantano de Riaño. León

Maestras de la perseverancia

Paciencia es lo que hace falta para conseguir lo que uno quiere, paciencia y perseverancia.

Paciencia como las montañas, que quieren ser las más bellas, las más elegantes, las más sencillamente espectaculares, y lo son, así, calladinas, sin hacer demasiado ruido, dejándose acariciar por el viento y las nieves, permitiendo que el hielo se deslice por los poros de su piel e impregne su frialdad con la pasión que resguardan en su interior, ¿acaso no lo ves? Tan hermosas, tan ancianas, tan eternamente jóvenes, el tiempo es tan relativo…

Perseverancia como el que no se rinde, el que lucha por conseguir lo que desea: una casa, un trabajo, una sonrisa, el guiño de una estrella… porque nada es imposible, ¿acaso lo dudas?

Paciencia, perseverancia y mucho amor en lo que haces, en quien eres, en cómo enfrentas el frío y el calor, las ventiscas, tormentas y aquellas sobremesas de verano en las que el sol parece querer fundir la tierra que habitamos…

Lucha por lo que deseas, analiza, encuentra soluciones, date un respiro de vez en cuando y ¡vuelve a la carga! No cedas ante los infortunios de la vida: ¿que un trabajo no es tuyo?, ¡otro será!, ¿qué se te quemó la tortilla? quita la parte negra y ¡dale un buen mordisco al resto! mmmm ¡qué rica! Y si algo parece insalvable, si una preocupación enorme te asedia, no la ignores, no la olvides, pero sobre todo, no desesperes, haz como las montañas, haz como Riaño y espera, porque donde ahora hay un pantano, algún día volverá a haber un valle, un río, hórreos, casas y mil sueños que cumplir.

Espera, como las montañas, no decaigas, y sonríe: estás más guapo, estás más guapa…

¡FELIZ 2012!

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Distancias ocultas

Mi mágico León: bruma matinal desde las lomas, en León

La bruma de una ilusión

La ciudad de las distancias ocultas es aquella a la que llegas mirando una fotografía, contemplando al altitud elegante y serena de las torres de su catedral apuntando al cielo, donde las estrellas brillan con fulgor cada noche, porque el cielo casi se puede tocar, y se notan las nubes que, a veces, curiosean entre los montes que rodean la urbe, y se acercan a sus casas silenciosas y atentas a la vida del hogar, donde las familias aprenden a vivir siendo eso mismo: familia.

La ciudad de las distancias ocultas es aquella que juega entre el gótico y el románico, aunando la Pulchra Leonina con la hermosa colegiata, marcando hitos en el Camino de Santiago que tantas huellas deja impregnadas en el alma de quienes se cruzan con la fe hecha pisada, experiencia, sendero,…

Una ciudad a caballo entre la Legio VII romana que la fundara, y la antigua azucarera que tantas remolachas alcanzó a recoger, allá por los años sesenta del siglo pasado; y se agolpan los recuerdos en la retina de quienes saben de qué hablan estas líneas, y acuden reminiscencias de otros tiempos que no se fueron, se fundieron en el paso de los días y se convirtieron en presente, como el viejo Hostal de Peregrinos convertido en Parador, como el colorido MUSAC, innovando con los tiempos, como las conchas de vieira pegadas al suelo, mostrando que en las calles de su ciudad está la senda peregrina

Es León cruce de caminos, de letreros, de sensaciones, de recuerdos,…

Es León un sitio mágico donde se fraguan los recuerdos, donde caen las nieves y el frío, ¿y sabes qué? donde desaparecen las distancias, porque donde hay cariño, donde hay secretos bien guardados, donde hay picardía y rincones que descubrir, hay magia, hay perdón, hay confianza y hay amor.

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En mí

Mi mágico León: atardecer desde el depósito de Cifuentes de Rueda, en la provincia de León.

Sin distancia

El silencio, la tranquilidad, y la sensación completa de que estás aquí, en mí, guardadito en ese pedazo de corazón que has ocupado con tus propios silencios y tranquilidades.

Noches estrelladas cargadas de luz, de inmensidad… y mis deseos contando estrellas y esperanzas en un mundo que se ha olvidado de ellas: de las estrellas y las esperanzas, a veces, cuesta tanto mirar hacia arriba… eso dicen, no sé.

Atardeceres esculpidos a color y fuego, a belleza y paciencia, a recuerdos e imaginaciones… ¿te imaginas…? la silueta de un mundo en el que la confianza en el otro fuera tan grande que soportara distancias en forma de tiempo y lejanía sin mella, con la inocencia sabia de quien sabe que las amenazas acechan, pero es más fuerte el amor, la ilusión, la justicia y las ganas de que las cosas salgan bien, y así, así las cosas salen bien.

En algún lugar del mundo hay un corazón que lee estas líneas y piensa, y siente, y sueña con los ojos abiertos, recordando, anhelando, esperando, con paciencia, con cierta melancolía, sin cesar en su perseverancia hacia la meta.

Y en mi corazón hay un lugar del mundo que forma parte de mí, en el que pienso, con el que siento, con el que sueño con los ojos abiertos, con el miedo cerrado… En algún lugar del mundo estás tú, mi amor, mi Cifuentes, junto a Gradefes, junto a Casasola, contemplando los atardeceres, que allá, entre Valdealiso y Rueda, dibuja el astro rey, al final de cada día.

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Cae la luz

Mi mágico León: anochece en Riaño, en la montaña oriental leonesa, al norte de León. Se ve la silueta del Pico Gilbo.

La magia de los sueños

Anochece en un mundo lleno de tarde que cae en las seductoras horas de la noche, donde los sueños plagarán los cielos estrellados de aquellos firmamentos que creen en las profecías, en las realidades del futuro que se muestran ante los ojos de los corazones enamorados.

Cae la luz, y se vuelve más tenue, dibujando siluetas en las alturas, esculpiendo calores en la lumbre de los hogares que permanecen llenos de vida y color, mientras otras casas duermen calmadas, esperando la llegada próxima de quienes las habitan en sus corazones.

Así es la vida, y yo, desde este balcón, mirando este mundo al que tanto quiero, veo las sonrisas que están por llegar en los sentimientos que han recorrido la piel, y recuerdo los paseos contemplando estrellas y las confianzas hechas amistad.

Desde esta ventana se admira el Gilbo, se contempla la presencia inolvidable de Riaño, se atisba la esperanza, se olvida la tristeza, y uno se aferra a la fe, a la vida, a la fortaleza de un alma para la que no existen océanos ni pantanos, porque con un pestañeo se salvan distancias, se aúnan amores, y se siente la ilusión de una magia con nombre único: León.

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Que no te guste

Mi mágico León: depósito de agua en Cifuentes de Rueda, en León.

El lugar de los buenos momentos

Te voy a presentar mi rincón favorito del mundo, pero, ¿sabes qué? Espero que no te guste.

En realidad no es más que un viejo depósito de agua, a la salida de Cifuentes, ¿cómo te va a gustar? Mejor que no te guste, que ya me gusta a mí.

El depósito… mi atalaya particular en la que escuchar la voz de los tiempos estampar eternas puestas de sol

Si supieras que no tiene nada especial… y eso es lo que me gusta, que no tiene nada. Nada que enturbie la sencillez natural del paisaje, que distraiga de los sonidos que la naturaleza esculpe en las estaciones, que llenan de tranquilidad los atardeceres de verano, cuando las amigas volvemos a reunirnos y a recordar, sintiendo, porqué somos tan amigas, porqué nos queremos tanto, porqué no importan las distancias y las ausencias cuando se quiere de verdad.

El depósito… el lugar donde habitan las musas, donde se despiden los ángeles cuando se van al cielo, donde las estrellas brillan al son de los grillos, donde no me canso de volver y volver… a ver los sueños volar hasta hacerse realidad…

El lugar donde olvidarse del mundo y alejarse de las preocupaciones; el lugar en el que sentirte tan profundamente tú a flor de piel, y sonreír contemplando el dorado de los rayos de sol acariciando los campos y colinas…

Sonríe, sé feliz, y descubre la placidez de una tierra con nombre de felino: León.

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Mariposa

Mi mágico León: mariposa en la ribera del Curueño, en la provincia de León. Turismo rural.

Sencillamente hermosa

A veces… y si sólo fuera a veces…

Siempre te llevo en mí, conmigo, sintiendo mi nombre resbalar entre tus labios y escaparse con cariño en el sonido de tu voz.

¿Sabes? Normalmente no te escribo, miro tus fotografías y sigo sin creerme que te has ido, aunque estés conmigo, te has ido, y se me hace tan difícil…

Se me hace difícil vivir nuestra distancia, que no se mide en kilómetros, se mide en recuerdos, en “te quieros”, en besos sobre una foto; se mide en los silencios que ahogan el alma y que no dejan hablar, asfixiando las palabras convertidas en lágrimas, liberando la pena que habita en un corazón que extraña todo tu ser.

Hoy me acuerdo de aquellas dos palomas posadas sobre las flores, revoloteando entre ellas, y la luna lunera iluminando la oscuridad de la noche, haciendo que desaparezcan las penumbras y negritudes.

Hoy te dedico estas palabras con un amor que no cabe en ellas, como la belleza delicada y elegante de una mariposa, sencilla, callada, sorprendente, porque del interior de lo más sencillo, surgió la más bella criatura, llena de color y calor, pequeña, ligera, suave… como los sueños con alas que cubren los campos leoneses cada primavera, durante el verano, hasta en otoño, junto a las riberas, sobre las flores,… llenando el mundo de color, de colores… como tú, dama alada.

Allá donde esté, en la alegría chispeante de una cascada inesperada, estarás tú.

Allá donde esté, divisando la más bella puesta de sol, estarás tú, estaréis los dos.

Y cuando vea una mariposa vagarosa, rica en tintes y en donaire, volveré a sentir que las cosas más importantes de la vida no se ven, se sienten, recordaré que el amor y la esperanza mueven el mundo, y que tú, mi querida mariposa, has hecho de este mundo un sitio mejor, simplemente, por el hecho de estar en él.

El viento, las estrellas, las mariposas, la luna,… los amores de mi vida, y un rincón mágico en el que sentir la alegría eterna de una paz que no se va: León.

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A calderos

Mi mágico León: Puesta de sol en Valdeburón, junto al pantano de Riaño.

Esperando el destino

Sentimientos contrapuestos invaden el alma cuando miras una fotografía, te enfrentas a una imagen, observas un paisaje cubierto de agua y te parece un espejo en el que se contemplan las montañas, el cielo, las nubes…

Es una sensación extraña comprender que la belleza que reflejan aquellas aguas es tan perfecta como falsa, tanto como si, de repente, apareciera un camello en medio de la montaña o un delfín saltando desde el fondo de aquella inmensidad acuática.

El mundo está lleno de lugares tan perfectos, tan auténticos, tan inmensamente hermosos que no hace falta adornarlos con nada, sólo hay que disfrutarlos como son, porque no pueden ser mejorados, y ¿sabes qué? Creo que la naturaleza es así.

Este fantástico planeta que habitamos está lleno de animales y plantas que dan forma a los paisajes y salpican el mundo de ecosistemas, aromas y colores únicos e irrepetibles.

Estoy observando una imagen sin estar allí. No importa, porque he estado allí y sé lo que se siente, lo que se ve, lo que se muestra, y no es real…

Real es una montaña sana llena de hayedos y robledables, de ríos, abedules y tejos, acebos y serbales…

Real es una montaña recorrida por osos, lobos y corzos,… una montaña cargadina de pueblos silenciosos y llenos de vida, pueblos que duermen tranquilamente, que no molestan a nadie, que respetan la tierra que les vio nacer y les mantiene.

Reales son las cataratas del Iguazú, sin explosiones que hayan creado el desnivel espectacular por el que caen las aguas de su río; real es el precioso Cabo Sunion con el Mar Mediterráneo rendido a sus pies; real el bosque nuboso de Urcupuyujunda y la serenidad de los campos de cereales cuando se pone el astro rey; pero aquello que la tradición no esculpió, aquello que el planeta no inventó, de alguna manera, un día u otro, fluirá en la misma dirección en que siempre lo hizo, llenando la tierra de fecundidad, de alegría…

Y mientras sueño con un valle cubierto de verdes praderas, preparo un cubo vacío de rencores, mirando el horizonte, recordando, con serenidad y perseverancia, que, tarde o temprano, las aguas siempre vuelven a su cauce, que la luna sigue estando ahí, y que lo que ha de ser, será.

Sigo ahí, esperando un nuevo amanecer, con mi cubo en la mano, preparada para hacer volar los sueños con el fin de aquel dique, para vaciar aquel pantano, aunque sea… ¡a calderos!

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Caminos de vida

Mi mágico León: Camino otoñal en Cifuentes de Rueda, en la provincia de León. León. Turismo rural y naturaleza.

Caminos de vida

La vida está llena de caminos y los caminos de vida, y si no están llenos de vida, si conducen a ninguna parte, no camines en esa dirección, porque la vida está llena de tanta vida…

La vida está llena de ilusiones y amistades cubiertas de colores, esas que compartes con miradas y palabras, con compañías y ausencias esperando los reencuentros que siempre saben tan bien…

La amistad está llena de emociones, de secretos que no ocultan nada, porque a veces no es necesario decir nada para entenderlo todo, como un te quiero, como una lágrima, como una frase que se repite en dos momentos distintos, por dos bocas distintas, ¿será que somos tan iguales?

La amistad está llena de familia, familia que te vas encontrando por los senderos de los minutos, y allí donde no esperabas te sorprende una carcajada y una broma, o la llamada de aquel que un día descubrió que la edad no importa, ni los kilómetros, ni los convencionalismos sociales, porque cuando menos lo esperas aparece una postal dibujada en el paisaje, donde menos lo esperas surge el cariño y la preocupación sincera.

No hay mayor regalo que el que se da con el corazón sincero y tan lleno de sí mismo, tan lleno de corazón, que lo que se da no se acaba, se comparte, crece, se engrandece, te engrandece…

Caminos, vida, recuerdos, amigos, estaciones llenas de sensaciones y un solo nombre acudiendo a mi mente: Cifuentes, mi CifuentesCifuentes de Rueda.

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El sabor

Mi mágico León: la magia del otoño en Brañarronda, en Rioscuro de Laciana. Al norte de la provincia de León. León.

La magia de un sabor

En algún lugar del mundo, hay un paisaje salpicado de paisajes, donde las fantasías se funden con las realidades, donde la contaminación es solo una pesadilla, donde los aroman inundan el ambiente, y el viento mece las hojas con la suavidad fresca de los días de otoño.

En algún lugar del mundo, la tierra se llama Omaña y se funde en un abrazo con otro pedacito de sí misma que se llama Laciana, y allá, en el abrazo de dos valles hermanos, la paz transforma los silencios en colores, y el otoño salpica de magia las copas de los árboles, sus ramas y cortezas.

En algún lugar del mundo, las casas de piedra y los pilones pierden protagonismo, y hasta los mismos hórreos que tantas miradas encandilan, se enamoran de las estaciones, se funden con el paisaje, y olvidan si pertenecen a un valle, o a otro, y tan sólo un cartel a la entrada de su pueblo, les recuerda que son de Rioscuro de Laciana.

En algún lugar del mundo, los sueños se tornan realidad, y la soledad no pesa, se hace ligera como una pluma, se disfruta, se aprecia, se confunde con el mismo mundo y te hace parte de él… y allá donde las tristezas pierden fuerzas, allá donde el alma se siente más tranquila, está el espíritu de una naturaleza tan llena de vida, tan llena de bondad, que el ser humano sosiega sus ansiedades y las transforma en serenidad.

Cuando las prisas hacen mella en el ánimo, cuando las apatías invaden el día a día, el silencio apacigua las desesperanzas, calma las preocupaciones; el aire se pasea entre las hojas y las hace bailar al son del otoño.

Cuando se observa se aprende, se aprecia, se sueña y se logra… ¿qué se logra?

Un sueño que no se va, que no se escapa, que sabe a colores, a sensaciones, a brañas… un sueño que sabe a Brañarronda, que sabe a Rioscuro de Laciana.

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